LA EPOPEYA
DE ARTIGAS
Ministerio de Instrucción Pública v Prfvisión Social
BIBLIOTECA ARTIGAS
Art 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950
COMISION EDITORA -
Prof Juan E Pivel Devoto
Ministro de Instrucción Publica
María Julia Ardao
Directora Interina del Museo Histórico Nacional
Dionisio Trillo Pays
Director de la Biblioteca Nacional
Juan C Gómez Alzóla
Director del Archivo General de la Nación
Colección de Clásicos Uruguayos
Vol 39
Juan Zorrilla de Sam Martín
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Tomo III
Preparación del texto a cargo de
José Pedro Barran y Benjamín N«ün
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
LA EPOPEYA
DE ARTIGAS
TOMO III
MONTEVIDEO
1963
CONFERENCIA XIV
LA SEGUNDA INDEPENDENCIA
La campaña del "Guayabo" — La guerra a muerta de Bue
nos Aires contra Artigas — Los orientales tratados como
asesinos e incendiarios — Campaña de exterminio — El
pueblo oriental se defiende en masa — Soler y Dorrego —
Otorgues — Rivera y Lavalleja — Los dos vastagos de
Artigas — La campaña — Carácter de la guerra — La
batalla del "Guayabo" — La derrota de Dorrego — En
trega de Montevideo — Retirada del bermano conquistador
— Despojo y explosión — La patria libre por fin — Su
pabellón y su escudo en la ciudadela de Montevideo —
"Con libertad ni ofendo m temo"
I
Mi» amigos
Desde el momento en que penetra Alvear en Mon-
tevideo, ha terminado Ja primera eampaña de Artigas,
la empeñada contra la metrópoli española Hemos
visto cómo ha comenzado la segunda, la inevitable,
la dolorosa, contra Buenos Aire*. Esta campaña, que
llamaremos del Guayabo por la gloriosa batalla que
le puso termino, duró sólo ocho meses Alvear entró
en Montevideo en jumo de 1814, la batalla se libra-
rá en enero de 1815 Pero esa empresa de guerra no
cede, en trascendent la \ en gloria, a ninguna de las
de la historia mibtar del héroe
Imaginaos por un instante a Artigas muerto, o ven-
cido por Buenos Aires, en esla campaña con su pue-
blo, suponed a las provincias argentinas con _so!os
[7]
JUAN ZORRILLA DB SAN MARTIN
eus letrados coloniales, y faltas en eie momento hit-
tonco, del núcleo de cohesión y de acción formado
por el héroe y el Pueblo Oriental, y al Paraguay aga-
rrotado por Rodríguez de Francia Es evidente, de
toda evidencia, que, sojuzgadas las provincias por la
comuna porteña, y triunfante el espíritu de ésta, la
República ArgenLma no hubiera nacido entonces, la
Oriental hubiera podido ser provincia portuguesa, co-
mo el Paraguay Todo hubiera dependido de lo que,
en París, resolviera la Santa Alianza En estos momen-
tos, precisamente Posadas envía a Europa a Sarratea
con ese objeto, irán en seguida Rnidavia y Belgrano
Y Alvear, por fui, destruidos sus planes por Artigas,
irá a confesarlos a Río Janeiro, a decu a España que
jamás dejó de ser vasallo de Fernando VII, su solo
señor y dueño
Esa verdad, mis queridos artistas, como las cosas
que van saliendo de la neblina cuando ésta se disipa,
ha ido surgiendo de la histona, cada día más clara
estábamos al lado de ella y no la veíamos, oíamos su
voz y no la reconocíamos
La nación argentina, por iniciativa de Buenos Ai-
res, \a a reunir el memorable Congreso de Tucumán,
memorable, porque en él se declarará (9 de julio de
1816) la independencia de las Provincias Unidas En
ese Congitso estallara la pugna entre las tendencias
federalistas de las provincias v las centralistas de los
patricios de Buenos Aires Allí se verá, con toda evi-
dencia, cómo el espíritu de Artigas es el de toda la
nación argentina, excepción hecha de los ilustres con-
servadores del viej o espíritu colonial, simples reforma-
dores de la hispánica monarquía, allí se manifestará
y estallará la antipatía de las provincias contra la co-
muna bonaerense Ésta .representa, en ese Congreso,
[8]
LA EPOPEYA DI ARTIGAS
el espíritu monárquico, Belgrano y San Martín son
sus sostenedores más gloriosos El grande, el honrado
Belgrano, se estremece ante la idea de que pueda ser
proclamada la república en el Congreso de Tucumán
para éL, la república significaba la ruma de la patria,
la pérdida de toda independencia El Congreso com-
parte esa idea, uno solo de sus miembros, fray Justo
de Santa Mana de Oro, la rechaza
Sólo el instinto popular salvó entonces la democra-
cia republicana, la plena independencia, pero es in-
dudable que sólo Artigas salvó al instinto popular
Éste estaba disperso, difuso, incoherente, en la masa
argentina inorgánica» hubiera sido aniquilado por el
organismo político de Buenos Aires, cuyo espíritu
triunfó en el Congreso, si otra entidad, también orgá-
nica, viva, no hubiera existido frente a él Esa enti-
dad viviente era el Pueblo Oriental, que circulaba en
las arterias de Artigas, y que, en esta campaña del
Guayabo que os voy a relatar, contrapesaba y vencía
al Directorio de Buenos Aires, y a Belgrano, y a San
Martín, y al Congreso de Tucuman, v, como agente
de aquel instinto, salvaba el fundamento de lo que, al
fin, ha predominado, y llamamos patria -
Veamos, pues, esa Campaña del Guayabo
II
Alvear, vuelto de Montevideo, en que queda de
gobernador el coronel Soler, estaba en Buenos Aires
desde octubre de 1814 Allí predominaba en la Asam-
blea constituiente e inspiraba al director Posadas, a
quien pronto sucederá Bien comprendía éste, ocu-
pado entonces en redactar las instrucciones con que
Belgrano y Rivadavia iban a Europa en busca de un
[9]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
rev, bien compiendía que la campaña que debía mi-
ciarse contra Artigas y sus orientales era el paso pre-
■vio indispensable para traer al monarca Artigas y
sus orientales eran el obstáculo Esa campaña era
decisiva "Es necesario, oficiaba Posadas, el manso y
amable Posadas al coronel don Miguel Estanislao So-
ler, nombrado capitán general del ejercito y goberna-
dor ínter dente de Montevideo, e» necesario que todos
los elementos se concentren, v que esa campaña se
concluva en tres meses Los orientales deben ser tra-
tados como asesinos e incendiarios Todos los ofi-
ciales, sargentos, cabos y jetes de partida que se
aprehendan con las armas en la mano serán fusilados,
v los demás fes decir, el Pueblo Oriental) remitidos
con toda segundad a esta parte del Paraná para que
sean útiles a la patria en otros destinos '
Creo que nada puede darse de ma-. categórico co-
mo programa de exterminio, el mismo sera enviado
a las provincias argentinas, como \ eremos
Soler comunico a sus subalternos la decisión supe-
rior, y adopto medidas complementarias, para su fiel
ejecución muerte, a las cuati o horas de ^er aprehen-
dido, a todo el que, directa o indirectamente auxiliara
al enemigo, a los que no comunu aian a la autoridad
su proximidad, a los que condujeran pliegos de los
sublevados Confiscación y de&tierio a los que tuvie-
ran correspondencia, de palabra o por escrito, con
Artigas, a los que ocultasen caballos, etc, etc Si el
reo fuese una mujer, se la enviaría a Buenos Aires,
para ser encerrada allí en un hospital
Era la guerra a muerte declarada al pobre hermano
demócrata Este comprendió que en esa lucha le iba
la vida
[10 J
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
El odio al nombre de Buenos Aires, y a su ejército,
levantó de nuevo en masa al Pueblo Oriental, los ve-
cinos que no estaban en armas huían a los montes, a
la aproximación del ejército enemigo, arreaban el ga-
nado e incendiaban los campos, para privar de ali-
mentos y forrajes a los porteños y dificultar sus mar-
chas
Todo el mundo, incluso las mujeres, era auxiliar
de Artigas, y enemigo del invasor, al que desorienta-
ban y extraviaban ha&ta los niños se repetía la resis-
tencia al portugués en el éxodo Soler escribía al di-
rector "Nada podemos contra un enemigo protegido
por toda la población, que mira a nuestra tropa como
extranjera" Desertaban los soldados y los oficiales,
tenientes, capitanes, sargentos mayores; las partidas
exploradoras no volvían las tropas se pasaban a Ar-
tigas en el momento del combate los soldados espa-
ñoles que, por violación de la capitulación de Monte-
video habían sido incorporados a las filas de Buenos
Aires, dejaban éstas y se amparaban a las orientales
Observad esto amigos artistas, y no lo confundi-
réis con una guerra crwl tiene todo el carácter de una
guerra de independencia Aquí es el caso de que re-
cordéis todo lo que hemos visto en el fondo subterrá-
neo de nuestra América Los historiadores argentinos
superficiales han ensalzado a los caudillos argentinos,
y hasta los han sobrepuesto al procer oriental, por-
que aquéllos, cuando menos, dicen, si bien odiaban
el centralismo de Buenos Aires, no tendían a la sepa-
ración definitiva Pero precisamente esa es la gloria
de Artigas, eso lo que hace de éste una entidad dis-
tinta de aquéllos, el fundador de una patria destinada
a llenar una misión propia en la historia de los pue-
blo* argentinos la de unirlos precisamente, no la de
[11]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
separarlos El solo separatista esencial era Buenos Ai-
res, como lo veis. Vosotros >a sabéis por que Artigas
no es ni Gueraes, el caudillo local ni Alvear, el prín-
cipe excéntrico, él es la realidad futura la patria ar-
gentina confederada, la Patria Oriental independiente
Ya hemos estudiado por qué Córdoba o Mendoza
no podían ser naciones, y el Úruguay debía serlo
éste tenia una misión propia, inalienable, que cumplir
en el concierto de todos aquellos pueblos Va pues, a
jugarse, en la campaña del Guayabo la suerte de la
Patria Oriental y la de la democracia píatele Arti-
gas, en ese periodo de nuestra historia, toma un as
pecto de serenidad maravillosa No hay en el rencor,
hay sólo una triste amargura, porque él ama, como
nadie lo ha amado más que él, ni tanto como él, el
pueblo argentino Cuando toma oficiales enemigos
prisioneros, los mira sin odio, les hace leer en su pre
sencia el decreto de guerra a muerte de Posadas, y
los pone en seguida en libertad No derrama una sola
gota de sangre, ni una sola, fuera del campo de ba-
talla
El héroe oriental se ha colocado, para dirigir la
campaña, en el Norte, sobre la costa del Uruguay
Desde allí, ye la región occidental al otro lado del
río, donde sus legiones se dirigen a Buenos Aires, y la
oriental, en que sus hombres tienen en vista a Mon-
tevideo
Las fuerzas del Directorio están bajo el mando su-
premo del coronel don Miguel Estanislao Soler El
coronel Dorrego, jefe valeroso en las batallas de Sui-
pacha, Salta y Tucumán, carácter altivo e insubordi-
nado, uno de los militares más brillantes y ammosoi
del ejército argentino, pero de pocos esciupulos en
att conducta, debe ser el principal ejeeutor del plan
[12]
\
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
de campaña; el coronel Ortiguera le secundará Las
huestes de Artigas son mandadas por Otorgues, Rive-
ra, Lavalleja, Bauza .
Conozcamos, amigos artistas, a estos nuevos prota-
gonistas de nuestra historia Otorgués, Rivera y Lava-
lleja Os es ya familiar la fisonomía del primero, pero
estamos en el momento, que os anuncié al trazaros su
semblanza colorida, de completar, con nuevos datos,
el estudio de ese carácter, en contraste con el de sus
dos compañeros de armas Lo conocimos cuando Sa-
rratea buscaba en él el instrumento de sus insidias
en 1813, lo encontramos después, 1814, en tejemane-
jes directos y clandestinos con Vigodet, el español,
con Roraarate, el marino, etc , lo hemos visto, por
fin, llamado por Ahear, caer en la trampa que éste
le tendió en Las Piedras y en la no menos traidora de
Afarmarajá. Desde ese momento (junio de 1814) hasta
el actual en que lo hallamos, con Rivera y Lavalleja,
atento al clarín de Artigas, ese tortuoso personaje,
más inconsciente, quizá, que malintencionado, ha sido
consecuente consigo mismo No ha estado quieto, por
cieíto, las brujas de Macbeth lo han seguido por los
campos, se las \e detrás de él, v se las reconoce por
el parecido que tienen con el demonio que Posadas
cree sentir bajo su sillón de director
¿Por qué boca hablan9 Hay un personaje, emi-
nente por cierto, que solemos ver cerca de ese caudi-
llo es aquel doctor don Lucas Obes que, en 1810,
pareció el más indicado para secundar en Montevideo
el movimiento de Mayo Era Obes, efectivamente, el
congénere oriental de los prohombres de Buenos Ai-
res Discípulo apasionado do Bentham, el patriarca
utilitario, fue de loi adictos, con Belgrano. Moreno,
[13]
/
/
JUAN ZOKHILLA DK SAN MARTIN
Pueyrredón, Castelli, Viertes, Saavedra, García, etc,
a Ja coronación aquí de Carlota, la hermana de
Fernando VII, fue siempre monárquico, y no es de
maravillarse que esperara hallar en Otorgues, como
Belgrano en Guemes, un instrumento de sus planes
No pensó para ello en Artigas, a buen seguro Que
todas las brujas, las chicas y las grandes, huían de
é9te como el diablo de la cruz
Inspirado, pues, en ellas, el oriental Otorgues, co-
mo el salteño Guemes, se ha convertido al monar-
quismo, quiere ser un fiel vasallo de Fernando VII,
como Guemes del mca-braganza de Belgrano Se ha
dirigido, por su cuenta y riesgo, al representante del
rey de España en Río Janeiro, v le ha ofrecido la de-
volución a su dueño de la Provincia Oriental, a cambio
de la protección que se le preste contra los insurrec-
tos de Buenos Aires Nada sería eso, si se presentara
como inspirado solo de sus brujas familiares, pero
el muy inocente se dice nada menos que "autorizado
por mi general don José Artigas, como su segundo en
el mando de este ejército oriental, 3, coronel de dra-
gones del mismo"
Los detalles de esos curiosos negociados, que debe
mos a la investigación inteligente de Hugo Barbage-
lata, 9on de leer El 13 de setiembre de 1814, desde
su Campo Volante de Casupá, lejos de Artigas, es-
cribe Otorgues su carta a Villalba, el agente español
en Río Janeiro, y expide sus credenciales e instruc-
ciones a los embajadores que le envía Son ésto9 dos
inocentes personajes, el presbítero don Bonifacio Re-
duello, cura del Arroyo de la China, y el ayudante
mayor de artillería, don José de Caravaca, que, se-
gún sus instrucciones, deben presentarse, en primer
término al gobernador capitán general de Río Gran-
[14]
\
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
de, «i ésto no tiene facultades bastantes para tratar,
deben ir en bucea del príncipe regente a Río Janeiro,
y de la infanta Carlota, y del embajador de la Gran
Bretaña, y de cualquier otro que esté dispuesto a ayu-
darlo en su empresa de devolver a Fernando VII "esta
su alhaja*', la Banda Oriental, que los de Buenos Ai-
res le han quitado
Y allá fueron los originales embajadores, diciendo
haber tenido conferencias con vanos, v hasta con el
mismo Artigas, que, en esos momentos precisamente,
rechazaba con aquel "yo no defiendo a su rey" que
conocemos, la embajada del virrey de Lima Se pre-
sentaron primeramente al capitán general de Río
Grande, que los envió a Río Janeiro, aquí acudieron
a Villalba, al príncipe portugués, a Carlota, la infanta
serenísima, hicieron valer en favor de Otorgues el
recuerdo de los auxilios prestados por éete a ltoma-
rate, sus buenas relaciones con Vigodet, so lealtad
española, sobre todo, la lealtad al rey, que expresan
en términos casi idénticos a los que Alvear empleará,
con igual propósito, y ante los mismos personajes,
dentro de unos meflca
Y lo más interesante del caso es que fueron atendi-
dos Villalba se dirigió a su ministro de Estado, lo
infanta escribió sobre el asunto a su amado hermano
Fernando Es muy curiosa, entre otras, la carta en
qne Villalba dice a ios diputados de Otorgues que
hagan saber a Artigas la llegada aRío, de paso para
Europa, de los Enviados de Buenos Aires, Rrvadavia
y Belgrano, es un dato muy curioso Aquello fue to-
mado a lo seno la grande importancia política del
muy inocente de Otorgues Aun en el momento en
que estamos, en que éste ha vuelto a su puesto, y está
atento al clarín de órdenes de Artigas, sus embajado-
[15]
/
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
res siguen ofreciendo el vasallaje de todo el mundo a
nuestro señor Fernando, v sólo desisten cuando Vi-
llalba, el 2 de enero de 1815, precisamente cuando
Artiga* triunfa en el Guayabo, y va a enarbolar su
bandera en Montevideo, les dice que no deben espe-
rar auxilios del principe portugués, porqut éste vio-
laría con ello el armisticio que celebro con Buenos
Aires y hasta in\ddma atribuciones de España Y
todo paró en eso
Creo que no es necesario que os diga, amigos ar-
tistas, que en los papeles de esos tales negociados
otorgúenos no aparece ni la sombra de una firma de
Artigas vosotros sabéis lo que éste firmaba en esos
momentos
Y con lo dicho podéis dar por terminada la sem-
blanza de Fernando Otorgues, y quedaréis curados de
espanto para cuando, dentro de dos años, lo veáis de
nuevo en connivencias clandestinas con Buenos Aires
para obligar a Artigas a entrar en el orden y cumplir
« on su deber
Miraremos, en cambio, para darles sin reservas
nuestro afecto a esos otros dos intrépidos capitanes,
Rivera v. Lavalleja que aparecen ahora como protago-
nistas en nuestra historia, y que, al contrario del
otro, que se disipa pronto, permanecerán en ella y en
el culto de la posteridad jLos bravos héroes' 4 Hom-
bres de bien'
El predominio en esta nuestra tierra de esos dos
jóvenes soldados fieles de Artigas, amigos míos, tiene
un significado mas que histórico, sociológico Fruc-
toso Rivera y Juan Antonio Lavalleja son hijos,
como su jefe, de primitivos pobladores del país El
•egundo lo es de don Miguel Pérez Lavalleja, funda-
[l«l
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
dor de la villa de la Concepción de Minas, allá por
el año 1780, Rivera, de don Pedro Perafán de la Ri-
bera, vastago directo de antigua estirpe esclarecida,
que con su esposa doña Andrea Toscano, se establece
en Montevideo en 1752. Artigas, como sabemos, era
segunda generación de criollos, estos sus dos predi-
lectos capitanes fueron el tipo de la primera, es decir,
de la en que se hacia mas sensible la ruptura entre
padres e hijos, exigida, como el más duro holocausto,
por la independencia de estos pueblos
El caso de Rivera es clásico Su padre, caballero
acaudalado, empecinado español, resuelve, en 1810*
después de producido el movimiento de Mayo, enviar
a Europa a este su hijo Fructuoso; educarlo fuera del
ambiente americano El viaje, bajo la dirección de
don Manuel Durán, y en compañía de Luis Eduardo
Pérez, estaba resuelto y preparado, fue preciso, sin
embargo, desistir de él, porque Fructuoso Rivera cayó
enfermo, enfermo de tristeza por dejar su tierra Du-
rán lo restituyó a su padre no era humano llevar en
tales condiciones aquel muchacho todo corazón
Y ahí lo tenéis, algunos meses después, soldado de
Artigas en el campo de Las Piedras, va en el mismo
escuadrón de caballeiía en que su amigo Juan An-
tonio Lavalleja sirve la causa de la patria, los dos
han acudido de los primeros, con casi todos los miem-
bros de sus familias, desde sus hermanos ina>ores,
al llamado del capitán de blandengues, los dos van
unidos, después de la batalla, a los puestos avanzados
de la línea sitiadora de Montevideo Rivera conduce
las guerrillas de la extrema derecha, La\alleja, se-
gún nos lo describe la tradición doméstica se acercaba
entonces a las murallas, en las horas de la noche, y
cantaba desde los fosos, al son de la guitarra, coplas
[17]
JU-\N ZORRILLA DE SAN MARTIN
irrespetuosa*, para molestar a los sitiados Y dicen
que, en el silencio de la guardia, se solían oír las car-
cajadas con que contestaba a lo* disparos que se ha-
cían sobie su voz en la oscuridad
Y allá van lo* dos. Rivera y Lavalleja, en la grande
caravana del Éxodo , son de los que despejan el ca-
mino de la patria fugitiva con sus sables, v de los que
sobrellevan las penurias del Ayuí, y de los que regre-
san en la repatriación, y ponen el segundo sitio
Son de los primeros, por ím, que siguen a Artigas,
sin vacilación en la fe, cuando ehte se «epara, con su
visión secreta, de la linea sitiadora, de los condena-
dos a muerte, pues Y aquí los tenemos, preparados
a la campaña del Guayabo
Eran dos tipos, esos dos hijos de Artigas, pudiera
creérseles antagónicos, pero son complementarios
Difícilmente venamos a este joven Rivera mejor
que al través de la impresión que produce en el pres-
bítero don Dámaso Larrañaga, cuando éste lo ve, por
vez primera, al llegar a Pavsandú poco después de
esta campaña del Guayabo "Observamos dicen en su
Diario que llegaba al pueblo, en tres columnas, la di
visión que forma la derecha de vanguardia del ejér
cito oriental, al mando del señor don Fructuoso Ri-
vera, y que éste, dirigiéndose al puerto en una canoa
pequeña, y puesto de pie dentro de ella en compañía
de un oficial, venía hacia nosotros Yo deseaba mu-
cho conocer ebte joven, por su valor y buen compor-
tamiento Él fue quien en Guayabo derrotó las fuerzas
de Buenos Aires mandadas por Dorrego Me pareció
de unos 25 años, de buen personal, carnredondo, de
ojos grandes y modestos, muy atento, y que se expre-
saba con finura Su traje era sencillo de bota a la
inglesa, pantalón y chaqueta de paño fino azul, som-
[18]
LA EPOPEYA DX ART3QAB
btero redondo; sin más distintivo que el sable y faja
de malla de seda de color carmesí Y este traje vestía
también bu ayudante"
Ese es el Rivera, efectivamente, que vive en la ima-
ginación popular. Era fino, de vivísimos ojos negros,
de correcto perfil caucásico, de carácter jovial, deci-
dor, manirroto. Dicen que fue dado al juego, y no lo
juzgo inverosímil, para él, el dinero no tenia maldita
la importancia; iba y venía como un huésped de
servicio, que se despide sin pena y se recibe sin amor
Hablaba con facilidad y hasta con elocuencia, era
amigo da las arengas, de los brindis chispeantes en
los banquetes, de las frases espirituales en los corri-
llos Había, sin embargo, una cierta melancolía en su
mirada amable Rivera sufrió mucho en la vida, y
murió solo y triste, cuando su patria lo llamaba de
nuevo, después de un destierro
Lavalleja era otra cosa, más normal, más metódico,
menos original Era de talla regular mas bien baja
que alta, pero de recia contextura Sus ojos claros,
benevolentes, casi apagados e inexpresivos en la \ida
ordinaria, se hacían fosforescentes en la pelea , desgar-
bado cuando andaba a pie, su figura a caballo, firme
en los estribos, pero movida en la montura como si
anduviera sobre ella, cobraba un carácter que lo ha-
cía visible entre mil, su poncho era una bandera que
pasaba, su silueta una leyenda criolla, sabida de me
mona por el pueblo Era de fisonomía noble, pero
poco característica, de expresión lenta como su pala-
bra Fue siempre de costumbres; morigeradas y mo-
destas, muy dado a la vida de familia La falta de
garbo o de gracia externa de Juan Antonio La\alleja
ha pasado a nuestro adagio vulgar, como pasará su
nombre a la posteridad simbolizando nuestra gloria
[19]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
No ha} que decir que esos dos amigos y compañe-
ros de armas eran valientes y despreciadores de la
vida, pero si bien ambos impetuosos, el empuje de
Rivera, pese a su carácter vivaz, era más reflexivo, el
de Lavalleja más intrépido o temerario Rivera mi-
raba al enemigo v sonreía silencioso, La\alleja sen-
tía encendérsele los oíos, daba voces a sus soldados,
ponía al galope, a lo largo de las filas, el caballo,
cuyos arneses de plata rechinaban como una música
guerrera, el olor de la pólvora le producía la come-
zón de la carga Rivera era feliz cuando despistaba v
dejaba atolondrado a su contrario Lavalleja lo era
cuando sentía desplomarse muerto entre sus piernas
el caballo que montaba, cayendo él de pie con la
rienda en la mano, o cuando, después de la refriega,
mostraba en el poncho los agujeros de las balas ene-
migas, una de ellas le taladró una \ez el ala del
sombrero sobre la frente, otra le aplastó un botón de
bronce de la chaquetilla, al lado del corazón Rivera,
en las retiradas, miraba mucho el terreno, los hori-
zontes lejanos las estrellas en la noche, ponía a sal\o
el ejército Lavalleja cubría las retaguardias en con-
tacto con el perseguidor A Rivera no le gustaba el
humo porque le irritaba los ojos, -y él quería ver, el
otro lo buscaba porque le producía la embriaguez
heroica, v él quería pelear Es auténtica y caracterís-
tica la contestación que da Lavalleja a Alvear, cuando
éste, después de Ituzaingó, le reprocha una carga
que juzga imprudente {<Yo no entro en batalla con
anteojos de larga vista", le contestó con sorna Lava-
lleja caerá prisionero Rivera, no, se le hubiera es-
capado al diablo
Brotados estos dos jóvenes, como Artigas, de las
profundidades étnicas v sociológicas de nuestra tie»
120]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
rra, son la expresión germina de nuestra idiosincrasia
nacional, inclinada a la igualdad democrática, y re-
belde a someterse a quien no le inspira respeto y, so-
bre todo, amor Corazones bien puestos, Rivera y La-
valle] a ganaron sus prestigios en el pueblo con sus
proezas, pero sobre todo, como dice Larrañaga, con
sus bondades y clemencias Son muchos los actos de
magnánima sencillez que la tradición nos ofrece para
pintarnos esa amable cualidad en Juan Antonio Lava-
He] a, intercedió por sus propios enemigos convictos y
confesos de haber intentado asesinarlo, y los salvó
Pero nadie poseyó más que Fructuoso Rivera, ni el
mismo Artigas, el secreto de ganarse la voluntad de
los- hombres Los soldados lo creían un amuleto , las
muchedumbres lo tuteaban, le llamaban don Frutos,
o Frutos a secas El petit caporal, visible en todas
partes, de la leyenda napoleónica, era en él una ver-
dad He hablado en estos días precisamente con uno
de los soldados de Rivera, viejo de noventa años, fuer-
te todavía, con tres cuartos de sangre indígena jOh,
el general1 , me decía cuando jo le pedía sus recuer-
dos Y se le iluminaban los ojos En la noche que
siguió a una durísima refriega, me contaba el viejo,
yo sentí que alguien andaba entre los soldados echa-
dos en la gramilla, heridos unos, muy cansados to-
dos jEra el general', me decía sonriendo, y en voz
baja, como si me revelara un secreto era el general,
yo lo conocí en seguida Cuando vio que estaba yo
despierto, me dijo, dándome un golpecito en la es-
palda Dormite, che, que tenemos que ensillar muy
de madrugada, date una friega en las piernas. . por
aquí, si te duele mucho . jOh, el general T
Rivera era padrino de todos los niños que encon-
traba a su paso por el campo a los qut hacía bauti-
[21]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
zar, se habla de una batalla ganada por él con sólo
sus ahijados, en quince días formaba un ejército, con
montar a caballo, sin armas Rivera casi no las usó
nunca
Esas cualidades criollas de fascinación coexistían,
ain embargo, tanto en Lavalleja como en Rivera con
la cultura suficiente para hacer de ellos, si no dos
académicos, dos personas bien educadas, leían los
libros en boga, llevaban su interesantísima correspon-
dencia privada La epistolar que se conserva de puño
y letra de Rivera, es enorme Leo en el Diario de la
guerra del Brasil, del ayudante Brito del Pino, esta
nota "El general Rivera vino hoy a mi rancho y
estuvo levendo el Contrato Social" Se conserva el
ejemplar de La conquista de Méjico, de Solís, que
leía en su prisión Los hombres que trataron a Rivera
nos han hablado unánimes de su inteligencia, de su
extraordinaria facultad de asimilación, de la claridad
de su criterio, aun entre los hombres de letras
En cuanto a Lavalleja, recordemos que obtuvo el
voto de don Manuel Moreno para presidente de la
Confederación Argentina en la Asamblea en que fue
elegido Rrvadavia, su correspondencia, que conser-
vamos copiosa, tiene un estilo fluido y expresivo, una
persona vive en ella
No terminemos esta rápida semblanza sin una nota,
siquiera somera, sobre el significado social de estos
dos simbólicos soldados
Ambos se casaron muy jóvenes Lavalleja, en 1818,
con doña Ana Monterroso, hermana del ilustre fraile
secretarlo de Artigas, Rivera, en 1815, con doña Ber-
nardina Fragoso. Y, un detalle muy interesante el
. primero celebró "su matrimonio por poder, y fue Fruc-
[22 J
LA EPOPEYA DÍ AETICAS
tuoso Rivera, bu compañero de armas, quien hizo las
veces de su amigo Lavalleja en la ceremonia nupcial
¿Cómo no detenernos, un momento siquiera, pues
nos salen al encuentro, ante esas dos amables muje-
res que unen sus \idas y destinos a las de nuestros
dos clasicos capitanes ' Ellas doña Bernardina Fra-
goso de Rivera y doña Ana Monterroso de Lavalleja,
podrían serviros como tipo escultórico de la mujer pa-
triota de aquellos tiempos, mujer fuerte, armada en
el corazón, coronada para el holocausto Esas dos ilus-
tres damas que os presento, lo mismo que las visteis
en el Exodo del Pueblo Oriental, siguieron muchas
veces, casi siempre, a sus mandos en las marchas, en
los campamentos, en los cautiverios, la carreta de
techo de cuero las condujo, escoltadas por los gau-
chos, en medio de la guerra, al través de las colinas
sm sendas y de los ríos sin vado tuvieron gestos
marmóreos, les opresores de la patria las hicieron
sus prisioneras, las encarcelaron, las trataron, y no
sin causa, como a soldados enemigos
Y bien >o juzgo que, con lo dicho, tenemos
bastante, amigos míos, para conocer personalmente a
los dos primogénitos de Artigas, y, en ellos, a la le-
gión toda de aquellos hombres fuertes, que, en torno
del Caudillo de los Pueblos, fueron los fundadores
de la estirpe Están muy próximos, desgraciadamente,
para que podamos verlos en su realidad estética Yo
no puedo hacer con ellos lo que el viejo Homero con
sus aqueos, él los hubiera considerado hijos de diosa;
los hubiera contado, uno por uno, sobre la colina que
baña el Uruguav,~como lo hizo en la llanura de Ska-
mandroB, al verlos pasar entre Ibb huecas na\es de los
aqueos cabelludos y los muros de la sagrada Ihón
Como las multitudes aladas de las grullas y de los
[23]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
cisnes de largo cuello, pasaban los guerreros ante los
ojos ciegos del rapsoda los habitantes de Tisbé, abun-
dante en palomas, y los de Amé, que abunda en
uvas, y los de la margen del Kefisto, el río divino
Y pasaba Uhses, semejante en la inteligencia al dios
que se alegra del rayo, y Politectes, excelente ar-
quero, y los dos Ajax, domadores de caballos v Me-
nelao, el vengador de Helena, y en medio de todos,
parecido en los ojos a Zeus, y a Ares en la estatura,
y en la anchura del pecho a Poseidon, pasaba Aga-
menón el atreida Nosotros no vemos nada de eso,
a causa de nuestros ojos mortales, abieitos solo ha-
cia afuera, la realidad aparente nos mira como si
fuera una verdad, una roca o un arbusto nos ocul-
tan la montaña Ni siquiera nos damos cuenta de
cómo Palas Atenea, la diosa de ojos claros, pone en
los corazones fuerza y valor, ni percibimos el vuelo
de Iris, que pasa, como el viento, en dirección a
Troya, con el mensaje de Zeu9 al viejo Príamo jNi
siquiera sospechamos el secreto de los dioses que vi-
ven siempre1
No diremos, pues, oh amigos, los nombres de todos
y cada uno de nuestros héroes, pero mirad vosotros,
con mirada penetrante, a esos dos que os he ofre-
cido Rnera y Lavalleja En ellos están todos los bue-
nos y valerosos, reflejan, sobre todo, como asteroi-
des ígneos, la inmediata luz solar la del silencioso
Artigas Y la conservaran cuando el sol se ponga en
el horizonte de las colinas Y según la reciban mas o
menos de lleno, tendrán sus resplandores ) sus eclip-
ses o menguantes Y después de morir juntos, for-
mando una sola persona, miembros de un triunvirato
gobernante, quedaran, por fin, en el cielo de la pa-
L 24]
LA SPOPETA DI ARTIGAS
tria, como estrellas doble*, constelación amiga de
nuestro polo.
Y ahora, si os parece, sepamos de esa campaña
del Guayabo, en que nuestros griegos y troyanos ca-
belludos libran sus combates, en presencia de los dio-
ses invisibles, que velan por la argentina estirpe.
III
La campaña del Guayabo, que ha estudiado nota
blemente Lorenzo Barbagelata, y que >o quiero tra-
zaros en una línea lo más nítida posible, es el tipo
de la guerra americana, en que el caballo es el ver-
dadero proyectil, más rápido que el plomo, guerra
de audacias, de marchas y contramarchas inverosími-
les, de sorpresas temerarias, de irrupciones torrencia-
les Lo que la distingue es la carga del pelotón de
caballería, semejante a un vuelo sesgo de pájaros, la
masa de lanceros, como un cañaveral que lleva el
viento, se acerca en línea recta, crece, cobra formas
vanas, se detalla, va a estrellarse contra el enemigo,
pero de repente, como la golondrina que roza el suelo,
tuerce el rumbo en una curva tangente a la línea
contraria, se aleja, casi se pierde en el horizonte, para
reaparecer de improviso por otro lado, sin perder el
impulso que llevaba, y aceicarse, y agrandarse de
nuevo, y chocar por fin, cuando halla entrada propi-
cia, y derramarse como una ola sobre el enemigo,
para destrozarlo o destrozarse a sí misma, y desapa-
recer pulverizada Es el Aquelarre o Sabbat militar
fantástico, en que las brujas, que cabalgaban sus paloi
de escoba, o sus esqueletos de corceles difuntos, son
sustituidas por el hombre semidesnudo, inclinado so-
bre el cuello del caballo sin domar, de largas crines, de
[25]
JUAN ZORRILLA DE iAK MABTIN
ojo» espantados resplandecientes y de nariz humeante,
por el flotar del poncho y el tremar de la lanza pri-
mitiva, por el enjambre sonoro v casi aéreo de hom-
brea que gritan con alaridos, de caballos que bufan,
de lanzas que se entrechocan
Dorrego y Rivera, protagonistas en esa justa homé-
rica, son dignos el uno del otro, son dos bravos Am-
bos son audaces y astutos, ágiles, sobre todo, tienen
el \uelo del halcón, aparecen y desaparecen, caen del
aire sobre su presa.
Artigas, situado en la costa Norte del Uruguay,
atiende el desarrollo de las operaciones encomendadas
a Blas Basualdo, Ramírez y otros jefes, sobre la
Banda Occidental, y, al mismo tiempo, y ante todo,
dirige las que se desarrollan en el territorio oriental
Rivera está situado en el centro de este, frente a él,
en la capilla del Durazno, acampa Dorrego, Otor-
gues opera en el Sur, y amenaza a Montevideo, el
comandante Gadea en el Oeste, a lo largo del Uru-
guay, otros capitanes secundarios recorren el terri-
torio
Artigas ha ordenado a Rivera que ataque a Do-
rrego, y busque, en el Sur, la incorporación de Otor-
gues El Rio Negro, caudaloso v profundo, separa al
capitán occidental del oriental, una lluvia copiosa lo
ha desbordado, sólo asoman las copas de los árbo-
les del bosque sumergidos en las aguas, éstas inva-
den la llanura detrás de el, está campo afuera, como
dicen nuestros paisanos, invadeable para quien no
tenga alas Pero eso es, precisamente, lo que da ca-
rácter a esta clase de guerra las alas, los caballos y
los jinetes aéreos
Dorrego se echa sigilosamente al río, con toda su
división, lo atraviesa a nado en seia horas; pisa la
[26]
ribera opuesta, con la firme persuasión de sorpren-
der a Rivera, que está en un cardal, frente al paso
de Las Piedras, cae sobre Rivera Pero este, que
oye el paso del enemigo en el aire, lo ha sentido con
el tiempo apenas suficiente para evitar el desastre,
salta a caballo y se retira en orden hacia el Norte, li-
brando encarnizados combates parciales en todos los
vados, en Tres Arboles, en los brazos del Salsipuedes
Este nombre es una sugestión Lavalleja, cuyo valor
temerario fue clásico en aquellas luchas, conduce las
guerrillas de retaguardia, en contacto con las avan
zadas enemigas. Es el quien cierra los pasos, mientras
el grueso de la división es salvado por Rivera
Dorrego ha errado el golpe Después de una per-
secución de doce leguas, sus hombres están rendidos,
sus caballos extenuados Rivera no se ha fatigado, no
se fatiga nunca ha continuado su retirada en medio
de la noche Al amanecer está ya muy lejos Desensi-
lla su caballo sudoroso y jadeante a orillas del Que-
guay, allá muy al Norte, cerca del campamento de
Artigas.
Los centauros empapados, y semidesnudos, han en-
cendido sus fogones a orillas del monte de talas )•
espinillos, la carne de la res salvaje se asa en el
suelo, los soldados toman mate y cantan, al son de
la guitarra, los cantos impregnados de las tristes vic-
torias de la patria, las estrellas estivales de noviem-
bre se desvanecen en luz de aurora. Homero y Ossián
oyen el canto, desde el borde de sus nubes, y recono-
cen, en la voz de los gauchos orientales, el inconfun-
dible tono de los rapsodas, o de los bardos sinceros,
que anuncian las nuevas patrias
Dorrego advierte que ha avanzado más de lo con-
veniente, recurre a Entremos en busca de refuerzos,
127]
JUAN ZOKMILLA PE SAN MASTIN
y no los consigue, no puede seguir adelante, sin de-
jar abandonado su flanco izquierdo y su retaguardia,
no debe aventurar una acción, pues sabe que el ene-
migo ha sido reforzado Retrocede entonces, y el per-
seguido se convierte en perseguidor Rivera, que ha
recibido de Artigas 300 hombres, entre ellos 200 blan-
dengues, lo mejor de las tropa9 orientales, una pieza
de artillería y las milicias de Gadea, vuela en pos del
enemigo, que ha retrogradado hacia el Río Negro
Las guerrillas perseguidoras, conducidas por Lavalleja
y Bauza, doblan las avanzadas de Dorrego, y las em-
pujan hacia Mercedes, Dorrego abandona la villa pre-
cipitadamente y se refugia en Soriano, para agrupar
sus elementos dispersos No es posible el ágil ene-
migo no le da un momento de reposo, está ya cerca,
y le obliga a continuar su fuga hacia el Sur, en ella,
en un pequeño entrevero, Dorrego esta a punto de
caer prisionero al vadear el Bizcocho Tampoco puede
sostenerse en San Salvador, como esperaba, se corre
a las Vacas, más al Sur, donde disputa el paso al ene-
migo durante tres horas de porfiada lucha E» desalo-
jado, y sigue, sigue hacia el Sur Se encierra, por
fin, tras los muros de la Colonia, sobre el Río de la
Plata Durante su retirada ha perdido 400 hombres,
entre mueitos, heridos y dispersos, e inutilizado sus
caballadas Es una larga derrota El primer acto de
eBte drama clasico esta terminado
Rivera deja a Lavalleja, con 200 hombres, en ob-
servación de Dorrego, y regresa al Norte, a buscar
a Artigas
Soler, el comandante militar, que ge había dirigido
a la Florida a observar el desarrollo de las operacio-
nes de Dorrego y prestarle auxilio en caso necesario,
recibe, el 8 de diciembre de 1814, el oficio en qu«
[28]
LA gfOPIYA PB AltTtflAS
éste le comunica su desastrosa retirada, refuerza el
ejército con todas la9 fuerzas de que puede disponer
— 230 hombres de Ortiguera, 270 fusileros a caballo,
160 granaderos de infantería, 60 soldados del número
10, y 50 artilleros que se le envían de Montevideo —
y, reunido con Dorrego en San José, acuerda, en con-
sejo de jefes, un nuevo plan de campaña
Dorrego recibe orden de buscar y atacar a Arti-
gas, dondequiera que lo encuentre Éste se halla en
el Norte, atraída su atención por los acontecimientos
de la Banda Occidental del Uruguay, donde Perugo-
rría, caudillo de la provincia de Corrientes, ha des-
conocido su autoridad, y Valdenegro, enviado por
Buenos Aires como gobernador de la provincia, ha
derrotado a Blas Basualdo, capitán de Artigas, y ame-
naza caer sobre éste por la espalda Esa defección de
Perugorría, en ese momento de suprema expectativa,
pudo haber sido, efectivamente, un golpe de muerte
para el caudillo oriental y para su causa Artigas sube
hacia el Norte, envía recursos e instrucciones a Ba-
sualdo, y éste, después de derrotar y hacer prisionero
al capitán traidor, restablece en Corrientes el predo-
minio de Artigas Perugorría fue condenado a muerte,
previo consejo de guerra
Artigas vuelve de nuevo la \ista hacia la Banda
Oriental Dorrego avanza en su busca, ha cruzado el
Río Negro, forzando los pasos, después de librar com-
bates con éxito vano
Ha subido hasta el Queguay, donde recibe refuer-
zos de artillería de Valdenegro, ha acampado, por
fin, en las caídas del Arroyo Arerungiiá, a media le*
gua del Paso de Guayabos o del Guayabo, y ««rea
del cerro del Arbohto, que domina el campo
[29]
JUAN ZOBEILIO. DI SAN MARTIN
Al día siguiente, en la mañana del 10 de enero
de 1815, sus descubridores le anuncian que una par-
tida enemiga esta en el paso del arroyo Dorrego
cruza éste tras la partida que se repliega sin hacer
resistencia, pues bu propósito e9 el de atraerle Y del
otro lado, a 400 metros del arro\o, halla formado al
enemigo, que le espera, que anhela el combate de-
cisivo
Artigas ha enviado allí todos los elementos de que
ha podido disponer, y que están al mando de Rivera
Mil doscientos hombres de cada parte van a librar la
acción
Rivera estaba en orden de batalla la infantería en
el centro, en ala, detrás, una pieza de artillería, ser-
vida por 60 hombres, en los flancos, la caballería,
en el izquierdo, los blandengues, mandados por Bauzé,
y algunas milicias, apoyados en una zanja y protegi-
dos por un corral de piedra, en el derecho las mili-
cias de Sonano, Mercedes y Paysandú, y el escua-
drón de Lavalleja
Dorrego tendió rápidamente su línea de combate, a
la derecha, los granaderos a caballo, en el centro,
el número 3, una pieza de artillería y los granaderos
de infantería, en el costado izquierdo, los dragonea,
50 hombres a caballo constituían la reserva
Lavalleja inicia el combate, a las doce del día, rom
píen do el fuego con \igor, amagando cargas y simu-
lando retiradas, para atraer al enemigo hacia una
hondonada, en que están los blandengues de Bauzá
Los orientales protegidos por el corral de piedra son
desalojados, y en vano intentan repetidas veces recu-
perar la posición, conservada por los granaderos a
caballo de Dorrego Éste avanza hacia allí con toda
su línea, ) se empeña un combate de fusilería, que
[30]
LA «PQgKYA OS ARTIOA»
dura varias horas. Un grupo de europeos, encabeza*
do» por un sargento, se pasa en ese momento a las
filas orientales, son los soldados españoles de Vigo-
det que Alvear forzó al servicio, tras la violada capi-
tulación de Montevideo, y que han sido traídos a pie,
con penurias de toda laya Rivera amaga entonces
una carga contra la caballería enemiga y simula, co-
mo Lavalleja, una huida para atraerla, como la atrae,
por fin, al sitio en que está Bauzá con sus blanden-
gues Éste secunda bizarramente el propósito de Ri-
vera Los blandengues reciben al enemigo con nutridas
descargas, que le hacen -volver grupas con intención
de rehacerse en la altura, pero, aquéllos, saltando a
caballo, cargan, sablean y deshacen I09 escuadrones
enemigos, que Dorrego intenta, pero no consigue, re-
animar En ese momento, la caballería oriental lleva
una carga pujante contra la infantería enemiga, que
ha quedado en descubierto, penetra por su flanco,
arrollándolo todo, la empuja en dispersión sobre los
escuadrones deshechos por Bauzá, y que en vano pre-
tende reorganizar Dorrego Todo es arrollado por las
lanzas de Rivera y Lavalleja, incluso las reservas que
han llegado a detener y proteger a los batallones des-
trozados El desbande se hace general, los enemigos
huyen aterrorizados hacia el paso "En el momento en
que nuestras tropas dieron vuelta dice Dorrego, los
enemigos se mezclaron en nuestras filas, y como por
lo general venían desnudos, la tropa los conceptuaba
indios, habiendo cobrado sin motivo un gran temor"
Inútiles fueron los esfuerzos del jefe occidental para
iniciar una retirada en orden El pánico, "que desba-
rata las cohortes y precipita las derrotas", iba detrás
de sus soldados, estos descargaban sus armas contra
los oficiales que pretendían contenerlos y reorgaru
[31]
JUAN ZORRILLA DK BAN MARTIN
zarlos "Era tal el pavor que se había apoderado de
la tropa, dice Borrego, que huía de sólo la algazara
del enemigo Yo mismo he visto cerca de 60 hombres
corridos por sólo cinco, que los acuchillaban, sm que
siquiera ae defendieran"
Las pérdidas del ejército vencido fueron grandes
200 muertos y heridos, 400 prisioneros y dispersos, 2
carros de municiones, un cañón, hasta el manuscrito
del diario de Dorrego cayó en manos del vencedor
Dorrego repaso el Uruguay con sólo 20 hombres So-
ler, que recibió en Mercedes la noticia de la derrota,
emprendió una marcha desastrosa hacia Montevideo
La segunda independencia del Uruguay está con-
sumada
IV
El hermano transplatino ha sido desalojado, con
el mismo titulo con que lo fue la madre transatlán-
tica Buenos Aires, desgraciadamente, no acaba de
convencerse, sin embargo de la verdad intrínseca,
cuyo reconocimiento hubiera sido, en el Plata lo que
en el Pacífico el de la personalidad de Chile o del
Perú, no se convence de que la Provincia Oriental es
una persona idéntica a la occidental Lo único de que
se persuade es de que la conservación de la conquista
de Montevideo es imposible, y se resuelve a abando-
narla por ahora
En el mismo momento en que se libraba el combate
del Guayabo Í10 de enero de 1815), el joven Alvear
tomaba posesión, en Buenos Aires, del cargo de Direc-
tor Supremo de las Provincias Unidas El director
Posadas lo había abandonado el día anterior, "para
retirarse, decía, al silencio de su casa meditar en la
[32]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
nada del liombre, y dejar a sus hijos consejos por
herencia".
Es, pues, Alvear quien tiene que entregar a Artigas
las llaves de Montevideo
La elevación al poder, en Buenos Aires, de ese jo-
ven dictador es precaria; sólo consigue conservarse
en él a fuerza de despóticas violencias, y sosteniendo
una lucha intestina, en la que caerá dentro de tres
meses, al pretender buscar el desquite del Guayabo
Se somete, pues, a tratar con Artigas y le envía co-
misionados a ofrecerle la paz, la unión 4La unión
de Alvear y de Artigas para la consecución de un ideal
común!
El Jefe de los Orientales acepta, una vez más, los
parlamentarios Exige el retiro de las tropas de Mon-
tevideo y de Entremos, para cesar en las hostilida-
des, reitera, en suma, sus bases angulares Alvear se
persuade de que nada es posible hacer con aquel hom-
bre inconmovible. Con él no hay protectorado posi-
ble de Inglaterra, m de potencia alguna civilizada
Se resuelve, pues, a entregar a los orientales su tie-
rra ordena la inmediata evacuación de Montevideo.
Las tropas de Buenos Aires se van, pero ge van
llevándose todo cuanto les es posible arrebatar de lo
que allí ha quedado artilleiía, armas, municiones Es
preciso desarmarlo, aniquilarlo todo, en aquel foco
de infección republicana, hasta los archivos son en-
tregados al populacho, que los dispersa y destruye
Una catástrofe espantosa vino entonces a poner tér-
mino a aquella faena desatentada Los jefes han re-
cibido orden de echar al agua todo elemento de gue-
rra que no sea posible transportar En ese caso está
la gran cantidad de pólvora depositada en unas ro-
bustas construcciones de piedra llamadas Bóvedas,
2
[33]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
cuyas ventanas se miran en la bahía Los soldados,
provistos de palas, arrojan precipitadamente la pól-
vora al mar, por las ventanas de los depósitos Choca
una pala en la piedra del muro, salta una chispa, y
una explosión formidable, que sacude los cimientos
de la ciudad, anuncia a sus habitantes, consternados,
el fin de la dominación porteña en el Uruguay Tres
polvorines han volado, el humo, como una maldición
de las noches subterráneas, sube al cielo y envuelve
la ciudad 120 cadáveres lian quedado sepultados bajo
las ruinas
Las tropas de Buenos Aires se van silenciosas, al
son de sus lúgubres tambores, dejando el recuerdo de
una dominación mucho más angustiosa que la de Es-
paña Se van el 25 de febrero de 1815 El 27, los sol
dados de la patria, doscientos hombres, al mando del
comandante don José Llupes, de las fuerzas de Otor-
gues, toman posesión de la plaza
Los orientales, dueños por fin de su tierra reco-
gen lo que ha quedado de la ciudad reconquistada
lo que la hermana conquistadoia no ha podido arre-
batar o destruir Ha quedado bastante, sin embargo
basta y sobra para enarbolar la bandera vencedora
V
Y la bandera, la tricolor que flotaba en el rastrillo
de Rondeau, se enarbola, por fin, en Montevideo, poi
fin Artigas ha cumplido su promesa a la Junta de
Mayo, de amar de aquella fortaleza todo pabellón
extraño, y de sustituirlo "por el estandarte de la h
bertad"
No fue éste levantado, por cierto, en las condicio-
nes en que Alvear enarboló el suyo transitorio Asis-
[34]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
tamos, amigos artistas, a ese acto del 26 de marzo
de 1815, que los orientales conmemoramos, y no sin
causa, con alegría
A la entrada de Llupes, Otorgues, su jefe, ha que-
dado con el ejército en las afueras de la ciudad, en
el Miguelete, a la espera de las órdeneg e instrucciones
del Jefe del Estado Llegan éstas el 16 de marzo, y
Otorgues, que ha recibido el nombramiento de gober-
nador militar, hace su triunfal entrada el 19, se ins-
tala en el fuerte de gobierno, en que el Cabildo, que
ha estado en comunicación con él y obrado según sus
órdenes, le ha dispuesto el alojamiento lujoso que él
quería, y enarbola allí el 26 de aquel mes de marzo
de 1815, la bandera tricolor
Las instrucciones de Artigas fueron categóricas al
respecto, y nos hacen oír, una vez mas, la nota ima-
ginativa y pasional que tan a menudo hallamos en su
carácter Según ellas, la bandera tncolor debía ser
izada con solemnidad, había de ser el Pueblo Onen-
tal, todo él, quien con ella tomara posesión de aque-
lla tierra y de aquel cielo que eran suyos. Nuestra
primer fiesta patria fue decretada por quien sabía de
glorias nacionales "Para las seis del día de mañana,
escribe Otorgués al Cabildo, he dispuesto que se orle
la bandera tricolor en esta fortaleza V E , que tanta
parte toma en las glorias de la patria, no dudo se
dignará asistir a este acto tan honroso al nombre
oriental"
El Cabildo, de gran gala, concurrió en corporación,
el pueblo en masa, lleno de alegría, la bandera, ben-
decida en la iglesia matriz, después de solemne Te
Deum, fue izada en medio de estrépitos militares y
de aclamaciones populares.
[35]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Una nueva solemnidad tuvo lugar poco después, el
25 de mayo, dispuesta también por Artigas Éste quiso
que el quinto aniversario de la revolución fuese cele-
brado con el juramento de las tropas a la bandera
nacional en el patio de armas de la ciudadela, y con
la primera aparición de sus colores en los baluartes
Así se hizo después de los honores religiosos y mili-
tares, aquel pabellón flotó, saludado por los cañones
que fueron españoles, en la batería del Norte, Bastión
de San Fernando Era un día de gran sol Ys en la
noche, salieron todas las estrellas.
Los entusiasmo» populares a que aquellos actos die-
ron ocasión han llegado hasta nosotros con todo su
ambiente matinal salvas de artillería, desfiles de sol-
dados, romerías, iluminaciones nocturnas de antorchas
y candilejas, > colgaduras en las ventanas, y rondas
de guitarras por las calles Una nota de color descue-
lla para mi entre las muchas que tenemos, por su gra-
cia, y también por su significado Era menester que
la bandera que se izase fuera en sí misma un aconte-
cimiento í diez y nueve varas de largo debía medir,
por nueve de ancho, según el proyecto del señor Roo,
aprobado por el municipio Pero no contó éste con
una seria dificultad en aquella nuestra ciudad de
Montevideo, desmantelada por el sitio, no se pudo en-
contrar tela suficiente para tamaña bandera Hubo,
pues, de desistirse del proyecto, en cuanto a sus pro-
porciones materiales
Pero las morales de aquellos júbilos de nuestro pue-
blo al sentirse libre, libre por fin, amigos artistas,
aunque sin tela suficiente para su primera insignia pa-
tria, nos revela la firme subconciencia que tiene de
su destino Ése pabellón tricolor en el baluarte del
Atlántico representa, notémoslo bien, amigos míos, el
[36]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
primer acto de plena soberanía de la nación que de-
puso al virrey español en la plaza de Buenos Aires,
el héroe anónimo de aquel día es ya un hombre, tiene
su nombre propio
Bien vale, pues, la pena de que hablemos algo de
eso, complementando datos anteriores de las dos ban-
deras que, como dos nebulosas desprendidas del va-
por cósmico de la revolución, se formaron a ambos
lados del Plata la una, la mas difusa se tiñe de ce-
leste y blanco, la otra, como el espectro de un astro
más conglomerado, toma la coloración roja en una
banda diagonal que se proyecta en la nube
En la Banda Occidental encabezada por Buenos Ai-
res no existe, como sabemos, en 1814, ni puede exis-
tir una bandera, porque la independencia, si bien
latente en aquel pueblo, no ha sido declarada por
quien aparece como su órgano de relación con las
demás naciones En Buenos Aires se gobierna, con
mas o menos sinceridad, pero expresamente, a nom-
bre y representación de Fernando VII Será esa la
razón que darán muy pronto los Estados Unidos para
conciliar sus relaciones con España con la aceptación
de agentes consulares de Buenos Aires, éstos son,
para la patria de Washington, funcionarios españoles,
enviados de Fernando y como tales son autorizados
por sus propios comitentes
Pero en la Banda Oriental es otra cosa, Artigas,
su genuino representante, reconocido por propios y
extraños, no invoca al rey como fuente de su autori-
dad, el nombre de Fernando esta suprimido expresa-
mente hasta de las preces de la Iglesia para sustituirlo
por el de la patria "Mi autoridad emana de vosotros,
dijo a los representantes de su pueblo, y ella cesa
por vuestra presencia soberana"
[37]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Bien es verdad que el noble signo celeste y blanco,
que hoy amamos por igual los argentinos o platenses,
los orientales y los occidentales del Río de la Plata,
había comenzado ya a ostentarse en Buenos Aires,
como escarapela primero, y como estandarte de gue-
rra después, como tal ha flotado en las naves de
Brown, y en el ejército de Alvear Pero no sólo no
había sido sancionado por ninguna entidad represen-
tativa, sino que su propia historia nos fija el sentido
entonces de aquel predestinado emblema Es el caso
de que conozcamos esa historia, que la complemen-
temos mejor dicho, porque ya tuvimos ocasión de
hablar de esos amables colores la primera vez que
Belgrano los mostró, en forma de bandera, a sus sol-
dados, en el Rosario, en 1812
Si severa fue la orden que entonces recibió, y que
os hice conocer, de arriar aquella mrpiu dente bandera
y sustituirla por la española que se usaba en Buenos
Aires, no lo fue menos, sino mas, la reprensión de que
fue objeto cuando, con toda inocencia, pues la pri-
mera intimación no había llegado a sus manos, repi-
tió el acto en Rosario en Jujuv, el 25 de mayo de
aquel año, para celebrar el aniversario de la revolu-
ción Belgrano se vio obligado a ocultar de nuevo su
insignia, reservándola, según decía, "para el día de
una gran victoria" Fueron, pues los colores españo-
les los que presenciaron la obtenida pi ovidencialmente
el 24 de setiembre en Tucumán como fueron ellos
los solos testigos de los combates intiépidos de Brown
Pero conseguida aquella, el general victorioso se
juzgó habilitado para hacer reconocer de su ejército
el predestinado signo, no sin hacer coincidir su jura-
mento con el de obediencia al nuevo gobierno orga-
[38J
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
nizado por la Asamblea General Constituyente, recién
instalada en la capital, y de que Alvear era el arbitro
La nueva bandera, pues, atravesada por la espada de
Belgrano en forma de cruz, recibió el juramento de
las tropas en el arroyo de Pasajes, llamado desde en-
tonces del Juramento, el 13 de febrero de 1813 , preci-
samente cuando, del otro lado del Plata, nacía la ban-
dera tricolor Y aquella cruz simbólica llenó de sus
resplandores el cielo de Salta, el 20 del mismo mes
¡n koc signo vinces
No fue adoptada, sm embargo, como bandera de
la nación, sino como distintivo del ejército, y en for«
ma tácita, sólo lo fue expresa en julio de 1816, en
que el Congreso de Tucumán, después de declarada
la independencia el día 9, sancionó lo siguiente, que
se lee en el acta del 25 "Elevadas las Provincias Uni-
das de Sud América al rango de nación, después de
la declaratoria solemne de su independencia, será su
pecuhar distintivo la bandera celeste y blanca de que
se ha usado hasta el presente y se usará en lo sucesivo
exclusivamente en los ejércitos, buques y fortalezas, en
clase de bandera menor, ínterin, decretada al término
de las presentes discusiones la forma de gobierno más
conveniente al territorio, se fijen, con arreglo a ella,
los jeroglíficos de la bandera mayor"
He aquí que aquellos nobles colores, distintivo sólo
de guerra todavía, quedan a la espera de los jeroglí-
ficos que los transformarán o no en una bandera na-
cional. Si ellos son los que quiere Belgrano, serán
los de una nueva monarquía, como lo serán &i se lleva
a ejecución el pensamiento del Congreso casi unánime,
o el del general San Martín, que, a fines de 1816, ha
levantado aquella bandera menor en Mendoza, para
[39]
JUAN 20RHILLA DE SAN MARTIN
hacerla mayor por veredicto de la gloria, que la llama
desde los Andes
Artigas ha creado entretanto ese estandarte tricolor
que enarbola en el Baluarte Norte de Montevideo Y
esa sí que es una bandera major y definitiva, lo que
se llama una bandera el signo de una nueva nación
republicana que se ha levantado "a la faz de la tie-
rra"' El héroe oriental de la revolución ha adoptado,
como no podía menos, los colores de Mayo, el azul y
blanco que distinguió al héroe anónimo, al verdadero
autor de aquella revolución, en la plaza de Buenos
Aires, pero, como si, interprete del pueblo, quisiera
preservarlos de toda profanación, como si hubiera
querido no dejar allí espacio paia escribir otra cosa,
tacha o rubrica aquel documento de gloria con una
raya roja diagonal que lo atraviesa de parte a parte
Y la bandera fue la bandera republicana de América
Aquel chorro de sangre o toque de fuego fue la pie-
dla hecha ascua que purifico lo» labios del profeta,
no saldrá de allí más palabra que la de Verdad
La bandera que de eso ha resultado se impone a
quien la mira por primera ve? como una cosa ex-
traña hecha con cierta torpeza o precipitación ner
viosa, obra de un niño o de un alucinado "La ban-
dera inspnada" la llamó Rodó, al eni_ontrarse con esa
impiesión en su propio espíritu No se ve en ella,
efectivamente, la mano del artifue del blasón, nadie
la ha enmpuesto, parece un pajaro policromo de nue-
va especie, que ha salido de la espesura del pueblo
enmarañado, y retuerce en el aire la larga cola extra-
vagante, y mueve de un lado a otro la cabeza sonora,
parecida a un casco
Ahí la tenemos, pues, posada en el viejo baluarte
de Montevideo, en el extremo del continente, como en
í 401
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
una roca del mar, ahuyenta de todos los horizontes
todos los colores extranjeros, suyo es el Atlántico,
suyo y de su progenie.
Fue, pues, Montevideo, al enarbolarla, la primera
capital emancipada, sui juris, en nuestra América aus-
tral; la primera metrópoli republicana que, sin reser-
va mental alguna, se gobierna a nombre del pueblo,
la bandera americana
El arte del blasón acudió entonces a comentar, con
sus motes y heráldicas empresas, el sentido del no
estudiado pabellón Y vemos aparecer entonces, al lado
de éste, el escudo nacional que, en sustitución del de
castillos y leones y flores de lis, ocupara la clave de
la señorial fortaleza Una cimera de plumas de aves-
truz americano lo corona, está cortado en dos cuarte-
les* en el jefe, o cuartel superior azul, un sol naciente
brota del mar, en el inferior, un brazo desnudo sos-
tiene una balanza proyectada en campo blanco En
la orla roja, el pensamiento, todo el genial pensamien-
to de Artigas, y todo el carácter de su figura histórica,
han tomado la forma heráldica, en este lema o divisa
luminosa.
Con libertad ni ofendo ni temo
Aquí tenéis, amigos artistas, un dibujo de ese es-
cuda nuevo, imaginado por aquel hombre singular
Y también la bandera, la que se alzo en el fuerte
de gobierno el 26 de marzo de 1815, la que, en ese
25 de mayo, se enarboló en el bastión Norte de la
crudadela* tres fajas horizontales- de azur, como dice
el arto antiguo, la alta y la baja, blanca la central,
tronchadas todas tres por una banda roja diagonal,
[41]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
del ángulo superior diestro al inferior siniestro haw
da de gules, diría, en su lengua, el viejo heraldo del
blasón
Es preciso que miremos largamente ese estandarte,
amigos míos
Si advirtierais en mí un si es no es de emoción
candorosa al hablaros de él, es preciso que me miréis
con piadoso corazón Yo bien me sé que, al detenerme
en estas pequeneces, corro el pehgio de rayar en el
énfasis ingenuo Y eso es de mal gusto para algunos,
bien lo se jQue le hemos de hacei '
Yo debo ser sincero con vosotros Que de algo me
ha de servir, alguna que otia ve¿, estar conversando
con artistas y no con leguleyos, mercaderes, retóricos
o contadores patentados
Vosotros conocéis, tanto como \o, y acaso más que
yo, ti ignoto poder de las banderas sobre las almas
sencillas Y la mía lo es, no tengo empacho en con-
fesarlo, reclamando absolución
Pues bien nosotros, los diéntales, poseemos hoy
nuestra bandera nacional, la que simboliza la patria,
y es conocida de todo el mundo, fue creada por la
Asamblea de la nación, según ley de diciembre de
1828, modificada en jumo de 1830, cuando el recuer-
do de Artigas parecía escondido entre las nubes Quedó
fundida en el pabellón nuevo, sin embargo, en el sol
heráldico que lo corona, la franja roja diagonal del
pabellón antiguo Que el sol es rojo, es un incendio
navegante por los espacios. Miremos, pues, esa ban-
dera , es esta que aquí tenéis, listada de azul y blanco
cuatro fajas de azur, en campo de plata, nueve fajas
bicolores, con el sol de oro cenital, en el cantón dies-
tro superior de plata Convengamos en que es her-
mosa No hay nada más amable entre las nobles cna-
[42]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
turas que diluyen sus colores en el aire. Esta encan-
tadora bandera, que aman y conocen los niños y los
ancianos, y las tierras y los mares remotos, es el sím-
bolo, pujante y laborioso, de la patria soberana, defi-
nitiva, constituida, es la bandera viva Bendita sea
Y que ella viva mientras haya colores en la luz
¡Pero esta vieja de Artigas, que desprendo conmovido
de la antigua ciudadela, para ponerla en vuestras ma-
nos' |Ésta de los pr uñeros holocaustos, que beso en
vuestra presencia, amigos artistas, porque sois her-
manos en la belleza ésta es nuestra bandera muer-
ta Esa larga y roja cicatriz, que atraviesa sus tres
fajas, es la herida de gloria que la mató Murió de
libertad. La historia que os estoy enseñando no es
otra que la de esa bandera, amigos míos, la de su
vida, y la de su martirio
¡Muerta' Pues bien, no Yo os aseguro que no lo
está, vive la vida de los dioses inmortales, la subte-
rránea del mito heroico, la interminable, la insonda-
ble del silencio, que, como lo dijimos otra vez, es el
estado divino, el eterno, porque todo ruido es limitado
y pasajero
i Nuestra bandera de Artigas'
El pabellón listado, que hoy enarbolamos para dis-
tinguirnos, es la patria que nos protege, la pujante,
la llena de sol, es objeto de amor, y elemento tam-
bién de fuerza, de trabajo, de progreso y bienestar
Pero la otra, la que sangra por su grieta diagonal,
é9ta de Artigas que os estoy mostrando, ésta es inútil,
no sirve para nada Y por eso es lo que es sólo amor,
gloria, belleza Es la patria que protegemos, objeto
de contemplación, tesoro, culto, abolengo, signo de
fiera estirpe, de noble raza
[43]
JUAN ZORRILLA DH SAN MARTIN
Esa es también nuestra, amigos míos, lo será siem-
pre, creemos sentirla, detrás de la blanca y azul, co-
mo sombra acompañante, como aquel arcángel que,
con su espada de fuego, guardaba la puerta del pa-
raíso En nuestros días de recuerdos nacionales, esa
vieja bandera reaparece en nuestros aires, pasa por
ellos goteando recuerdos de su herida, y se vuelve,
cuando el sol se pone, a su inmortal silencio
Si esta patua llegara a peligrar algún día, oh ami-
gos, entonces se vena bien cómo la bandera de Arti-
gas no está muerta. Será, para los onentales, lo que
el viejo crucifijo recogido de las manos de la madre
yacente no se mira a menudo, sirve poco o nada en
la vida cotidiana pero sir\e para morir
Algo de eso está escrito, me parece, en la divisa
misteriosa que en su escudo gravo Artigas
Con libertad ni ofendo ni temo
.0 yo sé poco, o es ese el lema más perpetuo que
pueblo libre pudo adoptai
¿Cómo formó nuestro Artigas esa frase inconsútil,
¿Dónde y cuando se le apareció9
Bien bien Pasemos a otra cosa, a asuntos
de más peso Bastante tiempo hemos perdido, para
los hombres sabios, filósofos, personas ocupadas, di-
ligentes rebuscadores de documentos, etc , en hablar
de estas cosas que parecen niñerías escudos ban-
deras . Casi no me explico cómo >o, hombre seno,
me he sentido conmovido, al daros el escudo y el
desangrado pabellón de Artigas Y hasta he llegado
a creer que podía provocar en vuestro organismo,
por simpatía fisiológica, la misteriosa vibración del
mío
[44]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Pasemos, puea, a lo muy seno. . pero sm dejar
de convenir, una vez más, en que la divisa es noble
Y es serena y fuerte, como el mar sin límites.
CON LIBERTAD NI OFENDO NI TEMO
[49]
CONFERENCIA XV
EL GOBIERNO DEL HÉROE
El Hervidero — La Meseta de Artigas — Purificación —
Artigas, arquitecto de patrias — Religión de Artigas —
Laa tristezas intimas del héroe — La esposa enferma
— El hijo — La Iglesia y el Estado — El templo y la
Escuela — Anécdotas — Gobierno de Artigas — Deabtu
cion de Otorgues — Espíritu democrático — La vida So
cial en Montevideo — Artigas y Larrañaga — Semblanza
de Larrañaga — Su viaje a Paysandú y su descripción de
Artigas — La Biblioteca — El protector en su despacho —
Artigas legislador, juez, maestro, pacificador — La raza
indígena — Relaciones extenores — Union Aduanera —
Títulos y tratamientos — Desinterés del héroe — Los hono-
rarios del Libertador
I
Artistas amigos
El 26 de marzo de 1815 se enarbola, en la cruda-
déla de Montevideo, el pabellón de la primera patria
noplatense independiente, de la patria de Artigas
Él 20 de enero de 1817, apenas dos años después,
esa bandera será arrancada de allí, y sustituida por
otra
¿Volverá a flotar en ese muro la de oro y llama
de la metrópoli española9
Ese fue el ensueño de los peninsulares residentes en
Montevideo, que, día a día, esperaron, por largo tiem-
po, la llegada de una escuadra que había de venir,
que no podía menos que venir los buques fantasma*
[47]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Eran entes de razón, no llegaron nunca felizmente
No la gran señora Híspanla no volverá más, como
dueña, al hogar emancipado de sus buenos hijos uru-
guayos, que la despidieron con vigor, pero sin odio,
no volverá mas como dueña, sin por eso perder el
carácter de madre Artigas no la odio jamas por ser
España, y mucho menos por ser madre, sino por
negarse a serlo de un hijo digno de su sangre Que
fue America quien al desprenderse de aquélla, la
hizo fecunda generatriz de seres de su especie
Tampoco la bandera inglesa volverá a flotar en el
baluarte uruguayo, m tiene por qué ni para que, la
muy exótica, no volverá, yo os lo aseguro, a pesar
de que como lo sabéis, el director Alvear la está lla-
mando, no solo a Montevideo, sino también a Buenos
Aires y a todo el virreinato
¿Sera entonces la blanca y azul de Belgrano, la
del Estado Occidental9
No, mis amigos, ahora menos que nunca Si eso
hubiera sido posible, la campaña del Guayabo, tan
injustamente provocada, hubiera roto toda comuni-
dad de bandera entre los hermanos de ambos marge-
nes del Plata, por mas que, como España madre, no
han dejado ellos de ser hermanos, ni dejarán de ser-
lo Pero no era posible Recordad lo que os dije
cuando os expuse la situación especialísima de este
territorio atlántico subtropical, no lo debéis perder de
vista ni un instante, si queréis permanecer en la re-
gión de las causas, oscura y silenciosa, en que se en
gendran y nacen las banderas que vuelan en el aire
El pabellón que va a venir no puede ser otro que
•1 portugués, el hermano del español Vosotros lo sa-
béis, y sabéis el porqué
[48]
LA EPOPEYA DE AETIGAS
Esta tierra oriental forma parte, geológicamente, de
la isla o continente del Brasil, del levantamiento atlán-
tico, distinto del gran macizo andino ya oa lo dije
al principio Recordad que el ensueño de Poitugal es
hacer suyo todo ese continente, dando por límite a
sus dominios el Río de la Plata, que lo recorta por
el Sur y lo separa del macizo occidental
El portugués cuenta con ese factor geológico, que
atrae a su seno la Provincia Oriental, pero prescinde
de los otros factores que la separan con doble ener-
gía el climatérico, el sociológico v el histórico, el
histórico sobre todo, que eon la sugestión inmediata,
determinante de la acción en los pueblos
Portugal espera su hora, y ésta no podía ser otra
que aquella en que la Provincia Oiíental se despren-
diera de la unión con las demás provincias españo-
las de la región occidental, sus hermanas, la hora en
que aquélla se encontrara sola, abandonada, entiegada
acaso por sus afines Ahora la cree sola, la considera,
y no sin causa, abandonada, y \a a lanzarse sobre
ella Peror ai está abandonada de la oligarquía de
Buenos Aires, no lo esta del pueblo argentino Y es
a éste a quien Artigas debe v quiere conservar en
defensa propia y de la causa americana He ahí el
problema cuál de esos dos espíritus es el que se
inocula en aquel pueblo, > cuál el que triunfa en él
y con él
Pensad bien en esto, yo os lo niego, mis amigos ar-
tistas, pensad bien en esto, que es de capitalísima
importancia
Sólo así comprenderéis lo que aquí podría llamarse
el secreto manifiesto de Goethe — manifiesto a todo
el mundo, y visto sólo por los héroes, según el soció-
logo inglés, — y que no es otra cosa que el huevo
[48]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
de C olón de nuestra tradición española Solo así com*
prenderéis por que Artigas, el vidente, después de ha-
cer al Estado Oriental dueño de sí mismo, no aceptara
su desmembración absoluta e inmediata de los dunas
estados rioplatenses, sino que, por el contrario, lucha-
rá por la autonomía dentro de la alianza o federa*
ción, pugnará por imponer ésta, en nombre, no sólo
del pueblo oriental, sino también del argentino, y de
la tausa americana, a los que pietendan prescindir
de la voluntad de los pueblos en la solución del gran
problema
La desmembración absoluta, la soledad de la Pro-
vincia Oriental, entrañaba su caída en poder del ex-
tranjero, como la soledad de todos los otros estados
americanos, o de cualquiera de ellos significaba la
caída en poder de España del que se encontrara solo
primeramente y de todos los dmias después La Amé-
rica española era indivisible, la unión, ti mutuo au-
xilio, la federación, o como queráis llamarle, era ley
intrínseca de su revolución, constituía su propia esen
cía Hablo de la federación internacional, que no debe
confundirse, según ya os lo he dicho, con la forma
de organización política interna de los distintos es-
tados, me refiero a la federación formada por el co-
mún esfuerzo contra los enemigos comunes de la in-
dependencia, que el genio visionario de Bolívar llegó
a creer posible ya entonces, empíricamente, como or-
ganización normal del continente americano, y que
Artigas huo verdad práctica en los estados del Plata,
pienso en la federación del porvenir, que acaso vincu-
lara a todos los pueblos ibéricos en un proposito so
hdario, sin que pierdan por eso su personalidad
No tengo por profundo conocedor de la historia al
que dice, pongo por caso, que San Martín con loi ar-
£501
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
gentinos, incluidos entre éstos los de la región orien-
tal, dieron libertad a Chile porque le prestaron su
apoyo, o que Chile y los rioplatenses la dieron al
Perú No es tampoco muy digna de respeto la afir-
mación según la cual Bolívar, el héroe venezolano,
hizo la independencia de cinco repúblicas, y todo lo
demás que ha solido decirse por ahí Lo que todos
hicieron fue dar libertad a la América hispánica, dar-
se la libertad a sí mismos, combatiendo el incendio o
extirpando el hormiguero, no sólo en casa o campo
propios, sino también en la casa o en el campo del
hermano vecino, de donde había de propagarse de
nuevo No era, pues, un servicio el que prestaban los
libertadores, al cruzar fronteras y respetarlas después
era un deber de solidaridad americana el que cum-
plían
En ese deber estaban los estados occidentales del
Plata, Buenos Aires especialmente, con relación al
oriental, su hermano, que tanto había contribuido a
la común independencia, y a quien, según la Junta de
Mayo, "la patria argentina era deudora de los días
de gloria que más la honran" , residía, pues, en aquél,
un derecho perfecto, correlativo de tal deber Y era
ese derecho el que ejercía Artigas, que se consideraba,
ante todo, caudillo americano, al acaudillar las pro-
vincias occidentales de Entremos, Santa Fe, Córdoba,
etc, y aun la de Buenos Aires, al fomentar y difun-
dir en ellas el espíritu de autonomía, germen de la
futura federación interna, y al imponer con ellas, a
la oligarquía gobernante en Buenos Aires, el cumpli-
miento del deber de mutuo auxilio, que estaba en las
mismas entrañas de la revolución de América
Desgraciadamente, en Buenos Aires estaba el centro
de los recursos, de que la oligarquía se consideraba
[51]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
propietaria exclusiva como producto de la ciudad, y,
sobre todo, el de la política secreta, el de la diploma-
cia ignorada de los pueblos Y e«ta será la que, en un
momento dado, triunfará
Con esa llave, mis queridos artistas, seguiréis abncn
do la puerta de la historia argentina, que es necesa-
rio abrir de par en par Cerrada lo ha estado, y bien
herméticamente al parecer, para los que, maliciosos
o ignorantes (inchnémonos caritativamente a lo se-
gundo), han hablado aquí de guerra declarada por
Artigas a los argentinos, de enemistades entre ambos
pueblos y de otras majaderías de ese jaez De todo
podían tener aquellos directorios, o logias, o bandos,
de la comuna de Buenos Aires con que tuvo que lu-
char el gran caudillo, de todo menos de cabeza de
aquel pueblo, que entonces era uno solo El Buenos
Aires político, que tanto conocemos, era entonces me-
nos cabeza de Córdoba, o Santa Fe, o Salta menos
aun. si cabe, que de la Banda Oriental, aquellos hom-
brea eran más ajenos a Jujuy que a Montevideo, no
os quepa duda
j Artigas enemigo del pueblo argentino1 Abramos,
amigos artistas, esas amplias puertas de la historia,
sepamos, a ciencia cierta, de los amigos y de los ene-
migos de la patria común de argentinos y orientales
Os saldrá al encuentro, de entre la sombra disipada,
el hombre de paz por excelencia, el grande inmortal
amigo de aquellos pueblos
II
Y bien, amigos, llega el momento de que observe-
mos a nuestro modelo en su más épica actitud, de que
lo miremos de alto a bajo Quien conociera a Arti-
[52]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
gas sólo por la» historias que han corrido por esos
mundos de Dios, sin excluir muchas de las no mal-
intencionadas, no sabría sino de la misa la media,
como suele decirse; acaso admirara en él al caudillo
armipotente, especie de Aquilea, destructor de ciuda*
delaa; pero no sospecharía su rasgo verdaderamente
original y heroico El general Mitre, que fue su in-
justo detractor, inició una especie de reparación de
sus agravios, en un boceto hiBtórico que acaba de re-
velarnos Rodríguez "Artigas, escribía Mitre en 1881,
es una especie de mito, de que todos hablan y nin-
guno conoce, y cuyo significado histórico es más com-
plejo de lo que a primera vista parece" Y dice, ade-
mas: "Es el Upo del caudillo, jefe de su escuela,
representa un sistema y un pueblo Es el Rómulo de
la Banda Oriental, el fundador de su independencia,
como su familia lo fue de su población"
Romulo . Rómulo En fin pase, algo puede
eso significar en boca de Mitre, pero no me gusta el
parangón Ese Rómulo de la leyenda, el hijo de la
vestal, el amamantado por la loba, nos sugiere la idea
del fundador, pero del fundador aventurero, mata-
dor de Remo, raptor de sabinas y lo demás que por
ahí se cuenta Y Artigas no era eso, sino lo que voy
a enseñaros ahora, al presentaros vuestro modelo en
la actitud que lo hace aparecer, efectivamente, como
una especie de mito en la de constructor de cimien-
tos de democracia Sólo quien se sienta capaz de
amarlo estará habilitado para comprenderlo
Desalojados, pues, del Estado Oriental todos los
extraños, el fundador de la patria no entra, sin em-
bargo, en Montevideo, a vestirse de los atributos ex-
teriores de la realeza, o del poder, y a ser proclamado
Presidente, o Gobernador, o Director Supremo, o cual-
[53]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
quier otra cosa por ese estilo Bolívar tenía necesidad
de ese n aturdí estímulo del hombre el triunfo, la acla-
mación Su hermosa cabeza reclamaba la corona de
laureles, como las cumbres de las montañas sus bos-
ques de pinos 14 general San Martín, cuando dominó
en el Perú y penetró en Lima, creyó honradamente
que sólo con una monarquía podría consolidarse la
nueva patria, y recurrió él mismo a la ostentación pro-
pia del régimen monárquico, a los accidentes o aba-
lorios
"No obstante su sencillez espartana, dice Mitre, acu
só, en su representación externa, esa influencia enfer-
miza Su retrato reemplazó al de Fernando VII en el
salón de gobierno, para presentarse ante la multitud
con no menos pompa que los antiguos virreyes, se
dejaba arrastrar en una carroza tirada por seis caba
líos rodeada de una guardia regia, y su severo uni-
forme de granadero a caballo se recamó profusa-
mente de palmas de oro".
Artigas es la antítesis de todo eso, él distingue bien
los accidentes de las sustancias, vrve en la realidad
de las cosas, y sabe que la conservación y el afian-
zamiento de la independencia oriental no está en la
apariencia, en los títulos o chirimbolos de que se ro-
dee el hombre que la ha creado v la custodia, sino
que está en otra parte Toda ella estriba en el triunfo
del principio democrático, identificado con la auto-
nomía regional de las provincias occidentales, y en la
derrota de la tendencia absorbente de Buenos Aires,
que es la monarquía española, o inglesa, o cualquier
otra mas o menos transitoria, en las provincias ar-
gentinas Y, como consecuencia, la monarquía portu-
guesa en la oriental, es decir, la muerte
[54]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Artigas vio eso con intensísima claridad Él, que
no tenía participación ninguna en los secretos de la
Santa Alianza noplatense, no sabía a ciencia cierta,
como lo sabemos hoy nosotros, que el director Alvear,
de acuerdo con su Consejo, gestionaba en esos mo-
mentos la entrega incondicional de estos países a In-
glaterra, tampoco sabía de las diligencias que se ha-
cían entonces por Sarratea, Rivadavia y Belgrano,
que ya conocéis, ni de los sanedrines que se congre-
gaban en Río Janeiro, para entregar la Banda Orien-
tal a Portugal Pero él veía todo eso, lo veía dentro
de sí mismo, por intuición proíética, por revelación
de su dios interior Él no debía entrar ahora en Mon-
tevideo, como no debió entrar con el séquito de Al-
vear Su puesto hoy, como entonces, estaba en otra
parte No debía aceptar atributos, m preeminencias
civiles, tenía otra cosa que hacer defender la inde-
pendencia de su patria en las provincias occidentales,
y cumplir para con éstas el deber de mutuo auxilio
contra los enemigos, así fueran interiores o exterio-
res, de la democracia americana, sinónimo de inde-
pendencia , acaudillar esas provincias, que lo han acla-
mado, y prestarles el apoyo oriental, en la lucha que
sostienen con la oligarquía
En esas pro\incias Artigas ha triunfado, como lo
hemos visto-, éste es el momento de su apogeo Co-
rrientes, Entremos y Santa Fe le obedecen, enarbolan
bu bandera, y le dan el título de Protector de los Pue-
blos Libres, Córdoba sigue el ejemplo le aclama su
libertador y escribe ese título en la hoja de la espada
de honor que le consagra Si quisierais ver esa espada
por curiosidad, ella está a la vista en nuestro Museo
Nacional, con su inscripción en el acero
[55]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Estaba, pues, Artigas en el caso, no solo de defen
der, pero de gobernar ese enorme esbozo de nación
conglomerada poi su genio, de inocularle el principio
de vida orgánica pero de \ida propia Y eso es lo
que aquí debemos estudiar con alguna prolijidad el
gobierno del héroe, onginahsimo, múltiple, articulado
Aquello era una materia cósmica palpitante, todo es-
taba por formar, según la lev. de su esencia y de su
rotación, todo tenía que ser, por ende, original, las
adaptaciones inclusive El héroe tiene que serlo todo
desde maestro de escuela, hasta legislador y juez y
gendarme Veamos, pues, ese clásico fenómeno, no
tiene igual en la historia americana
Artigas deja en Montevideo a Otorgues como go-
bernador militar, y al Cabildo como autoridad po-
htico-administrativa, y él va personalmente con la
bandera truolor que ha enarbolado en Montevideo, a -
ponerse en contacto con los pueblos argentinos que
ha emancipado de Buenos Aires, y a organizar allí
su obra a dejar en ellos gobiernos, emanados de ellos
mismos, que adpoten aquella bandera como la de la
patria, a estimular la vida autónoma, iniciando la ac-
tividad cívica por medio del sufragio libre, delimi-
tando las fronteras de los diversos estados y hacien
dolas respetar, fundando escuelas, llamando a todos
los hombres al trabajo y al comercio Para ello cruza
el río Uruguav y establece su cuartel general en la
villa del Paraná, sobre el río del mismo nombre,
desde allí apoya la formación del gobierno propio en
Santa Fe, cuvo pueblo, con la protección de sus tro-
pas, rinde la guarnición de Buenos Aires que lo opri-
mía, hace otro tanto en Córdoba, donde su intima-
ción escrita al delegado de Buenos Aires es inmedia-
tamente obedecida por éste, que deja al pueblo
[58]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
cordobés en libertad de elegir sus autoridades, orga-
niza los gobiernos autónomos de Entremos y Corrien-
tes, que quedan bajo su amparo, coloca a su eapitán
Andrés-Artigas de delegado y gobernador de las Mi-
siones Occidentales, limítrofes, no Paraná por medio,
del estado del Paraguay, ya dominado por el doctor
Francia, obliga a éste a respetar esa frontera, y hasta
tienta derrocarlo, para dar al pueblo paraguayo la
disposición de si mismo, acude, por fin, al llamado
de la capital, donde consigue echar abajo la tiranía
de Arrear, dejando al pueblo de Buenos Aires, como
a los demás, en el uso de sus derechos
El héroe realiza en las provincias todo eso en solos
tres o cuatro meses, como si su persona y su palabra
fueran un ensalmo, toda la simiente ha quedado en
aquellos surcos. Repasa entonces los ríos Paraná y
Uruguay, se vuelve a su tierra Y, en la costa orien-
tal del Uruguay, funda, con el nombre de Purifica-
ción, una ciudad original, única en su genero, que
será la capital de aquella federación embrionaria, el
centro de rotación de aquel sistema que se desprende
del caos
Estaba Purificación, alia en el Norte, entre nues-
tras actuales ciudades de Paysandú y Salto, en el si-
tio en que el no Uruguay toma el nombre de Herví'
dero, a causa de los espumantes remolinos o rompien-
tes que forma la comente en las asperezas de su
cauce Allí, en la costa oriental, se levanta la que se
llama Meseta de Artigas, abrupto promontorio salien-
te, en forma de pirámide trunca, de 45 metros de
altura, que recorta a pico sobre el río sus poderosos
bancos horizontales de arenisca colorada, cimentados
en tosca consistente y dura Desde la cumbre de ese
torreón natural, además de dominarse los canales del
[57J
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
río hasta tiro de cañón, y más allá, se ven las tierras
de ambas margenes las altas barrancas acantiladas
y las verdes colmas orientales, de este lado, las eos
tas deprimidas y las fértiles llanuras en tr emanas, del
lado opuesto
Al Noite de esa atalaya estratégica corre el arroyo
del Hervidero, que se derrama en el Uruguay, y, entre
el airo\o y la meseta, estableció Artigas ese su Cuar-
tel General de que hablamos, primera capital de la
confederación aigentma la ciudad de Purificación
Aquél será el centro de sus operaciones en ambas már-
genes del Uruguaj , centro estratégico, sobre todo si
se tiene en cuenta que, como lo estableció Artigas en
sus Instrucciones, los límites del Uiuguay son, por el
Norte, la línea divisoria de los dominios españoles y
portugueses El Estado comprendía, por consiguiente,
las Misiones Orientales toda la región atlántica sub-
tropical, de que tanto hemos hablado
Es preciso que nos detengamos a mirar en este
momento al fundador de la patria, \a que estamos en
el caso de fijarnos especialmente en sus actitudes es-
téücas Nada mas mitológico qut esta página de nues-
tra historia, y nada que mejor defina aquella singu-
larísima figura Vamos a estudiar su gobierno, no
con arreglo a los manuales o patrones, sino de acuerdo
con la inspiración del hombre que conversa con ver-
dades
Artigas, al trazar el circuito de Purificación, tiene
un carácter homérico, que lo aleja del presente y lo
coloca entre aquellos fundadores de pueblos que ini-
ciaban au empiesa cavando y defendiendo los fosos
de la ciudad primitiva, y cerrando con un muro el
sagrado recinto que la leyenda poblará de bus supers-
rs8]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
ticiones heroicas Aquí se evoca, efectivamente, la fi-
gura del Róraulo que Mitre creyó entrever, la del mtto
o enigma que el ilustre argentino reconoció, cuando
menos, en aquel hombre mdescifrado Purificación es
la ciudad uruguaya, no es hija de conquistadores, ea
la primogénita Allí no flameará más pabellón que el
de la patna, como un pájaro que se posó una tarde,
al pasar, sobre una ruma, el pabellón tricolor enar-
bolado el 26 de marzo en Montevideo Hoy apenas
se vén en aquellos lugares algunas piedras y cimien-
tos de murallas y de construcciones toscas depósitos
de municiones, capilla, cementerio La hierba crece
Bobre esos vestigios, la soledad pensativa los rodea,
y los ganados pacen por aquellas colinas Con el an-
dar del tiempo, después del invierno, esa ciudad ha
de retoñar en sus escombros
En los tiempos remotos, en que el aire estaba lleno
de dioses, como dice Homero, la ninfa Egena hubiera
descendido a la cumbre del pequeño promontorio del
Uruguay, Artigas habría desaparecido en una nube
Vosotros, los artistas, los rapsodas de la forma, po-
déis creerlo así con sinceridad, si qurréis que Arti-
gas desapareció, envuelto en tempestuosa nube No
es una mentira, es la foima estética, es decir, ajena
a la vida práctica, objeto de simple contemplación, de
una verdad o de una realidad intrínsecas
El trazado de la \illa, comprendida en él la meseta,
estaba protegido, al Norte, por el arroyo Hervidero,
al Oeste, por el Uruguay, al Sur y al Este, por fosos
profundos y por baterías colocadas en los ángulos
aparentes Era la Roma Cuadrada de la Patria Orien-
tal Al pie del promontorio, y defendidas por éste,
como las primitivas poblaciones medioevales por el
tastillo feudal del picacho inaccesible, se extendían las
[19]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
viviendas de barro sin cocer y paja, en su mayor
parte, de Purificación Una construcción poco más
sólida que las demás, de tres o cuatro habitaciones,
era la íesidencia del Jefe de los Orientales, cuya vida,
entonces como siempre, fue de una sobriedad espar-
tara Los habitantes de Purificación le veían cruzar -
«solitario las callejuelas del pueblo, determinadas por
estacadas de postes desiguales y toscos que cerraban
sus parcelas, y dirigirse a la meseta, al paso de su
caballo picazo e* decir, negro de cabo* blancos, de
grande alzada \ de arneses modestos pistoleras, pre*
tal de cueio con guarniciones metálicas, rendaje fuer-
te y sencillo Un cojinillo blanco cubría su montura
Iba \e&tido de su chaquetilla azul de blandengue, de
collarín y bocamangas rojas con el cuello blanco cui-
dadosamente planchado, y cubierto por un poncho de
seda, de color claro, que aun conservamos, en m
vierno se abrigaba con un gran poncho de paño azul
Calzaba botas con pequeñas espuelas de plata, un
chambergo negro de castor le sombreaba la cara, que,
como la piel de sus manos finas, conservó siempre
una pálida blancura característica, al través de sus ru-
dísimas campañas Le veían subir lentamente hasta
la cumbre del peñón, cuando el sol se poma en las
pampas argentinas, allí permanecía largas horas so-
litario, a la sombra de los pequeños arbustos que
coronan la meseta Miraba -la corriente del Uruguay,
en que se enfriaban las sombras trémulas de la ba-
rranca, las grises lejanías occidentales, las verdes co-
linas de la patria Miraba, sobre todo, en su propio
pensamiento, el reflejo melancólico de un porvenir
incierto Su fe triunfaba en el, sin embargo, la fe que
lo acompañó hasta el fin.
[80]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Nada más peregrino que el carácter de aquella po-
blación, de que Artigas quiso hacer una gran ciudad,
y que vivió y desapareció para siempre con su fun-
dador. Mezcla de colonia y reducción de indios, de
campamento fortificado y de parque o maestranza, de
prisión política y de residencia de altas personalida-
des, ese centro original de sociabilidad refleja lo más
intenso del pensamiento del héroe, a quien acompa-
ñan como secretarios dos hombres ilustres Barreiro
primeramente, y después Monterroso
Artigas reúne allí una multitud de indios guaycu-
tús, que ha reducido a la civilización, y que le siguen
como a un dios, con la fe del hombre primitivo, tan
inclinado a divinizar las fuerzas naturales el sol, las
estrellas, el viento, la superioridad de su propio se-
mejante sobre todo Aumenta ese plantel con 400 in-
dios abipones que, acaudillados por sus cuatro caci-
ques, se acogen a él, pone a todos ellos a labrar la
tierra, los estimula al trabajo, hace de esas gentes
y sus familias el núcleo de una ciudad, y, de esa
obra, el titulo para él de supremo honor y patriotis-
mo Así se lo dice al Cabildo de Montevideo, a quien
se dirige en una hermosa nota, de 22 de julio de
1816, pidiéndole la remisión de útiles de labranza,
arados, picos y palas "para que empiecen estos infe-
lices, decía, a formar sus poblaciones y emprender
sus tareas Y es preciso también, agregaba, que V S
me remita semillas de todos los granos que se crean
útiles y necesarios para su subsistencia"
Yo quisiera haceros conocer ese documento, al me-
nos ése, entre mil que poseemos, y en que se reco-
noce el estilo perBonahsimo de Artigas, para que
percibierais lo que hay en éste de realmente intenso
y original En esa nota del 22 de julio, el héroe ín-
[61]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
siete en lo que constituye la obsesión de su espíritu
el problema de la población Sus doctrinan, dignas de
un sociólogo, sorprenden a quien mira algo más que
las apariencias. Para Artigas, un estado es, ante todo
V sobre todo, un conjunto de hombres, o, más bien,
de familias con un rasgo común diferencial Y como
disiente de los que juzgan que e«e elemento "hom-
bre" debe importarse de Europa para que sirva de
base única a la nueva patria americana, no concibe
la formación de ésta sino por medio de la conserva-
ción de los hombres y familias que la pueblan A
ninguno desdeña, en todo ser humano \e la unidad
sociológica de la patria que esta formando Quiere
arrancar el indio a su -vida nómada, y agruparlo, y
hacerlo cristiano, desea educar, educar todo cuanto
sea posible, a sus coterráneo?, quiere "que sean los
orientales tan ilustrados como valientes", desea, como
Bolívar, pero con mas insistente energía que Bolívar,
ver formarse una fuerte raza americana, que sirva
de tronco a los injertos futuros y a las futuras trans-
formaciones progresivas
Ese su pensamiento no se limita a la Patria Orien-
tal, abarca toda la Argentina, como hemos visto, las
provincias que creen en él, sobre todo, y cuyos futu-
ros destinos son, tanto como los de aquella, el objeto
de sus anhelos Y aun mas habla -de América, de los
americanos, como de un solo pueblo o nación, según
lo veréis en sus documentos
Él es el verdadero arquitecto o constructor de pa-
trias, que utiliza, como precioso elemento, lo que los
otros desechan o destruyen, no forma sólo soldados
para la muerte, quiere economizar hombres para la
vida
[62]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
¿Dónde aprendió Artigas esas altas doctrinas9 Po-
dríamos suponer que fueron despertadas en él por el
ilustre sabio don Félix de Azara, quien, en 1800, plan-
teó al virrey el problema de la población, le conven-
ció de su importancia, y, comisionado paia resolverlo,
se consagró con pasión a la empresa Recordaréis que
Azara tuvo en Artigas su puncipal colaborador, le
confio la tarea de repartir tierras, entregar su lote a
cada poblador, preparar los títulos, etc , etc La in-
fluencia del insigne historiador y naturalista puede
haber perdurado en el gran caudillo, pero me parece
más fundado afirmar que éste obraba, sobre todo, por
inspiración propia, recogida en la vida, en el estudio
del supremo libro
Muy poco estudiado ha sido Artigas bajo ese as
pecto, cuando lo sea, y lo será plenamente, bu figura
cobrara proporciones desconocidas Vosotros, mis ca-
ros artistas, podéis adelantaros al porvenir Yo os
aconsejo que os detengáis a mirar un buen rato ese
hombre extravagante, rodeado de sus familias indias
en el Uruguay, que lo veáis poner el arado en manos
de los aborígenes, y darles semillas que sembrar Son
la raza que poblaba América, la raza agonizante, muy
pocos la quieren, muchos la execran o la desdeñan
aun cuando le piden su sangre Ya os hice ver cómo
Washington no mandó indios, cómo fueron extermi-
nados por alia, en cambio, importaban negros es-
clavos jel pavoroso problema de hoy en aquel
mundo inglés' Por todas partes se extinguía la pobre
estirpe indígena Algunos no creían hombres a esos
indios Artigas, sí, los creyó hombres, y los amó con
predilección, hasta habló su lengua Artigas se ex-
presaba con facilidad en guaraní Ellos, en cambio,
lo juzgaron un semidiós, y le dieron toda la sangre
[63]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
que les pidió Y él hizo de ellos soldados, soldados de
la patria, disciplinados, \ alientes << Habría soñado
acaso aquel hombre en las leyes del hibridismo hu-
mano, y pensado en el natural del americano y del
europeo en tierra americana *
Ya veréis como cuando Ai Ufas, \encido v aban-
donado de todos, se hunda en 1j sombra paraguaya,
los indios de las Misiones, los últimos amigos, sal-
drán a su encuentro y le pedirán la bendición, como
si vieran en el al gran sacerdote de un dios, o al dios
mismo, la rebelación de lo divino en la carne Se
dijera que la pobre raza condenada a muerte se aga
rraba a él para quedar en la tierra
Refiert Samt-Hilaire, en la narración de su viaje a
Río Grande, que vio allí un niño indio del Uruguay,
que, caído prisionero en la guerra contra Artigas, ser-
vía de paje al gobernador portugués £1 indio estaba
bien vestido bien tratado, tenía su bonita librea azul
con botones dorados El viajero francés le preguntó
si estaba contento El niño bajó la cabeza
— ¿Deseas algo9 — le dijo
—Sí
— ¿Y qué es lo que más desearías'
— jlrme con Artigas — contesto el niño, — irme
con Artigas1
III
Pero los tiempos aquellos no eran los de las mito-
logias nóidicas Artigas no se convierte en Odino Es-
tamos en tiempos cristianos, v el caudillo de los orien-
tales es un cristiano
Al daros este dato, advierto que nada hemos ha-
blado, hasta ahora, sobre ese punto interesantísimo
T64]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
la religión de Artigas Y, si mi información no ha
de pecar de deficiente, es menester que os ofrezca ese
elemento de juicio
Carlyle juzga que la religión es el hecho más im-
portante para juzgar de un héroe Bien es verdad que
él no entiende por religión el credo eclesiástico o los
artículos de la fe religiosa suscriptos por aquél, sino
la creencia práctica, o el sentimiento íntimo, determi-
nante de todos sus actos, sobre sus relaciones con el
misterioso universo de que forma parte "Esa es su
religión, dice, o, tal vez, su escepticismo o no reli-
gión, la manera en que él se siente espintualmente
relacionado con el mundo invisible o no mundo"
Yo de mí sé decir que no se me alcanza la diferen-
cia esencial entre los artículos de la fe religiosa sus-
criptos por un hombre y la fe misma, si ya no es la
mayor o menor instrucción de cada persona, pero si
pensamos en que la religión cristiana la Iglesia Cris-
tiana o católica, mejor dicho, antes que la deposita-
ría y maestra de una doctrina filosófica o teológica,
es un organismo vivo de cuya vida espiritual parti-
cipan todos los hombres, vivos y muertos, que son
sus células, nos convenceremos de que los artículos de
la fe se identifican de tal manera con el sentimiento
íntimo determinante de nuestros actos, que bien pue-
den ser considerados una misma cosa La tradición,
tanto como la escritura, acaso más, es el alma de la
vida cristiana, y la tradición, expresada en la litur-
gia, es la escritura vivida, transmitida, como se trans-
mite el color de los ojos en una raza, las inclinaciones,
los instintos o aptitudes colectivas
La religión es el vínculo de todas las humanas fa-
cultades con Dios, pero no es posible desconocer la
operación trascendente de la facultad afectiva, el au-
3
[65]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
preino teólogo es el místico, el que pone Ib verdad
religiosa en la fantasía, motor inmediato del corazón,
para que en éste sea latido, amor, conducta El mun-
do invisible no es el "no mundo", por otra parte,
no es del todo exacta, aunque es feliz, la expresión
de Cari) le El mundo invisible es el mundo por exce-
lencia en la inmensa creación Que Dios creó las co-
sas visibles y las invisibles, visibilmm ommum et m-
visibüium, el árbol y la piedra v el espíritu, como
sustancias despertadas por su palabra en el caos
Y nadie con mas intensidad que Carlyíe, el raro
místico protestante, lo ha sentido así
Pero cualquier sea la expresión del maestro inglés,
el sentido de ella es hondo, y convendremos en que
tiene razón al reclamar, como dato esencial en el es-
tudio de un carácter heroico, el relativo a su sentir
religioso
Yo me explico el por qué no se me ha presentado
hasta ahora la ocasión de ofreceros tan importante
factor, para la resolución del problema psicológico
del héroe que estudiamos es que lo he creído implí-
citamente dicho, al hablaros de su educación y de su
vida Hubiera dejado de sei la entidad humana que
os he presentado como brotada de las profundidades
de su tierra, si no hubiera tenido arraigada en las
de su espíritu nuestra Religión Católica, tradicional
en su país, como tuvo Washington la cristiana del
suyo Ella era la base de la sociedad y de la familia
hispanoamericanas, modelaba las costumbres y com-
penetraba la educación y la instrucción que entonces
se recibía, lo contrario, si se veía alguna vez, era
excepcional y exótico Y era naturalmente enemigo
de Artigas Las invasiones inglesas fueron heroica-
mente rechazadas por eso, sobre lodo no en defensa
T 66 3
LA EPOPEYA DE ABTIGAS
de España, sino de la religión En los archivos de la
Orden Tercera de San Francisco, de Montevideo, he
leído la profesión en esa orden de los Padres de Ar-
tigas, la de su hermano y su esposa, doña Rafaela
ViUagrán No he hallado la strya, pero sus vincula-
ciones con la comunidad franciscana, en cuyo cole-
gio se educó, y la adhesión de ésta a su persona y a
su causa son notorias, como lo es el concurso que le
prestó el clero secular unánime, los curas sobre todo
Este dato, amigos artistas, no es despreciable, an-
tes lo juzgo de capital importancia para el verdadero
historiador que, ajeno, como tal, a todo prejuicio o
prosehtismo, sólo busca poner en claro el hecho, el
fenómeno biológico, para analizarlo, y descubrir la
ley que lo regula y determina Nada como la actitud
de los párrocos, formadores entonces de la conciencia
popular, para no equivocarnos sobre el rasgo que
imprime su carácter a nuestra revolución, y, diferen-
ciándola de la francesa, por ejemplo, que influyó en
algunos letrados, pero no en la masa popular ni en
sus conductores, le da más bien analogía con la gue-
rra de independencia española precisamente la del
pueblo armado
Leamos, para precisar ese importante factor, la
siguiente comunicación que Vigodet, gobernador de
Montevideo, dirige al obispo de Buenos Aires, ílustrí-
suno señor Lúe y Riega, partidario del rey y enemigo
de nuestra revolución americana, el 14 de diciembre
de 1811 Son los momentos, precisamente, en que Ar-
tigas, después de Las Piedras y del primer sitio, con-
duce al Pueblo Oriental en el Éxodo
167]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
"limo Sr
"En vano sacrificaría mis desvelos para restituir el
orden y tranquilidad perdidos en esta Banda Orien-
tal, si los pastores eclesiásticos se empeñan en sem-
brar la cizaña, en enconar los ánimos y en alterar el
orden, persuadiendo la rebelión a las le) es patrias -
"jQué doloroso rae es decir a V S I que ésa es
la conducta de casi todos los párrocos, eclesiásticos,
seculares y regulares, que sirven de cura de almas en
esta campaña' Partidarios del error, lo defienden con
desvergüenza audaz, muy ajena a su sagrado carác-
ter, inspiran el odio contra los buenos vasallos del
Rey, y a que sean despreciadas las providencias de
su soberanía, y de los jefes que, en su nombre, re
gimos estos dominios t Conducta blasfema1"
Vigodet denuncia mdividualmente a los principa-
les culpables al cura de Canelones, al de la Colonia,
al clérigo Arboleya, "que estuvo en el Colla, dice,
y cuyo paradero ignoro", al de las Víboras, Sonano,
San José, San Ramón, al que está en lugar del revo-
lucionario Enrique de la Peña, etc , etc
Y agrega en su nota "Los religiosos mercedanos
Fr Casimiro Rodríguez, y el maestro Fr Ramón Irra-
zabal, y el dominico Fr José Rizo, el primero teniente
de San Ramón, y el ultimo de Canelones abandonado-
nados a su capricho y locura, obran como los párro-
cos a quienes sirven De modo que las ovejas de la
grey de V S 1 se hallan entregadas a los lobo* car-
niceros"
El gobernador termina con la amenaza, dice al
obispo "Sentina mucho tener que valerme de la au-
toridad que me conceden las leyes, para obrar por
[68]
LA EPOPEYA DE ARTICAS
mí, contra la conducta de unos ministros cuyo de-
coro quisiera conservar por todos los medios posi-
bles".
Para conocer directamente el sentimiento de esos
hombres, podríamos leer, con ventaja, me parece, la
siguiente nota, que encuentro en la Gaceta Es del
presbítero doctor don Santiago Figueredo, cura de la
Florida, que fue capellán de Artigas en Las Piedras
"Excmo Sr.»
"Nada hay más satisfactorio, para quien de veras
ama a la patria, que haberla servido con desinterés El
sueldo de Capellán Castrense del Regimiento de Blan-
dengues y Ejército Oriental, con que VE me ha
honrado, no me es absolutamente necesario para man-
tenerme, en esa virtud, lo cedo íntegro para las exi-
gencias de la patria, por el término de un año, re-
servándome extender la misma, si, en lo sucesivo, no
vanasen las circunstancias, y espero que tenga V E.
la bondad de aceptar esta pequeña demostración de
mi amor patrio
"Dios guarde a V E muchos años
"Buenos Aires, 13 de abril de 1813
"Santiago Figueredo"
El presbítero don. Valentín Gómez, cura de Canelo-
nes, levanta una suscripción patriótica, su teniente
suscribe cuarenta doblones y se ofrece como ranchero
Creo que con esto basta para que os deis cuenta
de las relaciones del gran caudillo con los ministros
de su Religión, y deduzcáis de ello el carácter socio-
[69]
JUAlí ZORIILLA DE SAN UÁS.TOÍ
lógico de la emancipación de América, pues el fenó-
meno ea el mismo en toda ella
No ha faltado quien, en presencia de tal hecho,
haya querido presentar a Artigas como inspirado, ai
no sojuzgado por frailes apóstatas y malvados Los
nombres de los virtuosos sacerdotes que le acompa-
ñaron, Peña, Larrañaga, -Lamas, Pérez Castellano, Or-
tiz, Figueredo, Monterroso, Barreiro, Gómez, y los de
todos esos curas párrocos del país, sin excepción, que,
como habéis visto, fueron sus entusiastas auxiliares,
protestan contra esa inconsistente invención Nadie
ejerció ni pretendió ejercer influ encía política predo-
minante sobre el espíritu de Artigas, por otra parte
En aquella época, las doctrinas regahstas, emanación
de las antiguas monarquías, eran corrientes, aun en
el clero , en el mas encumbrado sobre todo , en el for-
mado en las universidades reales Si fuera el caso de
buscar doctrinas al respecto en Artigas, esos princi-
pios regahstas serían, más que otros, los que en él
encontraríamos como vestigio de su educación colo-
nial Que bien sabemos como pensaban y procedían
los Católicos Reyes Nuestros Señores en esas materias
No eran muy católicos, que digamos si les aplicamos
los principios verdaderamente ortodoxos
Pero ello no tenia nada que ver con el sentimiento
religioso que analizamos en el caudillo popular, el
sentimiento religioso no era en el un producto de lo
que Carlyle llama la parte argumentativa o externa
de su espíritu, sino que brotaba unido a todos sus
demás afectos, y de la misma fuente psíquica Sus
actoi de religión no lo eran de controversia, ni pro-
fesiones de fe eran emanaciones espontaneas de su
vida íntima, que, lejos de pugnar, se fundían y se
confundían con sus tendencias a la libertad democrá-
[70]
LA BPOFBYA DE ARTIGA*
tica, hija primogénita de la cristiana, como todos
sabemos
En los estados del Norte, en los de Bolívar, las
profesiones de fe religioso, la proclamación expresa
de determinados dogmas de la Iglesia, que se escri-
bían en las constituciones, presumían la contradic-
ción, tanto o más que testimonio de piedad, parecen
proclamaciones de principios sociales, o protestas con-
tra los que querían presentar la revolución americana
como obra herética o infernal, para inducir al pue-
blo a rechazarla precisamente
En el Río de la Plata, la fe católica me parece me-
nos argumentativa, más ajena a la idea de combate
Su más ferviente adicto es el general Belgrano, éste
la proclama a cada paso con fervor de apóstol de-
clara a la Virgen de las Mercedes patrona de su ejér-
cito, atribuye a su intercesión las victorias de la pa-
tria, inclina ante ella solemnemente las banderas,
congrega al pueblo en torno de sus altares
San Martin no tiene la religiosidad de Belgrano,
pero, inducido expresamente por éste, rinde su tributo
a la fe popular, también él pone su bastón de general
a los pies de la Virgen del Carmen, declarada pa-
trona de su ejército, como del chileno, y preside per-
sonalmente las públicas rogativas
Yo creo que también en religión, aun en la más
sincera, puede existir algo que pudiera llamarse el
énfasis teatral, como existe la vanidad o el orgullo
espirituales
Artigas no ofreció esas solemnes manifestaciones de
religiosidad, menos ferviente que Belgrano, y má»
sincero en su piedad, mucho más, que San Martín,
sus actos de religión no tenían el carácter de acciones
extraordinarias, ni menos el de recursos resonantes.
[71]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Eran en él tan naturales y espontáneos, como los
que respondían a los afectos domésticos, con los que
se confundían.
El más amable y fiel cronista de nuestras tradicio-
nes, don Isidoro De María, ligado a Artigas con
vínculo de familia, nos dice al narrarnos la traslación,
dispuesta por este, del pueblo de las Víboras "Ac-
cediendo a la petición del vecindario, resolvió su tras-
lación, creando el pueblo de las T acas que se llamó
del Carmelo, con la erección de «u iglesia bajo la ad-
vocación de la Virgen del Carmen de que era devoto
Artigas"
Ese dato, recogido de la iuente de f amiba, como lo
veis, con encantadora sencillez, y que parece de es-
casa significación, no lo es para la ciencia. Esas de-
vociones o formas del culto, aparte de su significado
religioso, tienen uno psicológico, y aun sociológico,
que el historiador no puede desdeñar Ellas son tradi-
ción doméstica, persistencia de un oculto sentimiento
delicado, caliente de hogar, al través de los hechos
de la vida, unidad de carácter, de eso que llama Car-
l\Ie "conciencia de la relación del hombre con el no
mundo*' Es, por consiguiente, ui esos afectos domés-
ticos, mas aún que en sus actos públicos, donde en-
contramos las profesiones más sinceras de fe en Ar-
tigas, por más que también las hallemos en aquellos,
como se ve en sus notas en que ordena acciones de
gracias, dota iglesias, recomienda el cuidado del culto
y de la enseñanza de la Doctrina Cristiana a los ni-
ños, etc
Y aquellos afectos, razón tiene que le sobra el maes-
tro Cari) le, son lo más hondo de un carácter histó-
rico, son ellos, precisamente, los que distinguen al
hombre que podríamos llamar desarraigado o sobre-
[72]
- LA EPOPEYA DE ARTIGAS
puesto del que lleva en sí mismo, con el calor ma-
terno, el del cuerpo social cuya célula es la familia
Sólo eso nos permite atribuir a tales personas su ca-
rácter épico, el de personificación de las cualidades
de una estirpe Bien lo entendieron así los que, por
maligno instinto, y para arrancarle lo mas precioso de
su carácter, quisieron presentar a Artigas como un am-
bulante, divorciado de sus padres desde la juventud
Y han secundado tal propósito los que, por prevencio-
nes transitorias, o por ese respeto humano que tan a
menudo arrebata al hombre la libertad, han prescin-
dido de rasgo tan visible y principal en aquella per-
sona histórica Tanto valdría suprimir en los héroes
griegos de la ¡liada, los sacrificios a los dioses in-
mortales, o en los caballeros germánicos del Santo
Graal, el cántico arrodillado. No comprenderá la
belleza de la figura de Artigas, ciertamente, quien no
se sienta con fuerza suficiente para penetrar respetuoso
hasta aquel fondo de su espíritu en que, como una
lámpara noctambula, está encendida esa devoción a
la Virgen del Carmen de que nos habla De Mana, no
comprenderá esa belleza ni belleza alguna Es la vieja
armadura del antepasado, el escudo de Aquiles for-
jado por un dios, los penates de Troya salvados por
Eneas para cimentar en ellos la nueva estirpe del La-
cio, nuestra latina gloriosa estirpe
La figura épica de Artigas en el Nuevo Mundo re-
presenta el gran paso hacia adelante, con relación al
griego, y aun al caballero medioeval el es el héroe
cristiano de la democracia moderna arraigada en el
pasado Que las individualidades fuertes, como los ár-
boles eternos, lo son tanto mas, cuanto más penetren
sus raices tierra adentro, para erguir mas briosamente
sus troncos y sus ramas.
[73]
JUAN ZORRILLA DE SA.K MARTQI
Es el caso de advertir aquí, si a embargo, que esai
íntimas relaciones con el "no mundo", motor recón-
dito de aquella voluntad, no eran incompatibles, an-
tes se compadecían y hasta confundían con las del
mundo sensible en su aspecto mas espiritual el rela-
tivo a ese instinto de supervivencia o de terrena in-
mortalidad que, como ley misteriosa de la naturaleza,
encontramos siempre en la del hombre Eso que lla-
man gloria, efectivamente, gloria humana, y que pa-
rece consistir en el anhelo de ser conocido y alabado
por gentes a quienes uno no conoce ni conocerá ja-
mas, tiene mucho de fantasma o ilusión, cuya incon-
sistencia sube de punto cuando aquellas gentes han
de ser las que \ivan cuando nosotros no vivamos,
pero no es posible negar que es ese, sin embargo,
uno de los mas nobles motivos determinantes de la
acción del hombre, y que esa gloria terrenal es, cuan-
do menos, la cosa más parecida a la verdadera
La inaudita creación de Cervantes, el español que
creó a Don Quijote, es el poema de la inmortalidad,
eso, que hace reír y llorar al mismo tiempo, sólo eso
es lo que ha hecho del Quijote el humano poema uní-
■versal Las armas del hidalgo manchego cobran todas
las formas de que puede vestirse el hombre, dentro
de todas ellas cabe el caballero que sirvió a Dulcinea,
"sólo para poder llamarse suyo", ésta se llama Cien-
cia, Belleza, Patria . . y siempre Gloria.
¿Será acaso menos locura el abnegarse por una
Dulcinea real, pero puramente humana, simple labra-
dora de tierra, que por la imaginaria del buen Alonso
Quijano9 ¿Donde está la realidad objeto digno de la
abnegación del hombre? Según sea ese objeto, y no
según la armadura del caballero que lo sirve, la ac-
ción humana será más o menos cuerda, para atrio
[741
LA KFOPSYA DB ARTICA»
en absoluto Absoluto ha de ser aquel objeto Sólo
los santos han sentido, pues, el amor heroico Que
sólo Dios es el Todo Amable Y, sin embargo, aquel
instinto tiene siempre algo de sagrado, infunde siem-
pre respeto
Artigas, gran Quijote vestido de casaquilla de blan-
dengue y de poncho americano, lo sintió en modo ex-
traordinario, fue el -agente inmediato más visible de
su acción heroica Para analizar esa faz de su carác-
ter, tan ligada a la del sentimiento rebgioso que estu-
diamos, tenemos un caso en todo extremo interesante
Poco después de ocupado Montevideo por los orien-
tales, en mayo de 1815, murió en campaña, de enfer-
medad natural, el comandante don Blas Basualdo, jefe
animoso e inteligente del ala izquierda de nuestro
ejército, y gobernador de Corrientes, a quien Artigas
quería con predilección Aquella muerte lo conmovió
en grado sumo Ordenó la celebración en todas partes,
en Montevideo especialmente, de solemnes exequias re-
LgiosaB en sufragio del alma de su amigo, pero la
vida imaginativa reclamó en él algo más para la som-
bra del guerrero muerto Leamos la singular comuni-
cación que dirige, con tal motivo, al Cabildo de Mon-
tevideo, desde su cuartel general, el 21 de mayo de
1815
"Cuartel General, mayo 21 de 1815
"Acabamos de perder al virtuoso ciudadano coman-
dante de división don Blas Basualdo La muerte le
arrancó de nosotros después de una dolencia dilatada,
y en el lleno de sus destinos, señalando su carrera con
mil servicios brillantes que reclaman el reconocimien-
to de la patria y el llanto de lo» hombres de bien. Yo
he regado au sepulcro con mis lágrimas y ho tribu-
[75]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
lado a su memoria todas las honras debidas a su me-
ntó admirable Sin embargo, sus trabajos y sus glo-
rias piden una demostración La Provincia le debe
fatigas de cinco años, la victoria coronó tres veces
sus esfuerzos, y sus resultados bienhechores halagaron
la consolación publica Yo excito todo el civismo, la
ternura y la gratitud de esa noble corporación, para
que, acompañando mi justo dolor y el del ejército,
lleve su memoria al pie de los altares, dedicando un
día la piedad religiosa en su obsequio Y para eter-
nizarlo como corresponde, en nuestra historia y en la
gloria particular a que es tan acreedor, he tenido a
bien determinar un convite fúnebre, que deberá se-
guirse a las exequias del templo
"Vuestra señoría tendrá la dignación de celebrarlo
en su casa consistorial, haciéndolo con la mayor fru-
galidad, concurriendo en ropa de ceremonia, y ofre-
ciendo al fin la única copa que habrá, a la meniona
de aquel ciudadano fiel, derramará todo su licor so-
bre una palma que ocupará desde el principio el cen-
tro de la mesa Llevemos así su nombre glorioso a la
posteridad, y, uniendo constantemente nuestras lágri-
mas, demos un ejemplo de gratitud, y enseñemos a
honrar la virtud de un hombre que vivió para servir
a sus hermanos, y bajó al sepulcro con tan preciosos
anhelos
"Tengo el honor
"José Artigas"
"Al Muy Ilustre Cabildo de Montevideo"
El deseo de Artigas fue satisfecho Los solemnes
funerales de Basualdo se celebraron en la iglesia ma-
triz con pompa extraordinaria Bajo la dirección del
juez de fiestas, don Ramón de la Piedra, un túmulo
[76]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
suntuoso, ornado de guirnaldas y rodeado de cipre-
ses y de columnas con inscripciones, fue erigido en
la nave central del templo, enlutado desde sus corni-
sas y con las ventanas veladas de crespón, los cantos
litúrgicos estuvieron a cargo de un buen coro de vo-
ces acompañadas de orquesta, la profusión de luces
de cirio que inundaban las tres naves nos ha sido con-
servada por De María, que nos ha transmitido y do-
cumentado ha9ta los gastos hechos Más de un millar
de pesos, suma cuantiosa con relación a la época,
fueron invertidos en aquellas honras sin precedente,
sólo la cera consumida, once arrobas costo 518 pesos
Pero es la ejecución del rito cívico concebido por
Artigas lo que en este cuadro pone su nota de color
original Los capitulares montevideanos, Pérez, Blan-
co, de la Piedra, de León, Cardoso, de la Rosa, Juan
María Pérez y Pía, vestidos de gala, rodearon la mesa,
sobre la que se colocó la simbólica palma, traída para
ello de Santa Lucía, una sola copa llena de vino se
veía en aquella mesa El alcalde de primer \oto, don
Pablo Pérez, pronunciando algunas palabras de glori-
ficación y de duelo, derramó aquel vino sobre la pal
ma. Y el cortejo, en terminando el festín, se retiró en
silencio
No acertaría a precisar, por mi parte, todo lo que
esa singular escena pudiera sugerirnos, después de la
primera impresión de sorpresa o de regocijado co-
mentario que parece despertar No todo es de son-
reír, sin embargo, en esa escena, debemos hacer de
manera a entrever la verdad escondida bajo las ex-
trañas apariencias de aquel extravagante rito Fácil es
percibir, a primera vista, y en primer término, la in-
fluencia sobre nuestros hombres cultos, Artigas entre
ellos, de los estudios de latinidad clásica que en el
[77]
JUAN ZORBILLA DE SAN MARTIN
convento de franciscanos se hacían Ese vino- ofrecido
a la memoria del bravo Basualdo sobre la palma sim-
bólica no es otra cosa, si bien se mira que las liba-
ciones de los tróvanos de Eneas sobre la pira fune-
raria, la harina esparcida sobre la oveja negra in-
molada a los manes de Anquises, o los ritos prescri-
tos al mismo Eneas por la Sibila de Cumas En esas
mismas lágrimas con que riega el héroe oriental el
sepulcro de su perdido amigo, cree uno ver las ver-
tidas por Aquiles el griego sobre el cuerpo de Pa-
troclo, en su tienda, "junto a las huecas naves"
Los hombres que constituían la sociedad de Artigas
se habían formado en las letras grecolatmas, los ver-
sos de Virgilio, reflejo de los de Homero los del
canto VI de la Eneida sobre todo, les eran familiares,
los maestros y discípulos de los claustros francisca-
nos, Monterroso, Larrañaga, Lamas, Barreiro, los tra-
ducían y recitaban, sin lugar a duda Como los bar-
dos de Ossian I<is de Fingal, el guerrero escandinavo,
ellos entretuvieron muchas veces las noches del orien-
tal en las veladas del campamento, a la luz del fogón,
con los relatos homéricos o \irgihanos Artigas se
ha inspirado en eso al concebir su convite fúnebre,
no cabe duda,
Pero es otro el más hondo comentario que aquella
escena nos sugiere La adopción por Artigas del rito
helénico en un momento de plena -verdad, como el de
la muerte de su predilecto amigo, nos revela en aquel
espíritu la existencia de una vida imaginativa y afec-
tiva, y la de un entusiasmo sacro, que sólo se encuen-
tran en las almas sinceras como niños, representati-
vas de lo más hondo y permanente y universal del
alma humana
[78]
LA BPOWYA DB ARTIGAS
¿También algo de locura o de insana exaltación
quijotesca, me decís9
Como gustéis Si los relatos homéricos han podido
ser, para el caballero de América, lo que los libros de
caballería para el de la Mancha, ellos han sido para
ambos lo» reveladores del alto sentimiento primitivo o
primordial de que hablamos, característico del hom-
bre épico esa exótica libación de Artigas ante la pal-
ma simbólica, con toda su extravagancia, nos revela
al hombre inspirado, igual en todas partes, necesitado,
para sus fuertes impresiones extraordinarias, de la re
presentación de lo que puede ser la eterna vida; la
fe en la presencia de los muertos entre los vivos, in-
nata en el hombre, la eficacia de la oblación o del
holocausto propiciatorio, el vinculo perpetuo entre los
que son y los que fueron
No es tan exótica, por otra parte, como parece, en
el ambiente cristiano de nuestro país, aquella liba-
ción de su peisonaje representativo En las costum-
bres de nuestros gauchos, de origen español, ha exis-
tido, > aun existe, la de no agotar la copa que se
bebe, sino dejar en ella una pequeña porción del li-
cor, que el gaucho echa al suelo diciendo respetuo-
samente ¡Para las ánimas ' Algo de eso, mas o me-
nos estilizado por el recuerdo homérico, nos parece
reconocer en ese vino de Artigas derramado sobre la
palma, evocando el nombre de Basualdo la oblación
o la ofrenda propiciatoria para el ánima invisible y
presente
Hay en todo eso una verdad recóndita la del su-
fragio por los difuntos, que pertenece a la vida sobre-
natural
Pero está también en él, compenetrado, el senti-
miento de la gloria humana, de una inmortalidad visi-
[79]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
ble que parece reclamar nuestra propia naturaleza en
su instintivo horror a la nada La inmortalidad sin
alguna especie de cuerpo o penespintu, dice Unamuno
con mucha gracia, no es inmortalidad Bien puede ser
así la resurrección de la carne es también dogma cris-
tiano Pero sea de ello lo que fuere, es indudable que
ese anhelo de la fama, de la supervrv encía sensible,
es común a todos los hombres no \ulgares en abso-
luto, y ha sido estímulo, en todos tiempos, de grandes
y buenas acciones El Quijote polimorfo anda por el
mundo en todo tiempo y lugar, no cabe duda, y lleva
una verdad dentro del yelmo
En Artigas existió esa fe en la gloria, como motor
inmediato, casi exclusivo, de sus actos Cuando ya
mu) viejo, desterrado, pobre, abandonado de todos,
reciba la visita de un extranjero que le dirá que su
nombre y su fama persisten en el mundo, el héroe
nonagenario sentirá una lagrima en los ojos, y dirá
conmovido "Es todo lo que me queda de tantos tra-
bajos, hoy vivo de limosnas"
Pero no es ése el agente profundo, persistente, or-
dinario que, fijando el concepto de sus relaciones con
el "no mundo", determina, según Carlvle, su vida
heroica Como su congénere de la Mancha, que, ante
la verdad de la muerte próxima, deja de ser el caba-
llero andante para volver a ser Alonso Quijano el
Bueno, y, vuelto a su ser racional, se prepara a mo-
rir como cristiano viejo, el Quijote de chaquetilla de
blandengue, que hará otro tanto, no recurre a las li-
baciones homéricas ni a la invocación de los manes,
cuando las amarguras y los pesares de su vida dolo-
rosa lo llaman a silencio Entonces se ve bien, en el
fondo de ese noble e»píntu, la realidad profunda
r8o]
LA EPOPEYA M! AETIGAS
Os ofrezco, para penetrar en ella, esta carta, que
debo original a Lorenzo Barbagelata, dirigida por el
gran caudillo a su madre política, doña Francisca Ar-
tigas de Villagrán, desde este caserío de Purificación
en que estamos, precisamente Está fechada en 19 de
mayo de 1815, en la misma fecha en que ordena el
convite fúnebre de Basualdo En ella dice*
"De Rafaela (la esposa enferma) sé que sigue lo
mismo ,Cómo ha de ser' Cuando Dios manda los
trabajos, no viene uno solo, Él lo ha dispuesto, y
así me convendrá Yo me consuelo con que esté a su
lado, porque si Vd me faltase, serían mayores mía
trabajos Y asi, el Señor le conserve a Vd la salud"
No creo que disuene, amigos míos, esa nota melan-
cólica, que no puede atribuirse a un secretario, en me-
dio de nuestra narración homérica, antes la juzgo ne-
cesaria a su estructura orgánica Ella nos da el acorde
en tono menor, que dina un músico, de la heroica
sinfonía que se va desarrollando en mis palabras, y
que debéis escuchar íntegra Sólo así sentiréis con
claridad los pasos de un hombre de carne y hueso que
camina sobre la tierra, y que lle\a un corazón
Esa carta que hemos leído nos conduce a recordar
congojas íntimas del héroe, aquellas de que os hablé
al principio, al haceros saber el matrimonio de Arti-
gas con su prima Rafaela Villagrán Artigas soñó en-
tonces en la felicidad, una fugaz hora de sol brilló
entre las tormentas de su vida
Os dije que su joven esposa, al ser madre por se-
gunda vez, y dar a luz su hija Eulalia, dos años des-
pués de su matrimonio, le fue arrebatada para siem-
pre, por esa enfermedad que llaman locura o delirio
puerperal, y cuyo germen morboso se ignora aún
Se pierde la conciencia del yo, el espanto relampa-
[81]
JUAN ZORRILLA. DE SAN MARTIN
guea en el cerebro, y alumbra apariciones, se hiela
la vida inteligente y la afectiva, la afectiva sobre todo,
muere el amor, el alma se sumerge en esa noche con
intermitencias, entra en sus tinieblas y sale de ellas,
como la luna al través de las nubes Cuando reapa-
rece, comienza por desconocerse a sí misma, y a los
seres que más amó, se esfuerza por penetrar en sus
propias tinieblas, y el esfuerzo la postra y reabre la
herida misteriosa del cerebro Ourre una mejoría, la
luz se va haciendo lentamente, raja una aurora pá-
lida de inteligencia y de amor, se cree en la proximi-
dad del día psíquico, pero la noche cae de nuevo,
con sus relámpagos y sus apariciones negras Y los
caminos se llenan de sombra, y el alma huye espan-
tada, y la herida del cerebro se hace mortal
Artigas había perdido para siempre a su esposa,
pero no la esperanza de recobrarla Y é^ta no hacía
otra cosa que diluir, en los años, el dolor de las ho-
ras aciagas Las horas nos quedan paia llorar los ins
tantea
jLa esperanza de la tierra' ,-Es realmente una fuen-
te de felicidad ? "¿Oh hombre, dice Isaías el profeta
de las siderales estrofas, oh hombre' Desde que te
destete tu nodriza, desde que te aparten del pecho
que te nutre, aguarda tribulación sobre tribulación
aguarda también esperanza sobre esperanza'"
Esa esperanza atribulada acompañó a Artigas Quien
lo sigue como )o lo he seguido, amigos míos, siente,
de vez en cuando, como gotea, en ciertas horas de
sa vida, la negra sangre de esa herida que lleva con-
sigo Obligado a alejarse de la mujer que amó, vuelve
primeramente a su faena de blandengue, recorre los
campos desiertos, acaudilla después a su pueblo, li-
bra las batallas de la patria, pero su pensamiento ín-
[321
LA EFOFgTA DB ARTIGAS
siste en su perdida felicidad, que no cree desvanecida
para siempre.
Leamos esta carta que, desde el Paso de Polanco,
escribe a su madre política, el 16 de agosto de 1809
"Mi mas venerada señora Aquí estamos pasando
trabajos, siempre a caballo, para garantir a los veci-
nos de loa malévolos Siento en el alma el estado de
mi querida Rafaela. Venda usted cuanto tengamos pa-
ra asistirla, que es lo primero, y atender a mi Jo<Ȏ
María, que para eso he trabajado"
Ese José María es su hijo, cuya educación reco-
mienda y encarece constantemente en sus cartas, en
todas éstas, aun en medio de los azares de su \ida, se
reflejan sus horas de melancóhcos recuerdos Aquí te-
nemos una, entre muchas, dirigida a don Antonio
Pereyra, después de la campaña del Guayabo, "¿Qué
ha sido de mi desgraciada familia9" pregunta ante
todo He aquí otra llena de carácter Es de 1818 Ar-
tigas, en el fragor de la lucha suprema, escribe a los
suyos, y envía de regalo a su hijo con expresiones de
cariño, un pequeño tití o mono salvaje, que ha con-
seguido allá en el Norte, remite algunos modestos ob-
sequios a su familia, >erba mate, frutas Esas cartas
domésticas me hacen conocer a Artigas, jo os lo ase-
guro, mucho más que las pragmáticas y documentos
oficiales En ellas se ve cómo su espíritu fluctúa entre
la ilusión y el desencanto Recibe, en 1815, una noti-
cia favorable sobre la salud de su mujer, y escribe
con jovialidad a su madre "Expresiones a Rafaela,
dígale que no sea tan ingrata, y que tenga éata por
suya" Le llega, en 1816, la «íuLua de la reaparición
del mal que se creía vencido, y entonces escribe esa
doliente pero resignada carta, digna de un asceta cris-
tiano "Dio* lo ha dispuesto así, y así me convendrá"
[83]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Pero algo mas que el análisis de la vida espiritual
o afectiva de Artigas nos reclama en este momento.
Pues vamos a seguirlo como gobernante, es razón que
conozcamos el concepto que tiene, y hace practico,
sobre las relaciones, no tanto de su persona, cuanto
de la nacional, con ese *'no mundo" o mundo invisi-
ble que, si no se equivoca Carlyle es lo primero para
juzgar de una entidad heroica Artigas, con todo su
pueblo, y por tradición de su estirpe, creía también
en eso en que la persona de una nación, como la de
un hombre, es un ente capaz de relaciones morales, y
apto, por lo tanto, para cultivar las de todo ser inteli-
gente con el Creador y Conservador del Universo,
juzgaba, con el consenso humano, que han existido
pueblos escogidos, como los ha habido protervos o
malditos, y en su misión de constructor de pueblos,
procedió de acuerdo con esos sus hondos sentimientos
En Purificación levanta, como núcleo de sociabili-
dad, el primer templo erigido por la patria indepen-
diente Ya os imaginaréis, mis bravos artistas, que
esa construcción no era una maravilla de arquitec-
tura Pero era un templo allí se adoraba al solo Dios,
y a Jesucristo, Redentor del mundo Su fundador pide
a Montevideo la inmediata remisión de "una imagen
de la Virgen de la Concepción, y los ornamentos y pa-
ramentos sacerdotales necesarios para el culto" Con
su asistencia, se celebra allí, en octubre de 1815, la
primera misa a la que concurren las tropas v el pue-
blo, oficiaba fray José Benito Lamas, que había lle-
gado el 30 de setiembre, con el carácter de "capellán
del general don José Artigas", en compañía del pres
bítero Otazú, y que será más tarde Vicario Apostólico
de la República Lamas era uno de los franciscanos
expulsados de Montevideo por el gobernador español
[84]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Las tropas continúan asistiendo a misa todos los días
festivos
Advirtamos, con este motivo, una vez más, el rasgo
épico u objetivo, que siempre hemos descubierto en
este vigoroso carácter Artigas no es un empírico ni
un reformador, mucho menos un importador de cosas
ajenas Él no inventa una nación, al dar a la suya
la libertad política, es el exponente de la América
española que se emancipa de su metrópoli, pero no
para interrumpir su historia, sino para continuarla, no
para ser reengendrada, sino para seguir viviendo la
propia vida orgánica secular Y, si bien la vida es
transformación progresiva, ella es sobre todo, conser-
vación o persistencia del ser que nace, crece, se repro-
duce y muere
Todo lo que en los pueblos americanos es embrión,
raíz, palpitación anímica, todo está en Artigas armo-
nizado, como en ninguno de los héroes de la gente la-
tina, con la ingenua profundidad de lo no aprendido.
En medio de los hombres que lo rodean, políticos clá-
sicos, más o menos encasillados a lo Carlos III, o a
lo Directorio, o a lo Bonaparte, él ea, efectivamente,
un extravagante, a fuerza de ser una verdad entre las
ficciones Artigas es a eso que se llama la política o
los políticos, lo que es Cervantes, por ejemplo, a la
literatura, o Velázquez a la pintura de su época y de
todas las épocas Quien llamara literato al autor del
Quijote diría una simpleza análoga a la del que lla-
mara pintor de cuadros al autor de las Meninas, pero
la ma>or de las majaderías es, me parece, la de los
que clasifican a este Artigas entre los tales "políti-
cos" Así como Velázquez y Cervantes no son intér-
pretes de la naturaleza, sino la naturaleza que se
expresa a sí misma por sus órganos, Artigas es la
[85]
JUAN ZORRILLA DS SAN MARTIN
América española que se hace libre en éL £1 no eg
Rivadavia, pongo por caso, ni siquiera San Martín,
porque estos son literatos o pintores insignes, clásico»
cada uno de ellos en su género, dignos de la horna-
cina preparada para las estatuas debidamente propor-
cionadas, Artigas no tiene hornacina que le venga
bien Por eso los historiadores patentados no encuen-
tran dónde ponerlo, no ajusta en ninguna parte, les
desbarata el retablo de la historia pía tense convenida,
y aun el de la americana Y lo echan a las tinieblas
exteriores
La América inglesa tuvo uno de esos hombres, aun-
que no tan perfectamente autóctono como Artigas, en
aquel Wa&hington de que hablamos, no fue éste tam-
poco un reformador ni un inventor, y recordaréis que
también él fue un buen hombre religioso, y, como el
Oriental, creyó en el alma capaz de relaciones con
Dios del pueblo que libertaba Pero aquel pueblo, pro-
cedente de las emigraciones inglesas puritanas, tenia,
bajo ese aspecto, una muy sena diferencia con el de
cepa española la reforma de Lutero, introducida allí
por el rey Enrique no sé cuántos, hizo del mismo rey
el pontífice del cristianismo inglés, la ruptura del
vinculo político con el monarca tenía que entrañar, por
ende, la del religioso con el pontífice En la América
de Artigas, en la católica, las cosas pasaban de otro
modo el rey no era pontífice, no debía serlo, cuando
menos Romper con el primero, representante de Es-
paña, no era divorciarse del segundo, representante
de Jesucristo, el solo Señor y mucho menos susti-
tuirse a él La unión, por lo tanto, del estado libre
recién nacido con la Iglesia era ley congénita de la
libertad, si esta había de ser la de la misma persona
desprendida de las entrañas españolas
[86J
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Artigas pensó en ello desde el primer momento*
en las relaciones directas del Estado Oriental con la
Santa Sede; en la autonomía eclesiástica nacional La
existencia de un prelado oriental, emanación directa
del Papa, al lado del soberano civil, directa emana-
ción del pueblo, era elemento esencial de su pensa-
miento
Con la impaciencia de toda gran pasión, soñó en
satisfacer la suya sin perdida de tiempo, quiso ver le-
vantado un templo uruguayo desde sus cimientos, allí,
en Purificación, su capital autóctona, como el mago
de la leyenda Tres meses después de reclamar del Ca-
bildo de Montevideo la imagen y los ornamentos para
eu capilla provisional, le pide, en nota de 8 de oc-
tubre, las campanas "para la nueva iglesia que pienso
levantar en esta villa" Muy interesante es ese ensueño
de aquel hombre ingenuo, me trae de nuevo a la
memoria la leyenda bretona de que una vez hablamos,
la de aquella ciudad tragada por el mar, cuyas torres
creen ver en el fondo de las olas, cuando el agua es
transparente, los pescadores de la costa Hoy leo aque-
lla nota de Artigas, y me parece oír, en el fondo del
Uruguay, junto a la meseta, en que el río es muy pro-
fundo, el sonido de las campanas que sólo aquel oyó
sonar en su catedral sumergida Las campanas que
encargó al Cabildo de Montevideo no hallaron ciudad
material en que posarse, desgraciadamente, no sona-
ron nunca, pero la ciudad moral, la iglesia uruguaya,
tuvo allí sus cimientos
También en esto, como en lo político, es el pensa-
miento de Artigas el que ha predominado No pocos
de sus émulos hubieran visto en la unión o separa-
ción de la Iglesia > el Estado algo tan accidental como
la forma de gobierno Como hubieran consentido la
[87]
JUAN ZORRILLA DE SAN MASTIN
monarquía británica o borbónica sm maldita ia re-
pugnancia, ellos hubieran aceptado para estos pueblos
la "no religión" de que habla Carlyle, y aun la reli-
gión inglesa con su pontífice la sustitución de la per-
sona Artigas, no, él, como Washington, juzgaba el
punto como cosa sena, eran hombres arraigados, y
sus frutos tenían que ser según su especie Examine-
mos, pues, al primero, bajo ese interesante aspecto
Como en lo civil del virrey, la Banda Oriental de-
pendía espiritualmente del obispado de Buenos Aires,
y de allí procedía, por lo tanto, inmediatamente, la
jurisdicción del presbítero don Juan José Ortiz, sacer-
dote insigne, cura párroco de la matriz de Montevideo,
cuya espléndida iglesia constru)o Ejercía el curato
desde la época colonial, desde 1785, y en el lo encon-
tró la revolución de 1810
Vimos cómo asomó con ésta el primer inevitable
conflicto, cuando el doctor Pérez Castellano hubo de
disentir de su obispo, con ocasión del Cabildo Abier-
to de Montevideo en 1808, acabamos de oír la que-
jas y amenazas de Vigodet al mismo prelado de Bue-
nos Aires, con motivo de la actitud patriótica del
clero oriental Muj común es, como sabemos, en la
hiBtoria de los imperios, esa tendencia a atar sus cadá-
veres a la Iglesia para ver de flotar con ella No puede
ser. el hecho es, y no puede negarse, que los impe-
rios pasan, uno tras otro, y la Iglesia permanece
El cura Ortiz, al adherirse Artigas a la revolución
en 1811, siguió, lo mismo que todo el clero, la suerte
de los patriotas, formó parte del congreso de la ca-
pilla de Maciel, regresó, por fin, a su curato cuando,
debelado el dominio español, cayó Montevideo en po-
der de los americanos Terminada, a su vez, la poco
juiciosa dominación de la comuna bonaerense sobre
[88]
LA EPOPEYA DE ABTIGAS
la ciudad orienta], y ocupada ésta por sua dueños, he-
mos visto y vamos a ver cómo Alvear caerá del man-
do por obra del pueblo de Buenos Aires apovado en
Artigas, y cómo será sustituido por un gobierno ami-
go, al parecer, del gran caudillo que lo ha elevado
Sucederá esto en abril de 1815
Precisamente en esos momentos, 22 de abril, fallece
en Montevideo el cura Ortiz, > es sustituido por el ilus-
tre don Dámaso Antonio Larrañaga, que toma pose-
sión de la parroquia el 6 de Julio de 1815 Procede su
designación, muy grata a Artigas, su grande amigo,
del señor don José León Planchón, Vicario Capitular
de Buenos Aires en sede vacante, por muerte del úl-
timo obispo español del Río de la Plata
Artigas, en junio de ese año 1815, solicita para el
señor Larrañaga una delegación expresa de jurisdic-
ción espiritual sobre la Banda Oriental y Provincia
de Entremos, es su primer paso hacia la autonomía
eclesiástica que persigue El de los Orientales, y le
envía la delegación que solicita, para el caso de inco-
municación con Buenos Aires
Muy poco ha de durar, desgraciadamente, ese pri-
mer albor de emancipación plena El sustituto de Al-
vear en el gobierno, no bien considere que no le es
necesaria la amistad de Artigas para sostenerse en él,
continuara la injusta guerra contra su causa y su
pueblo, y ella pondrá en peligro, por un momento, la
armonía entre la potestad civil y la eclesiástica El se-
ñor Planchón, llevado por el conflicto político, retiró
a Larrañaga sus facultades, y éste, acatando la reso-
lución de su superior jerárquico, la hizo saber al Jefe
de Iob Orientales
No eran los ejemplos y enseñanzas de los Reyes
Católicos nuestros señores, a buen seguro, ni los de
[89]
JUAN BORRILLA DI KAN MARTIN
los canonistas en boga entonces, lo^ que hubieran po-
dido inducir a Artigas a la mas discreta actitud, y
fueron ellos, no los principios democráticos, los que
le sugirieron la nota que dirigió, con tal motivo, al
Cabildo, el 25 de Noviembre En ella, adoptando los
términos de los patronos reales, ordena, en son de
represalia la expulsión de los eclesiásticos venidos de
Buenos Aires, y su reemplazo por sacerdotes orien
tales
Mucha inteligencia y no menos virtud fueron en-
tonces necesarias para conjurar el peligro de un cis-
ma, pero felizmente estaba allí Larrañaga Éste reci
bió del Cabildo la noticia de la resolución de Artigas,
y, en 9 de diciembre, la contesto diciendo que escri-
biría al Jefe del Estado Asi lo hizo efec tiv amenté, y,
pese a la intromisión de terceros, que hubieran enco-
nado aquel maligno germen de d'scordia, la digna
actitud y la palabra serena de Lanañaga disiparon el
nublado Artigas revocó su orden, v sus relaciones
con la Iglesia fueron desde entonces de todo en todo
cordiales
Una circunstancia cooperó a tal resultado el señor
Planchón fue sustituido por el doctor Don Victono
Achega, y éste, amigo, como Planchón, y compañero
de estudios de Larrañaga, se dirigió a Artigas hacién-
dole saber su elección de Vicario Capitular, v envían
dolé los documentos con que delegaba en Larraña-
ga su jurisdicción sobre la Banda Oriental y Entre-
mos No dejo aquél de aprovechar esa nueva oca-
sión de hacer practico su anhelo de paz y de armo-
nía al par que remitió el diploma al prelado oriental
ordenó al Cabildo, por nota, que felicitase a Achega
por bu nombramiento, mientras él, el 8 de enero, lo
hacía personalmente en término- do respetuosa amis
[90]
LA «POPEYA Dí ARTIOAS
tad, y expresándole su opinión "sobre el orden que,
en su concepto, deben guardar los asuntos eclesiásti-
cos, mientras no terminen nuestras diferencias polí-
ticas"
Al revés de lo que pasará con éstas, aquella unión
de la Iglesia y el Estado continuara sin tropiezo, hasta
ser consagrada en la constitución de la república, las
mayores vicisitudes no la conmoverán La misma con-
quista extranjera, la portuguesa, fugaz pero inteli-
gente, dejará intacto ese eslabón entre la patria nueva
y la primitiva heroica, al hacer declarai por un con-
greso ad hoc la incorporación de esta Provincia Cis-
platina a su corona, el rey de Portugal no tocara esta
jurisdicción delegada en Larrañaga, ni se atribuirá
facultades pontificias, acordará, por el contrario, en „,
el acta misma de incorporación, recurrir a la Santa
Sede, en demanda de jurisdicción directa para el pre-
lado oriental Y, sin solución alguna, esa autoridad
espiritual pasará, de mano en mano, de Lanañaga,
nuestro primer prelado nacional que desempeña el
Vicariato Apostólico creado en 1832, a ese Lamas que
celebra la primera misa en Purificación, y que muere
en 1857, ya preconizado primer obispo de Montevi-
deo, y al insigne don Jacinto Vera, que, en 1878,
ocupa la sede episcopal de la nación Y en la persona,
por fin, de don Mariano Soler, varón esclarecido si
loa hay en América, la iglesia aquella a que Artigas
quiso dar su primer templo en Purificación sera in-
corporada, como iglesia metropolitana, al concierto
del mundo cristiano El 19 de abril de 1898, en el ani-
versario precisamente del desembarque, en la Agrá-
ciada, de los treinta y tres hombres a quienes ver«.
moa terminar nuestra epopeya, el sucesor de Larra-
[91]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
ñaga recibirá en Roma, de manos de León XIII, el
palio de arzobispo de Montevideo
La historia pues, de la Iglesia en la República
Oriental del Uruguay comienza con su fundador, no
sonaron sus campanas en "la nueva iglesia que pen-
saba levantar en su villa", pero uno cree reconocerlas
en las que hoy suenan en las torres de la catedral de
Montevideo como si salieran del fondo de las olas en
que estuvieron sumergidas con el nombre \ gloria
del héroe
Junto al templo, el procer oriental funda en Puri-
ficación la escuela, para la que pide y recibe del Ca-
bildo los textos y útiles de enseñanza Es también fray
José Benito Lamas quien la dirige
Yo espero mis amigos, que tampoco desdeáaremo9
este dato en nuestro estudio, por él podéis penetrar
mucho en ese espíritu, y por eso os lu daré después
mas amplio A cada paso vais a encontrar en Artigas,
en él personalmente, esa constante preocupación de
enseñar al pueblo, lo veréis desmontarse de su caba-
llo de gueria, solo para dejar fundada una escuela en
un caserío, asi lo vemos en un documento que ahora
aparece en San José de Mayo, por ejemplo, otro nos
ofrece el archivo de Corrientes, sobre una escuela en
el Paraná, fundada por él Lo vemos, entre el estré-
pito de las armas en los mismos momentos en que
sus enemigos se lanzan contra él, sembrar escuelas en
el Carmelo, en las Misiones, donde quiera que haya
tierra removida
Ninguna, sin embargo, tiene tanto color como ésta
en que fray José Benito Lamas enseña a los niños al
lado de Artigas, este mismo se presenta a veces en
ella a estimular a sus ciudadanos al estudio, a la
[92]
LA SPQPBYA PE AJtTlGAS
buena conducta, al patriotismo, ellos lo conocen bien,
lo ven llegar con alegría, buscan, todos y cada uno,
la caricia de su mirada severa
Atraídos por aquel núcleo de nueva vida, los hom-
bres y las familias acuden a Purificación, la villa
aumenta de día en día, ios colonos dedicados a la
agricultura le imprimen su sello de permanencia Pero
ese trabajo inas es elemento de educación que de pro-
ducción inmediata, nuestra verdadera fuente de ri-
queza era entonces, como lo es hoy, la ganadería, y
Artigas organiza grandes carneadas de animales bra-
vios, cuyos cueros secos remite a Montevideo, y vende
allí a comerciantes ingleses, o a las casa& de Lezica o
de Brown en Buenos Aires, y cu>o importe destina
a la adquisición de armas, pólvora y demás artículos
de guerra que aquéllos le remiten
Quisiera que os asomarais un momento siquiera a
ese plantel de vida civilizada creado por Artigas en
el desierto, recurramos, para ello, a la siguiente carta
que el padre Monterroso, sucesor de Barreiro en la
secretaría, dirige a éste a Montevideo "Por acá, le
dice, esto va tomando un nuevo orden Esta población
se va aumentando a fuerza de trabajo El comercio
sigue en boga, y los cueros se pagan aquí a doce rea-
les Esperamos dos ingleses que vienen a pagarlos a
plata y fueron a traer sus buques al Arroyo de la
China Ha\ muchas pulperías y tendejones, porque ya
sabes lo que son los soldados hacen sus cuentos a
escondidas, y en ese trapicheo logran todo"
Y si queréis, por fin, una nota de color que os haga
ver un momento la figura del mismo Artigas en aquel
medio, leamos esta afectuosa carta que escribe desde
Purificación a Barreiro "Cómpreme una docena de
sillas de las inglesas, y una mesa de arrimo . A doña
C93]
JUAN ZORRILLA DI SAN MARTIN
Bárbara (esposa de Barreiro) dígale de mi parte que,
aunque estamos viejos nos gusta andar tiesos, y que
me mande un poco de almidón'*
Pero la original población del Hervidero no es sólo
cuartel general, campamento fortificado, colonia y re-
sidencia del primer magistrado oriental Es también
una especie de cárcel correccional, que suple la falta
de la que debiera existir en Montevideo, y, muy es
pecialmente, lugar de destierro o confinamiento de los
enemigos de la patria, campo de concentración, como
hoy se le llama en las guerras modernas Artigas
quiere tener allí, bajo su vigilancia inmediata, a los
que pueden ser elementos de destrucción de su obra,
ya como agentes de reacción española, ya como per-
turbadores del orden político interno, exige premio-
samente del Cabildo de Montevideo que le sean remi-
tidos los culpables y le reprocha mas de una vez su
poco celo en observar su mandato Poco celo desple-
gaba, efectivamente el Cabildo en ese sentido, y bien
se explica el conflicto entre sus ideas, v procederes y
el pensamiento y la acción del jefe del estado El
Cabildo, persona colectiva formada de ciudadanos pa-
triotas, pero vinculados a todos sus convecinos, no
podía ver, no quena ver lo que la gran persona depo-
sitaría de todo el pensamiento tenía ante los ojos,
anhelaba la libertad, pero al menor precio posible, sin
sacrificar, a no ser en lo más indispensable, los afec-
tos domésticos, era demasiado duro eso de enviar
confinado a Purificación al jefe español de una fami-
lia amiga, que suplicaba, o al político influyente en
Buenos Aires Juzgaban, por otra parte, aquellos ciu-
dadanos que las muchedumbres de que Artiga» hacía
soldados eran demasiado incultas que sena mejor
formar escuadronea disciplinados como los europeos,
[94]
LA 1P0PKYA DB ARTIGAS
bien uniformados, de buena apostura Es claro que
eso era lo más civilizado, lo más amable, sobre todo,
pero esos sacrificios eran, precisamente, el grande ho-
locausto que reclamaba nuestra emancipación, era el
que hacia Artigas especialmente Éste veía bien que,
para realizar la independencia americana, era preciso
contar con algo más que con las compañías de cívicos
de la ciudad colonial, de morriones bordados por ama-
bles manos, sólo las lanzas gauchas podían oponerse
y se opusieron a los tercios españoles Artigas tema
razón, como sabéis
Una expedición de reconquista be prepaiaba en Es-
paña, no se hablaba entonces de otra cosa, los espa-
ñoles de Montevideo, sus aliados interiores, soñaban
con ella, el portugués, por otra parte, se hacía va
sentir en el Norte, cerca del campamento del caudillo,
v, lo que era peor de todo, éste tenía la intuición de
la complicidad de Buenos Aires con el extranjero,
tenía )a clavada en el corazón vidente esa amarga
sospecha, que los capitulares de Montevideo juzgaban
temeraria, era imposible Por eso tachaban a Artigas
de suspicaz, y de crueles sus precauciones, y de arbi-
trarias, por eso las atenuaban, cuando no las resis-
tían
Artigas se veía, pues, en la necesidad de intimar,
duramente, a veces, el cumplimiento de sus órdenes,
de imputar al Cabildo una tibieza culpable en la de
fensa de la vida amenazada, cuando, aparentando cum-
plir aquéllas, le remitía gentes inofensivas mientras,
sin energía para resistir las influencias domesticas
conservaba dentro de la plaza los elementos adversos
realmente temibles
Eso dio ocasión a que los enemigos del héroe, lo»
que él quería tener cerca de sí, forjaran una leyenda,
[95]
JUAN ZORRILLA DB SAN MARTIN
en que Artigas figuraba consumando crueldades con
su» prisioneros, los mataba por centenares, los estran-
gulaba, em olviéndolos en cueros frescos de vaca, que
hacía secar al sol Esa leyenda insidiosa aparecía ve-
rosímil, en Buenos Aires sobre todo, donde las ejecu-
ciones de Liniers y de Álzaga, y las venganzas políti-
cas sangrientas, ya de Alvear, \a de sus vencedores,
llenaban la imaginación popular Pero no, Purifica-
ción era el reverso de la vieja capital colonial allí no
se derramó una sola gota de sangre ni una sola, no
se cita el nombre de una sola víctima Algunos ciuda
danos fueron i educidos a prisión, y puestos después
en libertad, muchos estaban allí sólo confinados, y
hasta se les permitía trasladarse a Montevideo, en
busca de sus familias, y regresar con ellas dentro de
un pla/o determinado
Nada mejor que la pintura anecdótica para darnos
idea del carácter de esa población, como lugar de con-
finamiento o de concentración, como hov te dice La
tradición es copiosa, y nos ha sido conservada, con
todo su color, por el inapreciable don Isidoro De
María
Nos encontramos con un talabartero español, Cas-
tro, que, con la cabeza alborotada por el vino, se echa
en Montevideo a la calle, dando gritos de ,viva Es-
paña' ¿viva Fernando VII' Barreiro lo remite a Puri-
ficación No es eso lo que Artigas quiere ver a su
lado principalmente Encuentra al pobre hombre, y le
pregunta la causa de su prisión
— Señor, le dice Castro, )o estaba borracho, y di
un viva a España y al Rey.
— Pues mire usted, amigo, le dice Artigas sonrien-
do, aquí hasta los borrachos gritan jviva la patria'
Pero a usted lo autorizo a gritar k\iva España', por-
[96]
I«A DH ARTIGAS
que también tengo por aquí algunos godos, y, como
están bien seguros, no hay para qué disgustarlos
— No, señor, también yo gritaré tviva la patria'
— Bien, bien . Está usted en libertad , voy a man-
darlo a su oasa, pero lo malo no es lo que usted grita,
sino lo que U9ted bebe. . . Vayase en paz, y no vuelva
a alegrarse con exceso
Muy diBtinto es el carácter de otro preso, con quien
nos hallamos en Purificación, allí está el doctor don
Lucas Obes, llamado por Artigas para dar cuenta de
su administración como funcionario en el período de
Otorgues, el tortuoso caudillo inspirado por las bru
jas, las ideas monárquicas de este Obes nos son co-
nocidas, y bien puede ser la gran bruja de aquél. Se-
gún referencias de don José Benito Lamas, que acaso
le sugirió la idea, el doctor Obes aprovechó el día
de San José, onomástico de Artigas, y dedicó a éste
algunos versos Convengamos en que el recuiso em-
pleado no es de los que denuncian mucho temor El
doctor Obes fue puesto en libertad y restituido a
Montevideo
La anécdota es vana El buen sastre Revenios, en-
viado también, como Castro, y por causas análogas,
decía a De María "Estaba mejor en Purificación, que
en Montevideo con Otorgués, el general Artigas rae
destinó de ranchero, con la sola obligación de ir a
mÍBa de tropa todos los domingos Estuve allí un
mes, y luego me mandó libre a la ciudad"
Si con eso tenéis bastante, como yo lo creo, de
anécdota colorida, pasaremos a otra cosa, mas impor«
tante al parecer, sin perjuicio de que hablemos más
adelante del mas ilustre de los prisioneros de Artigas,
y que no será otro, aunque os sorprenda, que Luis
XVII, rey de Francia por la gTacia de Dios
4
[97]
JUAN ZORRILLA DB SAN MARTIN
IV
Desde esa primera capital de la república Artigas
gobierna el nuevo estado, informe aún que es su
patria, \ vela por la persona de los que formaran
la patria argentina federal, la que hoy existe, con-
serva > tuitiva en ellos todo germen de vida Su prin-
cipal empeño e-i apresurar el momento de dar a todo
eso la forma política que tiene concebida, o de en-
caminal lo a ella rectamente
Ese momento no llego, todos los malignos elemen-
tos se conjuraron para no dejarlo en su tierra, la
invasión portuguesa, incitada poi Buenos Aires, cayo
inmediatamente sobre él, como lo veréis, invocando la
anaiquía y el despotismo de Artigas, v las amenazas
de éste contra la fronteia Pero ese íuga¿ periodo de
gobierno y administración nos permite entrever lo
que haoía en aquel espíritu < \traordinano, lo que
hubiera hecho ese hombre en otro ambiente No tuvo
ni elementos, ni tiempo ni reposo "tuvo que modelar
su obra en barro, en vez de cincelarla en marmol le
faltó la materia, peí o no la inspiración"
Como os lo he dicho, fue Otorgues, por ser el jefe
que se hallaba más próximo el designado por Artigas
para tomar posesión de Montevideo \ gobernar allí en
su nombie Nadie ignora lo que es en cualquier parte
del mundo, una soldadesca vencedora la de Otorgues
no era, por cierto, ni podía ser una excepción Otor-
gues no podía ser muy superior a Alvear Montevideo
tuvo que ser víctima, por consiguiente en los prime-
ros momentos, de las brutalidades de aquella gente,
cuyo jefe, aunque de origen urbano y pariente cer-
cano de Artigas, era el hombre rústico que conoce-
mos, y que, contra lo que su jefe esperaba, fue ín-
[98]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
capaz, porque no lo quiso o no lo pudo, de reprimir
laB torpezas de sus muchachos No faltaron gentes,
por otra parte, y no de los gauchos, por cierto, que
creyeron poder continuar, en provecho propio y en
nombre de la Patria, los abusos de la administración
porteña se sacaba dinero del vecindano, del español
sobre todo, y no se rendían cuentas claras, ni mucho
menos Aquello fue un desbarajuste
Lo que eso ha senado a los enemigos de la causa
oriental para deprimir a Artigas, no es para narrarlo,
las tropelías de la soldadesca de Otorgués han sido
pintadas con los mas vivos colores y con un celo vir-
tuoso implacable Cualquiera diría, en levendo tales
pinturas, que Monte\ideo vio lo que en parte alguna
del mundo se ha visto, y que ese período de gobierno
fue una larga tiranía de Artigas, que contrastaba con
las honradeces y libertades de otros pueblos
Y eso no es verdad Lo es, sin duda, que la solda-
desca cometió brutalidades, se cuenta, v >o lo creo, que
hubo soldados que entraban en las tabernas, bebían,
y se iban sin pagar, diciendo "La Patria paga", se
dice, y tampoco me cuesta creerlo, que las familias
vivían encerradas, paia no exponerse en las calles a
las groseras tropelías de aquella gente, aún recuerda
la tradición las gt acias del mismo Otorgués que, en
una recepción oficial, por ejemplo, invita, con irónica
cortesía, a algunos concurrentes españoles a servir de
asiento a las damas, a falta de sillas en el salón Esa
es la nota de color caí acterística de aquellos días,
pero hablar de tiranía de Artigas, con ese motivo, es
algo mas que injusto En primer lugar, no se quitó la
vida a nadie, ni cosa parecida, no se alzo allí, por
cierto, la horca de Elio, ni las de Rivadavia destina-
das a Aliaga y sus compañeros, más numerosos aún
[99]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
que lo» de Limers, tampoco se consumaron confisca-
ciones, tan en boga en aquellos tiempos, pero, sobre
todo, esa angustiosa situación duro solo tres o cuatro
meses, el uempo necesario para que los abusos llega-
sen, fidedignos a conocimiento de Artigas, que, como
sabemos, había estado ausente, lejos, alia en el Pa
rana, oigani/ando las provincias occidentales y sep-
tentrionales Si de algo sirven, por ende, en nuestra
historia, esos tres o cuatro meses de desorden, es
precisamente para poner de relieve la autoridad y los
propósitos del gran caudillo
No bien regresó a su país de la misión organiza-
dora a la Banda Occidental, y llegó a su noticia lo
que ocurría en Montevideo, destituyó a Otorgues su
deudo, su primer jefe, en términos que se pasaron de
Beveros, envió en su reemplazo, de comandante mili-
tar, al honesto Fructuoso Rivera, que ya conocemos,
y designó, como delegado crvil, a don Miguel Barreiro,
caballero sin tacha y magistrado íntegérnmo, cuya
administración fue ejemplar Para conocer, aunque
de paso, a este Barreiro, redactor, según algunos, co-
mo recordaréis, de las Instrucciones de 1813, j se-
cretario entonces de Artigas atengámonos a la sem-
blanza que de él nos hace Larrañaga en Paysandú,
en el momento en que estamos precisamente "Fuimos
recibidos, dice, por don Miguel Francisco Barreiro,
joven de 29 años, pariente y secretario del general, y
que ha participado de todos sus trabajos y privacio-
nes. Es menudo y débil de complexión, tiene un ta-
lento extraordinario, es afluente en su conversación,
y su semblante es cogitabundo, carácter que no des-
merecen sus escritos, en las largas contestaciones con
el gobierno de Buenos Aires sobre todo"
[1001
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Pero Artigas hizo más en presencia de las denun-
cias que recibió sobre la irregular conducta de su
delegado militar en Montevideo llamó a juicio a los
que habían administrado dineros públicos, y, cuando
sus cuentas no fueion claras, les castigó con no me-
nos severidad que a Otorgues, captándobe la malque-
rencia de hombres de letras, que serán sus detracto-
res naturalmente Esos, y sus congéneres, son los
autores de la legenda sobre las maldades del héroe
Bueno será, que leamos, porque lo merece, la comuni-
cación que dirige Artigas a Barreiro, al resvestirlo de
su representación Ea una especie de programa de
gobierno, que os conviene conocer
"Señor Delegado don Miguel Barreiro
"Los sucesos ocasionados por los reiterados des-
órdenes de que ha sido victima esa ciudad, por los
desaciertos del jefe que burló mis disposiciones, y mi
permanencia necesaria en campaña para repeler al
enemigo, me ha puesto en el caso de separarlo inme-
diatamente, fijándome en la persona de Vd para re-
emplazarlo en su empico
"Y aunque tengo plena confianza en su honorabili-
dad y rectitud, crevendo, como creo, que Vd desem-
peñara la delegación del gobierno con toda aquella
moderación que debe existir en el carácter del fun-
cionario publico, sin embargo, debo recomendarle,
muy encarecidamente, que ponga Vd todo su especial
cuidado, y toda su atención, en ofrecer y poner en
práctica todas aquellas garantías necesarias para que
renazca v se asegure la confianza pública, que se
respeten los derechos individuales, y que no se mo-
leste tu se persiga a nadie por sus opiniones privadas,
siempre que los que profesan diferenfes ideas a las
[101]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
nuestras no intenten perturbar el orden y envolver-
nos en nuevas revoluciones.
"Aunque verbalmente he suministrado a Vd todas
mis órdenes, he creído, no obstante conveniente rei-
terar lo mas esencial por medio de esta nota, paia
que tenga Vd siempre presente mis deseos de propor-
cionar la tranquilidad a los ánimos de los vecinos,
que han sufudo tanto con las peripecias de la revo
lución
"Así es que en ese camino, sea Vd inexorable, y
no condescienda en manera alguna con todo aquello
que no se ajuste a la justicia y a la razón, y castigue
Vd severamente, > sin miramientos, a todos los que
cometan actos de pillaje, o atenten a la seguridad o
a la fortuna de cualquiera de los habitantes de esa
ciudad
"Esperando que sabrá Vd interpretar bien estos
deseos, aprovecho la oportunidad para asegurarle mi
confianza en sus medidas al respecto, congratulán-
dome, con este motivo, en saludarle > repetirme armo
amigo
"José Artigas"
Muy de este momento me parece, para confirmar
lo que estamos diciendo, y agregar una animada nota
de color a nuestro cuadro, haceros conocer un hecho,
nuevo en nuestra historia rioplatense, que acaba de
llegar a mi noticia He aquí que se nos ofrece un
curioso testigo del gobierno de Artigas, en tiempo del
selvático Otorgues Os lo anuncié cuando hablamos de
los prisioneros Aunque os parezca inverosímil, ese
testigo es nada menos que el hijo de Luis XVI del
fin de Francia, que fue prisionero del Jefe de loe
Orientales, sin que nos hayamos percatado de ello
E102]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Conozcamos ese caso, o cuento, o como queráis lla-
marle, que de todo tiene, sin excluir su parte de ver-
dad Es, cuando menos, una historia interesante, que
puede distraernos
Vosotros no ignoráis la lejenda, que ha tenido y
aún tiene sus creyentes, relati\a a la evasión de las
prisiones del Temple de aquel amable niño, hijo de
Luis XVI y de Mana Antonieta, que, entregado huér-
fano a la brutalidad del zapatero Simón, es tenido por
muerto, pero reaparece a principios del siglo XIX
Los supuestos delfines de Francia que entonces brotan
de la sombra, como sagrados dueños del restaurado
trono, son varios Fontohve y Persat, el Barón de
Naundorff, Eleazar L'Iroquois, Mathunn Bruneau. Este
último, que es el testigo de que os hablo, se presenta,
en Francia, en 1815, diciéndose ser el hijo de Luis
XVI que ae evadió de manos del bárbaro zapatero,
dejando en su lugar, para morir en su nombre, otro
niño enfermo, introducido a la prisión en un caballo
de cartón o de madera Algunos partidarios o creyen*
tes lo rodean, v hasta llegan a dar malos ratos a la
legitimidad de Luis XVIII, que no las tiene todas
consigo cada vez que la sombra de Luis XVII se pa-
sea por el mundo
¿De dónde viene este Mathunn Bruneau, o Pkehp-
peau, o Dufresne, o Charles de Navarre, que con
todos esos nombres figura ese delfín en los procesos9
¿Dónde ha transcurrido hasta entonces su misteriosa
vida' Es eso lo que nos interesa Aliene de Montevi-
deo, de ser aquí pn&ionero de Artigas, con el nombre
de Charles de Navarre, precisamente en el momento
en que nos encontramos de nuestra historia
El proceso de este pretendiente al trono de Francia,
que resulta condenado por impostor en 1818, y que
1103]
JUAN ZORRILLA DS BAN MARTIN
muere, o no muere, dos años después, en las cárceles
del Mont Samt-Michel, existen en los archivos de
Rouen, donde fue seguido Ha sido publicado en par-
te, pero la que a nosotros nos interesa, y que figura
en la pieza 29 del expediente, es completamente iné-
dita, y me ha sido transmitida, con una interesante
consulta, por la histonógrafa francesa madame de
Saint Leger Dice allí el procesado que él, "Luis Car-
los, rev de Francia por la gracia de Dios*1, <iaho fugi-
tivo de su patria para los Estados Unidos donde sir-
vió, como capitán de ingenieros a lab ordenes del
general WiHiam, paso después a la América española,
y figuró, como coronel de dragones en el ejercito del
virrey de Lima, y en ese carácter, en una batalla
que llama de Gnlly, cae en poder -del enemigo, y es
enviado prisionero al general Artigas que lo retiene
en Montevideo, bajo el gobierno de Otorgues, y lo
pone después en libertad Conozcamos su declaración
literal
"En 1815 cuando vo me encontraba en Mon1e\ideo,
detenido por orden del general en jefe de esta pro-
vincia Arfigue, y de Othorgues, gobernador de Mon
tevideo, que han tenido muchas consideraciones fbea-
coup d'égards) hacia mi persona, aunque prisionero
de guerra en mi calidad de coronel de dragones del
1 er regimiento del virrey d& Lima, permanecí en
aquel paii cotí un nombre supuesto"
Esa e« la fecha como podemos recordarlo en que
el virrey de Lima hace sus proposiciones a Artigas,
que éste rechaza pero no se me alcanza, lo confieso,
cómo y poi dónde ese coronel del virrey de Lima,
prisionero en una batalla de Gnlly, que no conoce-
mos, pudo llegar a poder de Artigas en 1815, si ya
no es que, soldado del ejército con que Pezuela triunfa
[104]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
de Belgrano en Vilcapugio y A>ohuma ( octubre y
noviembre de 1813 "I, ha>a caído después en poder de
las animosas guerrillas (¿grilly9) de Guemes, que,
deBde 1814, detienen al invasor triunfante Artigas,
como sabemos, de^de su capital del Hervidero, ha
seguido el proceso de esas campañas del Peiú, con la
misma pasión con que dirige las propias en el Plata,
todas ellas no son más que una sola para el gran cau-
dillo que lo es de la libertad de América, el mismo
se considera y se dice tal a cada paso, como hemos
dicho, habla siempre de la causa de los americanos,
a quienes considera j llama paisanos, sin distinción,
nada de esa causa le es ajeno, Vilcapugio, Ayohuma,
Sipe-Sipe lo preocupan tanto como la resistencia de
Montevideo Lo veréis dirigirse a Guemes para estimu-
lar su esfuerzo contra el español, en los mismos tér-
minos con que se dirige a sus caudillos de Entrerríos
o Santa Fe, y que no difieren esencialmente de los
que emplea en sus relaciones con San Martín, o con
O'Higgms, su gran paisano chileno o con Bolívar, el
de Venezuela, advertiréis cómo busca la mano de
Monroe, el presidente angloamericano, al mismo tiem-
po que rechaza la que le tiende Pezuela el español
invasor, a cuyo ejército afirma haber pertenecido ese
coronel de dragones y rey de Francia, que se dice
nuestro prisionero Bien pudiera, pues, hallarse por
este camino, el seguido por el errante francés desde
Pezuela hasta Artigas, pero sea de ello lo que quiera,
bástenos con persuadirnos, por ahora, de que ese su-
puesto delfín que, en 1818, da cuenta en Rouen, en
forma tal y tan exacta, de lus gobiernos de Artigas y
Otorgues, no ha inventado su dicho, ha estado en el
Plata en 1815 Y contengamos, sobre todo, en que
eae rey Luis XVII, que sólo recuerda de su cautiverio
[105]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
en Montevideo las consideraciones de que fue objeto,
no ha estado en poder de los bárbaros inventados por
las historias perversas, sino en manos del soldado ca
ballero y del jefe de estado que \a conocéis, y segui-
réis conociendo bajo ese amable aspecto
Algunos han dicho que Artigas gobernaba arbitra-
riamente, v hasta le han llamado tuano, porque se
reservaba intervenir, en ultima instancia en las reso-
luciones de los cabildos bcgún las leves españolas,
los capitane-s generales teman hasta atribuciones judi-
ciales Durante 300 años no existió, con atribuciones
efectivas, sino el ejecutivo del virrev o del goberna-
dor Ellos «e ocupaban, en efecto exclusivamente, en
hacer cumplir los estatutos y decretos que, sobre las
más triviales materias de administración, dictaban el
Consejo de Indias y los reyes de España Aquel poder
fue el único omnímodo, y giraba sohtano en la órbita
de los atributos indecisos del gobierno colonial, por-
que, en efecto, las leyes de Indias eran "una extraña
amalgama de disposiciones incongruentes y a veces
contradictorias1' ejercidas caprichosamente lejos de
todo contrapeso superior
j Aplicar a Artigas los preceptos constitucionales de
hoy' i Investigar si, en la patria aquella recién nacida,
los poderes ejecutivo, legislativo y judicial estaban de-
bidamente separados y garantidos en su independen-
cia' Creo que es exigir algo mas de lo justo
Os he citado alguna vez, si mal no recuerdo la opi
nión de Sarmiento, según la cual "la autoridad se
funda en el asentimiento indeliberado que una nación
da a un hecho permanente"
Ningún hecho permanente mas natural e indiscuti-
ble que la supremacía de Artigas, y el asentimiento
[106]
LA BPOPGYA DE ARTIGAS
indeliberado de su nación, él había dicho, sin em-
bargo a los representantes del pueblo, en el Congreso
del año 1813 "Mi autoridad emana de vosotros y
cesa por vuestra presencia soberana"
Lo había dicho con plena sinceridad Artigas era,
ante todo y sobie todo, un hombre sincero Hacer una
verdad orgánica de aquella declaración es su ideal
Cuando, aplicando el método con que Carlyle estudia
el gobierno clásico del héroe, se estudia, amigos ar-
tistas, esa época del gobierno de Artigas, se ve, con
toda claridad, que el supremo anhelo del fundador
de la patria, después de asegurar su independencia,
no es otro que el de formar y organizar la entidad en
cuyas manos debe y quiere colocar la autoridad que
está en las suyas
Su autoridad es tan indispensable como indiscuti-
ble , desaparecer Artigas y desaparecer la Patria Orien-
tal en ese momento, es la misma cosa Y, con ella, la
federación republicana argentina Pero Artigas no
hace un gobierno absoluto, todo lo contrario Con-
serva la autoridad v el influjo necesarios para dar un
núcleo de unidad, de cohesión y de vida a aquel orga-
nismo inarticulado e incipiente, hace sentir ese in-
flujo cada vez que la disolución lo amenaza, pero no
mata la vida colectiva en la célula social, la estimula,
la tonifica, quiere el gobierno propio, el de los más
aptos, de los más honestos, designados libremente por
el pueblo Para eso procura dar a los cabildos de to-
dos los estados cuya vida autónoma protege, al de
Montevideo especialmente, con el que sustituye el
cargo de gobernador intendente fracasado con Otor-
gues, el mayor número de atribuciones; los incita a
desempeñarlas con libertad, se dirige a ellos en tér-
minos de respeto, ^ hasta d« acatamiento, les pide
[107]
JUAN ZORRILLA DI SAN MARTIN
recursos, jamás dispone de éstos por ai mismo, les
recomienda las obras de progreso la protección del
pueblo, la de los desheredados principalmente, la es-
crupulosidad en la administi ación la conservación, so-
bre todo, de la idea y del sentimiento de patria, y el
deber de defenderla hasta el sacrificio
El Cabildo de Montevideo es elegido por todos los
demás cabildos del país, unidos a electores de la ciu-
dad, éstos son uno por cada cuartel de la capital y
extramuros El caudillo no cesa de encarecer el res-
peto a la libertad de sufragio y de estimular su ejer-
cicio El pueblo comenzaba así a ejercitarse en la
vida institucional, y se ve con toda claridad que Arti-
gas no desea otra cosa crear v vigorizar la entidad
que debe sustituirlo en el mando político, no ser él
necesario a la vida de la nación que funda
Es interesantísima, entre otras del mismo género,
su nota de 3 de agosto de 1815, en que incita empe-
ñosamente al Cabildo a la fundación de un periódico,
con la imprenta que fue arrebatida por Alvear a
Montevideo, y que Artigas ha logrado rescatar El
Cabildo publica el prospecto de El Periódico Orien-
tal, y remite al caudillo, con nota, el primer ejemplar
"el primer fruto, dice, de la prensa de nuestro Estado
libre Oriental bajo los auspicios de V E "
No es posible dejar de observar, sin embargo, en
este ca«o como en tantos otros, la convicción ponde-
rada con que aquél procede, después de establecer
las ventajas de la prensa libre, agrega en su nota
"Aquella también imprime a los malvados el prurito
de escribir con brillos apasionados ideas perniciosas
a la sociedad, pero es difícil que se" desplome la gran-
de obra de la libertad si los buenos escritores ayudan
a fijar lo «óhdo de su fundamento"
[108]
IA EPOPEYA OS ARTIGAS
Este aspecto de la figura histórica de Artigas, ami-
gos míos, el que nos lo presenta como hombre de es-
tado original, fuerte en su sinceridad, maestro por su
propia visión y no discípulo sumiso de teorizantes,
será estudiado en el porvenir, no lo haremos ahora
nosotros con toda la atención que reclamaría, pero sí
con la necesaria para fijar muy bien ese rasgo funda-
mental de aquel hombre singular, "caudillo entre los
pensadores y pensador entre los caudillos de América"
Yo os aseguro que uno se siente atraído hacia tal
estudio, cuando lee, con admiración, sus comunicacio-
nes al Cabildo, en que dice, con cierta impaciencia, a
sus- compatriotas "Piensen Vds por sí mismos,
obren por propia inspiración, resuelvan, no me lo
consulten todo, recurran al pueblo, háganlo ser y pen
sar también a el; sean Vds libres, conscientes, res-
ponsables de sus actos"
Artigas ha percibido, no hay duda alguna, y quiere
extirpar, el germen del mal que, desde la lejana Rusia,
\eía León Tolstoi, el extraño patriarca, en estas nues-
tras repúblicas hispanoamericanas Es muy curiosa esa
opinión de Tolstoi "He ahí una raza, dice, refi-
riéndose a nosotros, que tiene semejanza con la raza
moscovita, es aguerrida, amante de las artes y de las
letras, pero, como la nuestra, es refractaria a la ho-
mogeneidad democrática En lo individual, el latino-
americano es el hombre má9 liberal del mundo, mas
aún que el francés, pero, en lo colectivo', pierde su
identidad o se transforma en energía reaccionaria En
los sajones sucede lo contrarío En fuerza de ese fe-
nómeno, las comunidades latinas tienden a la concen-
tración del poder, en tanto que las sajonas buscan su
distribución y expansión Toda nacionalidad o gobiei-
no que centralita el poder en perjuicio de la mayoría
[109]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
camina, por razón natural, a la decadencia y a la diso-
lución Cuanto más absoluta es una tiranía, mayores
son sus gérmenes de decadencia'" Es conveniente ob-
servar que, en esa visión del porvenn, coinciden con
Tolstoi lo«» representantes de la ma^ pura ortodoxia
Toniolu por ejemplo, el maestro italiano de la socio-
logía católica moderna, la expone v sintetiza como
"la dirección a una general participación de todos los
elementos de la sociedad en una mas perfecta forma
de la civilización cristiana para el porvenir'' Y no
puede menos de existir tal coincidencia Que toda
verdad es ortodoxa, según afirma un grande obispo
Tolstoi teme, según eso, la desaparición de los lati-
nos ante lo-) sajones en América El pesimista patriar-
ca ruso al través de la distancia, > Artigas el liber-
tador autóctono, al través del tiempo, veían lo mismo
en nuestra raza Eso era lo que éste temía, > quena
extirpar en germen cuando pugnaba por vigorizar las
entidades colectivas de estos puebloa con la federación,
y las unidades físicas con la democracia evitar la
concentración que sus enemigos buscaban, realizar la
distribución v expansión, por todo el organismo, del
agente dinámico de vida
Dejemos eso sugerido, para que lo estudie el por-
venir, v volvamos a cosas más concretas
V
Es de ver la vida nacional y social que en ese fu-
gaz periodo de existencia de la primera patria, se des-
arrolla en Montevideo estimulada por Artigas Aquella
sociedad, de una cultura tan elevada como la de una
capital moderna, ofrece un espectáculo interesantísi-
mo Aquí me encuentro, entre mis tradiciones y docu-
[110]
LA EFOPEYA DE ARTIGAS
mentos domésticos, a don Juan Benito Blanco, que
hace bordar por manos amables, que no cobran su
labor, el primer escudo, el coronado por la cimera
de plumas, para el morrión de sus granaderos, las
familias del país se reúnen para celebrar los triunfos
de la patria y U gloria de su fundador y caudillo,
mientras los españoles se congregan por las tardes, en
la muralla o Recinto que da sobre el mar, a ver si
aparece, en el horizonte, la escuadra reconquistadora
que esperan, y que no puede tardar, con su bandera
española al tope Esos son los que Artigas quiere te-
ner en Purificación, si amenazan el orden público,
porque también él espera tranquilo la reconquistadora
armada, como centinela avanzado de América La es-
pera sin temor "Que se desplome el mundo sobre no
sotros, le oiréis decir, con tal que estemos unidos"
El pueblo aquel tiene una fe que parece supersti-
ciosa en su caudillo, se juzga libre y seguro a la som-
bra de bu escudo El Cabildo, por decreto de 21 de
enero de 1816, ordena "a todos los estantes y habi-
tantes de esta Banda Oriental (excepción de los mi-
nistros, empleados públicos y militares al servicio de
otras potencias) el uso en el sombrero de la escara-
pela tricolor", y "recomienda al bello sexo la osten-
tación de esos colores sobre el brazo y en el pecho,
en amable recuerdo de que el pabellón oriental pro-
tege, reúne y procura la felicidad general de todos
los habitantes del país'*
En 27 de enero del mismo año, dicta un bando
de 30 artículos "para promover esa feliudad" En
él legisla sobre el orden y segundad nacionales, prohi-
bición de juegos, cafés y pulperías inconvenientes, uso
de armas, asistencia pública, diversionas, segundad de
[1113
JUAN- ZORRILLA DE SAN MAfiTIN
las construcciones, incendios, padrón del vecindario,
administración de correos, vialidad, etc Y, corno nota
fundamental, que nos da el espíritu de aquella ciu-
dad, el interesante bando o decreto dice en su articulo
"Que toda persona que sea osada a blasfemar
del santo nombre de Dios, manifestar irre\erencias,
cantar coplas deshonestas, proferir palabras malsonan-
tes o contrarias a la santa religión y sagrada causa
que defendemos, sera castigada con todn el rigor de
las leyes"
El pabellón de Artigas, el de la banda roja diago
nal, es aclamado por el pueblo en Montevideo Se ce-
lebian fiestas sociales, saraos animadísimos y llenos
de cortesía, en obsequio del patriaica hbeitador, au
senté en el ¡leí videro, en ellos bailan los rigodones
de honor los caballeros y las damas cuyos apellidos
8011 el sedimento de la nación Pere>ra Rrvera, La-
rrañaga, Ellaun, Maturana, Blanco Chopitea Lapido,
Trapani, "Viana, Juanicó, del Pozo Lamas, Aldecoa,
Bauzá ^:a han aparecido los bardos de la nueva
patria Araucho e Hidalgo, soldados poetas, 90n su
verbo musical, el segundo representa personalmente,
en la Casa de Comedias, el 25 de ma^o de 1816, su
drama Sentimientos de un patriota en que aparece, y
es objeto de apoteosis, la bandera tricolor recién crea
da, y cuyos colores ostentan las damas en el pecho,
el primero da a las tablas su monologo en verso, Fi-
Uan La sociedad los aplaude Sus inspiraciones pa-
trióticas balbucientes son el tema que anima las ter-
tulias de la tarde en el Paseo de la Alameda Las
funciones, en esa Casa de Comedias, se abrían ron la
Canción patriótica, letra de Hidalgo, cmo coro era
repetido por la concurrencia v decía
[112]
LA EPOPEYA HE ARTICAS
Bravos úñentele*,
Himnos entonad,
Que Artigas va al templo
De la libertad
Pese a su candor ingenuo, esos cantos matinales lo
son de una aurora verdadera son los cantos del ga-
llo, trompeta del día, como dice Shakespeare
Artigas oye sólo de lejos esas aclamaciones pero
las recibe con alegría El popular gobernante, que,
como sabéis, es un caballero por su origen y sus re-
laciones, no va a su ciudad natal, que le debe su
nueva vida, pero estimula en ella toda iniciativa de
progreso, como hemos visto El contraste entrp esa
vida social de Montevideo y la que lleva el primero
de sus hijos en los campos, en medio de los pueblos,
consagrado a mantener y educar los más remotos, >
pobres, y desamparados, cuva miseria comparte, me-
rece nuestra atención Ese contraste es el tema de al-
gunas preciosas páginas que nos ha legado el presbí-
tero don Dámaso Larrañaga que, en esos momentos,
visitó a Artigas Debemos conocerlas, pero, para bien
apreciarlas, conviene conozcamos primeramente a su
autor, al mismo Larrañaga, con quien ya nos hemos
encontrado más de una vez Es la figura más repre-
sentativa, quizá, de nuestro medio social, y la de más
alta autoridad.
El pueblo de Buenos Airea, que no ha querido ni
quiere el despotismo de Alvear va a derrocarlo muy
pronto, como lo veremos, con el apoyo de Artigas
Éste concebirá entonces, después de su triunfo, una
nueva esperanza de realizar au pensamiento, y con-
vocará, con ese objeto, todos loa pueblos, en Purifi'
[113]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
cación El estado de Buenos Aires responderá a su
llamado, acreditando ante e! una comisión formada
de los señores Pico y Rivarola Montevideo, a quien
Artigas convoca como a todos los demás, enviara tam-
bién una, formada de nueve miembros, entre los que
descuella este Larrañaga de que hablamos, y vamos
a conocer
Imaginaos a Linneo o a Cuvier nacidos, no en Mont-
beliard o en Suderhof, sino en nuestra piara fuerte
de Montevideo, a fines del siglo XVIII Algo de eso
fue Larrañaga, e-ste es, en la esfera de la ciencia, lo
que Artiga-* en la de la visión política un caso, lo
que se llama un caso Como Artigas, y como Rivera y
Lavalleja, \ como Pérez Castellano, y Barreiro, y
Monterroso, y demás proceres orientales, Larrañaga
procede de antigua familia española fundadora de Mon-
tevideo, es un criollo que no ha estado en Europa
Nace a fines del siglo XVIII ) 1771 1 , aprende, en
nuestro comento de franciscanos, latín \ filosofía, es-
tudia algo más en Buenos Aires y Córdoba, donde
sigue la carrera eclesiástica, que abraza abandonando
la idea fugaz de dedicarse a la medicina, y se ordena
de epístola En Rio Janeiro por fin, recibe el sacerdo
cío a los veintiséis años de edad (1798)
Y he aquí que, con esa preparación, se encieira en
este su país, y en medio de nuestras tempestades polí-
ticas, y mezclado en ellas, brilla como un asteroide
de lejana constelación intelectual, y nos deja, en su
persona, la posesión del primer sabio americano de
aquel tiempo
Larrañaga fue un sacerdote ejemplar primer vica-
rio apostólico de la república, capellán de nuestros
ejércitos en las invasiones inglesas, en la reconquista
de Buenos Aires, en las campañas d« la mdependtn-
[114]
LA «POPKYA DE ARTIGAS
cía En medio del fuego, auxiliaba a los caídos; en
la vida ordinaria, socorría a todo el mundo a los ni-
ños especialmente, fue el fundador de U pumera casa
de expósitos de Montevideo, cultivó, conservó y di-
fundió la vacuna, amó a los indígenas y veló por ellos,
era todo candad, todo -virtud Fue, ademas, hombre
político, legislador, cabildante, diplomático Si mal
no recuerdo, diplomático fue también el italiano Dan-
te, diplomático guelfo, > político de Florencia, y
algo más por eae estilo Pero Dante es el autor de La
Divina Comedia, Larrañaga es el sabio noplatense
Fue astrónomo, geólogo botánico, naturalista, etnó
logo, geógrafo, meteorologista filólogo, hombre de le-
tras, cultivo la9 lenguas clásicas y pose\ó las vi\as
inglés, italiano francés, la literatura inglesa, sobie
todo, ejerció en él grande influencia Don Andrés
Lamas lo coloca "en las alturas luminosas en que bri-
lla don Félix de Azara*', peio solo como botánico,
que como geólogo, lo supera, v también en erudición
bteraria y sentimiento de lo bello
No es posible, amigos míos, daros una idea apio-
ximada de la obra de Larrañaga, "pnmer monumento
científico del Río de la Plata", como dice Lamas Su
solo Diario de Historia Natural <de 1803 a 1823),
ajustado al sistema de ^.mneo, que elogió --u obra,
consta de 2 600 páginas en folio , rontiene una serie
de observaciones meteoiologicas y astronómicas del
territorio oriental, estudios sobre el origen y costum
bres de sus habitantes, lecciones practicas de agricul-
tura, etc Entre sus obras, aun mulitas en nutstro Ar-
chivo Nacional, se registra un estudio sobre el idioma
chana, la lengua de una tnbu aborigen del Uiugua\,
otro notabilísimo sobre la formación geológica de loa
terrenos del Plata, dibujos coloreados, admirables, de
[115]
JUAN ZORRILLA O» «Alt MARTIN
los objetos naturales que describe, escritos históricos,
políticos, literarios Ya que no directamente, podéis
juzgar de lo que hay en todo eso por su reflejo en el
espíritu de los sabios de aquel tiempo Cuvier, Hum
boldt, Bompland, Saint-Hilaire Freycinet Con todos
ellos, como con Linneo, mantuvo Larrañaga relacio-
nes epistolares interesantísimas
Bompland le escribe "Me sera muy grato cultivar
con usted una correspondencia asidua, y estoy más -
interesado que usted en ello, pues usted está más ver-
sado que yo en la historia natural de estos países "
"Me desesperaría si se publicaran mis manuscritos sin
su asentimiento, son obras a las que tiene usted mil
veces mas derecho que yo, y que considero propiedad
suya"
"Estoy cada vez más admirado de sus trabajos, que
son inmensos y sobrepasan, me atrevo a decirlo, cual-
quier idea exagerada que pudiera haberse concebido
Es increíble que, solo en ese país, entregado a la his-
toria natural, sin guía, sin libros, haya usled podido
reunir tantos objetos diferentes, y ordenarlos como
usted lo ha hecho Cada vez que miro sus cuadros, mi
admiración se aumenta En Europa se aguarda su
obra" /
Y le escribe Saint Hilaire "No he encontrado en
América persona alguna con la capacidad de usted pa-
ra hacer adelantar la ciencia, y consideraría una des-
gracia que se viera usted obligado a descuidarla".
"Los sabios franceses, le escribe Freycinet en larga
carta desearían aprovechar las investigaciones de us-
ted, y me atrevo a esperar que tendrá a bien enviarles
algún informe Monsieur Cuvier quedaría muy satis-
fecho si usted le comunicara sui descubrimientos en
historia natural, la Sociedad de Geografía desea con*
[116]
tarlo en el número de sus miembros, pronto recibirá
una nota oficial, y me atrevo a esperar que tendrá a
bien satisfacer nuestros anhelos"
MHe comunicado a nuestro sabio Cuvier, le dice
Saint-Hilaire, lo que usted me hizo el fa\or de enviar-
me sobre el tatú fósil Como se propone una segunda
edición de su obra, desea vivamente que usted publi-
que algo sobre ese interesante objeto, y me encarga
se lo pida en su nombre".
Larrañaga mantiene entonces correspondencia direc-
ta con Humboldt y con Cuvier, este último lo men-
ciona con honor, aunque suponiéndolo brasileño, en
su obra monumental sobre las revoluciones del
globo. .
Pero es preciso que leamos algo, una página si-
quiera, del mismo Larrañaga, para conocerlo perso-
nalmente Veamos esta carta, por ejemplo, que dirige
a Bompland. "No puede usted figurarse la \iolencia
que he tenido que hacerme para tratar cosas que >a
tenía casi abandonadas, y que piden tiempo, tranqui-
lidad y meditación, y, a veces, una paciencia más que
estoica, para entrar en todos loa pormenores en que
entran hoy en día los naturalistas, éstos, tan delica-
dos como los astrónomos, no tienen por perfectas
aquellas observaciones en que no se computan los áto-
mos de la cantidad, como en las de éstos los segundos
de tiempo
"Linneo ha sido mi único maestro No obstante,
como es preciso seguir la moda, y someterse a las lu-
ces que nos suministra el siglo XIX, i emito a usted
los Mammúares clasificados por nuevos métodos, tam-
bién con algunas innovaciones mías, ya que nos es
permitido a todos metodizar Lob caracteres que pre»
sentó son originales, r tcomodadoa sólo al paf». En
[117]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
esto he imitado a Laraarck en su Flora de Francia,
pero tengo también trabajos generales para aquellas
especies que no se encuentian en Goechn En el Ja-
neiro compré la gran edición de Buííon por Sonnim,
y las obras de Cuvier y otros célebres zoologistas, el
señor Chapus tuvo la bondad de facthtaiire l<a segunda
edición de su Diccionario de la Historia Natural, que
cuenta va 15 volúmenes Estov ahora poi consiguiente,
al nivel de la mav or parte de los últimos descuhnmien
tos Por eso me he atrevido a hacei algunos géneros
V especies nuevos, y honrar de ese modo nuestra zoo-
logía con los nombres de los sabios mas ilustres"
Pero leer a Larrañaga, el sabio, sin agregar algo
en que se revele el hombre espiritual, sería ofender,
me paiccc su memoria Tomemos, al azar, este pá-
rrafo de su carta a Bompland, paia que su noble es-
píritu descanse en su luz "Cuando pueda reunir es-
tos grandes materiales, ¿tendré tiempo de colocar
estas hermosas piedras labradas v cinceladas'1 ¿Me
moriré sin la dulce complacencia de dejar perfeccio
nado este suntuoso templo al Autor de la Naturaleza,
para hacerme acreedor a que me reciba mss benig-
namente en sus eternos tabernáculos9 "
Y bien, amigos, me parece que, con lo dicho, tene-
mos bastante para darnos una idea de lo que fue ese
hombre de nuestro país que, en 1848, muere ciego, en
su quinta del Miguelete ciego, a fuerza de mirar al
través del lente de su microscopio y de su telescopio
imperfecto Las estrellas de nuesLio hemisferio au-
mentaron su luz con la de sus ojos humildes, la de
su fuerte corazón quedó toda en esta su tierra, en
que inoculó su vida entera, la infundió en su historia,
en sus árboles nativos, en flus héroes gloriosos, en
•us pájaros indígenas Yo he recogido en mis tradi-
[118]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
clones de familia, de don Juan Ildefonso Blanco, que
hizo el retrato al óleo del prelado, la última imagen
de aquel hombre sonriente, con los ojos fijos ocultos
en $us lentes negros, sentado bajo los árboles que él
plantó, y que aún \rven Pero nada refleja aquella
transfusión lenta y paulatina de un alma pura en la
naturaleza amable que la rodea como la carta que
escribe entonces Larrañaga a su sobrina doña Clara
Errazquin de Jackson hay en ella Cantar de los Can-
tares, Noche serena "Estoy ciego, pero siento el
olor de mis flores, oigo el zumbido de mis colmenas
y loa cantos de mis urracas, me da en la cara el
viento suave de la mañana, } bendigo a Dio*, que ha
hecho tanta maravilla con un orden admirable "
jOh noche azul e&trellada'
Larrañaga fue admirador de Artigas, como hemos
dicho, tuvo en el una fe que corría parejas con el
respeto que el héroe le profeso, dicho sea en honor
del uno y del otro, reconoció en Artigas al Profeta,
cuando éste faltó, el sabio patriota se sintió en el va-
cío como muchos otros, ere} ó larga la noche sin as-
tros Son melancólicas, pero no desesperadas, las pa-
labras que pronuncia cuando se resigna a aceptar,
como mal menor la dominación extranjeia 'El dulce
nombre de patria, dice, debe enternecernos, pero el
patriota no ea aquel que invoca su nombre, sino el
que aspira a salvarla de los males que la amenazan"
Ese criterio llevará a Larrañaga a formar entre lo»
que, como en Buenos Aires, esperaban algo de la mo-
narquía, y a aceptar, por fin, una vez vencido Artigas,
la precaria dominación portuguesa, a aceptarla, no a
buscarla £1 será el candidato indiscutible para sena-
dor del reino portugués, será, como Rivadavia en la
otra Banda, el hombre represéntate o de la Oriental
[119]
JUAN 20SJULLA DE SAN MARTIN
del Plata, pero siempre declaró, expresamente, que
aceptaba aquello para evitar mayores males, para pre-
parar el advenimiento de la soñada patria libre y
democrática, anunciada por el héroe desaparecido
En el momento en que estamos, 181 5 el héroe vive,
Larrañaga es su creyente, como \oIvió a serlo y pro-
clamarlo después Veámoslos junto*, que e-te cuadro
está aún por hacerse el de Artigas \ Larrañaga
Acaso el bajorrelieve lo reclame para el tímpano del
futuro Panteón Nacional Se lee el Diario que aquel
escribe en su viaje a Paysandú, y uno cree estar le-
yendo uno de los cantos de la ¡liada El sabio, que
va en busca de Artigas, cruza y de=cnbe aquellas nues-
tras soledades, se le encuentra dormido sobre una pila
de cueros de vaca, al pie de una higuera, para evitar
el humo de los fuegos atizados con la grasa de las
reses, se le sigue al través de los nos vadeados en el
carruaje flotante sobre pipas atadas a las ruedas,
los hombres desnudos lo escoltan a nado, abanados
a la crin del caballo, se le ve alojado en alguna es-
tancia hospitalaria del camino, contento de hallar en
ella pan y abrigo contra las heladas de las noches de
invierno crudo, °ontra los perros rabiosos o los mos-
quitos, tan rabiosos como los perros, allí nos des-
cribe los banquetes en que se comen las reses gordas
que se han asado en el suelo a fuego lento Y, en
medio de todo eso, el sabio, después de celebrar su
misa al rayar la aurora y de leer su Breviario, se
interna solo en el bosque, recorre las colmas y las
costas, estudia la naturaleza, clasifica la fauna y la
flora que se van ofreciendo a su examen, revela las
ignoradas riquezas de su tierra, anuncia su porvenir,
fenhela su libertad Cuando, años después, en 1837,
[120]
hA BPOPSYA Dg AgTIQAfl
juzgue que ésta está alcanzada, escribirá, al aceptar
el cargo de presidente de la Biblioteca y Museo, a loa
que regala todos sus tesoros científicos "Siempre es-
peré que llegaría el tiempo de esta suspirada y ventu-
rosa época, en que mis ocios mismos serían útiles a
nuestra patria, y a los progresos de las ciencias, por-
que sabía que exploraba un país virgen y feracísimo,
viéndome en la precisión de poner, como Adán, nom-
bre a todas las producciones que se rae presentaban,
paia dapne a entender de los sabios"
Llega, pues, por fin, este nuevo Adán en busca de
Artigas a Paysandú, nuestra bella ciudad de hoy, y
que era entonces, según él nos dice, "pueblo de in-
dios, cristianizados en su mayor parte, sus casas a
excepción de cinco o seis, todas son de paja La igle-
sia no se distingue de las demás sino por ser ma-
yor " "Y aunque es un pueblo tan infeliz, agrega
el sabio, tiene el honor de ser interinamente la Capital
de los Orientales, por hallarse en él su jefe y toda su
plana mayor, con los diputados de los demás pueblos"
Allí había ido, efectivamente, Artigas desde Purifi*
cación, a esperar a los enviados de los estados o pro-
vincias que había congregado en su torno, especial-
mente a los orientales, éstos reciben en el camino una
nota suva de 3 de junio de 1815, en que les ruega
apiesuren su marcha, pues nada resolverá sin su con-
curso, "cualquiera demora en ustedes, les dice en esa
nota, retardaría mis providencias para la felicidad
general, me hallo sin poder resolver En esa virtud,
apresuren ustedes sus marchas, que yo me hallo en
eate punto, desde donde los saludo con mis más afec-
tuosas consideraciones" La embajada se apresuró, y
llegó oportunamente a Pavsandú
[121]
JUAN ZORRILLA QS *AN MARTIN
Veamos, pues cómo vivía el gobernante del Herví
dero, mientras en Montevideo se aclamaba su nombre
"Nuestro alojamiento, escribe Larrañaga, fue la ha
bitacion del general, ésta se componía Je dos piezas
de azotea, con otro rancho contiguo, que servia de
cocina Los muebles se reducían a una petaca de cue-
lo y unos catres sin colchón, que servían de camas y
de sofás al mismo tiempo"
"El general estaba ausente, había ido a comer a
un falucho en que se hallaban los diputados de Bue-
nos Aires " También se encontraban alh, en unos
ranchos que servían de cuerpo de guardia, los jefes
que, con una barra de grillos, habían sido remitidos
a Artigas por el gobierno de Buenos Aires Larrañaga
recuerda la generosa conducta del caudillo para con
esos prisioneros, que conoceremos después, v escribe
con orgullo patriótico "Ella ha sido, con justicia, su
mámente aplaudida por los buenos anicncanos > ha
acabado de desengañarlos de que nue-Uo héroe no
es una fiera 111 un facineroso, como lo habían pin-
tado con negros colores sus émulos o los em idiosos
de su gloria"
Ya hablaremos de esos -prisionero» más adelante,
ahora veamos a Artigas que regresa a las cuatro de la
tarde, acompañado de un ayudante \ de una pequeña
escolta
La conferencia de la comisión onental con Artigas
dura varias horas, hasta la de la cena El caudillo ha-
bla, peí o sobre todo escucha Larrañaga nos mani-
fiesta en su Diario la admiración que siente por aquel
hombre no se ha percatado, sin embargo, por lo
visto, de la que él mismo inspira al que llama "nues-
tro héroe" Y si por algo puede éste ser llamado tal,
por nada lo es tanto como por ese rasgo que no ha
[122]
LA BPOPEYA DE ARTIGAS
percibido Larrañaga, y que distingue al héroe del
tirano por su capacidad de reconocer y respetar el
heroísmo en todas sus formas Sus relaciones con el
sabio prelado nos dan esa nota de bu carácter con
mucha precisión Larrañaga amaba y admiraba a Ai
tigas, pero no era capaz de bsonjearlo, la major parte
de lo que sobre el escribió, este Diario que estamos
leyendo inclusive, fue ignorado de aquél
Esas dos almas fuertes se revelaron con ocasión de
la intriga que, en ese año de 1815, precisamente, poco
después de la escena que ahora narramos, urdieron
en Purificación algunos celosos amigos que soplaron
en los oídos de Artigas informes y comentarios sobre
la independencia de juicios del vicario apostólico, y
de que hablamos al hablar de las relaciones de la
Iglesia con el Estado Larrañaga recibió una atenta
carta del procer, en que parecía hacerse eco de tales
cosas Y la fortaleza que estaba bajo la evangélica
mansedumbre del prelado salió a luz, su carta con-
testación a Artigas es toda una libertad "Si V E
le dice, desea mi retiro, puede decirlo sin rodeos, vo
no pretendo seguir en la vicaría ni jamás la he pe-
dido".
Artigas era bien capaz de respetai aquella fuerza
moral que limitaba la suya, y le abrió paso inclinán-
dose, como el caballero ante la castellana altiva Ni
un solo vestigio dejó aquel incidente, leemos las cai-
tas posteriores del piócer al sabio, de enero de 1816
en adelante, y no hallamos en ellas sino términos amis-
tosos, respetuosos, amables No le fue en zaga, por
cierto, su rendido admirador, él mismo recordaba
después a Artigas, en uua de sus cartas, aquel inci-
dente, toda la culpa, le dice, la tuvo "esa clase de
chismosos que pretendían separar a dos hombres que
[123]
JUAN tO BRILLA D» flAN MARTIN
tan bien se comprendieron siempre desde los albores
de la revolución".
Veamos, pues, ahora, el cuadro de Larrañaga y
Artigas en Pavsandu El primero nos describe al se-
gundo en estos términos "Su conversación, dice en
su Diario, tiene atractivo, habla quedo y pausado,
no es fácil sorprenderlo en largos razonamientos, pues
reduce la dificultad a poca9 palabras, \, lleno de ex-
periencia, tiene una previsión y un Uno extraordina-
rios Conoce mucho el corazón humano, principal-
mente el de nuestros paisanos, y asi no hay quien le
iguale en el arte de manejarlos Todos le rodean y
siguen con amor, aunque viven desnudos \ llenos de
miserias a su lado Y no es por falta de recursos
sino por no uprmiir a los pueblos ron contribuciones,
prefiere dejar el mando, a ver que no se cumplen sus
disposiciones en esta parte Ese ha sido uno de los
principales motivos de nuestra misión''
La cena que presenta Artigas a sus huespedes me-
reció la descripción de Larrañaga, > cieo que no es
indigna de nuestro examen de artistas "Un poco de
asado de vaca, caldo, un guisado de carne, pan ordi-
nario v vino servido en una taza por falta de vasos
de vidrio cucharas de hierro estañado, manteles de
algodón de Misiones, sin servilletas Y aun esto,
agrega el narrador, según supe después era prestado"
Ese menú se aumentará al día siguiente "con unos
bagres amarillos, que se pescaron en el rio Uruguay",
bueno es citarlos, porque Larrañaga los halló exce-
lentes, y porque es pescado clásico Podemos mirar
con bastante precisión esa mesa, presidida por Arti-
gas, que, como veis, ha hecho lo posible porque sea
decorosa, cuatro personas están sentadas, las restan-
tes, fray José Benito Lamas, Risau, Revna, el cura Or-
[124]
LA ffOPTÍA DE ARTIGAS
tiz, están de pie, no hay asientos para más, no hay
otra cosa Y rasgo final de la buena voluntad del an-
fitrión "Acabada la cena, dice Larrañaga, nos fui-
mos a dormir, el general me cede, no sólo su cama
(un catre de cuero), sino también su cuaito, y se
retira a un rancho. No hubo forma de hacerlo ceder
en este punto, no oyó mis excusas, y desatendió mi
resistencia"
Al día siguiente, es el mismo Artigas quien madru
ga y sorprende a sus huéspedes en la cama , Y les
ofrece frugal desayuno un ponche con dos huevos
batidos, que se hallaron con dificultad .
Os he ofrecido, amigos, formas propicias al relie\e
escultórico, os las he sugerido, cuando menos Fuer-
za es penetrar ahora, porque de algo nos sirvan, en
el espíritu que las habita, y que es la sola realidad
estética, pensaremos en el porqué de esa tenacidad
que se observa invariable en Artigas en no \ivir
en Montevideo ni en ciudad alguna No ha faltado
quien, mirando con ojos distintos de los de Larra-
ñaga, no ha visto en ella otra cosa que instinto in-
civiL
Si estudiamos sociológicamente el fenómeno, obser-
varemos que no es ese rasgo de Artigas el que más
caracteriza a los cauddlos populares que predominan,
éstos, por el contrario, tienen generalmente, como
anhelo definitivo, el de ocupar el trono, chico o gran
de Esa ambición está, muy a menudo, en razón ín
versa de las aptitudes Las ínsulas son el ensueño de
los Sanchos, de los escuderos andantes, que hasta se
creen capaces de ser arzobispos, si a mano wne
Los verdaderos caballeros no se quitan las armas,
ni comen pan a manteles, mientras no realizan su
ideal' ser dignos del amor de Dulcinea Ellos envían
[125]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIK
a sus escuderos, a quienes instruyen para gobernado-
res, a falta de mas altas aptitudes. Jes enseñan a cor-
tarse las uñas, a raparse las barbas aborrascadas, a
\eshr con lujo, y a adoptar gesto* y actitudes adecúa
do« Que no pocas veces vemos en poder de Sancho
la celada, la lanza y hasta la cabalgadura de su amo
Pero hiy algo más digno de atención El anhelo
de trono" \ ducados, amigos artistas, es la limitación
y el escollo de los mismos héroes, la carencia de ese
deseo es lo que determina, precisamente, los dos ca-
lacteres extremos o el del hombre montaraz que odia
la vida civilizada, o el del héroe pleno que la forma,
sin el estimulo de gozarla, porque para eso vino al
mundo
Yo me explico cómo \ por que los enemigos de
este Artigas lo han presentado como el tipo del pri
mero, del hombre selvático, poique no hay termino
medio o es el más bárbaro, o es el más grande, el
solo grande
El petit caporal de Areola, llevado poi sus soldados
del campo glorioso a la ciudad, a ser emperador y
esposo de María Luisa, y tronco de dinastía, es el hé-
roe transformado en tirano, ti primeio ennoblece la
humanidad el segundo la humilla Nadie ha humi-
llado mas al hombre que ese Bonaparte, petit caporal
"Cuando llega la soberbia, dice el Libro de los Pro-
verbios entonces llega la deshonra"
El caudillo de Israel, aquel Sansón abstemio de la
cabellera inviolada, oye el deleite de la mujer, y, con
el cabello, pierde la vocación y el carácter Solo sirve,
desde entonces para tirar de la nona, como el mulo,
o como todo el mundo
iLas delicias de Capuar iLos brazos de Dahla'
[128]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
jSan Martin arrastrado en carroza doiada' j Bolí-
var adorado por hombres y mujeres' Loa espíri-
tus de la tiranía acechan a los héioes en las ciudades
las brujas les salen al paso 4Tú seras rev' jTú
seiás rey*
El claro conocimiento de las propias aptitudes con-
junto de inclinaciones innatas que cultivadas por la
voluntad, forman el carácter, eso. elevadu a una gran
potencia, es lo que determina la vocación del heroís-
mo, el cambio de empleo producido por las circuns-
tancias es prueba de falla de energía en la aptitud
La energía en la propia vocación, por el contrario,
engendra el respeto hacia la« aptitudes de los demás
"A medida que se tiene mas ingenio, dice Pascal, se
ve que hay más hombres originales" Recordaréis que
Artigas decía a Posadas que sólo anhelaba realizar
su pensamiento para retirarse al descanso Nadie ha
dicho eso con mavoi sinceridad, y nadie lo compren-
dió como Larrañaga Artigas no \a a las ciudades
porque nadie ha sentido como él la propia vocación,
él sabe que la suya no pugna con la de los escuderos
ilustres, pero les es superior pone la herramienta
en manos de quien mejor la sabe manejar, como dice
el inglés, el arco de Uhses en las de quien puede
tenderlo, deja a los otros el cuidado de las co^as do-
mésticas, v él ie reserva la misión supiema fundirse
en el pueblo, confundirse con él amasar el légamo
sagrado e infundir en éste el espíritu de que se siente
poseído Por eso no va a la ciudad, por eso come la
carne asada a fuego lento de las hecatombes popu-
lares
Una anécdota, que no» ha conseivado la tradición,
dará, color local a esa bella idea de los antiguos
[127]
JUAN ZORRILLA DE SAN MASTIN
El hecho tenía lugar en Las Piedraa Artigas se
había sentado a la mesa en compañía de sus mas
cultos oficiales -v de algunas personas crviles, cuando
se le anunció la llegada de uno de sus caudillos cam-
pesinos portador de un parte \erbal El que llegaba
era un gaucho bravio, había recoindo treinta y cinco
leguas en veinticuatro horas, y venía transido, ja-
deante > sin comer Artigas se separó de sus comen
sales, tomo un trozo de carne asada, que se puso a
comer con su cuchillo de campo, v entonces hizo en-
trar al gaucho mensajero Le ofreció un pedazo del
asado que comía El gaucho sacó su cuchillo, v co-
mió, en compañía de Artigas, y mientras desempeñaba
su comisión, de aquella simbólica carne asada
Creo que el cuadro es homérico El gaucho nopla-
tense vio siempre, en aquel hombre, un ser superior,
pero un ser de su especie, digno de amor al par que
de respeto E^o es lo que el héroe quena no humillar
al pueblo, estar en él, ser considerado un semejante
por los más desgraciados, ser la forma personal, aman
ble para todos, para esos desgraciados especialmente,
de la patria por que morían Mas adelante leeremos
papeles que nos iluminaran esa laz, la mas gTande y
personal de esta noble figura
La comida que Artigas presentó a Larrañaga, en
Paysandú, tenía un carácter muy d istmio de la que
ofreció al gaucho hambiiento
Allí, entre otros pensamientos, le indicó el insigne
sabio oriental la conveniencia de fundar en Montevi-
deo una biblioteca pública Artigas acogió la idea con
entusiasmo, le incitó a realizarla sin pérdida de tiem-
po, poniéndose para ello de acuerdo con su delegado
Barreiro La biblioteca se inauguró el 25 de mayo de
U28]
LA EPOPEYA DE ARTIGAi
1816, y su inauguración formó parte de los lucidos
festejos populares y sociales que se realizaron, en los
días 24, 25 y 26, en conmemoración de la fecha ini-
cial de la revolución Larrañaga hizo allí, en un dis-
curso memorable, en su celebre Oración inaugural
calificada de magistral por Andrés Lamas, la apología
del Jefe de los Orientales Éste, por su parte, para in-
corporarse en espíritu al acto reahzado en Montevideo,
dispuso que en ese día el santo y seña del ejército
fuera* "Sean los orientales tan ilustrados como va-
lientes"
Yo quisiera que pudierais conocer, mis amigos, la
correspondencia, que poseemos, de Artigas con Larra-
ñaga, en ella nos ha quedado la huella de los anhelos
de progreso moral y material alimentados por "el hom
bre más extraordinario, después de Francia, según
dice Robertson, entre todos los que figuran en los
anales del Río de la Plata"
Y pues el nombre de Robertson acude a mi memo-
ria, recuerdo que nadie nos ha descrito como él, en
sus Letters on Paraguay, la figura de Artigas en Pu-
rificación Los tonos de su cuadro no son menos vigo-
rosos que los del de Larrañaga en Paysandu, como
vais a \erlo
Los hermanos Robertson, emprendedores comercian-
tes ingleses, se establecieron, en 1815, en las Provin-
cias Unidas en Entremos, Corrientes, Paraguay, etc
La empresa era audaz y arriesgada, allí, como en
cualquier parte del mundo que se hallara en circuns-
tancias análogas Uno de los Robertson remontaba el
río Paraná, en un barco cargado de mercaderías,
cuando éste fue detenido y secuestrado por partidas
artiguist&B El comandante de la escuadrilla británica
[129]
t
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
en el Rio de la Plata, Joceím Percy. reclamó ante Ar-
tigas, y éste satisfizo plenamente la reclamación Que-
daron, sin embargo, algunos perjuicios por indemni-
zar, y qui«o entonces Robertson conocer y ponerse en
relación directa con aquel famoso general Artigas,
"con un hombre dice, que se había elevado a tan sin
guiar altura de celebridad, y cuya palabra era ley,
en ese momento, en todo el ancho y en todo el largo
del antiguo virreinato de Buenos Aires" Fue, pues,
peí son alíñente a Purificación, con una carta del capi-
tán Percy y otra de un amigo personal del gran cau*
dillo
Llegó, por fin, al Hervidero, > grande fue su sor-
presa al hallarse, en la amplia \ rústica tienda de
campaña del héroe, con la escena siguiente "El Pro
tector dice estaba dictando a dos secretarios (uno
de ellos era Barreiro) que ocupaban, en torno de una
mesa de pino, las dos únicas ««illas que había en toda
la choza y esas mismas, con el asiento de esterilla
roto
"Para completar la singular inr* onü;ruencia, el piso
de la choza (que era grande \ hermosa) en que esta-
ban reunidos el general, su Estado Mavor \ <=us se-
cretarios, se veía sembrado de ostentosos sobies de
comunicaciones procedentes de todas la-» provincias
dictantes algunas de ellas 1 500 millas de ese centro
de operaciones, > dirigidas a Su Excelencia el Pro-
tector
"En la puerta estaban los caballos jadeantes" de los
correos, que llegaban cada media hora, \ los caba-
llos de refresco de los que salían con igual frecuen-
cia"
El comerciante inglés se sorprende de la calma v
seguridad con que Artigas, en medio de aquel am-
[130]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
biente, despachaba sus asuntos "Pienso, dice, que si
los negocios del mundo entero hubieran pesado sobre
sus hombros, habría procedido de igual manera Pa-
recía un hombre abstraído del bullicio, j era, de este
solo punió de vista, si me es permitida la alusión,
semejante al más grande de los generales de nuestros
tiempos"
Y Robertson continúa
"Al leer mi carta de introducción (la particular),
Su Excelencia se levantó de su asiento, y me recibió,
no solo con cordialidad, sino también, lo que me sor-
prendió mas, con los modales de un caballero, y de
un hombre realmente bien educado
"Iniciada mi conversación, la interrumpió la llegada
de un gaucho, y, antes de transcurrir cinco minutos,
ya el general Artigas estaba nuevamente dictando a
sus secretarios, engolfado en un mundo de negocios,
al mismo tiempo que me presentaba excusas por lo
que había ocurrido en la Bajada, y condenaba a sus
autores".
VI
Más aún que el cuadro pintoresco, con ser de tonos
tan justos, considero preciosa en esa página la des-
cripción de la actividad intelectual de nuestro primer
gobernante. Ella nos invita a estudiar su gobierno ci-
vil, a seguir esos correos gauchos que, con la pala-
bra-ley de Artigas, van y vienen en un espacio de mil
quinientas millas de Buenos Aires a Santiago del
Estero, de Córdoba a Montevideo, a lo largo de los
ríos inmensos Paraná y Uruguay, en cuyo extremo
septentrional están las Misiones, limítrofes con el Pa-
raguay; a lo ancho de las pampas argentinas, que se
[1311
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
extienden desde Buenos Aires hasta la cordillera de
los Andes Es indispensable que estudiemos muy se-
riamente ese raro fenómeno, que no puede menos de
tener causas profundas
Aquella tienda de Purificación era, efectivamente,
el centro de vida de una inmensa red circulatoria Po-
demos darnos cuenta de las distancias que debía re-
correr la palabra que de allí salía, pero nada son los
centenares de leguas que alejan a Buenos Aires o
Montevideo de Córdoba, de Salta o del Paraguay, si
se los compara con las distancias morales que separan
los hombres y pueblos que alh se mueven Desde el
estado social de Buenos Anes, por ejemplo, hasta el
de las Misiunes, pobladas por los indios de las anti-
guas reducciones jesuíticas, se recorre una larga escala
de núcleos de vida heterogéneos sin influencia al
guna recíproca, sin nada casi que sea un principio
de unidad orgánica
Artiga* quiere crear esa influencia con su espíritu
éste ha de alcanzar a todos ellos, en todos ha de pe-
netrar, como el solo medio de amasar aquel conjunto
con sustancia propia lo mismo en las poblaciones
mas o menos cultas, en que inocula el principio demo-
crático, que en las masas indígenas, a quienes, en
lenguaje evangélico o bíblico, despierta al sentimiento
de libertad, y hasta al de la dignidad colecti\a Para
ello este doctrinero laico ha de hc-blar a cada uno su
lengua, ha de cultivar, sobre todo, cualquier princi-
pio de vida inmanente que allí se encuentre y que
pueda servir de centro de conglomeración, así sea el
más rudimentario
Eso, la construcción de una patria, desde sus ci-
mientos, es lo admirable que nos va a ser revelado
por los papeles que Robertson vio dictar en la tienda
[132]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
de Purificación, y que entresacaremos de una enorme
masa que hoy poseemos felizmente. Leamos primero
los más sencillos, éste, por ejemplo es una comunica-
ción de Artigas al Cabildo de Montevideo "Sena be-
néfico, le dice, la multiplicación de la vacuna, tanto
en nuestra campaña como en Enlrerríos, Córdoba y
Misiones, donde la viruela hace fatales estragos Es-
pero con brevedad los virus que V S pueda mandar-
me, para repartirse entre estos pueblos y en todo el
Entremos», debiendo cuidarse de su seguridad y aco-
modo
"Espero igualmente los dos tomos que V S me
ofrece referentes al descubrimiento de Norte América,
su revolución, sus vanos contrastes y sus progresos
hasta el año 1807 Yo celebrana que ese libro tan in-
teresante estuviese en manos de todos loa orientales"
Advertiremos mas de una ve¿, en el cuiso de nues-
tro estudio, la afición de Artigas a la historia e insti-
tuciones de Estados Unidos que sus émulos no cono-
cían o desdeñaban El coronel Cáceres, en sus Metnu'
rías, nos dice "Artigas tenía grandes simpatías por
los americanos del Norte, de cuyo gobierno tuvo mu-
chas veces agentes cerca de si , algunos de los oficiales
que trajo don José Miguel Carreid para su empresa
sobre Chile sirvieron a las órdenes de Artigas'' Es
eso interesante, pero, con ser muy concurrente a nues-
tro propósito, no es lo que más quieio que notemos
ahora Veamos estos otros manuscritos concordantes
con el anterior, que recibo inéditos de los archivos de
Corrientes Por mas de un concepto, conviene que ios
conozcáis al pie de la letra, fondo y forma son en
ellos esenciales Que en éstos, como en todos mis pa-
peles, más que probanzas, yo os ofrezco color, carác-
ter, visión directa de hombres y sucesos Artigas ea-
[133]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
cribe "Al muy ilustre Cabildo de Comentes Ad-
junto a V S un oficio del Cabildo de Montevideo,
con 250 "almanaques He sustituido, en lugar de los
cincuenta restantes, cincuenta cartillas, que podran ser
igualmente benéficas para la enseñanzd de la juven-
tud de ese pueblo Espero que V b hará uno de sus
primeros empeños en su arreglo y fomentó"
Bien, veamos éste, del 7 del marzo "Acompaño a
V S un ejemplar de la Instiuccion '¡obre la Vacuna*
un vidrio con pus, v otra instrucción manuscrita so-
bre el modo de preparar la operación, todo con el
objeto de deparar a la humanidad un consuelo tan
eficaz Yo celebraré que V S , penetrado del gran
interés que reporta a la provincia su propagación, to-
me las más eficaces providencias para que ella se ex-
tienda con abundancia y a la brevedad posible"
No dejemos de mirar, siquiera sea de paso, esta
otra pieza, del 25 de abril, con la que remite, al mis-
mo Cabildo, el Compendio de la Historia de Norte
América que pidió al Cabildo de Montevideo "ansio-
so, dice, de que- sus luces basten a esclarecer las ideas
de esos magistrados, y lodo contubuya a iijar nues-
tros adelantos''
De e*os documentos, amigos míos, están repletos
los archivos de todas las provincias argentinas, lo mis-
mo que los nuestros, en los propios términos de pro-
tección y enseñanza que emplea con el Cabildo de
Comentes, habla Artigas, desde aquella su capital,
con Guemes, el caudillo de Salta, como lo veréis, con
López el de Santa Fe, con el Cabildo de Montevideo,
con Andresito, su capitán en Misiones, de que habla
remos después, con el Cabildo y Directorios de Bue
nos Aires, con todo el mundo
L 134]
I*A EPOPEYA DE ARTIGAS
No seré yo quien tenga por hombre serio al que
no atribuya su importancia a estos escritos, a los más
ingenuos sobre todo, ellos nos sirven, más que el
parte tle una batalla, y aun de dos, para no confundir
a este constructor contemplativo con los hombres ge«
néncos, así se llamen capitanes generales, diplomáti-
cos o políticos expertos, que todo es lo mismo precep-
tistas o aphcadores de métodos aprendidos, persona-
jes ausentes de todas partes, ausentes de sí mismos,
sobre todo Sólo a este general Artigas se le ocurría
entonces, entre los guerreadores de la época, la pere-
grina idea de preservar de la viruela a los pobres de
EntrernoB, y a los de Corrientes y Córdoba y las
Misiones, sólo él pensaba en enviar cartillas y alma-
naques para que leyeran los niños indios, e Historia
de Norte América para iniciar en sus principios o
ideales a los conductores del pueblo
La preocupación, la obsesión iba a decir, de este
entraño soldado, con respecto a la enseñanza del pue-
blo, no bien tiene un momento de reposo, es algo que
os llamara mucho la atención A cada paso nos lo
encontramos dominado por esa idea, aun en medio
de sus campañas, aun en sus épocas de ma\or mise-
ria Aquí me encuentro, por ejemplo, con un expe-
diente que me remite el señor canónigo Borques,
amigo mío, es un juicio iniciado en 1821, en fl Pa-
raná, por doña Francisca del Valle Esta señoia re
clama el precio del alquiler de una tasa, "que el
general Artigas, cuando estuvo en el Paraná en 1815,
le tomó personalmente en arrendamiento \ que se
destinó, por su orden expresa, a una escuela de prime-
ras letras para la educación de la ju\entud" Recor-
daréis esa estadía de Artigas en el Paraná, donde,
después de retirarse del sitio de Montevideo, fija su
[135]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
centro de influencia sobre Córdoba, Santa Fe, Misio-
nes, etc La reclamante obtiene del gobernador Hereñú
el pago de los alquileres.
Yo convengo amigos míos, en que muchos de aque-
llos pueblos eran entonces muv poca cosa, poblacio-
nes pobres y rudimentarias Pero no eran aduares
movibles, sino vértices sociológicos, formados por la
rotación espiral del \apor cósmico, células o como
queráis llamarles, de lo que, andando el tiempo, será
nuestra nación argentina, tanto oriental como occiden-
tal, y que aquel hombre solo custodiaba por vocación
recóndita Hoy son capitales de estado, ese Paraná,
caserío entonces esparcido en la barranca, en que el
Protector deja su escuela, e9 hoy la capital del estado
de Entremos en la que el nombre de Artigas es
casi desconocido, cuando no menospreciado o exe-
crado Otros prohombres, ajenos al medio, sólo yux-
tapuestos a él, hubieran exterminados esas poblacio-
nes sin maldito el escrúpulo tal hubo entre ellos que
las redujo a cenizas, como se hizo en el Rosario de
Santa Fe, y estuvo por hacerse en Santa Fe mismo,
en holocausto a la civilización, no les iba mucho en
ello, por lo visto, no eran necesarias a la gloria que
buscaban Esos hombres no construían nada nuevo,
la patria debía venir hecha de Europa, pero Artigas,
si, en su pensamiento se estaba edificando una na-
ción Su empeño en conservar hombres y pueblos, la
extraña predilección que *iente por los más humildes,
sm excluir los indígenas, es lo que le imprime el ca-
rácter épico, de simplicidad suprema, que se advierte
también en ciertos momentos de Bolívar, el venezolano
Porque es de iaber que no han faltado quienes han
tomado ocasión de esa piadosa solicitud de Artigas
hacia los indígenas de su tierra americana, para mo-
[136]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
tejarlo de bárbaro Aquel Sarmiento, por ejemplo, que,
entre loa fugaces resplandores intermitentes de su Fa-
cundo, entrevio en el caudillo oriental el Bolívar del
Plata, dice, cuando se da a estudiar Conflictos y Ar-
monías de Razas, que "los movimientos de la Banda
Oriental fueron un levantamiento indígena encabezado
por Artigas" Es claro que lo dice con menosprecio
Eso no es verdad, como sabéis, Artigas no encabezó
solo indígenas como los jesuíta'* misioneros, pero los
consideró hombres, eso si, parte integrante del pue-
blo que conducía, no compartió, cuando menos, la
idea de exterminarlos
Problema es éste que nos invita como ninguno al
anabsis profundo en dónde está en este caso la bar-
barie, y en dónde el espíritu de civilización Artigas
es, efectivamente, uno de esos espíritus, le hallamos,
no cabe duda, ciertas analogías con aquellos misione-
ros jesuítas que, inspirados en candad, soñaron con
la fundación de una sociedad sai generis en las soleda-
des del Paraguay, evitando la contaminación del hom-
bre primitivo, y formando una conciencia colectiva
pura, pero nadie dejará de notar la diferencia Vale
la pena de que nos detengamos en ella Aquí tenemos
un libro, por ejemplo, que puede seivnnos, es el
Imperio Jesuítico, de Leopoldo Lugones, libro oficial,
que refleja doctrinas corrientes en el mundo moderno
Leamos esto que allí 9e dice para condenar el sistema
de los jesuítas, por contrario a la independencia ame-
ricana "La independencia sm la libertad espiritual era
una subalterna evolución política con el resultado se-
guro de una reconquista, o de una nueva subordina-
ción, dice el escritor argentino, las nacionalidades
recién fundadas no habrían hecho más que subdividir
la decadencia general, pero no remediarla, ti adopta-
[137]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
ban, en vtz de las instituciones democráticas, que son
las únicas progresivas en el medio moderno, la teo-
cracia, o la monarquía, con cuyo advenimiento soñara
el conservatismo miope de la revolución"
Hay en eso una parte de verdad, como lo veis, eran
dos sueños, efectivamente Pero rechazadas tanto la
teocracia jesuítica, porque aparejaba la reconquista
monárquica » cuanto la monarquía bonaerense, porque
no era independencia de America ¿qué nos queda
como fundamento de la nueva nación, con respecto a
la población indígena que estaba allí9
No restan, efectivamente, sino dos extremos o el
exterminio de aquellas poblaciones para dejar libre
la tierra a la nueva raza, o la educación democrática
de lus hombres que aquí existían Lugones va a ex-
ponernos y defendernos una de etas soluciones, Arti-
gas es el héroe de la otra
''Los portugueses primero, dice Lugones, con su ho-
rrenda incursión, que extermino a los indios y Car-
los III, con la expulsión de los jesuítas, que dio por
resultado la muerte de las misiones, libraron a Amé-
rica del tropiezo mas grave que habría sufrido al
emanciparse
"No hay, agrega, ni inocentes ni culpables, sino
organismos que luchan por subsistir en el campo de
la vida"
Os hice notar oportunamente, amigos artistas, que
en la América inglesa, en la de Washington, se pensó
también de análoga manera la nueva patria se libró
allí de aquel tropiezo exterminando sus indios aborí-
genes, pero importo negros esclavos para susti-
tuirlos
Artigas no pensó asi, efectrv amenté, Artigas no
pensó así , es un original, un primitivo, ese buen hom-
[138] "
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
bre Él creyó en lo sagrado de la persona humana,
sin distinción de raza, para él, asesinai un semejante
fue siempre un crimen, salvarlo, amarlo, una virtud
El hombre aquel era conducido por una vieja voz
la del Smaí, la del Decálogo ¿Cuál de eso? senti-
mientos se inspira en la ley del hombre9 ¿Será Ar-
tigas o el matador de razas quien, en definitiva, se
alzará en el alto promontorio de las gentes futuras
como símbolo heroico del honor en nuestra América?
Fundid, amigos artistas, sin temor de hacer obra
efímera, fundid bronce para vaciar este modelo de
escultura que os ofrezco, sólo ese bronce dirá pala-
bras eternas a la América definitiva Que hay pala
bras que son de vida, que no pasaran aunque pasen
los cielos y la tierra el homicida es y sera eterna-
mente un culpable, como lo será el adúltero y el la-
drón, sea cual sea la inmediata consecuencia de su
crimen
No dejemos de advertir aquí, ante todo, porque es
oportuno, que el hecho que Lugones da por cierto no
es cierto No,, no es \erdad que el portugués, con su -
horrenda incursión contra Artigas, que vamos a co-
nocer, haya exterminado la raza indígena en América,
librando a ésta de un tropiezo para su emancipación
Esa raza no murió, ni ha muerto todavía Y muerta
resucitará en el bronce Y hará justicia
El número de ilustres mulatos, y de mestizos ameri-
canos, y aún de indios puros, que hallamos entre los
proceres de la independencia nopíatense, es extraordi-
nario, aún hoy tenemos frecuentes casos de regresión
atávica la mirada negra del indio reaparece en el
fondo de ciertos ojos azules es el pasado que mira
hacia el porvenir
[139]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
La muerte de la monarquía, buscada por ese con-
servatismo miope de que nos habla Lugones, es un
hecho, no hay duda, en América, pero el exterminio
de la americana raza, no Es el sentimiento de Arti-
gas el que ha flotado sobre las aguas
El ideal democrático de éste era la sola realidad,
pieciso es confesarlo, estaba más arraigado en la
naturaleza, cuando menos, que el mismo de caridad
que inspiraba al jesuíta la constitución de su remo in-
dígena Eri é«te tan imposible como el imperio de
Buenos Aires, con ser mucho mas amable y abne-
gado, por bueno que fuera el hombre que el jesuíta
salvaba para la fe, el salvado por Artigas para la de-
mocracia rudimentaria era más real mas persistente
como unidad sociológica, o más bien dicho como
base de evoluciones progresivas inevitables, providen-
ciales Artigas, como vais a veilo, coincidía con el
misionero en el propósito de hacer bueno a aquel
hombre primitivo al hacerlo cristiano, laborioso, ins-
truido, pero no lo separaba de su tiempo ni del fu-
turo próximo lo incorporaba, como uudadano, y aun
como héroe a la sociedad civil, que se formaba como
nuev4 unidad del mundo internacional
No es de extrañar que se le hava culpado por ello
de aversión al extranjero, los que tal le imputaban
lo eran ellos mismos, extranjeros a la nueva nación,
frutos del árbol viejo que creían abonar con la materia
orgánica del cadáver indígena
Artigas concibió la vida del injerto, es decir, la
existencia de dos tejidos vivos cuvas células cicatri-
zadoras, al ponerse en contacto, se alimentan recipro-
camente, pero conservando, como patrón, el tronco
vivo americano en contacto con la madre tierra Aaí
lo veréis cultivar con el extianjero relaciones de amis-
[140]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
tad, de comercio, de mutua consideración; pero siem-
pre dentro de los principios conservadores de la per-
sona nativa
Eso es Artigas, bajo el más hondo de sus aspectos,
desde que lo vemos trazar con Azara las fronteras de
su patria, hasta que muere en el Paraguay rodeado
de una población casi indígena, cuya sangre respetó,
como a toda sangre humana, y amó con predilección
Lo que en las naciones americanas, amigos míos,
ha persistido y persistirá de aquella sangre indígena,
puede ser y ha sido objeto de estudios y conclusio-
nes varias, hov comienza a analizarse la filogénesis
de nuestro pueblo, su historia antropológica, la evo-
lución de sus instintos, desde el núcleo primitivo hasta
la aparición de una nueva raza, que dicen constituirá
la definitiva nación de América No diré yo que ta-
les datos no puedan contribuir a la mejor compren-
sión de la historia del Plata, y hasta la de este nues-
tro Artigas, su iluminado protagonista, pero, franca-
mente, atribuyo menos importancia que otros a ese
factor Yo tengo para mi que la existencia de tal
nueva raza predominante, con estigmas hereditarios,
como fundamento de las naciones de este contmente,
no es cosa averiguada, ni mucho menos, creo que
este Nuevo Mundo será, en definitiva, de la raza cau-
cásica o europea, sin perjuicio de las influencias del
medio, que formaran acaso un subtipo de la misma
estirpe Con el andar del tiempo, de mucho tiempo,
la raza indígena disuelta en el enorme aluvión inmi-
gratorio, sera sólo un recuerdo, me parece, la natura-
leza respeta a las razas, pero no a los híbridos Y las
superiores prevalecen Ese proceso, sin embargo, para
ser obra de civilización, y no de barbarie, ha tenido
y tiene que ser e\olutivo, secular, no de exterminio
[141]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
En el asunto vivo, dice Carlyle, la transformación es
de ordinario gradual, asi, cuando la serpiente se des*
poja de su vieja piel, la nueva está va formada
La creación v la destrucción se efectúan simultánea-
mente siempre a medida que se despiertan las ceni-
zas del viejo Fénix, se desarrollan misteriosamente
los filamentos orgánicos del nuevo
Era, por tanto, Artigas quien vigorizaba el núcleo
de la nación que se formaba y ho> existe, embriona-
ria acaso todavía, al acaudillar v respetar las diver-
sas razas que lo constituían, sin excluir la indígena
Ésta la oscura estirpe destinada a la inmolación re
clamaba, precisamente por eso, y aún reclama, la pie-
dad, cuando menos, de una raza vencedora Y era
Artigas, cuando enviaba cartillas > catecismos cristia
nos y vacuna a los pobres indios de Corrientes, el
héroe verdadero de la sola civilización que fue ci-
miento de la nueva sociedad A eso debe la indepen-
dencia hispanoamericana si no me equivoco, el íasgo
supremo que la diferencia de la inglesa v la sobrepone
a la misma en íhzación española la abolición de la
esclavitud la igualdad especifica de todos los hijos de
Adán Artigas, amigos míos es el mas alto represen-
tante de ese titulo de nuestra estupe a la gratitud de
los hombres, la raza hispánica en America jiuede re-
clamarlo para gloria propia
Es de advertir que los Píndaros balbucientes de
nuestro ciclo heroico, los primeros poetas de la inde-
pendencia, sintieron el influjo subconsciente de esa
verdad, cuando en sus cantos, que aún son hov los him-
nos nacionales de las repúblicas que aquí viven, invo-
caban la tradición y hasta la sangre indígena, cuyo
sacrificio imputaban, a España, para" glorificar la li-
bertad de nuestra América Ellos no eran indios, pero
[142]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
sentían los soplos pasajeros de las remotas causas Yo
mismo hube de sentirlos, quiero creerlo, cuando di-
ciendo verdades que no conocía, vi Algo nuestro en
esos "héroes sin redención y sin histona, sin turabas
y sin lágrimas", que murieron en Tabaré, yo entrevi
en ellos "los mártires acaso de una patria", y le9 dejé
la rama del sauce de nuestro bosque sacro No sabía
yo entonces, como ahora lo sé, que el espíritu que
me dictaba versos no podía ser otro que el de este
misterioso Artigas, conductor piadoso de aquellas víc-
timas, más nobles y propiciatorias, por cierto, que
las ovejas negras de los sacrificios de Aquiles, el do-
mador de caballos, a las divinidades implacables de su
estirpe
Hoy leo con respeto casi religioso, y quiero que
leáis conmigo, este papel, por ejemplo, dirigido por
Artigas, el 22 de julio de 1816, al Cabildo de Co-
mentes.
"Informado por el cura y el cacique de Garay de
las necesidades de aquella iglesia, el hecho ha excitado
mi compasión, y, en consecuencia, creo oportuno ex-
poner a V S que de los fondos de esa tesorería se
franqueen cien pesos para vino y cera y otros útiles
precisos para aquella iglesia"
Y este otro que dirige a Andrés Artigas, que go-
- bierna en su nombre y representación las Misiones,
vestigio de las antiguas reducciones jesuíticas "In-
cluyo a usted la relación de los efectos que conducen
en la carretilla de Yapeyú los encargados de llevarlos
Las velas de Castillo las repartirá usted, dos para ca-
da una de las iglesias de Yapevú, la Cruz, Santo Tomé
y Concepción, y lo mismo el vino, que es para misas"
Es chocante, no hay duda, la figura de ese general
que así se pone en relación con curas y caciques, y
[143]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
personalmente se ocupa en mandarles cera y vino
Tiene que parecer un barbaio, sin duda, a los que
juzgan que, para librar a America del tropiezo mas
grave en su emancipación, era el caso de exterminar
a aquellos hombres inocentes, tiene que parecerles un
bárbaio, no se le ven analogías con los otros generales,
cuando menos Perú acaso se las encontramos con la
figura de aquel expugnador de ciudadelas, fundador
de remos, que, de vuelta del sitio de la sagrada Ilion,
conversa con "el divino porquero", y también con el
cabrero de Itaca, "parecido a un dios" Ningún lec-
tor de las rapsodias homéricas dejara de recordarlas
aquí, aquellos principes o caciques griegos, "bellos
como inmortales", con sus escudos de siete pieles de
buey, recibían también de Aquiles. "el de los pies li-
geros", el vino dulce de las libaciones a Zeus que
amontonan las nubes, y los bueyes gordos de las he
catombes propiciatorias . Si \uestro espíritu, amigos
míos, estuviera en disposición de escuchar palabras
interiores, y de percibir bellezas invioladas, yo os ha-
ría notar aquí, no tanto la analogía cuanto la dife-
rencia entre el héroe de la epopeya americana que
estudiamos, y aquellos semidioses de las rapsodias
barbaras», os haría advertir que ese vino que enviaba
Artigas al cura de Garay y a las pobres iglesias de
Yapeyu y la Cruz, era muy otro que el de las bbacio-
nes a Zeus, aunque estaba destinado también a un
sacrificio propiciatorio Artigas enviaba ese vino al
pobre sacerdote para que le sirviese de materia en el
Eterno Holocausto de la Nueva Ley, que, borrando
los antiguos ritos sanguinarios, sustituyó las víctimas
degolladas a las divinidades implacables, niños, vír-
genes, carneros y toros, por la Victima Divina inmo-
lada al Padre por la redención del mundo
[144]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Bien comprendo, amigos míos, que esas reminiscen-
cias mueren, cuando no se profanan, al solo tentar la
forma articulada, serían necesarias palabras omni-
potentes que yo no tengo, ni sé de quién las tenga,
para hablar de lo inefable Immortalia mortah ser~
mone notantes, dice Lucrecio, expresar cosas inmor-
tales en términos mortales Excusado me parece deci-
ros, por otra parte, que no creo que Artigas tuviera
plena conciencia de esos misterios de su terrestre mi-
sión, el Dios del héroe era el Deus absconditus el
velado en el misterio, no las divinidades sensuales
del bello mito homérico Pero si el rapsoda ciego po-
día penetrar en los consejos de los dioses que no exis-
tieron, la inspiración cristiana bien pudiera ser el se-
creto entrevisto y adorado del Dios Providente, Causa
de las Causas, que conduce a los inmortales y echa
los cimientos de las naciones Lo dejaremos, sin em-
bargo, amigos poeta9, pues pudiera ser tachado todo
esto de inaccesible idealismo.
Accesible será, en cambio, para todos, el estudio,
que llamaremos de tejas abajo, del gobierno de Arti-
gas en sus relaciones internacionales, o en la resolu-
ción de los problemas económicos, políticos, adminis-
trativos, etc , etc , que se le ofrecían en aquella tienda
de purificación De todo eso nos hablan los papeles,
y de todo debemos hablar nosotros Si os fatigan, des-
cansaremos, pero no podemos prescindir de ellos, de
los venerables papeles, hay mucha gente que sólo en
ellos encuentra la verdad
En la misma fecha en que Artigas enviaba cera y
vino al cura y al cacique, se dirigía a Monroe, el pre-
sidente de Estados Unidos, organizaba el corso marí-
timo, y concertaba, desde esa su primitiva cancillería,
con el comandante de la escuadra inglesa, el arreglo
E145]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
de las relaciones comerciales de la Gran Bretaña con
las provincias confederadas que protegía, mientras
trazaba al Cabildo de Montevideo su norma de con
ducta para con las potencias extranjeras en estos tér-
minos "Prevengo a V S que 110 se rebaje un ápice
en su representación . jamás deben imponernos, sino
al contrario, someterse a las leyes territoriales" Eso
no obstaba, como lo habéis ^ísto, a que atendiera y
satisficiera toda justa reclamación, v bueno es adver-
tirlo, para no atribuir a torpe jactancia sus palabras
No es éste el momento, sin embargo, de que nos de-
tengamos en esta interesantísima faz del gobierno del
héroe, una ocasión mas propicia que la actual va a
ofrecérsenos más adelante En este momento, Artigas
no ha perdido todavía la esperanza de realizar su
idea en unión con todos sus hermanos, con Buenos
Aires sobre todo, pero pronto \ai<> a verlo entregado
por éstos al extranjero, y entonce*, solo completa-
mente solo, en guena con el enemigo de América, be
ligerante en la tierra y en el mar, reconocido como tal
por Estados Umdo3, completareis el estudio que ahora
indicamos, con el conocimiento pleno de sus ideas so-
bre el derecho de gentes a que se acoge
Conozcamos entretanto las que lo guían en lo re-
lativo a la organización interna de su tierra a la
producción v distribución de su riqueza, a su inci-
piente comercio, a su vida política y económica Es
este, como os lo he dicho, el aspecto que imprime su
verdadero carácter a esta original figura
"No he perdonado fatiga, dice en una de sus co-
municaciones al Cabildo, ni desmayaré en las que
deban prodigarse, hasta ver planteada en el territo-
rio la fertilidad que es de esperar, > que miro como
una consecuencia de nuestros afanes" "Sería conve-
lí 146]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
mentísimo, escribe en otra, que V S publicase un
bando para que los hacendados poblasen y ordenasen
sus estancias, sujetasen sus ganados a rodeo, los mar*
casen, etc ."
Llega ahora a mis manos y noticia el texto íntegro
del Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental
para el Fomento de la Campaña y Segundad de sus
Hacendados, dictado por Artigas en su Cuartel Gene-
ral el 15 de setiembre de 1815, y en que toma forma
concreta ese su ideal predominante Ese Reglamento,
que, como dice Carlos Arocena, es el origen de nues-
tra legislación rural, reclama nuestra atención toda
entera En los 29 artículos de que consta se crea, con
atribuciones administrativas v judiciales, un alcalde
provincial v tres subtenientes de provincia, éstos por*
drán instituir jueces pedáneos, todos dependen del
gobierno de Montevideo La principal misión de to-
dos ellos es la de ''fomentar con brazos útiles la po-
blación de la campaña" Distribuirán para ello las
tierras disponibles, con prevención de que "los más
infelices, sin distinción de raza, serán los más privi-
legiados, si .con su trabajo y hombría de bien propen-
den a su propia felicidad y a la del estado*' "Serán
preferidos los casados a los solteros, los americanos a
los extranjeros, las viudas pobres con hijos serán es-
pecialmente agraciadas" Es de advertir que esos fa-
vorecidos más son usufructuarios que dueños de las
tierras que reciben, no tienen la facultad de vender-
las m gravarlas, el estado se reserva la de dar a todo
eso su definitivo carácter una vez que se organice a
sí propio
En ese admirable Reglamento se ve atendida, sobre
toda otra atención, nuestra primera fuente de riqueza,
la ganadería , se establece en él un Registro de marcas
[147]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
de ganado, se somete a reglas la matanza y el pro-
creo, se legisla sobre la exportación de los animales
al Brasil, etc , pero, como una protesta de fe en la
patria recién nacida, se crea también una Junta espe-
cial de Agncultuia, encargada de fomentar los progre-
sos rurales, que parece adelantarse un siglo a su pre-
cario tiempo
Para apreciar esa nuestra primera ley de tierras,
promulgada en nuestro país, sería menester que nos
diésemos cuenta de lo que eia esle en aquella época
Trescientos mil kilómetros del fértilísimo suelo que
conocemos tenían sólo algunos centenares de terrate-
nientes la población total no pasaba de algunos mi-
llares de hombres esparcidos Aquellos campos no te-
nían lindes eran un mar sin pla\as como los peces
en éste, los ganados innumerables parecían nadar en-
tre aquellos pastos generosos, las reses \ acunas co-
rrían, mezcladas a los a\estruces > a los venados, por
las colinas desiertas, era una riqueza inagotable
La faena del hombre para explotarla no podía ser
otra que la que era la caza a caballo con el lazo y
la boleadora, lo solo apropiable era el cuero de la
res, la carne pertenecía a la* a\es de rapiña
Pero aun para esa labor eran necesarios \ existían
núcleos de vida civilizada, las estancias, especie de
jalones con que el hombre amojonaba el desierto poco
a poco y se lo apropiaba Los hacendados que tales
estancias poblaban, sus familias, sus peones, fueron
las células germinales de nuestro organismo social Y
eran células sana9, de buena cepa, os lo aseguro, aque-
llos núcleos lo eran de familias cristianas, honestas,
patricias muchas de ella9, de costumbres puras, de
sentimientos caballerescos Desbravadores del desierto,
aquellos hacendados, que como recordaréis, sólo en
[ 148 j
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
el capitán de blandengues José Artigas veían, desde
el tiempo colonial, la gaiantía de sus vidas y hacien-
das, fueion, con los gauchos que compartían su labor,
y a quienes muchas veces sentaban a au mesa, los
verdaderos núcleos de nuestro organismo democrá-
tico
Es una simpleza calificar de bárbaras sus faenas o
sus trajes por no adaptarse al corte europeo, es una
simpleza
Bien sabían ellos que aquellas faenas reclamaban
mejora, pero el progreso en la labor campesina exigía
uno previo en el régimen colonial, éste restringía loa
cultivos, la industria, el comercio, llegaba hasta im-
pedir el cultivo de la viña en América, para no per-
judicar la producción de España. Organizados en cor-
poraciones, aquellos hacendados acudieron vanas ve-
ces al rey en demanda de libertad para explotar la
riqueza ganadera y agrícola, mas real que el oro tan
codiciado, como ellos le decían, para aprovechar las
carnes que se desperdiciaban, para dar valor a los
primeros trigos que no teman consumidores
Pero era machacar en hierro frío, y eso, más que
nada, engendró el anhelo de una patria independiente
De aquellos hacendados salieron nuestros principa-
les caudillos ciudadanos , Artigas mismo era de au cla-
se, lo habían sido sus abuelos, lo eran su padre y sus
hermanos Él conocía, pues, el pensar y el sentir,
las cualidades y los defectos, las costumbres y los ca-
racteres de aquellas poblaciones rurales, y dijo al-
guna vez, en un momento solemne, y con pena, que
"acababa por encontrar más virtudes en el gaucho
que en los hombres de mayor cultura"
Artigas sabía todo eso, lo había tocado, lo ha-
bía sentido en sus entrañas No eran, pues, doctri-
[149]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
ñas o tesis apiendidas en libros exóticos las que san-
cionaba en esa ley de tierras que estamos analizando
Como labor superior a toda otra, era preciso prote-
ger vigorizar aquellos gérmenes de vida propia, los
verdaderos los únicos, era preciso multiplicarlos, dis-
minuir las soluciones de continuidad, haciendo ha-
cendados de los gauchos, fijando hombres nuestros,
familias nuestras, en los inmensos espacios interme-
dios, atraer hacia ellos todos los elementos dispersos
capaces de ser reducidos, sin distinción de raza, era
preciso conglutinarlos, por fin, por obra del 9oplo
democrático, e imprimirles su movimiento de rota-
ción en torno de aquellos vértices, tributarios a su vez
del gran vértice espiral la independencia americana
Bien claro se ve ese espíritu en este Reglamento o
Ley de tierras públicas Aquel legislador de Purifica-
ción, como lo veis v lo tocaréis con la mano más
adelante entrevio entonces el problema que aún hoy
está por resolver la ciencia los latifundios el impues-
to sobre la tierra, la propiedad misma de ésta, lo sa-
grado del trabajo Todo estaba entrevisto en aquella
tienda en que Robertson mira a Artigas con sorpresa,
v si bien me guardaré de afirmar que tales proble-
mas quedaron allí resueltos, basta \ sobra a mi pro-
pósito el que sepáis que allí se estudiaron \ se intentó
su solución
Es muy interesante, para penetrar en el pensamiento
de aquel genial legislador, la contestación dada por
él a un joven de Montevideo, que busca su influencia
para obtener un empleo administrativo "Yo soy de
parecer, le dice Artigas, que epioveche usted la opor-
tunidad de los terrenos que se están repartiendo en
la provincia, y, dedicándose a su cultivo, hallaría
usted en ello su porvenir y el de su familia"
[150]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Como complemento de ese Reglamento, es el caso
de examinar otra ley fundamental, en que no se re-
fleja menos la visión que tiene Artigas del porvenir
Es otro "Reglamento Provisorio que deben obser-
var los Recaudadores de Puertos Habilitados de Co-
mentes, conforme al que se observa en los demás
puertos de la Confederación de la Banda Oriental del
Paraná" Está suscripto por Artigas, como lo veis, en
Purificación, el 4 de abril de 1816, es, por lo tanto,
como el que acabamos de estudiar, uno de los pape-
les que el caudillo dictaba a sus secretarios en aque-
lla su tienda en que Robertson lo visito En ese Re-
glamento o Tarifa de Derechos Aduaneros, que es el
primer jalón de nuestra organización comercial, se
gravan con impuestos las mercancías procedentes de
ultramar, pero, al par que se recargan las que pro-
ceden de Buenos Alies como acto transitorio de re-
presalia, se declaran exentos de derechos los de la
Banda Oriental, v casi exentos, pues pagan un im-
puesto mínimo, todos los frutos de América, éstos
abonan cuatro pesos, mientras los ultramarinos pa-
gan veinticinco o más Quedan libres de todo grava-
men "El oro o plata sellados o en barra Toda clase
de armamento o útil de guerra Los libros y todo ins-
trumento de artes y ciencias Sera libre de todo dere-
cho la introducción de efectos a la campaña, siempre
que sean conducidos por americanos"
Al través de sus errores económicos, bien se per-
cibe, en este intercambio casi libre entre la Banda
Oriental del Paraná y la Oriental del Uruguay, y en
el de éstas con toda la America, la percepción instin-
tiva de los ZoÜvcrem o Asociaciones aduaneras, que
ha sido la base de las unidades nacionales europeas
Esa visión de Artigas es hoy todavía, como sabemos,
[151]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
la del porvenir en el continente americano La Con-
federación de América, que sera en Bolívar un pro-
yecto empírico, es en Artigas una ley de la naturaleza,
a la que obedece, en esto como en todo, sin necesidad
de acuerdos ni reciprocidades
¿Era ése el ensueño de un alunnado' Acaso sí,
aquel hombre se adelantaba un siglo a su época, pero
convengamos en que era un sueño genial en el genio
hay algo de alucinación según dicen, jo no lo sé a
ciencia cierta
Pero era un soñador, efectivamente, un extrava-
gante aquel buen hombre Al rayai el año 1816, cuan-
do el ejercito portugués, incitado por Buenos Aires,
e&ta en marcha contra él, contra su anarquía, abriga
la creencia de que la nueva nación está ya formada,
que sólo falta afianzarla por la libertad y el trabajo
perseverante Quiere ser guerreio lo menos posible,
sólo lo indispensable, la visión plena de la realidad
futura se proyecta en su honrado pensamiento, con
la intensidad de las cosas presentes Se advierte en él,
como rasgo característico, el que lo es del héroe fun-
dador el amor de la planta hacia su semilla El hé-
roe lo es todo, amigos míos, puede serlo, cuando
menos, el árbol está todo en la simiente "La bellota,
dice Amiel, no es smo la encina que ha perdido sus
ramas, sus hojas, su tronco y sus raíces, esto es, to-
dos sus aparatos, sus formas, sus particularidades,
pero que se ha concentrado en su esencia, en su
fuerza figurativa, que puede recobrar por completo".
VII
Vais a ver eso carácter heroico en Artigas, pero
ante» hamos de distinguir lo que Carlyle, con ser Car-
[152]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
lyle, no distinguió, me parece, con bastante preci
8ión el héroe del tirano Carlyle se siente tentado de
ver un héroe hasta en Rodríguez de Francia No el
tirano no puede ser e\ héroe pleno, porque no es
- germen de vida , la esencia de la vida esta en el mo-
vimiento que la transmite, dice Bergson La tiranía,
amigos míos, es intransitiva, al condensar en sí toda
la energía vital, difunde el frío de la muerte en torno
suyo Heroísmo es abnegación y sacrificio, sólo la
inmolación es definitivamente heroica. El heroísmo
está en razón inversa de los egoísmos o concupiscen-
cias del hombre, sin excluir el ansia de gloria hu-
mana, los héroes son el agente de lo divino que re-
aparece, de tiempo en tiempo, para enderezar los
senderos o restablecer las armonías, por eso no sa-
len, generalmente, de las academias de ciencias pro-
gresivas La verdad, el amor, vienen siempre al mun-
do en un establo, ha dicho alguien
Vamos, pues, a convencernos plenamente, a la luz
de algunos papeles, de cómo en este Artigas, si se
advierten todos los rasgos del héroe, se excluyen to-
dos los del tirano Se ha discutido, y de e3o habla-
mos oportunamente, sobre quién fue el redactor de
las Instrucciones de 1813, otro tanto pudiera hacerse
sobre quién lo fue de los proyectos de ley o Regla-
mentos que acabamos de examinar, si fue Monterroso,
si Barreiro, etc Pero si la duda cabe sobre quién es
allí el legislador, ella no se ocurre sobre quien es el
maestro, el juez, el consultor y conservador de aquel
vastísimo germen de república democi ática, el alma
de todo aquello. Lot documento» que do eso nos ha-
blan tienen tal carácter, que nos parece leerlos iobrs
el hombro de quien los está escribiendo
[153]
JUAN ZORRILLA DE 9AN MARTIN
En el archivo de Corrientes que examinamos existen
137 paginas manuscritas de comunicaciones de Arti-
gas, suscriptas todas por él en ese año 1816, es una
correspondencia asidua, casi diaria en que el caudi-
llo ordena pero sobre todo aconseja, pacifica, es-
timula, enseña, incita a la vida v a la esperanza,
procura que todos compartan su pensamiento e imiten
sus virtudes, que sean hombres de bien sobre todo
En Santa Fe se guarda un in folio manuscrito de la
misma naturaleza, hasta las pro\incias más remotas
llegaban, como los granos de un trigo germinal, las
palabras de aquel sembrador de pan
Y eso si que no puede confundirse, el estilo de
Artigas, que aquí más que en cualquier otro caso,
es el hombre, se reconoce en esos innumerables pape-
les como si se le oyera la voz, o se le viera pasear,
a largos pasos por aquella su tienda de campaña en
Purificación envuelto en bu poncho blanco En esa
enorme correspondencia, desconocida u ocultada, que
hoy esta brotando de todas partes, ^e ve confirmada
la do<i< npcion del comerciante ingles todos, de cen
tenares de leguas a la redonda, recurien a Artigas
acuden a el por consejo, por órdenes, por justicia y
protección Aquel hombre atiende personalmente a to-
do el mundo busca y distribuye los pocos íecursos
que están a su alcance, lo mismo aunas ijue ropas, lo
mismo pólvora que vino y palabras vivas, estimula
las desfallecientes energías administra justicia, man-
tiene la vida inmanente en todo el ancho y en todo
el largo del antiguo virreinato de Buenos Aires, en el
que su palabra era ley, como dice Robeitson Sí, era
le>, pero lev de la naturaleza, brotada como ésta de
la propia esencia de la vida, acatada por los pueblos
como acatan los árboles la grande voz de la estación
[154]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
en que cesa la mueite aparente, y te percibe la re-
cóndita palpitación universal
Notad los términos en que contesta Artigas a la pro-
vincia de Corrientes, que se queja de su falta de re-
cursos y se los pide "Mis soldados y oficiales, ha-
ciendo una campaña actrva, &t contentan con la ra-
ción y el vestuario La guarnición de Montevideo no
está tan bien dotada como el piquete de Corrientes"
Aquí tenemos una gestión, que sigue con mucho em-
peño, para que le sea remitido un criminal, Toran-_
zos, que ha cometido un asesinato ale\oso en el Salto,
y ee ha refugiado en otra provincia, el caudillo quie-
re que le sea remitido, "para ser juzgado y senten-
ciado allí donde perpetró su odioso crimen" Obser-
vad, en cambio, su actitud, ante una sedición o aso-
nada política, cuv os promotores le son denunciados
y remitidos, según sus órdenes por aquel Cabildo
"Quedo enLerado, dice, de los motivos que dieron mé-
rito al suceso de Curuzú Cuatiá Vuestra Señoría hará
que se siga sumaria información sobre los delitos de
que son acusados los reos, y, a medida de la justifi-
cación de los hechos, se castiguen los delitos Pero
V S. sabe a qué grado pueden ascender las pasiones,
y que, las mas veces, gime la inocencia oprimida por
la iniquidad Hago esto pi emente a V S ansioso de
que la justicia reluzca en su mayor esplendor".
Os repito que no os leo estos papeles como narra
cion o comprobación de hechos, sino para que co-
nozcáis tipos, caracteres, ambiente social visión sobre
todo, visión de aquel hombre extraño que allí apa-
rece como un mito Conviene para ello que leamos
este manuscrito de Andrés Artigas, hijo adoptivo y
delegado del caudillo en Misiones, relacionado con el
incidente de que hablamos, lo poseo autógrafo, como
[155]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
io veis, conoced la correcta firma de eee Andrés Ar-
tigas, Andresito, de que hablaremos mas tarde
"Mi general Adjunto a V S el oficio que me di-
rige el gobierno de Corrientes, para que se entere de
él, y al mismo tiempo se trate de aclarar esto, por-
que mi honor es el que padece, pues \o soy uno de
los nombrados Yo lie contestado que era muy sen-
sible el que se formara mal concepto de mí, pues mis
desvelos no eran otros que el de la felicidad publica,
y que si las sospechas eran dimanadas de la reunión
de gente en la capilla de la Merced, ésta era arre-
glada a las órdenes que también venían de V S » y
que esa reunión no era en detrimento de esa provin-
cia, sino para el seguro y quietud pública, y al mis-
mo tiempo, que adjuntaba a V S el oficio, para que
si me encontraba delincuente, era subdito y me suje-
taba a toda pena, y que intertanto, a e^ag personas
tratase de asegurarlas ha«ta que se aclarase la cosa,
porque esos hombres no son mas- que unos perturba-
dores de la paz, quietud y sosiego Estimare a V S
que esta cosa se aclare
"He recibido los sables y lanzas, y quedo en armar
toda la gente que pueda, yo en todas partes tengo
guardias, y así no me descuido en nada
"Dios guarde a V S muchos años
"Cuartel de la Candelaria, 15 de abril de 1816
Andrés Artigas"
Es muy de advertir, con este motivo, que Artigas
tenía gran celo por los limites jurisdiccionales de
cada provincia hacia que se respetasen mutuamente
las fronteras la de Corrientes con Misiones, las de
Misiones con el Paraguay, las de Santa Fe con Bue-
[156]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
nos Aires. £1 mismo es el primero en respetarlas es
el protector, pero no el conquistador
Veamos ahora los términos en que Artigas ae ex-
presa con motivo de esos sucesos Se dirige al Ca-
bildo de Corrientes, y le dice
"Pacificadas las diferencias políticas de esa pro-
vincia, es forzoso meditar en la unión de esos cuida
danos Los que estuvieron sujetos a la censura del
Congreso sobre el resultado de su sumario, se hallan
hasta la fecha retenidos, y creo que sus padecimien-
tos han satisfecho sus delitos. Yo, después de haber
examinado el sumano y la sentencia, hallo que a to-
dos no corresponde de un mismo modo la resolución,
y que, en general, no se presentan ante los ojos del
observador sino hechos presuntuosos, dirigidos por el
conflicto de las pasiones
"Para mí es rnuy doloroso esta rivalidad y ger-
men pernicioso entre paisanos e hijos de esta gran
familia Con ello se debilita el poder y la opinión, en
un tiempo en que la concentración es del todo precisa.
"Por lo mismo, y deseando que la justicia no quede
vulnerada, he creído conveniente exponer a V S que
dichos ciudadanos regresen al seno de sus familias
£1 pueblo no podra j ustif icar sus recelos, cuando tiene
autoridades instituidas a su satisfacción Yo increpare
su conducta basta el extremo de hacerles responsables
de cualquier ulterior suceso, y protesto a V S no
miraré con indiferencia cualquier tumulto en ese pue-
blo, después de mi generoso procedimiento Corrien-
tes mirara con asombro el benéfico influjo de su li-
bertad, cuando, guiado por sus propios contrastes,
prefiera la tranquilidad y el reposo a la turbulencia
que ha aminorado su reputación, sus intereses y bu
salud pública
[157]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
"V S , encargado de conservarla, debe ser el ejem-
plar de aquellas virtudes que caracterizan a un magis-
trado celoso, Lo espero, > que V S convenga con-
migo en las ideas de hacer respetable la justicia, y,
por este principio, hacerse amar de sus conciudadanos
"Tengo el honor de saludar a V S con todo nu
afecto
"Purificación, 20 de marzo de 1816
José Artigas
"Al muy Ilustre Cabildo de Corrientes"
Como lo hemos ya observado, ese tono de man-
dato persuasivo, tan lleno de caiacter, que aquí no-
tamos, es el de todos los documentos de este origi-
nal educador benevolente y fuerte de pueblos recién
nacidos, los enseña a andar, los sostiene mientras
ellos no pueden caminar sin apovo, pero solo con el
objeto de qut ¡o hagan, todos son chicos y son gran-
des para él, el solo grande en su simplicidad, lo mis-
mo Buenos Aires o Montevideo, que Corrientes o las
Misiones i Hacerse amar de sus conciudadanos' Pen-
sad, amigos, en el ideal de autoridad que ese caba
Uero andante persigue, y mirad en qué términos con
testa al Cabildo de Montevideo, una vez que éste le
pide instrucciones "La manera de entablar el co-
mercio le escribe, la economía en todos los ramos de
la administración pública, el entable de las relaciones
extranjeras y vanos otros negocios foiman el objeto
de la misión de V S . "
"Mis esfuerzos y los del delegado, le dice después,
no bastan, es preciso que V S, encargado del go-
bierno inmediato de la provincia, se desvele ígual-
f 158 ]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
mente Hay que constituir en las alturas ejemplos de
virtud
"Los primeros en la confianza de un pueblo deben
ser los ejemplares donde aprendan virtud los ciuda-
danos"
Ese fundamental principio, el del gobierno propio,
el de la autoridad no soportada sino amada por el
pueblo , el del odio a la adulación del poderoso injusto,
esta en boca de Artigas en todo momento, es la pie-
dra angular de su edificio Tomemos cualquiera de
sus cartas, ésta, por ejemplo, que dirige, en febrero
de 1815, al ciudadano Juan Bautista Méndez, Mavor
de Comentes, es epístola evangélica
"Quedo impuesto por su fa\orecida, de sus deseos
en mi obsequio Crea usted que el tiempo es testigo
de desengaños, ) que él dará a entender que yo no
tengo enemigos, sino en los que se oponen a la publica
felicidad y que serán únicamente mis amigos los que
contribuyan a fijarla Los hechos son los que forman
los hombres públicos, y la voluntad general decidirá
el que sea digno de esa confianza Yo y todo ciuda-
dano estará dependiente de esa ley, a la que tenemos
ligada nuestra felicidad
"Saludo a usted con todo mi afecto
"Cuartel General, en marcha, 27 de febrero de 1815"
Ese empeño de Artigas en que todos piensen con
él, es rasgo propio de su gobierno, quiere que todos
sepan lo que el hace, y por qué lo hace, que sean
conocidos sus pasos, sus propósitos, sus palabras To-
mad como tipo de esa tendencia esta comunicación,
por ejemplo, de 21 de agosto, también es dirigida al
Cabildo de Comentes
M69]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
"Indujo a V S en copia, este ultimo parte del
gobierno de Santa Fe sobre la prisión del general de
mar Ingojen v otros
"Igualmente indujo a V S esas gacetas que ha
conducido un enviado de Buenos Aires, el doctor pre-
bístero don Domingo Antonio Zapiola Él regresa sin
haber hecho más que invitar a la unión Yo le res
pondí que siempre la había apetecido, y que, por
parte de aquellos gobiernos siempre se nos había pro
vocado a la guerra
"Que, por consecuencia, y mientras el gobierno no
nos inspirase la debida confianza, y dejase al pueblo
de Santa Fe, y los demás de la confederación, en su
tranquilidad y sosiego, jamas podríamos partir de un
principio sóbdo en las ulteriores resoluciones"
Llega, por fin, amigos aitistas, la oportunidad de
haceros conocer especialmente, como la última nota
de color de este cuadro de genero, las relaciones de
Artigas con su hijo adoptivo Andrés que es su dele-
gado, gobernador o doctrinero, en esas Misiones de
que hemos hablado, linderas con el Paraguay allá en el
Norte, en el Continente de Entremos Esas Misiones,
pobladas por los indios, están casi abandonadas des-
de la expulsión de los jesuítas españoles que las fun-
daron sólo Artigas piensa en ellab como parte de la
patria, sólo él quiere conservar y conservó las occi-
dentales del Uruguay para los argentinos, y sueña
con recuperar de los portugueses las orientales para
los uruguayos Portugal no debe interponerse allí, no
debe haber solución de continuidad en el patrimonio
de los herederos de España En esa instintiva convic-
ción estaban todos aquellos pueblos, tolo Buenos Ai-
res no la comparte, sólo Buenos Aires, que no se preo-
cupa de tal problema, porque cuenta con el rev que
[1601
UL epopeya de artigas
vendrá con su corte, tampoco Rodríguez de Francia,
que no mira con tan malos ojos como Artigas al ene-
migo portugués, y hasta aspira a ensanchar mas allá
del río Paraná la frontera del estado que arrebata a
la acción común
Contra todos esos enemigos, tendencias de Buenos
Aires, y amenazas portuguesas y españolas, y tenta-
tivas del doctor Francia, contra todo eso está allí de
centinela avanzado ese capitán de Artigas, el misio-
nero Andrés, que después conoceremos como una de
las figuras más simpáticas de nuestra historia El pa-
dre Artigas tiene una extraña predilección por él, lo
inspira, lo educa, como ai fuese el héroe niño de la
leyenda, lo arma caballero de su ideal Allí lo tiene,
pues, con tres objetos fundamentales cooperar a la
defensa de la autonomía de las provincias contra los
ataques de Buenos Aires, detener las pretensiones del
doctor Francia, tentando una resurrección del pueblo
paraguayo contra ese su Urano, estar prevenido, por
fin, contra toda empresa de Portugal sobre las Misio-
nes occidentales, y servir de núcleo para la recon-
quista de las Misiones orientales cuando suene el mo-
mento Él, por su parte, está en guardia contra la
amenaza de Españas de que también habla a André>
constantemente
Respecto del Paraguay, escribe a éste el 22 de oc-
tubre de 1815 "Yo nada más tengo que repetir a
usted sino que los paraguayos se guardaran de pasar
el Paraná Ojalá que Francia entrase en ese delirio,
pero debiera venir en persona para que entonces cono-
ciese más de cerca la injusticia con que ha procedido,
y de que es responsable ante las aras de la patria'*
No es, pues, el Paraguay, sino aquel exótico perso-
naje quien se atraviesa al paso del héroe
[181]
JUAN ZORRILLA DE IAN MARTIN
Cuanto a Buenos Aires, veréis cómo ese Andrés
Artigas baja de las Misiones en auxilio del gobierno
popular de Comentes, cuando las expediciones o agen-
tes de la oligarquía pretenden dominar esa provincia
para abrir paso al rey y a la raza que vendrán
En cuanto a los portugueses Artigas tiene en cons-
tante alerta a su bravo capitán misionero, "pues ese
enemigo puede caer lmpensadamente,^ como le dice
Le ordena observar sus movimientos y colocar sus
fuerzas estratégicamente, le remite, con ese objeto,
desde Purificación, todo elemento de guerra de que
puede disponer fusiles, pólvora, balas, hierro para
lanzas, sables para los oficiales, alguna pieza de arti-
llería, ganados, le manda instrucciones concretas so-
bre todo, tácticas de defensa contra el doctor Francia,
planes de ofensa y de defensa contra Portugal
Pero son otros los envíos e instrucciones en que
quiero ahora concentrar vuestra atención amigos míos,
mas importante aún que ese aspecto político v militar,
es el que deseo seguir haciéndoos advertir en vuestro
modelo el de educador de aquella región indígena
primitiva, que quiere conservar v dignificar, como
parte integrante de su patria La copiosa correspon-
dencia con Andresito al respecto es de lo más her-
moso que puedo ofreceros como íasgo propio de esta
figura homérica, puramente hispanoamericana Hay
en esa correspondencia documentos, como el primero
que os haré conocer, que hacen dudar de si es un co
mediante o un homénda de carne y hueso el que en
ellos habla, el estudio de este carácter excluye, sin
embargo, la insinceridad, y se recuerda lo que dice
Mitre de Artigas que es un enigma, una especie de
mito Mirad la nota que dirige a Andrés desde el Pa-
raná, el 15 de marzo de 1815 comienza con una
[162]
LA EPOPEYA Dg ARTIGAS
proclama o salmo profético en que habla a los indios
misioneros, y les presenta algo así como una creden-
cial que ha recibido de Dios "Por un favor del cielo,
Ies dice, he sido llamado al mando de las Misiones,
he puesto mi ejército frente al tiránico dominio por-
tugués que os esclaviza, fundado, en primer lugar, en
que Dios favorecerá mis santos pensamientos, y en el
brillante estado de mis armas después " "El Dios
de los Ejércitos, les agrega, me ha colmado de todos
aquellos beneficios que son necesarios para rebatir
todo enemigo de la empresa que defiendo . . " "Ahora,
pues, amados hermanos míos, abrid los ojos y ved que
se os acerca y alumbra ya la luz de la libertad; sa-
cudid ese yugo, descansad en el seno de mis ar-
mas. " "Yo vengo a ampararos, vengo a buscaros,
porque sois mis semejantes y mis hermanos, vengo a
daros lo que los portugueses os han quitado el año
1801 por causa de las intrigas españolas"
Artigas se compara allí con Moisé9, libertador de
Israel del yugo de Faraón, declara que está pronto,
con sus tropas, a derramar toda la sangre que tenga
en las venas en defensa de los indios desventurados,
les protesta su amor en términos entrañables "(Ea,
pues, compaisanos míos, concluye, levantad el sagrado
grito de libertad, destruid la tiranía
A continuación de ese apostrofe, en la misma nota
en que lo incluye, el caudillo comienza a instruir de
bus propósitos a su delegado entre esos indios, Andrés
Artigas, le anuncia las gestiones de arreglo que tiene
pendientes con Buenos Aires para la común defensa
contra "la epidemia de los españoles que vienen de
Europa, según le avisan de Montevideo'*, lo hace po-
nerse en guardia contra los portugueses, que terán
aliado» de aquéllos, y también contra Rodríguez da
[163]
JUAN ZORRILLA. DE SAN MARTIN
Francia, el tirano paraguayo, le ordena que organice
elecciones libres de diputados, a fin de que también
los indios tengan sus representantes en los congresos
que se realicen Y termina "Es cuanto tengo que
prevenir a u&ted, \ exhortarle a que trate cada día
con más amor a esos naturales, y Ies proporcione los
medios que estén a su alcance para que trabajen y
sean felices"
Él mismo, por su parte, se consagra a esa empresa
ton una predilección singular, envía, como hemos di-
cho, a su capitán indígena los elementos de guerra,
pólvora, hierros de lanzas, alguna pieza de artillería,
piedlas de fusil para que defienda la libertad, pero
más aún, y con mayor empeño, elementos de cultura
y bienestar cartillas para enseñanza de los niños, un
maestro herrero que enseñe t>u oficio a los jóvenes,
telas y sombreros, ropas, enseres útiles, cirios para
los altares, vacuna para preservar de la viruela, inci-
taciones al trabajo, al comercio, al orden y a la paz
"De las piezas de gasa blanca que le envío, le dice
en una de esas cartas, dará usted una para repartirla
entre don Andrés Yabacú y el corregidor de Concep-
ción A cada uno de ellos dará usted una pieza de
listado azul El corte de pantalón es para usted, y
todo lo demás para que lo distribuya entre la tropa,
3 supla las necesidades de los más menesterosos"
"Remito a usted, le dice el 26 de abril, un libro que
contiene la instrucción de la vacuna, para que la ponga
en todos los que no tienen la viruela, que es el mejor
preservativo contra ese contagio asolador Remito a
usted los vidrios para que pueda usted recogerla y
perpetuarla, haciendo eee beneficio a la humanidad"
Convendréis, amigos, en que ese general que, sin
perjuicio de cultivar correspondencia con Monroe, ob-
[184]
LA IPOPMA DE ARTIGAS
sequía con un corte de pantalón a su capitán indígena,
tiene algo de los héroes inverosímiles Aquiles y Eneas
hacían, como sabéis, de esos regalos a sus soldados,
hijos de diosa algunos
De ese pueblo que así cuida con solicitud casi ma-
ternal, forma el gran caudillo sus soldados, cuenta
con ese ejército indígena para formar la patria inde-
pendiente Y le muestra su bandera tricolor, la de
la franja diagonal, como sagrado signo y como pren-
da de victoria "Celebro, escribe a Andrés en 22 de
noviembre, que haya usted recibido cuanto llevó la
carretilla, y también el sable y la bandera j Cuando
ésta sea enarbolada, que no sea para bajarla con des-
honra de los orientales f"
Pero Artigas quiere que los defensores de ese estan-
darte lo sean solo por amor a él es ésta una nota
muv digna de atención aquel general no acepta sino
soldados voluntarios Los vecinos de Aguapey y Vera,
por ejemplo, se quejan de haber sido forzados al ser-
vicio militar, Artigas escribe a Andrés sobre el caso,
indignado de que se diga que tal atentado se ha per-
petrado por orden suya "Ninguno de mis soldados
es forzado, le dice en nota de 13 de marzo de 1816,
todos son volúntanos, y decididos por sostener su li-
bertad y sus derechos"
"No crea usted, le escribe el 25 de agosto, no crea
usted que nadie sea capaz de sorprender o prevenir
mi juicio, ni permitiré que su autoridad sea ultra-
jada Lo que interesaos que usted se porte como hom-
bre de bien, que castigue a los delincuentes y premie
a los virtuosos, que llene la justicia rectamente, sin
atender empeños ni pasiones, que mire por los mise-
rables, que los trate con amor, para de ©ete modo
hacerse obedecer y amar"
[165]
JUAN IGBMXLLA DK SAN MAJtTD?
La pasión de aquellos naturales hacia Artigas se
comprende, pues, todos quieren llegar hasta el, verlo
tocarlo, en las carretas que 9e le envían a Purifica
ción desde Misiones van todos los que pueden ir, hom-
bres, mujeres, nmo9, familias enteras Artigas recibe
esas caravanas pintorescas, y las despide con gran
cariño, les deja su recuerdo como un culto He aquí
cómo contesta un obsequio que su capitán le ha en-
viado en tres carretas con muchos bueyes y numeroso
personal Vale la pena de leerla integra, es todo un
cuadro de género
"Señor don Andrés Artigas
"He recibido las tres carretas y ocho bueyes del
alcalde de Candelaria que condujo la verba Regresa
con una carreta y los demás bueyes, v toda la gente
Todos van vestidos, hombres y mujeres, también re-
mito dos sacos de sebo para el alumbrado de ese
pueblo
"Ya dije a usted en mi oficio anterior lo que ahora
repito que daba a usted las gracias por su recuerdo,
y que me avise el importe de la9 carretas, si no son
pertenecientes al estado
"Páselo usted sin novedad, y le desea toda felicidad
su afectísimo
"José Artigas
"Purificación, diciembre de 1815"
Artigas agrupa así, por el afecto, a aquellos hombres
primitivos, para incorporarlos a la sociedad para
ello las incitaciones al trabajo de que antes hablamos
ion aquí la9 más premiosas y expresivas "Recomien-
do a usted, dice a su delegado en nota de 20 de junio,
[166]
LA EPOPEYA DB ARTIGAS
inspire a esos naturales el deseo de activar su comer-
cio y expender sus frutos Al efecto, hágales hacer sus
carretas, que corten maderas para \ender, que fo-
rrenten sus siembras de tabaco, algodón y demás fru-
tos, como también el beneficio de la yerba Por muy
lentos que empiecen esos trabajos, aquí son plata de
contado Así se remediarán las necesidades y se ins
pirara a esos naturales el amor al trabajo Entonces
verán su adelanto, como sucede entre nosotros De
ese producto es de donde vamos sacando armas y
todo lo preciso"
"Usted no deje de alumbrar a esos naturales, le
dice en otra nota, para que conduzcan sus maderas,
algodón, yerba y tabaco, por el Uruguay, a este des-
tino Así abrirán el comercio Ellos llevarán nuestros
frutos, y que traigan los suyos Anímelos usted para
que hagan sus viajes en canoas y conduzcan sus efec-
tos río abajo, que ellos verán la utilidad pronta-
mente"
En 20 de junio le envía un oficio para el Cabildo
de Concepción, en que estimula a éste a establecer
allí, bajo su protección, una fabrica de pólvora "Yo
desearía, dice, la formación de ese establecimiento,
que sena benéfico para Misiones y para la masa co-
mún, proveyéndonos de un renglón que necesitamos
comprarlo fuera, v que, en este caso, produciría al
país ventajas incalculables"
En ese mismo año 16, como lo recordaréis, se cele-
bra en Montevideo el sexto aniversario de la mdepen
dencia con lucidas fiestas públicas, se inaugura allí
la biblioteca con el concurso entusiasta de Artigas,
Larrafíaga pronuncia su memorable discurso inaugu-
ral Artigas remite este discurso y la descripción de
las fiestas a su capitán misionero, le hace saber el
EX67]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
santo y seña dado al ejército "Sean los Orientales
tan ilustrados como valientes'', v, como obsequio
oportuno, le dice en su carta ''Igualmente remito a
usted e*a obra sobre la Revolución de Norte América
Por ella verá usted cuánto trabajaron y se sacrifica-
ron por allá hasta realizar el sistema que defendemos"
Sumergido en esa labor compleja está Artigas,
cuando recibe las primeras noticias de la invasión por-
tuguesa que las interrumpe Inmeditamente transmite
esas noticias a su capitán misionero, reiterándole las
órdenes de estar en guardia, poro aun entonces le
dice "Mnmtras ellos no despliegan sus planes, es
preciso que nos empleemos en poner orden en los
pueblos, y empeñar su vecindario en el adelantamiento,
siquiera para el remedio de sus necesidades Eso es lo
que estoy haciendo, y lo que debe usted hacer, apro-
vechando del sosiego a que nos tienen reducidos las
circunstancias, tanto con respecto al Paraguay y Bue-
nos Aires, como respecto a Portugal Veiemos por
dónde apaiece la tormenta".
La tormenta, amigos artistas estaba ya sobre la
cabeza de aquel hombre honrado cuando tal hacia y
escribía, la veréis abatirse sobre él y dominar su pa-
tria, v no dejar piedra sobre piedra en esas pobres
Misiones del Urugua>, orientales v occidentales Las
orientales serán arrebatadas para siempre a la familia
española, exterminados los hombre*., conquistados los
territorios Y todo por Portugal en consorcio con Bue
nos Aires, todo en odio a Artigas motejado de bár-
baro
VIII
Y bien, amigos, os he detenido acaso demasiado en
la lectura de papeles, con menoscabo, quizá, de la
[168]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
estética, tan respetable para nosotros, pero confío en
que no considerareis del todo perdido vuestro tiempo
Que bien sabréis vosotros transformar la arena en
vidrio, y el vidrio en cristal de roca. Yo he querido
haceros percibir las analogías, pero, sobre todo, las
diferencias entre este moderno caudillo, que parece
fabuloso, y los antiguos, fabulosos y reales, que, co
mo él, fundaron o libertaron pueblos Prometeos rap-
tores del divino fuego, jueces de Israel, promulgado-
res de leyes de tempestad Aquéllos, los hijos de diosa,
o los profetas realmente inspirados de la Biblia, eran
considerados ungidos, depositarios de una autoridad
descendida a ellos desde el cielo, este Artigas, el pro-
feta sincero y real de la democracia, siente en sí mis-
mo el principio superior de que toda autoridad emana ,
pero, precisamente por eso, no cree que en su volun-
tad arbitraria está la fuente del derecho y la justicia,
él odia la tiranía aun en sí mismo, declara a cada
paso que bu autoridad procede inmediatamente de la
sociedad de que él mismo es una parte, como lo es
la cabeza de todo el organismo, y que aquélla cesa,
pese a toda fuerza material, desde el momento en que
no existe la fuerza moral la virtud, que es la sola
vida, lo solo que de Dios procede Él es de su pueblo,
pero el pueblo no es suyo para atribuirse la facultad
de entregarlo, por ai y ante sí, a Inglaterra o a Fran-
cia, o devolverlo a España si así lo resuelven las
Santas Alianzas propia» o ajenas, contra todas ellas
está apercibido en defensa de la personalidad de aquel
pueblo Tampoco se juzga con la facultad de susti-
tuirse a él, erigiéndose en dictador de sus destinos, y
mucho menos con la de inmolarlo a nada que no 8** *
la propia libertad. Que la vida sólo le inmola a un
fin superior a la vida misma, Artigas, como lo veía,
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
no quiere ser el hombre necesario; no ejerce un de-
recho de 8u persona, cumple un deber de su misión
Su autoridad es una vocación, un ministerio, y, por
consiguiente, un sacrificio, cuando no se juzgue real-
mente útil o se sospeche perjudicial, sentirá que no
es nada, lo veréis transformarse en un mendigo vaga-
bundo, y desaparecer como una nube del poniente,
como un incorpóreo
Ese es el hombre, amigos míos, aunque parezca in-
verosímil, que os ofrezco para el mármol casi una
abstracción No ha vuelto a verse desde entonces por
estos mundos, os lo aseguro, no ha vuelto a verse, ni
se verá en mucho tiempo Si aún estuviera por apa-
recer, que no lo creo el último en la sene de los
horneadas, ese inspirado encontraría en Artigas, no
en Bolívar ni en Washington el héroe de la última
epopeya humana la del Nuevo Mundo, predestinado
a una futura democracia Hablo, como lo compren
deis, y adopto para ello una ajena forma clasica, "de
la epopeya nacional directa, de origen popular, de
inspiración ingenua y primitiva, nacida en las entra-
ñas de una raza o incorporada a ella y hecha suya
por un misterio de hipostasis, que suele aparecer en
el momento de conglomeración de una sociedad, y co-
incidir con la revelación o primer balbuceo de su
idioma, que enlaza los primitivos himnos religiosos
de cada pueblo con sus crisis de constitución política,
con la consagración de su independencia, y con el
recuerdo del héroe mítico o representativo que las
encarna"
Esa casi ya imposible Epopeya de Artigas, mis ar-
tistas, reaparición transformada del espíritu de los
Eddas o los Nibelungos, de los cantos de Gesta o del
Romancero, concentrará en su forma no aprendida el
[170]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
espírítü de la edad nueva, la de la democracia-virtud,
democracia-amor y justicia, que hoy apenas entréve-
teos, como concentró Homero el alma de la mítica
antigüedad, y Dante, en su Comedia enorme, los res-
plandores de la fecunda edad intermedia Canto ori-
ginal en las humanas melodías, ella será la rapsodia
terminal, para muchos siglos, del canto a los descu-
brimientos de portugueses y españoles, que ojo Ca-
moens en el mar de ruidos innumerables, el nuevo
homénda nos haré ver y sentir cómo la ráfaga de
viento que llevaba a Artigas era la misma que empu-
jaba las naos de Colón y las de Os Luisiadas
Por mares a" antes nunca navegados
Y, al vestir de la suprema belleza, que es la verdad
suprema, el cielo heroico de la democracia americana,
encarnada en aquel hombre casi mitológico, quedará
exento de su condición de mortal, pues vivirá la vida
de un larguísimo futuro, al lado del héroe mismo,
como eu verbo musical
Y por si estas mis palabras os parecen enfáticas, lo
que mucho, y acaso no sin razón, me temo, no ter-
minemos con ellas nuestra larga conversación de hoy,
volvamos, un momento siquiera, a los papeles, vene-
rables personajes, que dejamos interrumpidos, dare-
mos un toque fmal documentarlo a nuestro esbozo,
y nos haremos así perdonar nuestros momentos de ex
travío sibilino
Como contraste al cuadro primitivo de la educa-
ción indígena, recordemos las relaciones de Artiga*
[171]
JUAN ZORRILLA PE SAN MARTIN
con el Cabildo de Montevideo entidad muy respeta-
ble, cuyas iniciativas despierta v estimula Notemos
una que se resiste a secundar, sin embargo
El Cabildo acuerda, por unanimidad, siguiendo el
ejemplo de las provincias occidentales que han acla-
mado al héroe oriental, dar a éste y reconocerle la
representación, jurisdicción y tratamiento de Capitán
General, con el título de Protector y Patrono de ía
Libertad de los Pueblos Algún tiempo después, aque-
lla corporación pidió para si misma el titulo de Exce-
lencia, que le correspondía desde la reconquista de
Buenos Aires jEl titulo español' Es indudable que el
fundador de la Patria fue muy poco comprendido por
sus contemporáneos, y no es de extrañarse Recorda-
réis la carta de Sarratea a Posadas en que le hacía
saber que Artigas, el modesto ciudadano, aceptaba
condecoraciones de Fernando VII Conviene que, en
este caso al menos, conozcáis los términos textuales
en que contesta Artigas "Es superfluo, dice al Ca-
bildo, que empleemos lo precioso del tiempo en cues-
tiones inútiles, los títulos son los fantasmas de los
Estados y sobra a esa ilustre corporación tener la glo
na de sostener su libertad sobre la base de su derecho
El Cielo quiera proteger nuestros votos, ), mientras
se acerca tan feliz momento, es mi parecer que V S
ajuste su tratamiento al que hoy conservan los demás
cabildos Por lo mismo he conservado yo hasta el
presente el titulo de simple ciudadano, sin aceptar la
honra con que me distinguió el Cabildo que V S re-
presenta"
Bueno es que recordemos que otro tanto hizo Ar-
tigas con el título de Protector de los Pueblos Libres,
que le acordaron las Provincias Occidentales Jamás
lo uíó en loa acto* reahzadoi tn nombrt y reprtsen-
[172]
LA BPOFEYA DX ARTIGAS
t ación de esas provincias, se limitó a expresar que
éstas estaban bajo la protección de la Provincia Orien-
tal, y se atribuyó solo la dirección de su política
Y pasemos a otro aspecto, que os será muy aun-
pático, de la figura que estudiamos
El Cabildo indica a Artigas un ciudadano, don Pedro
Elizondo, como el más apto para el desempeño de un
puesto adminístrate o pero le hace saber que no le
es adicto "Si halla V S en ese ciudadano, contesta
Artigas, las cualidades precisas para la administra-
ción de fondos públicos, es indiferente la adhesión a
mi persona Póngalo V S en posesión de tan impor-
tante ministerio, y a V S toca velar sobre la delica-
deza de ese manejo Es tiempo de probar la honradez,
y de que los americanos florezcan en virtud i Ojalá
que todos se penetrasen de esos mis grandes deseos
por la felicidad común'"
Para comprender, mis amigos artistas, el fenómeno
que entraña esa escrupulosidad de Artigas en la ad-
ministración, sería necesario que hiciéramos un es-
tudio de las corrupciones coloniales, v de las que ee
siguieron en las administraciones patrias Eso está es-
crito; pero no cabe en nuestras conv ersaciones, ni es
grato recordarlo
La situación de Artigas le hubiera permitido ser
uno de tantos señores de vidas y haciendas, hubiera
podido imponer contribuciones sin responder de su
inversión, o rindiendo cuentas de gran capitán Excu-
sado es decir que os podría recordar casos por doce-
nas en la revolución americana, como en todas las
habidas v por haber Artigas no hace eso, no lo hizo
jamás Vivía en la pobreza, pedia recursos al Ca-
bildo, pero le recomendaba la mayor economía, y,
sobre todo, la má« extrema parsimonia en imponer
[173]
JUAW ZORRILLA SZ SAN MARTIN
gravámenes al pueblo "El solo nombre de contribu-
ción, decía, me inspira aversión irresistible" Entre
otros datos pintorescos, poseemos el expediente segui-
do por el Excelentísimo Cabildo para autorizar los
gastos de decorosa instalación del Jefe de los Orien-
tales, y que son abonados por el ministerio de Ha-
cienda, previa intervención de la bala Capitular y de
vanas oficinas y funcionarios Alguna* varas de tela
blanca, vajilla de loza y cristal, un colchón \ dos al-
mohadas, un catre de campaña de hierro y lona cons
tituyen el ajuar Lo primero, minuciosamente docu
mentado, costó ciento treinta v nueve pesos, dos reales
y un cuartillo, por las seis varas de lona del catre se
pagaron cinco pesos y dos reales, diez pesos fue ne
cesarlo abonar al maestro talabartero Artajeta por
su trabajo de "armar un catre para el señor General
don José Artigas" Éste se consideró generosamente
obsequiado por su patria
¿Os parece esto una leyenda-' Lo parece, sin duda
alguna Y es una verdad Artigas mvio y muño po
bre, sus manos, que no tuvieron una mancha de san-
gre, tampoco estuvieron manchada* de oro
Tengo llenas las mías de esos elementos de juicio
sobre el carácter del héroe que debéis interpretar,
amigos artistas, sólo vacilo en la elección, para voso-
tros, de los más sugestivos Tomad uno al azar Arti-
gas contesta la carta en que uno de sus fieles se duele
de las calumnias que fraguan contra el héroe oriental
algunos de sus enemigos Esas calumnias llovían sin
cesar, implacables, inverosímiles, han quedado, como
sabéis, en la historia provisional Artigas era un mal-
vado, un bárbaro, un enemigo de la patria y de la
humanidad "Deje usted que hablen y prediquen con-
tra mí le contesta, eso ya sabe usted que sucedía aun
C174]
LA ZPQgIYA PB ABT1GAS
entre los que me conocían, cuánto más entre los que
no me conocen. Mis obras son mas poderosas que sus
palabras, y, a pesar de suponerme el ser más criminal,
yo no haré más que proporcionar a los hombres los
medios de su felicidad y desterrar de ellos aquella
ignorancia que les hace sufrir el yugo de la tiranía
Seamos librea, y seremos felices"
Artigas, preocupado sólo de defender la patria,
nunca se ocupó en defenderse a sí mismo, estando,
por otra parte, la prensa monopolizada por sus ene*
migos, apenas pudo levantar los cargos que oficial-
mente se le hicieron Siempre despreció los demás,
"No necesito, escribió una vez, vindicarme en el con-
cepto público, y mucho menos asalariar apologistas"
Yo quisiera, mis amigos, haberos hecho conocer
personalmente a ese hombre de bien, haceros oír el
timbre de su voz, ver el color de su mirada, sentir el
contacto de su mano, que os tiende muj abierta, con
la franca ingenuidad del hombre sincero
En la plenitud de su predominio, vive frugalmente,
sólo conserva cierta corrección en el vestir, desde
aquella época de su juventud en que nos lo describía
su anciana sobrina Eso daba a su porte un aire de
distmcion que, como lo habéis visto, hacen notar to-
doB los que lo visitaron en esa época Era modesto y
afable, pero enemigo de todo desalmo, refractario a
toda famibandad grosera, que engendra menospre-
cio, la carcajada, el grito desapacible, la explosión
ruidosa de la pasión eran ajenos a su modo de ser
ponderado, armonioso y sobrio
Es pobre, ya lo hemos dicho, tan pobre como to-
dos los suyos Su anciano padre, don Martin José
Artigas, de rico estanciero que había sido hasta el
momento en que acompañó a su hijo libertador en la
[175]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
bíblica emigración del pueblo, ae ha convertido en
un vecino indigente, la viuda de su primo hermano
don Manuel caído en la batalla de San José, aquel
cuyo nombre esta inscripto en la pirámide de Mayo
de Buenos Aires, vive en el mayor desamparo, la
misma familia del caudillo, su esposa enferma, su hijo
pequeño, su suegra, habitan un pueblo de campo, en
la escasez Ninguno de ellos se juzga acreedor de la
patria, todos callan, sobre todo Artigas
El Cabildo de Montevideo determina, por fin, es-
pontáneamente, imitar a la esposa del procer a resi-
dir en la capital, y le señala una pensión de cien
pesos mensuales, a más de amueblarle la casa, v cos-
tearle la educación de su hijo
Artigas no ¡>e juzga con derecho a tanto Él ha re-
chazado las ofertas reiteradas del opulento virrey es-
pañol, riquezas, grados, predominio, pero acepta, pa-
ra su mujer y su hijo, la protección de la patria, y,
al recibir la comunicación del Cabildo, contesta "Or-
deno con esta fecha a mi mujer y suegra que admitan
solamente la educación que V S proporciona a mi
hijo, que ellas pasen a vivir en su casa, y que reci-
ban de V S sólo cincuenta pesos para su subsisten-
cia Aún esta erogación — créalo V S — la hubiera
ahorrado a nuestro Estado naciente, si mis facultadei
bastasen para sostener aquella obligación, pero no
ignora V S mi indigencia, y, en obsequio de mi pa-
tria, ella me obliga a ser generoso, al par que agra-
decido"
La viuda de Manuel Artigas, el soldado caído en
San José, recibe treinta pesos mensuales, y el derecho
de ocupar una pequeña casa del estado
En cuanto al anciano padre del caudillo, es éste
quien índica la remuneración de sub sacrificios por la
[176]
<
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
patria pide al Cabildo que, si no hay inconveniente,
lo auxilie, como a los demás que están en su caso,
con cuatrocientas o quinientas reses, de las destinadas
a repartirse entre los estancieros patriotas, "pues le
era doloroso oír los lamentos de su padre, a quien
amaba y veneraba, y no se atrevía a proceder por sí
mismo en el asunto, temiendo se atribuyera a parcia-
lidad lo que era obra de la razón"
Y dejemos esto, me parece que es bastante para
que conozcáis personalmente, amigos míos, a ese hom-
bre Vosotros me diréis si os sentís, o no, ante la
plenitud de un hombre Ubre
[177]
CONFERENCIA XVI
EL CORAZON DEL HÉROE
El apogeo de Artigas — Tentaü\a de incorporar el Paraguay
a su influencia — Francia 3' Artigas — Francia y Alvear
— Sobre Buenos Aires — Caída de Alvear en Fontezue
las — Los vencedores y el vencedor — Homenajes a este —
Las venganzas — Lúa crímenes de la gloria — Venganza
de Artigas — "No soy el verdugo de Buenos Aire%" —
Bases de paz — Derechos basados "en el antiguo régimen"
— "El año 1816 será el año feliz de los orientales." — Es
necesario que un hombre muera por el pueblo — La franja
roja diagonal de la bandera
I
Hemos dejado bien clai amenté establecido el carác-
ter del primer Presidente o Jefe Supremo, o soberano
legitimo, o como queráis llamarle, de ese Estado Oneri'
tal del Uruguay y el Plata, que habéis \isto nacer de
la madre demociacia
Afirmemos sin reservas que Artigas e3 el primer
magistrado republicano de esta parte de América Su
nombre es lo de menos Carióle le llamaría rev, en
el sentido de rector, regente, conductor, del más apto,
del que nos marca la conducta No e9 menos acciden-
tal la primera forma provisional de su gobierno, la
forma definitiva, en éste como en todos los casos, y
como todas las formas, brotara espontáneamente de
la esencia
Artigas se preocupó inmediatamente, como hemos
dicho, de realizar aquella forma en toda la región
1 1791
JUAN ZORRILLA DS SAIf MARTIN
sometida a *u influjo Ésta no se limitaba a su Patria
Oriental, el predominio del héroe sobre las provincias
occidentales ge con«umó como el cumplimiento de una
ley natural No sólo había aquél dominado la Meso-
potamia argentina, comprendida entre los ríos Uru-
guay y Paraná, el continente de Entrerríos, de que
hemos hablado sino que, salvando este último, y mu-
cho más allá, regía los destinos de Santa Fe v de
Córdoba Esos estados o provincias, Entrerríos, Co-
rrientes, Santa Fe y Córdoba, se habían acogido ex-
presamente a su protección, y lo aclamaban como el
solo capaz de arrebatarlos a la absorción de las logias
secretas de Buenos Aires, que, por colectivo instinto,
rechazaban Las demás provincias, hasta la falda de
los Andes, se sentían misteriosamente atraídas a la
órbita lejana de aquel ígneo capitán, y sentían su in-
flujo, como el de una mole en Totación
Artigas había, pues, realizado su \asto nlan polí-
tico las provincias, bajo su protección, habían ven-
cido a Buenos Aires y conservado su derecho a dis-
poner de sí mismas Las multitudes aclamaban al hom-
bre oriental, los gobernadores sostenidos por él,
le obedecían y confiaban en él, y esperaban sus ór-
denes
El campo abierto a su actividad se extendía pues,
desde el Plata hasta los Andes, como lo dice Robert-
son, su palabra era ley en todo el largo y todo el
ancho del antiguo virreinato Pero lejos de ^obreco
gerse, al verse solo en tan magna empresa, insistió
en realizar íntegramente su primitivo pensamiento En
el concierto de aquellos pueblos, que serán, en Artigas
y por Artigas, el núcleo de la independencia democrá-
tica argentina, faltaba uno, como sabemos, adorné* dt
[180]
LA EPQPSYA Dí ABTIGAS
la comuna de Buenos Aires, que entraba como ele-
mento esencialísimo en su vasto plan el Paraguay
El Paraguay continuaba encerrado en su caverna
el doctor Fiancia, con los ojos policromos encendidos
bajo loa párpados, asomaba la cabeza en la sombra
Hizo, como hemos visto, tentativas de ensanchar sus
fronteras hacia el Sur, salvando la natural del río
Paraná, pero Artigas, por órgano de Andrés, su ca-
pitán en Misiones, no sólo lo detuvo y rechazó sus
fuerzas en un combate librado en Candelaria, sino
que, como también lo hemos dicho, pensó en librar
al pueblo paraguayo de aquel su tirano
Esa provincia del Paraguav tiene con la oriental el
vinculo de especial solidaridad que va hemos estu-
diado, un enemigo común que las atisba el portu-
gués, son aliadas, tienen que serlo, pero Rodríguez
de Francia no quiere conflicto alguno con los portu-
gueses Artigas ve eso con claridad meridiana Allá,
en la frontera paraguaya, esta su futuro inevitable
campo de batalla, en que orientales y paraguayos de-
ben luchar por la vida El Paraguay tiene, por tanto,
que vivir, es fuerza se incorpore a la acción gloriosa
de los pueblos presididos por Artigas Éste no deja
un momento de pensar en él, esa idea es una obse-
sión de su espíritu.
Recordad, mis bravos artistas, que nos encontramos
en el año 1815 Sólo Artigas hubiera podido arrancar
el Paraguay a su tirano, pues allí el hombre no ha«
bía aparecido.
Bien Berá que recordemos también ahora las misio-
nes diplomáticas enviadas al Paraguay por Buenos
Aires, en 1811 y en 1813, con el objeto de arrebatar
al monstruo su presa por medio de halagos. Todavía
en ettoe momentos en que estamos, el 30 de enero de
[181]
JUAN ZORRILLA DI SAN MARTIN
1815, el director Alvear, al mismo tiempo que ofre-
cía a la corona de Inglaterra la propiedad del Plata,
se dirigía respetuosamente al dictador del Paraguay,
describiéndole una situación llena de peligros, a causa
de la expedición española que amenazaba "Los celos
contra Buenos Aires, le dice, sostenidos por algún
tiempo en virtud de imputaciones y dudas maliciosas,
no pueden continuar, después que «se ha visto que ella
misma ha desmembrado su pro\inna, v que está dis-
puesta a reconorer la federación o cualquier otra for-
fa, si en realidad es ése el deseo de los pueblos, como
lo ha hecho últimamente con la Provincia Oriental,
de quien sólo exige una correspondencia amistosa"
Artigas estaba al tanto de esas relaciones de los dos
dictadores "Asi Alvear como Francia, escribe enton-
ces a su capitán en las Misiones, -Vndres Artigas, es-
tan unidos rontia nosotros, de Buenos Aires se !e
mandan armas y municiones"
Y así era efectivamente, pero con detalles de inte-
rés En 31 de marzo de 1815, por ejemplo, Nicolás
Herrera escribe esta pintoresca carta a Robertson, el
comerciante ingles, que parte para el Paraguay "El
señor director Alvear me ha encargado prevenga a us-
ted haga presente al doctor Francia que le dará 25
fusiles por cada 100 paraguayos que le remita de
aquella piovmcia para reclutas de estos regimientos,
y proporcionalmente pólvora y municiones Puede us-
ted asegurárselo así, en la inteligencia que se cumplirá,
y se darán garantías o fianzas si se quiere, lo que
mteiesa es la brevedad Deseo a ustpd un viaje feliz,
y mande a su atento servidor y amigo q b s m ,
"Nicolás Herrera
"Secretario del Estado de Buenoi Anea"
[182]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Pero 81 Artigas conocía a Alvear, no lo calaba me-
nos el muy taimado de don Gaspar de Francia % Con-
que cambiar paraguayo? por fusiles?, se dijo para su
coleto No, me quedo con los paraguayos" Y tapió
más herméticamente su guarida, y se hizo confirmar
en la dictadura perpetua, y se dijo neutral con rela-
ción a todo el mundo Era un gran original ese caba-
llero Francia
Fue entonces cuando Artigas, que sabía muy poco
de súplicas, resolvió penetrar personalmente en el Pa
raguay, y salvarlo de la tiranía. Inició una conspira-
ción contra el dictador Invitó de nuevo a los caudi-
llos paraguayos a vivir
Ya os hice meditar, amigos artistas, en cuan dis-
tinta manera hubiera sido la historia de ese esforzado
pueblo paraguayo, que vivió cincuenta años bajo el
yugo de tres despotismos consecutivos, si Artigas hu-
biera logrado incorporarlo a la acción heroica popu-
lar, desligando los brazos a sus hipnotizados caudillos
Os haré ver, por otra parte, cuan distinta hubiera
sido la acción del mismo Artigas, y el destino de su
tierra, y el lote territorial de la América española, si,
al descargar sobre la Banda Oriental el nublado de
la invasión portuguesa» que Artigas \eia en el hori-
zonte, y que vosotros vais a ver, hubiera aquél con-
tado con la alianza de esa nación paraguaya, de valor
insuperable. ¡Oh' Las fronteras de las hermanas his-
pánicas serían hoy muy distintas de lo que son, pro-
bablemente, las de todo el mando hispánico
Y que el pueblo paraguayo, a no ser la fascina-
ción de Francia, hubiera secundado al par de las pro-
vincias occidentales argentinas, la acción de Artigas,
es algo de que no puede dudarse Bien sentía ese pue-
blo que el Jefe de los Orientales no abrigaba el pro-
[183]
JUAN ZORRILLA DE SAN MASTIN
pósito de conquistarlo, y bien se le alcanzaba que la
causa de orientales y paraguayos era una sola Arti-
gas no hubiera sido rechazado, ciertamente, como lo
fue Belgrano, en aquella tierra Con sólo presentarse,
con solo mirar intensamente a los ojos de aquellos
hombres, y decirles su mensaje, pueblo y caudillo hu-
bieran formado un héroe solo
No pudo ser Artigas no pudo atravesar la frontera
paragua\a
Mejor que narraros el hecho, quiero comunicaros
un pintoresco documento, casi nuevo en la historia,
y que os impondrá del asunto más y mejor de lo que
yo pudiera hacerlo Es el proceso inédito, que llega
ahora a mis manos, levantado por Francia conlra don
Manuel Atanasio Cabanas, primer campeón militar
del Paragua), vencedor, como recordaréis, en la ba-
talla de Tacuari El proceso se inicia en 1822, y la
sentencia que en él recae está fechada en agosto de
1833, es decir, después de muerto el procesado Ea
de notar que Artigas estaba ya entonces en poder de
Francia, pues se había refugiado en el Paraguay
Puesto que oportunamente os hice conocer la sen-
tencia del director Posadas, en que se ponía a precio
la cabeza del Jefe de los Orientales, bueno es que
conozcáis ésta del dictador paraguayo, hermana de
aquélla, y no menos llena de color y de estética ex-
presión No me digáis que es larga y chabacana Es
una pieza intensa, que debéü conocer, quieras que no
Artigas lo necesita
Y dice así
AUTO
"Asunción y Agosto tras de mil ochocientos treinta
y tr*s
[184]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
"Resultando que Manuel Atanasio Cabanas, muerto
sin herederos, ha sido un traidor a la Patria y al Go-
bierno por haber mantenido correspondencia con el
malvado caudillo de bandidos y perturbador de la pú*
bhca tranquilidad José Artigas, y haberse encargado
de reunir y aprontarle gente de auxilio para cuando
viniese, según sus ridiculos ofrecimientos, a tomar la
República, llevarse la cabeza del dictador y ponerle
a él y a otros en el gobierno, cuya nueva infamia y
ruindad cometió el citado Cabanas después que no
quiso tomar parte alguna en la revolución que aquí
se hizo para extinguir el mando de España, cuando
avisado del cuartel en que ee habían reunido los pa-
tricios para que viniese a incorporarse con ellos, no
sólo se enfadó con el portador del recado, sino que,
con descarada vileza, respondió que vendría en sien-
do llamado por el Gobernador, que era el europeo
Velazco no obstante lo cual, el presente gobierno por
exceso de bondad le dio los despachos de Coronel,
aun sin mentó, sin servicio ni suficiencia, compro-
bándose con tan informes procedimientos que era un
verdadero enemigo de la Patria y que, resuelto a au-
xiliar al Caporal de ladrones y salteadores Artigas,
estaba dispuesto a quedarle vilmente subordinado y
tenerle sometida la República, como era consiguiente,
a fin de que después no le despojase de su soñado
Gobierno, en que él y otros atolondrados, con quien
igualmente estaba en correspondencia, como también
consta de autos, creían en su delirio y necedad que
pondría a unos y engrandecería a otros sm reflexio-
nar por su inepcia que lo que intentaba era ver sx,
al abrigo de algunos simples infatuados y embauca-
dos con el aliciente y engaños de varias y disparata-
das ofertas, lograba introducir sm peligro al Paraguay
[185]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
sut cuadrillas de miserables bandoleros y facinerosos,
a robar y saquear cuanto pudiesen para remediar sus
miserias, su pobreza y sus extremas necesidades co-
mo hacían en otras partes, viniendo últimamente, des-
pués de tan te ruido, alboroto y afectada valentía o
fanfarronada, cuando se \io arrumado y perseguido
de muerte aun de los su>os por consecuencia y efecto
natural de sus desórdenes, locuras v desatinados pro
cedimientos, a implorar la clemencia y amparo del
mismo Dictador, tuva cabeza había ofrecido llevar,
el cual, recentando de generosidad, sin embargo de
que el ale\oso y bárbaro malévolo no era acreedor a
la compasión, no aolamente le admitió, sino que ha
gastado hberalmeme centenares de pesos en socorrer-
lo, mantenerlo y \estirlo, habiendo venido desnudo,
sin más vpsluano ni equipaje que una chaqueta colo-
rada y una alforja, sin que los ruines aturdidos y
revoltosos que fundaban en el las madores esperan-
zas de gobierno, ventajas y adelantamientos, le hubie-
sen hecho la menor limosna o socorrido en agrade-
cimiento de sus grandiosos o graciosos ofrecimientos,
riéndolo en tal angustia y fatalidad que acaso la Pro-
videncia ha permitido para que los ilusos o deslum-
hrados, los facciosos, lo* depravados encubiertos y
los deseosos de trastornos políticos abran los ojos y
entiendan que las gentes de otros países, envidiando y
odiando al Paraguay por no haberse sometido a sus
ideas de logro predominio y con\ emencia, lo que
desean y buscan es la ocasión de entrar a apoderarse
del Estado engañando a los incautos y simples, sub-
yugar e imponer leyes a los paraguayos, extraer y
sacar riquezas caudales y la plata que sólo aquí co-
rle todavía, y, finalmente, llevar gente para sus em-
ri86]
LA EPOPEYA Dg ABTIGAS
presas y servicios, para después reírse del Paraguay
y mofar orgullosamente a las paraguayas
"En virtud de todo, se declaran confiscados \ apli-
cados a gastos públicos y servicio del Estado todos
los bienes que aparecieran corresponder al citado Ma-
nuel Cabanas, o ser de su pertenencia en su falleci-
miento, y a ese efecto, se expedirán las providencias
convenientes, rompiéndose igualmente el insinuado tí-
tulo de Coronel, de que se ha mostrado indigno y sin
honor para obtener semejante grado, cuya denomina-
ción tampoco ee le ha de poder dar en lo sucesivo
"Francia
"Policarpo Patino,
' Actuario tíel Superior Gobierno
No diréis, mis amigos artistas, que hemos perdido
el tiempo al leer ese documento precioso, con ser él
tan deshilvanado y exigir tan largo aliento para ser
leído de un tirón
Según el expediente, la correspondencia sostenida
por Cabanas con Artigas, y las gestiones de éste pa-
ra preparar su entrada al Paraguay, tenían lugar en
el momento en que nos encontramos de esta historia
precisamente el año 1815 Artigas, desde la provin-
cia de Santa Fe y Entrerríos, gobernada a la sazón
por Candiota, el que, con Amaro, fue embajador de
Posadas, y por intermedio de Andrés Artigas, su co
mandante gobernador en Misiones, de que acabamos
de hablar, buscaba el hombre paraguayo a quien po-
der transmitir su mensaje de libertad, y armarlo ca-
ballero de su patria Cabanas, Caballero, Yegros.
cualquiera de los bravos de 1811 "Incluyo a usted,
E187]
JUAN ZORRILLA PB SAN MARTIN
dice a Andrés Artigas, en nota de 27 de agosto de
1815, la copia de la carta que prometí a usted (su-
pongo que es la de Herrera a Robertson) Por ella
conocerán los paraguayos que iban a ser \endidos
como esclavos y que el doctor Francia ha tratado de
intrigarnos con Buenos Aires Usted saque de ella
bastantes copias y remítalas a los paraguayos para
que se desengañen"
"Escriba usted, le dice en otra nota, a los amigos
de aquel pueblo, para \er si forman la revolución se-
gún u»ted Ies insinuó, o si hacen la representación
que usted Ies dijo, a fin de que yo tenga el más po-
deroso motivo para auxiliar sus esfuerzos"
No pudo ser la mirada de Francia estaba en todas
partes y helaba la sangre Y Francia, como los hom-
bres de la oligarquía bonaerense, quería estar bien con
los portugueses, enemigos de* Artigas Nadie se atre-
vió a secundar a éste, Artigas no pasará la frontera
del Paraguay, sino para buscar en él su sepulcro, se
refugiará en las garras de Francia Veréis entonces
el más extraño de los fenómenos El tirano, que habrá
hecho correr la sangre de los proceres paraguayos,
al saber que Artigas, el facineroso, el caudillo de ban-
didos, el que buscaba su cabeza, es su prisionero, ni
siquiera le mirará a los ojos , reventará de gene-
rosidad, y no atentara contra la vida de aquel fora-
gido, lo respetará como a cosa sagrada Mas aun
lo veréis proclamar, como título de honor para su
país, el asilo que concederá a Artigas en su derrota,
y hasta compararlo c-on el concedido por los ingleses
a Bonaparte en Santa Elena.
[188]
LA SffOPEYA DC ARTIGAS
II
Artigas tuvo que desistir, una vez más, de la liber-
tad del Paraguay Su obra principal estaba en Bue-
nos Aires Tenía que incorporar esa provincia, la más
importante de todas, al conjunto de las provincias
hermanas, hacer prevalecer allí, en el centro vital del
organismo, el espíritu americano, y derrocar, por
consiguiente, a Alvear, que, como sabéis, pensaba en
ese momento en entregar el Río de la Plata a Ingla-
terra, y era la encarnación mas genuina del escepti-
cismo oligárquico, el antiartigas por excelencia
Pero era menester que Alvear fuese vencido en la
capital, como lo habían sido sus agentes en las provin-
cias, y como Artigas quería lo fuese el doctor Fran-
cia en el Paraguay por el mismo pueblo de Buenos
Aires
Y eso fue lo que acaeció El joven Director, presa
de un frenesí patológico, ejerce una dictadura san-
grienta, pero no puede sostenerse El cadáver del ofi-
cial *Übeda, acusado de sedición por haber dicho pa-
labras sospechosas, amaneció un día colgado frente
a los balcones del Cabildo Ese cuadro es intenso, y lo
dice todo era un domingo de Pascua (7 de abril),
día en que, según vieja costumbre, se colgaban unos
muñecos o mamarrachos de paja, llamados Judas, en
odio al Iscariote, que traicionó al Divino Maestro
Los primeros transeúntes de Buenos Aires que, por
la mañana, vieron, frente al balcón del Cabildo, el
cadáver de Übeda, que se balanceaba en el vacio, lo
creyeron un Judas admirablemente bien hecho Cuan-
do la espantosa realidad se difundió, el pueblo de
Buenos Aires desfiló silencioso bajo los pies del muer»
to oscilante, pero lejos de intimidarse, se «acerbi,
[1*9]
JUAN ZORRILLA DS SAN MAjtTIN
lo veréis echar abajo a Alvear dentro de ocho días
Uno se imagina lo que los historiadores apologistas
de Alvear y de la cultura y humanidad bonaerenses
hubieran dicho de Artigas, si éste hubiese sido capaz
de hacer algo parecido a ese siniestro Juda*, o a
otros de su especie
Alvear se ha hecho odioso, tanto en la capital como
en Entremos \ Santa Fe, y Córdoba, y en todas las
provincias El espíritu democrático circulaba ea Bue-
nos Aires, difuso en el pueblo, con tanta energía como
en los demás estados, allí existirá siempre una opo-
sición, animada del espíritu de Artigas Pero no se
formara el núcleo vital, el centro democrático popular
será siempre una nebulosa no espiral, el ambiente
de Buenos Aires no había producido, m podía produ-
cir, como personaje remante, un Artigas, su natura-
leza cósmica y su fuerza centrífuga tienden natural-
mente a otra forma Artigas tiene que ser odiado en
esa ciudad no por el pueblo, pero sí por la oligar-
quía que allí se conglomere, sea de tirios o de troya-
nos Vais a tocar ese fenómeno sociológico con la ma-
no, amigos artistas Alvear caerá, caerá por obra de
Artigas que el pueblo de Buenos Aires ha llamado
en su protección por órgano de su Cabildo, pero no
por eso los sucesores de la dictadura se refundirán
en el héroe oriental, ni comprenderán bu carácter, ni
su pensamiento, ni su mensaje
Tracemos rápidamente los hechos, el cuerpo de la
historia, que es lo accidental, a fin de conocer su
alma, que es lo que debe hallar forma en vuestra crea-
ción estética
E1W]
LA KPOPHYA DE ARTIGAS
III
Alvear se convence de que su situación es insoste-
nible, ha recurrido, según hemos visto, a don Gaspar
Rodríguez de Francia, el déspota paraguayo, en de-
manda de auxilio , ae ha dirigido a él respetuosamente,
y protestando "contra la degradante calumnia de que
Buenos Aires pretenda esclavizar a los demás pueblos
de América, cuando su objeto es y será siempre ayu-
dar a su independencia" , le ha propuesto "una alian-
za de ambas provincias" Peí o todo ha sido inútil, el
joven Dictador, rechazado por el viejo que hace ore-
jas de mercader, y no creído tampoco por el Jefe de
los Orientales, a quien también hace nuevas manifes-
taciones de amor entrañable, va a jugar la partida
donde debe jugarla Envía sus tropas al encuentro de
Artigas, que, acudiendo al llamado del pueblo de Bue-
nos Aires, como ha acudido al de los demás argenti-
nos, ha cruzado el Paraná
Es muy interesante la proclama que entonces dirige
Alvear al pueblo de la capital, en 31 de marzo, para
llamarlo a las armas, termina así "Fijad la vista en
el territorio de los orientales, y hallaréis el cuadro de
los beneficios que se os preparan Los campos desier-
tos, saqueados los pueblos, las estancias incendiadas,
las familias errantes, destruida la fortuna particular,
despreciada la religión de nuestros mayores, los ase-
sinos con el mando, autorizados los más horrendos
crímenes, y el país más hermoso del mundo conver-
tido en teatro de sangre y desolación"
Artigas ha penetrado, pues, en territorio occidental
y, después de ocupar Santa Fe, emprende su marcha
victoriosa sobre la capital El ejército de Alvear va a
su encuentro, al mando de los coroneles Alvarez Tho-
[191]
JUAN ZORBttiA DS «AN MARTIN
más y Valdenegro, pero éstos, que, al par del Ca-
bildo, están en connivencia con Artigas, confraterni-
zan con éste, se sublevan en Fontezuelas, al Norte de
la provincia de Buenos Aires, el día 13 de abril, e in-
timan a Alvear el inmediato abandono de su cargo
El Cabildo de Buenos Aires encabeza el 15 un movi-
miento popular, al que se adhieren lag tropas procla-
mando la caída de la dictadura y la disolución de la
Asamblea, de la célebre Asamblea que rechazó los
diputados orientales en 1813 AKear, repudiado por
los pueblos, abandonado por su ejército, sin opinión
ni fuerza, huye a refugiarse en un buque inglés, huye
sólo con su familia, abandonando a los suyos El Ca-
bildo se erige en gobernador, se designa, como Di-
rector Supremo, a Rondeau, que manda el ejército del
Alto Perú, y, en su ausencia, a Álvarez Thomás, ca-
beza del pronunciamiento El mismo San Martín, el
antiguo compañero de AKear v futuro general de los
Andes, se ha adherido a la sublevación de Fontezue-
las, está, pues, con Artigas, como lo están los jefes
que acompañan a Rondeau Martin Rodríguez, Pago-
la, Foresti, Alvarado, Martínez, etc
Alvear, que, en el motín de octubre de 1812, había
Bubido alzado por San Martín, cae ahora empujado
por él, y cae también la Asamblea que del primer
motín surgió Y todo aquello se derrumba, como un
tinglado
El cuadro de ese momento histórico ea muy intere-
sante Una convulsión de alegría epiléptica, con mu-
cho de infantil y no poco de siniestro, pues las ven-
ganzas de los vencedores son terribles, recorre todo el
territorio platense, desde Buenos Aires hasta el Alto
Perú En torno del derrumbe de la situación de Al-
vear se forma una especie de sabhat fantástico fiestat
[192]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
cívicas y religiosas, demostraciones militares y del
pueblo, gritos, algarada, cruce de comunicaciones bom-
básticas
Ese cuadro hubiera sido cómico, si no hubiera te-
nido tanto de trágico El vencedor se entrega, en Bue-
nos Aires, a toda clase de venganzas con los vencidos
encarcela, saquea, fusila, deporta Todos se apresuran
a protestar su adhesión al nuevo gobierno, y al au-
sente libertador Artigas sobre todo, los caudillos, los
cabildos de las provincias, los generales de los ejér-
citos El gobernador de la remota provincia andina
de San Luis dice al Cabildo de Buenos Aires, que
es tal el contento de aquel pueblo, que "por algún
momento la razón no fue dueña de sí misma" El de
Córdoba le hace saber que, después de respirar esa
provincia el aire de la libertad, a la sombra del ge
neroso y valiente Jefe de los Orientales, no faltaba
otra cosa a su felicidad que ver al pueblo de Buenos
Aires libre del peso que le oprimía El Cabildo afirma
que "las almas de los ciudadanos se han elevado al
colmo de la alegría, que la provincia obraba con in-
dependencia de las combinaciones del gobierno caído,
gracias al sostén de las armas orientales, que, sin man-
char su libertad, dejaron ai pueblo dueño de sí mis-
mo, sm más deber que el de sostener el sistema de
nuestra libertad, pero que, con la nueva situación,
la unión de todos en ese propósito sera una verdad''
El mismo gobernador de Montevideo, Otorgues, y
el Cabildo, envían a Buenos Aires sus plácemes y ma-
nifestaciones de júbilo
En medio de todas esas explosione» frenéticas, sólo
una entidad permanecerá serena, casi impasible Ar-
tigae Él era, a no dudarlo, el derrocador de Airear,
su espíritu triunfaba, en un Manifiesto que dirige Al
7
L1M]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
muy benemérito Pueblo de Buenos Aires, y que remite
al Cabildo, para que éste lo adjunte al que le ha en-
viado en consulta antes de difundirlo. Artigas explica
y justifica su conducta ante aquel pueblo, v le dice
"Ciudadanos y pueblo de Buenos Airts Vuestros her-
manos, los orientales, no dudan de que sus votos se-
rán correspondidos, olvidan sus quebrantos, y hacen
votos al dios tutelar de la amistad de los pueblos
Que nada sea capaz de contrariar nuestra unión, y
sólo se vea entre nosotros una grande familia de her-
manos'*
Artigas había consumado, pues, la mitad de su obra,
la negativa, faltaba la otra mitad la mas importante,
que él no vera realizada elevar en Buenos Aires el
hombre de pensamiento y de carácter, capaz de rea-
lizar allí la idea de la revolución de Ma)o la libre
intervención de I09 pueblos en la solución de sus des-
tinos, la democracia En el Manifiesto que hemos re-
cordado, dice el héroe "Son tantos los trabajos que
aún tenemos que afrontar para libertar la Patria, que
no podemos inspiramos en otra ambición que la de.
merecer las bendiciones de la posteridad''
Para daros cuenta de esa claridad de visión del
hombre oriental, es conveniente, mis amigos, que co-
nozcáis la forma en que hace conocer la caída de Al-
vear al Cabildo de Montevideo, análoga a la que
emplea con las demás provincias la del Paraguay in-
clusive Fl, personalmente, puede estar muy satisfe
cho, ha sido objeto de protestas de apasionada adhe
sión por parte de Buenos Aires, el Cabildo que, días
antes, el 5 de abril, había sido forzado por Alvear,
•o pena de mandar fusilar 300 personas como fue.
ahorcado Übeda, a dictar un bando infamante contra
Artigas, hizo quemar el inocente bando en la plaza
[1MJ
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
de la Victona por manos del verdugo Fue una escena
muy curiosa, sin duda alguna dieron fe del acto el
alguacil mayor y el escribano, las tropas formaron
cuadro en torno de la hoguera vindicadora, el Direc-
tor Supremo solemnizaba el auto de fe desde las ga-
lerías del Cabildo Fue cosa realmente interesante,
algo así como lo que había hecho Posadas con la
sentencia de muerte de Artigas, que, según lo recor-
daréis, también en estupenda forma revoco, declarando
a Artigas "buen servidor de la Patria" El Cabildo
encargó a Londres una cincelada espada, para obse-
quiar, con una más entre vanas, al Jefe de los Orien-
tales, el bando difamatorio de Alvear se sustituyó por
uno nuevo, largo, bombástico, insípido, como casi lo-
dos los documentos de aquella época de retóricas cam-
panudas en América — "Ciudadanos, decía al pue-
blo de Buenos Aires libres vuestros representantes del
duro despotismo que tan gloriosamente acaba de des-
tronar, es un deber suyo reparar los excesos a que lo
arrastró su escandalosa opresión Empeñada la tira-
nía en alarmar al pueblo contra el que inicuamente
suponía invasor injusto de nuestras provincias, precisó
con amenazas a esta corporación a autorizar con su
firma la infame proclama del 5 del corriente Ella no
es más que un tejido de imputaciones, las más execra-
bles, contra el ilustre y benemérito Jefe de los Orien-
tales don Jobó Artigas Sólo vuestros representantes
saben con cuánto pesar dieron un paso que tanto ul
traja el mérito de aquel héroe y la pureza de sus
intenciones"
Así sigue la proclama, y termina. "Ciudadanos de-
poned vuestros recelos, vuestros verdaderos intereses
son el objeto de los desvelos de vuestro Ayuntamiento,
y, para afianzarlos, procede de acuerdo con el Jefe
[1951
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
de los Orientales, la rectitud de intención de este in-
victo general es tan notoria, y la ha acreditado de
una manera tal, que no puede dudar de ella", etc , etc
l Invicto General, ilustre y benemérito Jefe, héroe
purísimo1 . Palabras, palabras, palabras, que nos
tienen muy sin cuidado
Convengamos, mis amigos, en que todo esto es tris-
te, no os lo cito, por cierto, para gloria de Artigas,
pues él era el primero en desdeñarlo, como todo lo
de su especie
Mirad, pues en qué téi minos hacía éste saber el
suceso al Cabildo de Montevideo "Me es muy satis-
factorio comunicar a V S que los opresores de Bue-
nos Aires han sido derribados La pretendida Asam-
blea General Constituyente fue disuelta por sí misma,
y el general Alvear destinado a bordo de una fragata
de su Majestad Británica, heridos todos por la indig-
nación del pueblo En la Municipalidad se halla re-
fundido el Gobierno de aquella provincia V S hallará
en tan afortunado suceso el triunfo de la justicia
pública y el resultado de nuestros constantes esfuerzos
por conservarla inviolable Mis combinaciones han te-
nido una ejecución acertadísima, y espero que el res-
tablecimiento de la tranquilidad general aparecerá muy
pronto Yo ya he repasado el Paraná, y circulado las
órdenes precisas para que hagan lo mismo las fuer-
zas que había hecho avanzar desde la ribera occiden-
tal Sm embargo, por ahora es preciso limitarnos a
eso sólo, por cuanto aún no se ha formalizado tratado
alguno que fije la paz, yo no perderé instante en co-
municar a V. S cuando, llegue el momento de sellarla,
y mientras tanto, tenga V S la dignación de acom-
pañar mis votos, reuniendo a esos dignos ciudadanos
en turno del santuario, a consagrar el presente suce-
[1B6J
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
so, que agrega un laurel más a la brillante corona de
nuestros afanes y desvelos".
Observad, amigos míos, que Artigas, vencedor, no
penetra en Buenos Aires a recoger las aclamaciones
de que es objeto, ni a imponer su voluntad auxilia al
pueblo que lo llama, y se retira, dejándolo dueño de
bi mismo , lo protege, pero no lo sustituye, no quiere
sustituirlo, no entra en Buenos Aires, como no entró
en Montevideo m en Córdoba, no quiere ser Director
Supremo o Gobernador de ínsula alguna, que para
eso están los escuderos andantes £1 es sólo la fuerza
vital ordenadora, la vida hará su obra por sí misma
Notemos, pues, lo que dice Artigas al Cabildo de
Montevideo, notémoslo bien "Aun no se ka forma-
lizado tratado alguno que fije la paz", es decir, nada
hemos hecho, mientras no hagamos una verdad del
evangelio republicano del año 13 la autonomía del
Estado Oriental, y la alianza de este, en pro del co-
mún propósito, con los demás estados hermanos, due-
ños de ai mismos, Buenos Aires inclusive
Llega con este motivo el momento, amigos artistas,
de que penetremos en lo hondo de las intuiciones de
Artigas, pues comienza s>u apogeo, vamos a ver qué
es lo que él combatía, qué es lo que él ha deiribado
en Alvear, y su asamblea y su maquina política
Conoceremos de cerca ese espíritu-legión que apa-
rece en nuestra hi9tona frente al héroe personal
Alvear, el protagonista de todo aquello, huye de
Buenos Aires, y, no bien arriba a Río Janeiro, corre
en busca del Encargado de Negocios de España, don
Andrés ViUalba, y le ofrece, como antes lo había he-
cho al representante de Inglaterra, la entrega de estas
provincias a su solo dueño el rey Fernando Hugo Bar-
bagelata es quien acaba de dar, en el Archivo Hi&tó-
[107]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
neo de Madrid, con el original de los papeles, en que
el Antiartigas se nos revela en toda su deformidad,
los ha publicado en su inteiesante libro Artigas y la
Revolución americana Yo os ofrezco esos papeles en
copia fotográfica de los originales, porque Alvear, allá
en 1818, desmintió su autenticidad No, ellos son tan
auténticos como la capitulación de Montevideo, tam-
bién desmentida por aquél, tan auténticos como ella,
desgraciadamente Aquí lo» tenéis, pues, ved la nota
de Villalba a su superior, don Pedio de Ceballos, es
de 26 de jumo de 1815 Villalba nana en ella la= rei-
teradas visitas que le ha hecho Alvear, las íazones
que ha tenido para recibir benignamente a ese sujeto,
que fue Director de Buenos Aires, a pesar de las in-
sinuaciones portuguesas tendentes a que pidiera su pri-
sión, las revelaciones de secretos de estado sobre las
miras de Portugal y de Inglaterra que el tal sujeto le
ha hecho, y remite a España, poi fin, una Relación
de la fuerza de línea que tienen las Provincias Unidas
del Río de la Plata, que están en insurrección, docu-
mento que, personalmente y suscrito por él le ha con-
fiado el Director fugitivo, como prenda de su entrega
y la de los suyos
Detalladísima, por cierto, y de mano esperta es
esa Relación, en ella se denuncian las fuerzas de linea
y las milicias con que cuenta Buenos Aires, las que
están en Mendoza, al mando de San Martin, las que,
a las órdenes de Rondeau, operan en el Perú, lo mis-
mo que las de Guemes, las de la Banda Oriental y
Entremos, por fin, cuyo jefe es don José Artigas,
con las divisiones de Otorgues Rivera, Ojeda, Basual-
do Todo esta bien detallado soldados de cada cuerpo,
armas, municiones, recursos, estado de animo de los
diversos pueblos, todo con indicaciones útiles para
[188]
LA EPOPEYA DB ARTIGAS
apreciar los puntos vulnerables Se hace advertir allí,
por ejemplo, que los pueblos de la Banda Oriental y
Entremos, los más entusiastas revolucionarios, se agru-
parán casi unánimes en torno de Artigas, en caso de
invasión, que esas tropas "son valientes y de una
constancia admirable", pero no tienen disciplina, según
el informante, se denuncia lo que produce la fabrica
de pólvora que hay en Córdoba poco activa por la
escasez de salitre; la de fusiles que existe en Buenos
Aires, etc , etc
¡Y el Memorial, por fin' jEl doloroso Memorial
del enemigo de Artigas' Está suscrito "Carlos de AL
vear", y comienza así
"Señor Encargado de Negocios de S M. C
"Es muy sensible a un español que ha nacido con
honor, y que procuró acreditarlo entre los gloriosos
defensores de la nación, presentarse ahora a \ indicar
su conducta en actitud de delincuente, y con las som-
bras de rebelde y enemigo de su Rev Yo me habría
ido lejos de los hombres, a ocultar mi vergüenza, si
no conservase una esperanza de hacer disculpables mis
procedimientos, o si conociera menos la clemencia del
Soberano y la indulgencia de sus ministros, enseñados
en la escuela de las desgracias La buena acogida que
he merecido a V S y las relaciones que antes de mi
salida de Buenos Aires empecé a tener con la Lega-
ción de S M C en esta corte, me animan a hacer la
exposición de mis operaciones, para que, elevándola
V S al Rey Nuestro Señor, se digne recomendarme
a su Soberana piedad"
Recuerda entonces Alvear sus servicio» en España,
y expone la necesidad en que se vio de trasladarse a
Buenos Aires en 1812, donde lo reclamaban sus cuan-
[199]
JUAN ZORRILLA DI SAN MARTIN
tiosos intereses Una vez aquí, no pudo, sin exponer
su vida, dejar de aparentar su adhesión a loa insu-
rrectos, "animado de la esperanza de rectificar algún
día las ideas que alimentaba el fanatismo de la mul-
titud" Bien pudo hacer eso "sin que estuviera en
contradicción con el honor v la justicia", porque las
Cortes españolas, "apoderándose de la soberanía, y
publicando con ruidoso aparato todos los dogmas de
la democracia mas exaltada, us-urparon su autoridad
al Rey, solo legítimo soberano e inficionaron con
ellos estos pueblos'1.
Alvear dice que él, poi el contrano, pensó y obró
de acuerdo ) en servicio de su Rey absoluto, que pro*
redió en odio a las doctrinas con que los escritores
"habían envenenado los espíritus, con una dosis des-
medida de liberalidad y filosofismo " "La Majes-
tad del Trono, dice, y la soberanía del Rey, que, apo-
yada en la religión, podía solamente calmar las con-
cisiones de un pueblo agitado, estaba minada por
aquellas doctrinas y desvanecida la saludable opinión
que, fortificada por sus ejemplos, habíamos recibido
de nuestros mayores" "Agregúeme, pues, continúa el
procer antiartiguista americano, agregúeme al partido
de los que eran conocidos por más vehementes y aca-
lorados, con el objeto de adquirirme un crédito ele-
vado de patriota, y de tomar ascendiente sobre los
que suponía mas capaces de una oposición sostenida a
la ideas de conciliación" Y, una vez arriba, todo
cuanto hizo no tuvo más objeto que hacer retornar
todo aquello "del gobierno popular al de uno solo"
"Don Manuel José García, dice Alvear, que esta aquí,
y a quien elegí por tus notonoi principios politicoi,
y que estuvo en el secreto de mis ideas y fue mi agente,
podría informar a V S menudamente de los traba-
[200]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
jos que fueron necesarios para llegar al término de-
seado"; también le recuerda la intervención de S arra-
tea y su viaje a Inglaterra en prosecución de aquel
objeto
Hasta que se supo, por fin, con indecible alegría,
la restitución del amado Fernando VII al seno de sus
vasallos Y entonces se creyó posible aventurarse a
un paso decisivo que pusiese término a esta maldita
revolución" Con ese objeto se mandaron, como dipu-
tados ante Su Majestad, a don Bernardino Rivadavia
y don Manuel Belgrano, con ordenes de tocai en esta
Corte, se despacharon pliegos a los generales Pezuela
y Osorio, etc, etc
"'Pero había quienes no querían que el país volviese
a su antigua tranquilidad, continua AHear, y ese
ejemplo, apoyado por la conducta de don José írtigas
en la Banda Oriental, iba a alejar toda esperanza de
orden y de subordinación a la legítima autoridad"
Entonces, dice por fin, fue cuando creyó necesario
aceptar el mando supremo Y puso jefes de su con-
fianza en los regimientos, dio ordenes para la forma-
ción de un cuerpo de soldados españoles, que encargó
al coronel García, "español de toda mi confianza, etc "
"Y por eso he caído, concluye Alvear su larguísimo
Memorial, que apenas os extracto, por eso he sido
víctima porque mi decidido conato ha sido el de vol-
ver estos países a la dominación de un Soberano que
solamente puede hacerlos felices Por eso yo, con mi
familia, así como otros compañeros de desgracia, no
hemos trepidado en presentarnos voluntariamente a
V S , y permanecemos bajo su protección y la de Su
Alteza Real.
"V. S. está en disposición de interrogar personal-
mente a muchos individuos que, habiendo tenido parte
[201]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
en la dirección de mis planes, son actualmente vícti-
mas del furor de la revolución insensata que, con mo-
tivo de ellos, acaba de suceder en Buenos Aires"
Allí estaban, efectivamente, en Rio Janeiro, Gaicia,
que ya prepara la invasión portuguesa contra Artigas;
Herrera, ministro de Alvear, que \endrá como secre-
tario del invasor, y que es, sin duda, el redactor del
Memorial de Alvear, y otroa miembros de aquel sinies-
tro organismo
Y concluye el documento
"A lo menos espero que, considerándome como un
vasallo que sinceramente reclama la giacia de su So-
berano, y esta dispuesto a merecerla se sirva recomen-
darme a Su Majestad, ante quien me presentaré, lue-
go que halle seguro transporte para mi persona y fa
miba
"Rio Janeiro, 23 de agosto de 1815
Carlos de Alvear".
No es ante ese soberano, sino ante la Historia, el
solo soberano de los hombres historíeos, ante quien
debiera reclamar alguna piedad esa doliente sombra,
os conjuro a que me creáis, amigos míos, cuando os
digo que, con angustias en el corazón, he sentido el
impulso de acordársela, pero la otra sombra, la de
Artigas, tan calumniado, y tan a mansalva, me marca
con el dedo esos documentos \ indicadores Tengo que
obedecerla ahí tiene la historia de Aménca esos pa-
peles desenterrados que parecen espectros en demanda
del honor de Artigas
Quisiera haceros notar, siquiera de paso, que la ac-
titud de Alvear coincide casi literalmente con la de
Otorgues, el caudillo gaucho que sueña con ser mar-
[202]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
qués El Memorial del primero, del joven patricio, pa-
rece calcado en la Exposición o Credencial con que
el segundo, el tortuoso deudo de Artigas, acredita sus
embajadores, también Otorgués, agente de orden y
civilización, dice allí, como recordaréis, que la cauti-
vidad del monarca a quien pertenecen estos dominios
era un torrente de desorden , que todo desapareció con
su regreso al trono, que él, como Alvear, es vasallo
de ese rey cuyas desgracias fenecieron, etc etc
Todo eso, la fusión de los Alvear y los Otorgués,
que después se llamarán López Ramírez, etc , forman,
pues, la Legión, el Antiartigas
Y ved al Artigas del otro lado, en el otro extremo
es José Artigas de carne y hueso, solo No, no solo
con todos I09 pueblos argentinos, todos, desde Buenos
Aires y Montevideo hasta Jujuy y las Misiones, que
conserva y educa, él es el depositario de su espíritu,
su verbo, su forma heroica Y sera, con su Patria
Oriental, el holocausto ofrecido a su redención Era
entonces, precisamente, mientras aquellos hombres se
refugiaban en la piedad del monarca, cuando aquel
bárbaro de bronce devolvía a Pezuela sus embajado-
res, con la noticia de que él jamas había pensado en
defender a su Rey, al de Pezuela
¿Comprenderán al héroe Alvar ez Thomás y los hom-
bres políticos que con él predominan? ¿Lo aceptarán,
sobre todo, reconociendo, de acuerdo con Artigas, que
Buenos Aires es una provincia autónoma como las de-
más, obligada, como las otras, a la unión, pero tam-
bién al recíproco respeto, es decir, lo que hoy existe9
iVana ilusión' Todos aquellos hombres, cual
más cual menos, son la ingénita negación de Artigas
Álvarez Thomás es tan enemigo de éste como Alvear
y Posadas y los otros En Buenos Aires se ha realizado
[203]
.TOAN ZORRILLA DE SAI» MARTIN
una revolución política, pero no una transformación
social ha habido allí sólo un cambio de hombres
dentro del elemento exótico, que asi puede aceptar la
posibilidad de hacer del pueblo aie;entino una nueva
y glonosa nación, como creer en los milagros de
Mahoma No hay más hogar, para esa fe germinal,
que la mente profética de Artigas
Por lo pronto, úrgeme mucho haceros conocer el
concepto que del jefe de los Orientales se han forma-
do sus actuales aliados bonaerenses» ¿Sabéis lo que
ofrecen a ese hombre Artigas, que -vais a conocer co-
mo el más generoso v más humano de los héroes que
labraron la independencia americana, para congra-
ciarse con él y demostrarle que conocen y aprecian
su carácter''* No lo podréis conjeturar si \ o no os lo
digo Le dan parte en las venganzas de que ellos go
zan, le envían, cargados de grillos, v con el proceso
preparado, a siete de los jefes vencidos, escogidos en-
tre los que más se han señalado como enemigos de
Artigas siete hombres vivos Ese envío forma parte
de la comisión o diputación que para formalizar el
tratado que fije la paz, como dice Artigas, acredita
ante esté el bando triunfante en Buenos Aires, y que
está constituida por los señores Pico y Rivarola Re-
cordaréis que Lairañaga, miembro de la diputación
enviada por Montevideo, se encontró con aquella de
Buenos Aires, y con los engrillados en Paysandú,
donde el caudillo los recibe La elección de prisione-
ros ha sido bien hecha, al parecer El envío, pongo
por caso, del coronel don Ventura Vázquez que va
entre los siete engrillados, es inteligente Este Vázquez
no e3 otro que el patricio aquel que traicionando una
vieja amistad íntima, había desertado de las filas de
Artigas, con el escuadrón que éste había confiado a
[204]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
su lealtad en el Ayui; es aquel cuya traición había
llegado a conmover al héroe, según nos lo dice el co-
ronel Cáceres, hasta arrancarle lagrimas
Ahora veamos lo que proponen al libertador, como
base de pacificación, y para demostrarle que penetran
su recóndito pensamiento y sus ambiciones Le ofre-
cen el reconocimiento, por Buenos Airea, de la abso-
luta independencia de la Provincia Oriental, de que
él es jefe indiscutido El menos avisado puede perci-
bir que esa independencia que se ofrece a Artigas no
puede ser la de los dueños europeos, que Buenos Ai-
res mismo no tiene asegurada para sí, ni ha declarado
ante los demás pueblos, ni siquiera es la independen-
cia que se reconoció al Paraguay, en 1810, impuesta
por los desastres de Belgrano, \ que coexistió con un
pacto de federación de ambos estados Independencia,
en el presente caso, solo quiere decir disolución de
la alianza necesaria del Estado Oriental con los de-
mas estados, es decir, la soledad, lo que hubiera cau-
sado la pérdida de todas las naciones de América de
Chile, del Perú, de Colombia, lo que espera Portu-
gal, precisamente, para caer sobre el territorio que am-
biciona en el Plata Imaginemos, por un momento, que
esa propuesta es hecha por Buenos Aires a Chile, por
ejemplo, o vice-versa, que el uno propone al otro re-
conocer su independencia Y pensemos en la contesta
ción que hubiera recibido el proponente Así nos da
remos cuenta exacta de lo que la tal propuesta entra-
ñaba, hecha al Jefe de los Orientales
jY no ha faltado quien haya creído que esa base
de pacificación pudo, y hasta debió ser aceptada en
aquel momento1 Artigas debió encerrarse en su tierra,
darse por independiente porque Buenos Aires lo reco-
nocía como tal, gozar de su triunfo por el tiempo que
[205]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
éste pudiera prolongarse, y abandonar los demás pue-
blos argentinos al predominio absoluto de la comuna
porteña, que gestionaba la monarquía en Europa v la
entrega de la Banda Oriental al re\ portugués
Yo me imagino, amigos míos, la amargura de aquel
hombre Artigas al ver asi desconocido su magnánimo
carácter >, sobre todo, al \er que su pensamiento era
hasta ese punto inaccesible a los demás hombres No,
Artigas no tino el ofrecimiento a gran fa-vor, ni mu-
cho menos
Quiero que oa detengáis a mirarlo un rato en ese
instante de melancólica tristeza, es también un mo
mentó marmóreo Artigas se nos ofrece, como el Moi-
sés de Alfredo de Vigny, en\ uelto en su nube, solo .
Triste el seul dans ma gloire
No lo comprenden, ni lo comprenderán, Artigas
jamás buscó riqueza ni predominio personal, mucho
menos venganza
Quiero que nos detengamos, un rato al menos, mis
amigos, en este rasgo, el mas amable acaso, de su
carácter en su vida afectiva, en su humanidad
IV
No existe, en la historia de la guerra, un soldado
mas caballeresco, ni un vencedor mas clemente que
el fundador de la República Oriental del Uruguay
El coronel Caceres, enemigo de Artigas, nos dice en
sus Memorias "En fin, Artigas era hombre de bien,
patriota y desinteresado, era hombre muy humano,
y, si no constitu) ó su país, fue porque no tuvo tiempo,
pues incesantemente estuvo ocupado en la guerra que
le promovían los de Buenos Aires"
[206]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Un varón ilustre, que leñemos en nuestra historia
como tipo de honestidad, y que conoceréis más ade-
lante, don Joaquín Suárez, nos ha dicho en sus apun-
tes autobiográficos "El general Artigas ha sido el
primer patriota oriental, fue un amigo a quien hice
mis observaciones, puedo decir que he sido el único
a quien él ha oído Si cometió algunos errores, no ha
sido por ambición miserable, sino por lltgar a ver a
su patria independiente En ese sentido, ha obrado
siempre como hombre honrado Jamas faltó a su pa-
labra No era sanguinario, y sí muy sensible con los
desgraciados"
Eso que dice Joaquín Suárez, con su ingenuidad
de hombre limpio de corazón, es, para nosotros, la
verdad, por el solo hecho de decirlo el Suárez nunca
dijo sino la verdad Y nadie mejor que el conoció a
Artigas Y el retrato de Artigas era el único que de-
coraba los muros de su dormitorio cuando murió
Nada es, sin embargo, su testimonio, y el de muchos
otros concordantes, Guerra, Larrañaga, Robertson, etc ,
sobre la humanidad del esforzado caudillo, al lado de
la convicción que uno mismo se forma, en el estudio
de su vida y de su muerte, de su carácter > de sus
hechos Sorprende, yo os lo aseguro, la imposibilidad
en que se han \isto los detractores1 de ese hombre bue-
no, cuando han buscado con afanoso empeño un caso
concreto, uno solo, de crueldad, que echarle en cara.
Lo natural hubiera sido encontrarlos, sin embargo
Que no es frecuente la coexistencia del valor guerrero
y la piedad
Lo sabe todo el mundo las entrañas de la guerra,
si es que las tiene, son demasiado frías, para engen-
drar corazones abrigados, su símbolo es la Palas Ate-_
nea, ceñida de su casco de oro, y con la cabeza cor-
[207]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
rada de la Gorgona en el centro del escudo No tiene
sexo, concibe em amor, pare sin dolor Su hija pn
mogemta es de mármol, diosa inmortal Se llama Glo-
ria Y es hermana de la muerte
Et je marche effare des cnmes de \a gloire1, dice
Víctor Hugo
L03 crímenes no dejan de ser crímenes por ser la
gloria quien los comete, la humanidad, deslumbrada
al principio, los calla, pero no los absuelve Y, tarde
o temprano, también la joven marmórea diosa com-
parece despojada de su casco de oro, ante la justicia
lamáis Vodeur des morís u'attire les hons
Nada de extraordinario hubiera sido, nada de ex-
traordinario, hallar manchas de sangre en la memo-
ria de Artigas La guerra americana no fue, ni pudo
ser, una excepción en la historia de la guerra En
la región del Norte, sobre todo, en la de Bolívar, las
inmolaciones sangrientas hacen volver la cabeza Los
generales españoles juzgan que solo hay un medio de
triunfar de los rebeldes' el exterminio, la repoblación
Los nombres de Boves, de Monteverde de Yáñez, de-
ben incluirse entre los de la fauna i armcera
Siniestras fueron las represalias de Bolívai De-
claró la guerra a muerte jEsos ochocientos rehenes
fusilados en una hora'
Uno, dos, diez centenares de mujeres, y de viejos,
V de niños, son inmolados una y diez veces
Oíd este toque lúgubre de campana mortal Es una
proclama del gran libertador, exacerbado por una in-
molación de sus hombres y de sus viejos > de sus mu-
jeres, de todo su pueblo, consumada por el enemigo
[208 ]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
"i Españoles Contad con la muerte, aun siendo indi-
ferentes' j Americanos. Contad con la vida, aun cuan-
do seáis culpables I"
Creo que con eso tenéis bastante, para juzgar de
aquellos lívidos espantos Pasemos rápidamente sobre
esos recuerdos, pasemos rápidamente
La guerra no fue de esa ferocidad en el Río de la
Plata Las circunstancias fueron menos premiosas,
Buenos Aires no oyó jamas un tiro español, como al-
guna vez os lo hice notar No fue allí, sin embargo,
donde halló Artigas el ejemplo de sus clemencias
Conocéis el Plan de operaciones aconsejado por Ma-
riano Moreno a la primera Junta, y, lo que es más
auténtico, lo habéis visto llevado a la práctica, sabéis
bien cómo fueron sacrificados Lmiers y sus compa-
ñeros, al iniciarse la revolución de Majo, la primera
victoria de la patria argentina, Smpacha, tiene el es-
tigma doloroso de la sangre de los jefes vencidos,
que habéis visto fusilar, de acuerdo con instrucciones
expresas de la Junta, en Potosí, en 1812, un terror
espantoso recorre las calles de Buenos Aires un es-
pañol, don Martín de Alzaga, el defensor de la ciudad
contra los ingleses, ha fraguado una inicua conspi-
ración, los conjurados pagan con la vida la frustrada
tentativa, durante muchos días sus cadáveres cuelgan
en las plazas públicas, los procesos cabalgan en las
furias aladas; el terror es tal, que los españoles se
apresuran a vincularse por matrimonio a familias del
país, para hacer olvidar el delito de serlo, Rivadavia,
que muy pronto gestionará la reconciliación con Es-
paña, preside todo eso Si queréis recordar ahora la
sentencia de Posadas, que paga seis mil pesos por
la cabeza de Artigas, y sus instrucciones para la cam-
pana del Guayabo, podéis hacerlo, pues las conocéis,
[209]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
y el recuerdo es oportuno Y cuando conozcáis en sus
detalles la muerte, en Mendoza, de José Miguel Ca-
rrera y sus hermanos, veréis sangre de héroes salpi-
car las manos de otros héroes, cujos nombres no pro-
nunciaremos aquí Y si os n airaran la muerte, en las
calles o en el patíbulo, de los prisioneros españoles
confinados en San Luis (Carretero, Ordóñez, Primo
de Rivera, Morgado, Berganza, etc ), que son sorpren-
didos en una imprudente y criminal tentativa de eva-
sión, sentiríais ineutable escalofrío ante la sangre de
aquellos valientes desgraciados La figura dolorosa,
sobre todo, de un oficial adolescente casi un niño,
que, loco de terror, es obligado a renegar de su nom-
bre y de su patria, a trueque de conservar la vida,
inspira gran piedad Y en la cara frígida, siniestra, de
don Bernardo de Monteagudo, especie de Robespie-
rre o de Marat patriota, que incita y precipita esa
inmolación v muchas otras, veríais la máscara trágica,
implacable, que hace su mueca horrible, tras la noble
cabeza de la gloria americana
Et je marche effaré des crtmes de la gloire'
Bien es verdad, amigos míos, apresurémonos a de-
cirlo, que esos horrores fueron, en general, provoca-
dos por los del enemigo, no lo es menos que la du-
reza de los tiempos, que hacen el deber oscuro, v las
necesidades de la guerra los explican o atenúan Pero
ea glorioso para América poder projeitar, sobre esas
oscuridades, la figura de un héroe inmune, en la de
este Artigas, el hombre genuinamente americano, el
corazón autóctono La America entera ha de recla-
marlo para sí, ha de reclamar ese limpio corazón
Lo habéis visto, al revés de lo acaecido en Suipa-
cha, respetar y hasta rendir su homenaje al vencido,
[210]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
tras la batalla de Las Piedras, canjear los prisioneros,
defender personalmente a los combatientes caídos del
enemigo Leed siquiera estas palabras del parte oficial
de la batalla "La tropa enardecida hubiera pronto
descargado su furor sobre las vidas enemigas, para
vengar la sangre de sus hermanos, pero, participando
de la generosidad que distingue a la gente americana,
cedió' a los impulsos de nuestros oficiales, empeñados
en salvar a los rendidos" Era él personalmente, como
lo recordaréis, el mismo Artigas, quien salvaba a los
rendidos en aquel glorioso campo El coronel Hollem-
berg y quince oficiales, prisioneros de Artigas, son
puestos en libertad sin condiciones, ya conocéis la
carta de esos oficiales a Posadas el Director Supremo,
en que le dicen que los ha sacrificado sin razón, por-
que la causa de Artigas era justa El general Viamont
y veintiséis subalternos caen en poder de Artigas, y
recobran su libertad sin ser tocados en un cabello
Y volverán a combatir contra él Los episodios son
numerosos, la anécdota, colorida y expresiva Pero
no debemos alejarnos demasiado de nuestra narración
histórica, y nada mas conducente a ver de cerca en
el corazón del héroe, que el momento en que nos en-
contramos el en que el partido bonaerense vencedor
de Alvear envía engrillados al caudillo oriental siete
de los jefes vencidos, sus enemigos
Tengo aquí, en mis manos, un capitulo de las Me-
morias inéditas del teniente general don Antonio Díaz,
sargento mayor entonces, comandante de los guias del
ejército de Alvear, y que llegó a ser general de la
República Era español, y sirvió a la patria ameri-
cana, fue un hombre de bien v de \alia Nadie me-
jor que él puede darnos cuenta del caso, él, como
enemigo de Artigas, fue uno de los elegidos para for-
[2111
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
mar parte del presente remitido a é9te uno de los
engrillados El capitulo es largo, y lleno de ingenua
belleza, siento de \eras que no quepa su lectura in-
tegra en nuestra conversación, que prolongaríamos
demasiado, pero es fuerza que os lo extracte, y os lea
siquiera algunos fragmentos
Comienza el general Díaz a dar cuenta de la impre-
sión causada en Alvear por el pronunciamiento de -
Fontezuelas, de su capitulación, de su huida bajo la
garantía del cónsul ingles, dejando a todos los suyos
a merced del bando \encedor Nos presenta a éste
entregado a sus represalias, engrilla a las personas
más notables de la situación caída ministro4», miem-
bros de la Asamblea, empleados civiles, jefes del ejér-
cito Se piensa en fusilar, sin forma de proceso, a
diez de los presos por delito de facción, se levantan
los banquillos; pero, al fin, sólo se fusila a un pobre
teniente coronel, don Enrique Pallardel, el mas des-
vabdo y falto de apoyo, y ae pone a precio de dinero
el rescate- de la vida de los demás, bin perjuicio de
aplicarles la pena de destierro perpetuo Don Gerva-
sio Antonio de Posadas el primer Director Supremo,
que \a conocéis nos da en sus Memorias, de que os
hable en otra ocasión, muchos detalles sobre esas per-
secuciones Él es uno de los caídos con el bando de
su sobrino y sucesor Lo arrancan de su casa donde
viyía retirado \ enfermo, lo arrastran de cárcel en
cárcel; le embargan los bienes, le remachan una ba-
rra de grillos, en la cama donde esta postrado "Yo
no pude conseguir, dice, un médico ni medicamento
alguno Me introdujeron un sacerdote franciscano,
que vrv amenté solicitaba confesarme, y usaron de todo
el apaiato conveniente a hacerme entender que se tra-
taba, como efectivamente se trató, de quitarme la vida,
[212]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
a mi y a otros muchos que habían engrillado No
pudiendo matarnos, trataron de robarnos, y una no
che se entró al cuarto de mi prisión un hombre ex
ti" año vino a pedirme sesenta mil pesos 91 quería
libertar mi vida, etc , etc "
Dejemos las Memorias de Posadas, por interesan-
tes que ellas sean, y volvamos a las de Díaz Las es-
cenas que éste nos describe, acaecidas en las horas en
que, encerrados loa presos durante muchos días en
un calabozo, sm luz alguna, oven el oleaje que ruge
fuera, son dignas de Silvio Pellico Esperan la muerte,
que flota 6obre sus cabezas, casi la desean, desde el
fondo de aquella oscuridad, sobre todo cuando saben
la de su infortunado compañero Pallardel, cuyos pa;
sos han sentido, al ser llevado al banquillo Se embar-
gan y se saquean los bienes de los vencidos, y, por
más que, según lo afirma el mismo Díaz, los hombres
de la revolución no eran menos enemigos de Artigas
que los anteriores gobernantes, se da parte a aquél en
el festín, enviándole a sus enemigos, cargados de ca-
denas
"Entre éstos estaba yo, dice Díaz Habíamos sido
condenados a muerte primeramente, nuestras vidas
habían sido sorteadas con dados, la suerte cayó so-
bre nuestro compañero y amigo Enrique Pallardel que,
aunque tan inocente como nosotros, sufrió el suplicio,
se nos conmutó la pena por la de destierro, se cam-
bio ésta, por fin, en la de remisión a disposición de
Artigas, a quien habíamos hecho la guerra por orden
del gobierno"
"El general Artigas, continúa el narrador, asombra-
do de un proceder tan indigno, rechazó el horrible
presente, declarando que no tenía moto o alguno para
quitarnos la vida, pues, como militares, habíamos cum-
[213]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
piído con nuestro deber haciéndole la guerra, siendo
el gobierno el único responsable de ella y de los me-
dios inicuos de que se había valido para aniquilarlo;
y, finalmente, que si aquellos jefes habían dado al-
gún motivo a los que gobernaban en Buenos Aires
para matarlos, que el no era verdugo de los po) teños
Este rasgo, agiega Díaz, de un caudillo reputado san-
griento por esos mismos hombres que querían ha-
cerle instrumento de su odio, merece que demos un
paso retrospectivo, a fin de detallar este hecho con
todos sus episodios, en el cual se destaca, a grandes
rasgos, el proceder del Jefe de los Orientales"
También >o tengo que detenerme en esto, mi9 ami-
gos artistas No extrañéis que lo ha\a hecho, y lo
haga La calumnia cometida por historiadores que pa-
san por honrados, ha sido implacable contra Artigas,
y éste reclama vindicación luminosa Recordad las
palabras de Larrañaga sobre esto, casi idénticas a las
de Díaz, \a entonces se reclamaba justicia para el
hombre calumniado j Cuánto ha tardado en llegar'
Un siglo, que ha permanecido silencioso, quiere cobrar
voz en estas palabras que os hablo, amigos míos, un
siglo sordomudo quiere romper a hablar en mi boca
jOh, la palabra' Es más dura que el marmol que
vosotros golpeáis con el martillo Derramemos, pues,
en nuestro cuadro toda la luz y toda la sombra Yo
tengo que ofrecer al héroe vilipendiado, como holo-
causto propiciatorio, la pena que a mí mismo me cau-
sa el narraros estas miserias de hombres a quienes
solo quisiera glorificar, para ofreceros el enorme con
traste
Los prisioneros son arrojados en el fondo de la bo-
dega de un barco que parte No saben a dónde se les
lleva.
[214]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Durante el viaje conocen su destino -van a manos
de Artigas. "Vamos a estar, por fin, en presencia de
éste".
Miradle bien, amigos, que es un adversario suyo
quien os lo muestra, completad los informes de éste
con el conocimiento que ya tenéis del hombre, recor-
dad su figura enigmática, sus movimientos graves y
personales, su fina cabeza caucásica, sus ojos claros,
pensativos, su palabra franca y reposada Nunca le
podréis ver más de cerca que en este momento
La descripción de Díaz es insuperable, en su inge-
nua sencillez, y este momento de Artigas tiene una
gran melancolía Todas las calumnias que contra él se
han urdido parecen formarle un nimbo de fuego al
disolverse en la luz
Los presos han llegado a su destino, en la costa
oriental del Uruguay, están en el rancho en que los
vio Larrañaga, y que les sirve de cárcel Uno de los
centinelas avisa, por fin, que \iene el general
Leamos el texto de Díaz "Después de saludarnos,
dice, permaneció algunos momentos en silencio, fi-
jándose detenidamente en cada uno de nosotros. El
coronel Vázquez estaba en un extremo, y el general
pasó rápidamente por aquél, con quien tenia el motivo
de resentimiento que antes hemos hecho conocer, fi-
jándose después, con alguna atención, en los otros
cinco que no conocía"
Va a hablar, pues, el gaucho selvático que nos des-
criben las historias americanas corrientes, inspiradas
en los informes de las malvadas que se han escrito en
el Plata Díaz continúa
"Tenía un papel en la mano Luego tomó la
palabra, y dijo Siento, señores, ver con esos grillos
a hombres que han peleado y pasado trabajos por la
[215]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
causa de la patria El gobierno de Buenos Aire» me
manda a ustedes para que los fusile, pero yo no veo
los motivos Aquí me dice (señalando el papel que
tenía en la manol que ustedes me han hecho la gue-
rra, pero yo sé que no son ustedes quienes tienen la
culpa, sino los que me la han declarado, y me llaman
traidor y asesino en los bandos y en las gacetas, por-
que defiendo los derechos de los orientales y los de
las otras provincias que me han pedido protección
ktSi es que ustedes me han hecho la guerra, otro
tanto hacen mis jefes y oficiales, éstos obedecen lo
que yo les mando, como ustedes habrán obedecido lo
que sus superiores les ordenaron Y si hay otras
causas, )o no tengo nada que ver con eso.
"No soy verdugo del gobierno de Buenos Aires
"Luego preguntó a cada uno de los jefes que no
conocía, que eran cinco, por 9us nombres ) empleos
Todos, al satisfacer su pregunta, agregaron que no
se habían hallado en ninguna campaña contra él. Aun-
que el general Artigas sabia muy bien que yo no me
hallaba en ese caso, cuando me tocó contestar, le dije
que había hecho la campaña contra éí El general
Artigas contestó solamente Ya lo sé, es lo mismo
"Animados por la favorable disposición que anun-
ciaba su modo de expresarse, le hicimos una bre>e
relación de lo& acontecimientos del 15 de abril y del
espíritu de venganza que caracterizaba todos los ac-
tos de los nuevos gobernantes, respecto de los jefes y
demás empleados de la anterior administración
"Después de algunos momentos de silencio, el ge-
neral Artigas dijo Sí quien hace eso — y
volviéndose luego hacia mí, me dijo — En el pueblo
de la Bajada se dijo que usted y otros jefes, hasta
C216]
IA EPOPEYA DB ARTIGAS
diw, habían sido fusilados, cuando la caída del ge-
neral Alvear
"Y después de otro intervalo de silencio, prosiguió.
¿Ha visto usted el pago que han dado los porteños a
nuestro amigo don Ventura?
"El coronel Vázquez, a quien se hacía aquella alu-
sión por la deserción con su regimiento, quiso hablar
algunas palabras, para explicar o disculpar su con-
ducta, pero el general le interrumpió diciendo Eso
ka pasado ya
"Y, fijándose con prontitud en el anciano coronel
Balbastro, le preguntó cuántos años tenia y en qué
ejército había servido Contestó éste expresando su
edad, y la campaña del Perú, y batallas en que se ha-
bía encontrado desde 1810
"El general Artigas permaneció algunos momentos
callado y como pensativo, v dijo, acompañando la si-
guiente exclamación, con una sonrisa de desprecio
¡ Vaya 1 ¡ Ni entre infieles se verá otra co^a igual
"Nos preguntó en seguida si teníamos algún sir-
viente, y, con ese motivo, el coronel Fernández le
expresó, en pocas palabras, el tratamiento que había-
mos recibido, y el coronel Balbastro le manifestó el
disgusto que le causaba estar encerrado, avarzandose
hasta significarle la mortificación que le producían los
grillos a su edad, y en el estado de su salud, y el deseo
de que nos los mandara sacar
"La indicación, poco discreta a la verdad, en tales
circunstancias, causó al general Artigas algún emba-
razo, y francamente nos dijo entonces que, si estuviera
en sus manos, habría mandado que se nos quitasen
lo» grillos desde que bajamos a tierra, pero que eso
dependía de los diputados del Congreso de Buenos Ai-
res, a cuya disposición, y no a la de él, nos hallába-
[217]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
mos Por fin, añadió "Veremos si podemos arreglar-
nos con las proposiciones de paz de que vienen en
cargados"
"Se despidió en seguida, diciendo que daría orden
para que se nos proporcionaran las comodidades que
fueran conciliables con las circunstancias que había
indicado, y exhortó con especialidad al anciano coro-
nel Balbastro a tener conformidad > paciencia
"De ahí a un cuarto de hora, entró el comandante
de la guardia con dos soldados, y nos dijo que, de
orden del general, ponía éstos a nuestra disposición,
como asistentes Que la puerta quedaba abierta por
orden también del general, pudiendo nosotros mismos
entornarla después de las ocho de la noche Como era
uno de los meses más rigurosos de invierno, y estába-
mos con poco abngo, pedimos, y se nos concedió, te-
ner fuego, agregando a esa condescendencia la de per-
mitirnos salir a tomar el sol
"La paz entre el general Aitigas y los revoluciona
nos de Buenos Aires era el fundamento de las espe-
ranzas que nos había hecho concebir aquel jefe, su
intención, en ese caso era la de quedarse con noso-
tros, y ponernos en libertad, según más adelante nos
lo indicó el mismo, pero la paz no pudo ajustarse, y
fuimos devueltos a Buenos Aires
"A los doce días de nuestro arribo a Paysandú (el
18 de junio de 1315), vino a nue«tia prisión, a las
nueve de la mañana, un ayudante del general Artigas,
para anunciarnos que un bote estaba junto a la orilla
del río para conducirnos a bordo, y luego nos pusi-
mos en marcha hacia aquel paraje
"El general Artigas se nos acercó en la mitad del
camino, con varios jefeg y oficiales que le acompa-
[218]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
ñaban, y dio solícitamente su brazo, como apoyo, al
coronel Balbastro, que estaba algo enfermo
"Aprovechamos aquella ocasión para expresar al
general nuestra gratitud por su generoso procedimien-
to hacia nosotros, de lo que pareció quedar muy pe-
netrado Nos dijo entonces que, si hubiera podido
tener lugar la paz, no habría tenido inconveniente en
ponernos en libertad, pero que los diputados porteños
no habían querido avenirse con las proposiciones que
les había hecho"
Ahí tenéis a Artigas, mis amigos artistas, ése es el
hombre Creo que lo habéis visto bien de cerca ¿No
es interesante ese cuadro de Artigas que da su brazo
al viejo coronel Balbastro, caminando a orillas del
Uruguay' Los virtuosos de Buenos Aires, lo mismo
que el amable dictador Rodríguez de Francia, le han
tratado de inculto, de bárbaro y sanguinario y
hasta de facineroso Y como tal hd ingresado en la
historia americana Creo que ya hemos encendido la
luz suficiente para ahuyentar, para siempre jamás,
esas rampantes tinieblas exteriores
Los jefes devueltos por el Jefe de los Orientales
pasaron por Buenos Aires, v, si bien salvaron la vida,
fueron inmediatamente deportados, con plazo de cua-
renta ) ocho horas, y con la prevención de que sería
fusilado cualquiera que se atreviese a volvei al terri-
torio de las Provincias Unidas
V
Ahora es el caso de saber por qué no pudo concer-
tarse la paz entre Artigas y Buenos Aires, con ser el
primero, como lo habéis visto, el factor del nuevo
gobierno
[810]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Artigas, hermanos artistas, no pudo aceptar las
bases de paz de Buenos Aires, por la misma razón
porque no pudo recibir su presente siniestro, por la
misma razón porque éste era el desconocimiento bru-
tal de su corazón, y aquéllas el de su pensamiento
genial Y lodo lo era el de su carácter y misión pro-
fética Buenos Aire9 no podía aprobar tampoco las
bases de Artigas en 1815, por lo mismo que no aceptó
sus Instrucciones en 1813, ni lo convenido con Amaro
y Candioti en 1814, porque eran la encamación de
un pensamiento radicalmente antagónico al que re-
presentaba su oligarquía la soberanía de loa pueblos
o estados, aunque dentro de la unton o confederación
mdispen'iable a todos ellos
Veamos, pue«, al procer del Urugua> tomar en
consideración el segundo testimonio de amistad que
le envía Buenos Aires la base que le propone para
cimentar la paz entre el Estado occidental y el oriental
Los comisionados de Alvarez Thomás Pico y Riva-
rola han llegado al campo de Artigas, como lo dijo
e.»te a sus prisioneros El Jefe de los Orientales, para
concertar las bases de arreglo, comienza por colocar
&u piedra angular, como con Vigodet, como con Ama-
ro y Candioti Todo lo demás es accidental El primer
articulo de su proyecto decía "Seia reconocida la
convención de la Provincia Oriental establecida en el
acta del Congreso del 5 de abril de 1813, del tenor
siguiente La Banda Oriental del Uruguay entra en el
rol para formar el estado denominado Provincias Uni-
das del Río de la Plata Su pacto con las demás pro-
vincias es el de una alianza ofensiva y defensiva Toda
provincia tiene igual dignidad e iguales privilegios y
derechos, y cada una renuncia al proyecto de sub-
yugar a la otra La Banda Oriental del Uruguay está
[220]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
en pleno goce de su libertad y derechos , pero queda su-
jeta, desde ahora, a la Constitución que sancione el
Congreso General del Estado, legalmente reunido, te-
niendo por base la libertad"
Como lo veis, mis a.nigos, esa base de pacificación
es la idea fundamental de Majo la independencia y
la forma representativa republicana A don Gaspar
Rodríguez de Francia, el del Paraguay, le fue acep-
tada por la primera Junta de Mayo, como recordareis,
y mucho mas amplia, acabáis de conocer los térmi-
nos respetuosos en que Alvear se la propone de nuevo,
y la acepta para todos
Artigas llego quizá a espeiar, aunque ya hemos vis-
to que Gon poco vigor, que la caída de Alvear, apo-
yada por él en Buenos Aires, le había aproximado,
cuando menos, a la realización de su ideal
]Vana esperanza' Lo que ha triunfado en Buenos
Aires no es eso, ni nada que a eso se parezca ni apro-
xime. Allí está la sede del espíritu exótico el núcleo
de las combinaciones políticas secretas \ de las di-
plomáticas, más secretas aun, la negación del pueblo,
es decir, todo lo contrario, absolutamente lo contrario
de lo que Artigas representa Álvarez Thomás, socio-
lógicamente consideiado, es el sucesor legítimo de
Alvear, a quien ha derrocado, y de Posadas, y de
Sarratea, como será el antecesor legítimo de Balcarce,
y de los hombres que van a reunirse en el Congreso
de Tucuman, que serán monarquistas, y de Pue>rre
dón, que Berá el elegido por ese Congieso para regir
a las Provincias Unidas
En el otro círculo de acción, en el otro mundo, e9tá
ArtigaB
Alrededor de Álvarez Thomas se ven los mismos
hombres dirigentes que rodearon a Posadas y a Sarra-
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
tea, y, sobre todo, esta todavía en Río Janeiro, y per-
maneceid allí, el mismo agente diplomático enviado
por Abeai a entregar las provincias del Plata a In-
glaterra, García, el mismo que continuara, como re
presentante de Áharez Thomás, \ de su sucesor Bal
caree y del sucesor de éste, Pue>rredon, negociando
la misma entrega a España, a Poitugal o a cualquier
otro Y Rivadavia y Belgrano están en Europa, gol-
peando las puertas de Fernando VII, y de Carlos IV,
y de la Santa Alianza, en bu^ca de un señor para es-
tos pueblos ¿Cómo conciliar eso con el bárbaro Ar-
tigas9
La aceptación de las bases de paz propuestas por
éste significarían, por consiguiente, un cambio radi-
cal, no sólo político, smo sociológico , y no hay efecto
sin causa La antigua capital señorial del virreinato
no ha podido convertirse, por arte de birlibirloque,
en núcleo democrático, no ha podido \er quebrantada,
de la noche a la mañana, la convicción que abriga de
que Buenos Aires no es una de las provincias o es-
tados de la unión, como lo ha sido en definitiva, sino
que es, y debe ser el solo núcleo de la nueva patria,
la única entidad deliberante Su puerto tiene que te
ner el absoluto predominio económico, como en la
época colonial, su gobierno, el político absoluto debe
ser el único pensamiento Todo lo demás ha de ser
acción y obediencia a su supremo impulso Ya veréis
a Buenos Aires pretender disponer, en sus combina-
ciones diplomáticas, no sólo de la suerte de las pro-
vincias del Plata, sino de la de Chile, sm anuencia
del pueblo chileno, de la del Perú, sin la del perua-
no, de la de toda América, con la sola anuencia de
la Santa Alianza europea Resistirse a eso es anar-
quía, es crimen. Fue el crimen de Artigas
[222]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
A la proposición de éste, contestan inmediatamente
los delegados de Buenos Aires con la siguiente estu-
penda base primera, que no era improvisada por ellos,
como bien se echa de ver, Buenos Aires reconoce la
independencia de la Banda Oriental del Uruguay, re-
nunciando a los derechos que por el antiguo régimen
le pertenecían
Se comprometía, además, a cooperar, con todos los
elementos que fueran de su resorte, para que la Orien-
tal llevara adelante la guerra contra los españoles,
fijémonos bien, contra los españoles, contando con la
reciprocidad.
i Renunciando a los derechos que, por el antiguo
régimen, pertenecían a Buenos Aires sobre Montevi-
deo, sobre la Provincia o Estado Oriental' Bien
sera que penséis, mis amigos, en eso? derechos de
Buenos Aires, basados en el antiguo régimen, y que
recordéis las razones que tuvo Montevideo, cuando se
inicio la revolución de Mayo, para rechazar al en-
viado de la Junta de Buenos Aires, y que no fueron
otros que la tendencia que imputaron a Buenos Ai-
res de sustituirse a los virroes, de tener derechos,
basados en el antiguo régimen, sobre Monte\ideo Esos
malhadados derechos de un hermano sobre otro her-
mano, al emanciparse ambos de la madre común, nos
dieron muchos dolores de cabeza
"El Paraguay, dice Juan Bautista Alberdi, argen-
tino ilustre, se levantó como se levantó Buenos Aires,
y Chile, y toda la América sección por sección No
por impulsión de Buenos Aires (esto es pueril), sino
porque, para toda América, surgió la independencia
del mero hecho de caducar España, iu dominador co-
mún"
18»]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
No será tampoco incongruente que meditéis un mo-
mento en ese reconocimiento de la independencia de
la Banda Oriental, que ofrece Buenos Aires a Arti-
gas como base de paz
Y la independencia del mismo Buenos Aires ¿quién
la reconoce ? ¿Quien puede reconocerla, si aun no ha
sido proclamada pues solo Artigas ha pedido la de-
claración de independencia en sus Instrucciones del
año 13, y Buenos Airea, no 10I0 ha continuado gober-
nando a nombre y con la bandera de Fernando VII,
sino que tiene en esos momentos en Europa a Bel-
grano v Rivadavia para gestionar la \uelta de Amé-
rica al dominio monárquico europeo9 Y nadie da lo
que no tiene, ¿no 69 \eidad?. nadie da lo que no
tiene, según parece
i Reconocimiento de la independencia de la Banda
Oriental1 E«o como lo \eis, \ como lo \ eréis mas
claro después tiene todo el carácter de un sarcasmo
Esa independencia de sus hermanos no es tal inde-
pendencia para la Banda Oriental, es su abandono
en ese momento, la soledad de que antes os he ha-
blado como contraria a la esencia misma de la revo
lucion americana
Artigas no sabia en ese momento, a ciencia cierta,
que el Directorio de Buenos Aires estaba concertando,
en Río Janeiro la entrega de la Provincia Oriental a
-Portugal, pero lo presentía Y al rechazar el presente
griego de la independencia que le enviaba quien no
la tenía para sí mismo, lejos de renunciar a la inde-
pendencia verdadera de su patria pugnaba por poner
en acción el único medio de obtenerla y conservarla
para sí y para los demás, para Buenos Aires inclusive
Aunque me tachéis de antiestético, mis amigos ar-
tista», \o quiero haceros meditar en esto, en eBte re-
[2241
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
chazo por Artigas de la independencia oriental Al-
gún espíritu frágil o perezoso ha creído ver en eso
la disolución del héroe, como padre de la patria uru-
guaya Artigas no pensaba en la independencia de su
Patria Oriental, dicen muy seriamente, puesto que no
la aceptó cuando se la ofreció Buenos Aires La razón
es de las que suelen ser llamadas de pie de banco,
como lo veis Es preciso que nos demos cuenta de lo
que significa esa palabra federación, empleada en
este caso por Artigas, para dar forma a su visión
genial.
Que no sea yo quien os lo explique, cambiaremos
de estilo, para dar mayor nervio a la atención Es
Sarmiento, en el Facundo, el que habla "Cuando la
autoridad, dice, es sacada de su centro, para fundarla
en otra parte, pasa mucho tiempo antes de echar
raíces
"La autoridad se funda en el sentimiento indelibe-
rado que una nación da a un hecho permanente
Donde hay deliberación y voluntad no hay autoridad
Aquel estado de transición se llama federalismo, y,
después de toda revolución, y cambio consiguiente de
autoridad, todas las naciones tienen sus días y sus
intentos de federación
"Me explicaré Arrebatado a la España Fernando
VII, la autoridad, aquel hecho permanente, deja de
ser, y la España se reúne en Juntas Provinciales, que
niegan la autoridad a los que gobiernan en nombre
del rey Eso es federación de la España Llega la no-
ticia a América, y se desprende de la España, sepa-
rándose en varias secciones federación de la América
Del virreinato de Buenos Aires salen, al fin de la lu-
cha, cuatro estados Bolivia, Paraguay, Banda Orien-
tal y República Argentina federación del virreina-
[225]
8
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
to La República Argentina se divide en provincias,
no por las antiguas intendencias, sino por ciudades
federación de las ciudades
"No es que ia palabra federación signifique sepa-
ración sino que, dada la separación previa, expresa
la unión de partes distintas"
Me parece que Sarmiento ve bastante claro y dice
bien, por más que, en otras ocasiones, llama a Arti-
gas separatista porque proclama la federación Ésa
era, pues, la federación, la unión en el propósito co-
mún de independencia proclamada por Artigas Lejos
de negar con ella la independencia o personalidad de
las partes que teman las condiciones de persona inter-
nacional, presumía esa personalidad independiente, la
separación previa, que él no invento por cierto
Y eso es, precisamente, lo que no quiere Buenos
Aires no quiere reconocer la unión de personas dis-
tintas La democracia, sobre todo, es, para la comuna
bonaerense, una aspiración anárquica
Los comisionados de Álvarez Thomás se retiran
No hay paz posible con Artigas, pues éste quiere ha-
cer la unión, que, según Buenos Aires, v pese a la
opinión de Sarmiento, v de Alberdi y del buen sen-
tido, ya está hecha, por el rey de España, con su nú-
cleo en esa ciudad Es preciso pues aniquilarlo, a él
y a su patria, para salvar el resto de la América espa-
ñola, por medio de la monarquía
El procer oriental se queda sólo una vez más con
su visión ¿Será realmente un fantasma un ensueño ?
^0 es quizá un genio infernal, hijo del pasado y de
la noche, y no del porvenir y de la aurora, que le
atrae a sus tinieblas9 ¿Es un imposible, acaso un
crimen, pensar en dar a estos pueblos americanos una
intervención eficiente en la creación de las nuevas na-
[ 226]
LA EPOPEYA DE AHTIGAS
cionalidade?, y deben ser éstas sólo fruto de arreglos
diplomáticos de los señores que tienen su sede en
Buenos Aires y que negocian ante las cortes euro-
peas9 .
Artigas no vacila, su fe no se quebranta. Cree en
las palabras que su visión le dice al oído, 'sigue cre-
yendo en el espíritu de la revolución de Mayo Es un
obstinado, un bárbaro
Realiza, sin embargo, una nueva tentativa de paci-
ficación, él no- quiere la guerra con sus hermanos
Convoca, en el Arroyo de la China, hoy Concepción
del Uruguay, un Congreso de representantes de las
provincias que obedecen a su influencia Santa Fe,
Entrerríos, Corrientes, Córdoba. Y ese Congreso en
vía a Buenos Aires cuatro diputados, los doctores
Cossío, Andino, Cabrera y Barreiro, el secretario de
Artigas, a agotar los recursos para evitar la guerra
En Buenos Aires se repite la escena de la recepción
de Alvear a los comisionados orientales en Montevi-
deo Puesto que esos diputados no traen la sumisión
incondicional de sus comitentes a lo que se resuelva
en Buenos Aires, no son dignos de respeto A fin de
que no regresaran extemporáneamente, llevando a Ar-
tigas la noticia de la salida de tropas enviadas contra
éi a Santa Fe, al mando de \iamont, los nuncios de
paz fueron encarcelados en la fragata de guerra Nep
tuno, con el pretexto de alojarlos con mas decencia
y comodidad Aquéllos protestaron contra el ultraje,
Artigas dirigió al Director una intimación indignada
y amenazante Pero Alvare2 Thomás se rió grande-
mente de sus iras, y sólo dio sus pasaportes a los
cuatro embajadores cuando lo estimó oportuno Muy
pronto dejara de reír, sin embargo, el señor Director,
veremos cómo, dentro de tres o cuatro meses, el 29
[227]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
de noviembre de 1815, ocurrirá el desastre de Sipc'
Sipe, en el Alto Perú, donde Pezuela aniquilara a
Rondeau, y \ eréis entonces a este director Álvarez
recurrir consternado a Artigas en demanda de soco-
rro, consternado ) suplicante
Pero, entretanto, los diputado» del Jefe de los Orien-
tales tuvieron que retirarse ultrajados
Nos retiramos en paz, dijeron a Aharez Yo quedo
con ella, contesto sonriendo irónicamente el Director
Supremo, que se juzgaba perfectamente seguro en el
puesto en que Artigas lo había colocado
VI
Alvarez Thomás y sus hombres teman motivos para
hablar a Artigas con sangrienta ironía en ese momen-
to, y para esperar tranquilos las resoluciones que éste
adoptara con sus orientales j Tenían motivos' Todo
estaba preparado para no temer a Artiga*
Yo quisiera, mis amigos, no tener que hablaros de
esto Llego a esta hora de tinieblas con gran tristeza,
quisiera que no sonara en el tiempo Pero e¿>as oscu
ndades son necesarias para que sobre ellas se pro-
yecte la forma luminosa del heioe. y se ofrezca a
vuestros ojos con su nimbo histonco
£1 gobierno de Buenos Aires reasume la actitud de
sus piedecesores, que esta en la esencia de las cosas,
con relación a Artigas, y reanuda la campaña de Al-
vear contra el hombre oriental, interrumpida por la
sublevación de Fontezuelas, envía, como antes, sus
ejércitos, a las ordenes de los geneiales Díaz Vélez y
Viamont, a las provincias protegidas por aquel para
ver de dominarlas y extirpar en ellas todo artiguismo
Pero esos ejércitos, que se hacen odiosos por sus abu-
[238]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
sos e insolencias, "por sus excesos horrorosos", como
_ decía el general Belgrano, son vencidos, como lo fue
Hollemberg en el Espmiüo, primer acto de guerra de
esta tragedia, que terminará en la plaza de Buenos
Aires Si mas adelante se nos ofrece la ocasión, lee-
remos algo de la nota de Vera, gobernador de Santa
Fe, en que describe los horrores consumados, por ese
general Díaz Vélez para sojuzgar aquel pueblo El ge-
neral Viamont, que manda uno de aquellos ejércitos
y que deja el mismo recuerdo que Vélez es tomado
prisionero, y enviado con \einte oficiales al campa-
mento de Purificación, que ya conocéis, allí esta preso
algún tiempo y es puesto después en libertad, 6egún
el proceder constante del héroe
No hay, pues, fuerza humana capaz de arrancar de
esas provincias el alma de Artigas Éste mira, con la
frente levantada, el campo de su influencia sobre los
pueblos que se extienden desde las Misiones hasta el
Plata, y desde el Paraná hasta el Atlántico, y mucho
mas allá, como hemos visto en todo el largo y en
todo el ancho del antiguo virreinato, como dice Ro-
bertson, cree firmemente que aquel potente núcleo de
democracia se extendera, hasta comprender todas las
Provincias Unidas que arden de su espíritu, no ex-
cluye, por cierto, de esa unión, a Buenos Aires, donde
su pensamiento sigue fermentando, y es el alma de un
partido poderoso, que puede vencer, que debe vencer
tarde o temprano Su ensueño se proyecta en el por-
venir; Artigas cree que la hora de organizar la patria
americana, libre por fin, ha sonado ya.
Ved lo que, al rayar el año 1816, escribe, en su
cuartel general, al Muy Ilustre Cabildo Gobernador
de Montevideo "He recibido los dos partes que V. S
[ 229]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
me incluye, relativos a las noticias últimas, adquiridas
de las potencias extranjeras
"Celebro que V S convenga conmigo en que es
difícil que ningún extranjero nos incomode, y en que
de nuestro sosiego resultara necesariamente el orden
y adelanto de nuestro sistema
4< 'Acaso la fortuna no nos desampare, Y el año 1816
SEA LA ÉPOCA FELIZ DE LOS ORIENTALES"
jLa época feliz de los orientales' tEl año 1816'
Leed de nuevo esas palabras, mis amigos, tienen la
luz más transparente del alma de Artigas - Yo veo en
el fondo de ellas, como en ningunas otras, proyectada
toda la grandeza de ese espíritu en contemplación de
una luz vivísima Porque en ellas esta el rasgo clásico
del genio la sinceridad, iba a decir la inocencia, que
acompaña a la visión Artigas no podía creer aquello
de que no había elemento alguno en su propia alma
En ese momento, en que afirma que no \e, a pesar
de ver todos los horizontes, la probabilidad de que el
extranjero incomode a la patria, y piensa en organi-
zaría, una invasión extranjera, armada de todas ar-
mas, formidable, incontrastable, va a caer sobre esa
Patria Oriental recién nacida, que se encontrará sola
ante el invasor.
,Sola'
Sí, sola, independiente para morir Sera la única
patria sola en el mundo hispánico de la América del
Sur Artigas tendrá, mal de su grado, la independen-
cia que le ofrecía Buenos Aires, como prenda de amis-
tad
¿Y las demás hermanas de America9
i Oh, "las demás hermanas de América' Están muy
lejos Esa formidable invasión no es la española, que
tanto se ha anunciado y temido, es la portuguesa, su
[ 230]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
hermana gemela Y ella viene de acuerdo con el Direc-
torio de Buenos Aires, y con el Congreso de Tucu-
mán, el que declaró la independencia, es su aliada
monárquica contra Artigas
Mientras éste luchaba a la luz del sol, sus enemi-
gos le minaban la tierra que pisaba Alvear y Alva-
rez Thoraas seguían, en Río Janeiro, la negociación
de que hemos hablado, tendente a entregar a Portu-
gal la Banda Oriental, a trueque de que aniquilara a
Artigas, el único enemigo Fue larga y laboriosa la
empresa, pero, al rayar el año 16, ella estaba termi-
nada. Ya podía Artigas tentar sus fuerzas le habían
cortado el cabello mientras dormía
Amigos artistas esta entrega, o venta, o inmola-
ción, o como quiera llamársele, que vamos a conocer
de Artigas y su pobre pueblo, consumada por sus
malos hermanos, dará no poco que hablar a la futura
filosofía de la historia, cuando la nuestra se incorpore
a la universal El caso es clásico, y nada importa que,
en sí mismo, no sea de grandes proporciones Menos
grandes lo fueion, me parece, las del análogo que os
ha acudido a la memoria el de aquel José, hijo me-
nor de Jacob, odiado por sus hermanos porque vio
en sueños su propia grandeza, y metido en la cis-
terna, y vendido a los comerciantes que pasaban para
Egipto montados en camellos Y fue anuncio o figura,
sin embargo, de sublimes cosas
Hav mucho de humano, no cabe duda, mucho de
miseria humana, en esta muerte dentro de la cisterna
de Artigas y de su pueblo Ella ha tenido también su
escriba o doctor de la ley en el más clasico represen-
tante del feudalismo bonaerense os hablo de Vicente
Fidel López En el primer tomo de su Historia Ar-
- gentma, dice este ingenioso hidalgo, cuando llega a
[231]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
eBte momento "Lo que no admitía demora era el ex-
terminio y la expulsión de Artigas, para neutralizar,
cuando menos, las costas del Río de la Plata y del
Atlántico (alude al peligro de la invasión espa-
ñola) Pero ¿cómo hacer para eliminar a Artigas9
Buenos Aires no tenía medios ni recursos para domi-
nar por las aimas aquel molimiento genial de las
masas que le seguían Era preciso sacrificar al caU'
dillo, y salvar a la nación Era preciso entregarlo al
poder del extranjero con parte del territorio donde
tenía asiento propio su poder personal La derrota
de Sipe Sipe ponía un fin necesario y urgente a los
escrúpulos"
Una frase como esa "es necesario que un hombre
muera por el pueblo" fue pronunciada, como recor
daréis, en el momento más solemne de la historia hu-
mana i Sacrificar al caudillo y salvar a la nación'
Sabemos lo que por nación entendían los hombres
cuyo espíritu interpreta López, la nación era la ciu
dad, la reina de la colmena, el ídolo en el ejército
azteca Y también sabemos perfectamente que no fue
la batalla de Sipe-Sipe, ni mucho menos, la que puso
fin a los escrúpulos, si éstos existieron Mucho antes
de la tal batalla, mucho antes, la alianza con Portu-
gal y el exterminio de Artigas estaban acordados, lo
sabemos perfectamente
No crean, con todo, amigos míos que voj a clamar
indignado a la traición, la ira es malísima consejera
en historia Os voy a exponer los hechos, pero os
voy a indicar causas más profundas que la voluntad
o la deslealtad de los hombres, en esta entrega de la
Banda Oriental al portugués, consumada por algunos
hermanos extraviados.
[232]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Es preciso, sin embargo, que, en este penoso mo-
mento, os inculque una vez más, con toda la energía
de que soy capaz, lo que ya 09 he dicho, mis amigos
no confundáis los directorios políticos, las logias se-
cretas, las oligarquías exóticas que rigen las cosas en
la capital del virreinato, con el pueblo argentino, sin
excluir el mismo de Buenos Aires
Éste, el pueblo argentino, es también el pueblo de
Artigas, siente unánimemente que el vínculo socioló-
gico que lo liga con los orientales es superior a la
frontera geológica, como lo es el que lo liga con Chile
y el Perú, a pesar de los Andes
Ese pueblo argentino luchará, por esa causa, con-
tra sus Directorios, mientras Artigas, al par de acau-
dillarlo, saldrá al encuentro del portugués Saldrá a
su encuentro con una confianza tal y tan fiera en las
energías de su pueblo, que, aun después de producida
la invasión portuguesa, en 30 de jumo de 1816, es-
cribe a Barreiro "El año 16 ha corrido favorable-
mente, acaso complete, con sus días, la gloria de
vernos triunfantes, libres y felices"
El héroe vidente no se equivocaba el año 16 será
la época feliz de los orientales el ciclo de sus már-
tires, de los eternamente libres
Vais a ver cómo sangra y resplandece la franja
diagonal de su bandera
[233]
CONFERENCIA XVII
LA GRAN CONJURACION
El hombre republicano — Las formas de gobierno — Esen
cía de la república — La sene de derrumbes en Buenos
AireB — Posadas, Airear, Rondeau, Alvarez Thomás, Bal
caree, Pueyrredón — Congreso de Tucumán — Compo
sicion y espíritu del Congreso de Tucuman — Declaratoria
de independencia — Semblanza de Pueyrredón " — Riva
davia — El Congreso de Viena — Las Santas Alianzas
— La invasión portuguesa — Artigas, el solo defensor de
América en el Sur — Quienes son sus enemigos — Laa en
trañas de la invasión portuguesa — El Congreso de Tucu
man, Pueyrredón, y Tagle — García en Río Janeiro —
Lo reservado y lo reservadísimo — Artigas proyectado en
la sombra
I
"jEL AÑO 1816 SERÁ EL 4ÑO FELIZ PARA LOS ORIEN-
TALES ' "
Artigas, mis amigos artistas, es, en estas regiones,
un reproche viviente para los que, perdida la fe en el
pueblo americano o no habiéndola jamás tenido, fra-
guan en secreto el regreso de estos pueblos al aprisco
Es claro que todos los que tal hacen no han de dar
- participación a tal hombre en sus planes El único
que tuvo la ingenuidad, muy propia de su carácter
honrado, de hacerle saber algo de eso, y hasta de so-
licitar su concurso, fue Belgrano Éste había redu-
cido a Gueraes, el esforzado caudillo de Salta, a se-
cundar su onginahsimo proyecto de coronar en el
Plata a un descendiente de los reyes incásicos, que,
[235]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
mal que mal, eran reyes Y, no creyendo hallar en
Artigas un hombre de pensamiento, sino un Guemes
algo mayor que el heroico salteño, concihió la ilusión
de hacer de aquél otro subdito del indio coronado
jEl buen Belgiano1 Los demás proceres se guar-
daban bien, por supuesto, de dar al Jefe de los Orien-
tales participación en sus combinaciones, lo sabían
irreductible, y lo presentaban como una entidad anár
quica, irracional \ sin mas propósito que la satisfac-
ción de sus ambiciones y apetitos
Cuando Artigas, viendo en su Pama Oriental un
ser orgánico, relativamente fuerte, altivo, lleno de fe
en sí mismo, en vías de organización política, y con
un nombre que sonaba a gloria entre todas las pro-
vincias del antiguo virreinato, afirmaba que ese año
1816 iba a ser el año feliz para los orientales, no sa-
bía que, desde el momento en que Fernando VII ha-
bía sido restituido al trono de España por la caída
de Napoleón, el Directorio de Buenos Aires había
pensado en desagraviarlo ) arreglarse con él, probán-
dole que lo que se había dicho el 25 de mayo de 1810
era literalmente verdad que la revolución tenía por
solo objeto conservar a su amado monarca sus domi-
nios en América
Artigas ignoraba lo que nosotros sabemos que el
general Belgrano, el vencedor de Salta \ Tucumán, y
don Bernardino Rivadavia el severo director de los
sangrientos procesos de Alzaga y de Liniers, habían
sido enviados a Europa para negociar, en las cortes
de Londres y Madrid, la formación de una monarquía
en el Plata, y también en Chile y también en toda
América, ignoraba que, fracasada la primera tenta-
tiva, y vuelto Belgrano a Buenos Aires, quedó en Eu
ropa Rivadavia, y que éste, precisamente en enero
[ 236]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
de 1816, y pese a sus gestiones de 1815 en favor de
Carlos IV, se trasladaba de ParÍ9 a Madrid, a pre-
sentar a la majestad de Fernando VII, restaurado en
su trono absoluto, sus felicitaciones, y "los sentimien-
tos de lealtad de algunos miles de su9 vasallos, cuyo
voto es la paz y la prosperidad del reinado de sus
amados monarcas".
Esas negociaciones, mis amigos artistas, fueron lar-
gas y reiteradas, presentaron distintas faces desde la
más humillante hasta la más grotesca Si ellas no tu-
vieron resultado, si estos países no continuaron bajo
el cetro de una dinastía europea, sino que acabaron
por ser realmente independientes, es decir, republica-
nos, dueños de bí mismos, no fue ciertamente porque
no se hubiera hecho todo lo humanamente posible
por aniquilar, con la intervención de los monarcas
absolutos, el espíritu democrático, de que Artigas era
el bárbaro poseído
Al hablaros de esto con insistencia, mÍ9 amigos, un
escrúpulo, acaso más estético que de conciencia, mo-
lesta mi imaginación
Yo os presento a Artigas como el héroe republi-
cano de nuestra América Líbreme Dios, sin embargo,
de aparecer por eso, a vuestros ojos, como el cre-
yente fetichista de una forma de gobierno, así se
llame república, o monarquía, o cualquier otra cosa
Ya os he dicho cuánto desdeño las formas, las apa-
riencias idolátricas, las palabras sin más habitante
que el sonido, los templos sin más dios que la mu-
chedumbre Todo eso me produce un escalofrío de
repugnancia, mi criterio estético se rebela contra todo
lo que es adulación de turbas. No sólo es falso, es
feo, inarmónico El arte es una aristocracia.
[237]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Las formas de gobierno, como todas las formas,
no son sino un accidente, que no es nada si no hay
una sustancia Yo creo que, así como lo bello en la
naturaleza, o en las cosas creadas, no es sino la re
\ elación, en el aspecto sensible de éstas, de un prm
cipio que Ie«* es superior, y que es en ellas expresión,
unidad, armonía, atracción hacia lo más alto así la
autoridad civil o política no es otra cosa que la reve-
lación, la encarnación mejor dicho, en uno o más
hombres, de un principio o fuerza superior al hombre
mismo v que es también unidad, orden, armonía fe-
licidad sociales Sólo así se conciben la supremacía
del hombre autoridad sobre el hombre no autoridad,
y el deber moral de obedecer al primero, va que to-
dos los hijos de Adán son específicamente iguales
entre sí
Eso es lo que quería decir, allá en el siglo XVII
aquel altivo Alcalde de Zalamea, de que hablamos al-
guna vez, cuando, reconociendo en el rev el derecho
de pedirle la hacienda y hasta la \ida, le niega el de
arrebatarle el honor, porque "el honor es patrimonio
del alma, y el alma , sólo es de Dios" También es
ése, y no otro, el sentido del hondo principio cris-
tiano, según el cual, "todo poder viene de Dios'1 Ese
principio deja a salvo el honor v la dignidad huma-
nos, cuando el hombre rinde al hombre su tributo
de obediencia Con ser esto tan sencillo, pocos temas
de filosofía habrán dado ocasión, sin embargo, o
mucho me equivoco a decir mayores vaciedades, de
una y otra parte, que las dichas y por decir sobre el
asendereado derecho divino
Pero el hombre o los hombres que encarnen el
principio o fuerza ordenadora de que hablamos, deben
ser los mejores como es natural, los más aptos, lo»
[238]
LA EPOPEYA PE ABTIGAS
más abnegados, es decir, los que, por sus dotes y
virtudes, sean más capaces de olvidarse de si mismos
para pensar en el bien común, en eso que llamamos
estado, patria, sociedad civil o política, o como que-
ráis llamarle, y que es el medio necesario al hombre
para desenvolver sus facultades y llenar su destino
Esos son los legítimos, los sustancialmente legítimos,
es decir, los que Dios quiere que sean obedecidos
Las formas de gobierno no son, pues, otra cosa,
en resumidas cuentas, que los medios que se emplean
para conocer esa voluntad de Dios, para hallar y re-
vestir de autoridad a esos hombres honrados, a los
que mas se acerquen a aquel ideal, cuando menos, y
no a otros Los republicanos somos tales, en cuanto
resistiéndonos a creer en la existencia de hombres
predestinadas ab ovo a ser los majores y los mas aptos,
loa nacidos, por consiguiente con el derecho conge
mío o drvino de ser reyes o emperadores, o como
queráis Uaraailes, juzgamos que el medio que más ra-
cionalmente conduce a dar con tales personas aptas,
para acatar, no su sangre de especial color, sino el
principio ordenador que en ella» encarne, es
que consiste en designarlas poi la voluntad nac
De ahí aquello de vox popüh, vox Dei, que s
por ahí La democracia, dice el teólogo
de derecho divino, porque la razón natura
que la potencia política suprema "rebulta,
te, de la constitución de la sociedad hi
por la fuerza de esa misma razón, ella ,
sociedad toda entera
Me parece que eso es claro Como
reside toda en todo el cuerpo, asi la
en todo el organismo social y de él
tamente No hay, pues, que confr
f 239 ]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
la sociedad política, con el soberano, no hay que to-
mar el órgano por la función.
Más explícitamente, si cabe, que Suárez, nos en-
seña esa doctrina, sobre lo accidental de las formas,
Santo Tomás de Aqumo, cuando nos dice en la Suma
"Está en la razón de la ley humana que sea dictada
por el que gobierna la comunidad civil Si la ciudad
es gobernada por uno, llámase remo, y de él emanan
las constituciones de los principes Otro régimen es
la aristocracia, esto es, el gobierno de los óptimos
El tercero es la oligarquía, es decir, el principado de
pocos, ricos y poderosos Otro gobierno es el del pue
blo (popuh), que se llama democracia Otro es la ti-
ranía, el cual es la corrupción misma, y, por tanto,
de éste no puede ongmurse ley alguna Hay todavía
otro régimen, mixto, y es el óptimo, y sus mandatos
son ley, que los ancianos, juntamente con el pueblo,
sancionaron" íl II Q H )
Eso, como lo veis, ese gobierno del pueblo, unido
a los ancianos, que son el pueblo mismo arraigado
en el pasado, no es otra eosa, palabra más, palabra
enos, que la soberanía popular, que no es ni la
— ración de la bondad natural del hombre, cier-
ni la tiranía de la multitud
ido moderno cree ho\ en eso como en un
la democracia, la óptima, según Santo To
-infado, nadie puede dudarlo, es la dueña
i»á Y es la república, hasta ahora, su
perfecta, a condición, por supuesto, de
que la forma republicana significa la
o Virtud sustituidas por el Número,
s y consagradas y acatadas por éh
de afirmar, por eso. que la tal forma
Jivimdad inmortal9
[240]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
¡Vahen te diosa! Nadie mejor que nosotros, los re-
publicanos, sabemos que esa divinidad puede ser tan
fetiche como pudo serlo la otra, la de corona y cetro
dorados Que la misma libertad puede erigirse en
tirano.
La vida es transformación constante, y el organis-
mo político, que es cosa viva, no escapa a esa ley
Pero dice Bourget entre otros, en sus Ensayos de
Psicología contemporánea, que "las concepciones de
los Darwin y los Spencer, que tanto penetran el es-
píritu moderno, darán un vuelco a la moral pública
Se acerca el tiempo, agrega, en que una sociedad no
se ofrecerá a los adeptos de la filosofía de la evolu-
ción como se ofrecía a los últimos herederos de Rous
seau. No se verá en ella la ejecución de un contrato
lógico, sino el funcionamiento de una federación de
organismos, de que el individuo es la célula Una
idea semejante está encinta de una moral pública
completamente distinta de la que actualmente nos rige
Ella conduce a una concepción del derecho histórico
que justifica a los adeptos del derecho divino, a una
teoría de la herencia que justifica el principio de la
aristocracia transmitida, etc , etc En una palabra,
esa enseñanza de la ciencia es la negación total de
los falsos dogmas de 1789"
Lo que haya en todo esto de veidad o de error, me
tiene sin cuidado en este momento. Yo no os insinúo
estos problemas abstractos, mis amigos, para conven-
ceros de que están resueltos en tal o cual sentido,
converso con vosotros (mucho me temo que mas -de
lo necesario) de estos empirismos, para que os deis
cuenta bien clara de que, cuando yo os inspiro la
marmórea glorificación de Artigas como el hombre,
como el héroe, por ser el profeta armado de la demo-
[241]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
craeia y de la república, cuando os ofrezco el con-
traste de su fe en la masa popular, pese a sus imper-
fecciones, con el esceptismo de los que lo odiaron y
persiguieron y calumniaron, no lo hago para presen-
taros en el al creyente o defensor de una forma de
gobierno, transitoria como todas las formas No, yo
quiero que veáis en él, por que en el está, la encar-
nación de una esencia, de lo que permanece al tra
vés de las apariencias fugaces
Porque podra ser todo lo accidental que se quiera,
en tesis abstracta la forma de gobierno, pero en hi-
pótesis es decir, en el caso concreto de nuestra re-
volución americana, ciego tiene que ser quien no vea
que democracia republicana e independencia eran si-
nónimos, como lo eran aristocracia monárquica y con-
tinuación de la antigua dependencia
¿Qué otra cosa puede querer decir independencia
de América", si no es caducidad, no sólo de las per-
sonas que la gobernaban, sino, muy especialmente,
del régimen, del titulo hereditario, basado en la con-
quista, que esas personas invocaban para «*er acata-
das, v reposición por consiguiente, de la sociedad a
su estado pumeio, es decir, al momento en que cons-
tituida en un organismo por la simple coexistencia
de los hombres comienza sus funciones espontaneas
ordenadas9
En ese caso, la autoridad no es de nadie, es res nu
llius, según dicen los juristas, pertenece a la gocie
dad toda entera, como dice Suarez, } la ejerce, como
pasó con la propiedad, el primer ocupante, el que la
toma Y éste no puede ser otro, en caso de revolución,
que el pueblo que la hace, o, si queréis, el hombre o
los hombres que, por la fuerza de las cosas, por el
asentimiento indeliberado, según Sarmiento, de una
[242]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
nación, a un hecho permanente, son la encarnación
personal de aquel pueblo, sus conductores, los depo-
sitarios de su espíritu Ese hombre o esos hombree,
en nuestra América, podían ser los pensadores, o los
fuerteB, o los atrevidos, eso es accidental. Podía ser
cualquiera, podían serlo todos todos, menos uno
el rey europeo o la dinastía que se destronaba, y que
no formaba parte del organismo nuevo, cuya cabeza
tenia éste que elaborar de su propia sustancia, si eia
realmente un organismo vivo Buscar^ a ese rey o di-
nastía, como el único medio de dar a ese organismo
funciones ordenadas, o era la negación expresa de la
existencia de tal entidad orgánica, y la condenación,
por consiguiente, de la revolución, o yot mis amigos,
no estoy seguro de cuántos dedos tengo en esta mi
mano derecha
Imaginaos ahora lo que Artigas hubiera dicho, él,
que era la encarnación del espíritu americano, si hu-
biese sido consultado sobre los planes de restauración
monárquica que se trazaban en Buenos Aires £1 era
incapaz jel muy salvaje' de comprender la majestad
de un príncipe de Luca o la de un indio real, hijo
de los hijos del Sol, entroncado con la dinastía de
Braganza, o la de un augusto hermano del rey de Por-
tugal Era indudablemente un bárbaro Se hacía, pues,
necesario desembara?aise de el, pronto v de cualquier
manera
Y era esto último, sobre todo, lo que ignoraba Ar-
tigas, y lo que \osotros dehéis conocer especialmente
las gebtiones que se había», h^uio y se estaban ha-
ciendo en Río Janeiro, para deshacerse del héroe y
de su puebloj entregándolos al rey de Portugal, ya
que no había sido posible vencerlos
[243]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Eso ae hizo en el Río de la Plata, aunque os parez-
ca extravagante No lo ea tanto como parece, sin em-
bargo, estaba en la esencia de las cosas Los hombres,
cuando no son genios son más hijos de su tiempo
que de su madre, v no haríamos mayores cargos a
los que lo fueron del tiempo aquel, si ellos no pre-
tendieran deprimir al que lo fue del porvenir para
sobreponerse a él, pero, ante tan dura alternativa, el
juicio de la histona se impone, como lo veis, con su
impasible severidad
Es, pues, preciso saber, por sí o por no, quiénei
fueron aquellos injustos enemigos, y, para eso, fuerza
será que conozcáis, siquiera sea a la ligera, la crono-
logía de los hechos que pasaban en Buenos Aires,
mientras Artigas organizaba y defendía su Patria
Oriental, y. en ella, el germen de la república, desde
su mitológica capital del Hervidero
II
La anarquía política que en Buenos Aires ee pro-
dujo desde 1810, y que os tracé al principio con las
palabras de Mitre, continúa allí sin interrupción, y
contrasta con la unidad de ideales y de acción que
se advierte en la Banda Oriental, bajo la indiscutida
autoridad del héroe
Ya conoréis las endiabladas disensiones de las pri-
meras juntas en aquella ciudad, habéis visto a los
triunviratos derrocados y sustituidos por el gobierno
de Posadas, primer Director Supremo, y a éste sus-
tituido por Ahear, que también cae derrocado por la
revuelta y el pronunciamiento militar, para dejar el
puesto a Alvarez Thomás que sube al poder en abril
de 1815
[244]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Muy poco tarda en derrumbarse también éste, un
año apenas En marzo de 1816 envía a Belgrano,
vuelto de Europa, como general de observación con-
tra las provincias que obedecen a Artigas El coronel
Díaz Velez, jefe del ejército, se entiende con López,
gobernador de Santa Fe, como lo hizo Alvarez en
Fontezuelas, y firma con él un pacto en Santo Tomé
(9 de abril de 1816), por el que se destituye a su
propio general Éste, Belgrano, es arrestado en su
campo, y se le reemplaza por Díaz Vélez Se conviene,
además, en la retirada de las tropas de Buenos Aires,
y se depone al Director Supremo, que se va como los
otros ¿Y qué ha de hacer9
La Junta de Observación, cuerpo legislativo y elec-
toral sui genens, nombra director, en reemplazo de
Alvarez, a don Antonio González Balcarce, que sólo
dura en su puesto lo que en su rama un lino
También es derrocado violentamente
El 3 de mayo del mismo año 1816 es elegido Di-
rector Supremo el general don Juan Martín de Puey-
rredón Pero éste ya no lo es por la Junta de Obser-
vación, sino por otra entidad que ha nacido, y que
es necesario conocer el Congreso de Tucumán
Hablemos, pues, con algún detenimiento, de este
Congreso de Tucumán, pues le cupo la gloria de pro-
clamar, por fin, en 1816, la independencia que, en el
Congreso del Peñarol, había proclamado Artigas, y
quería que fuera declarada en la Asamblea de Buenos
Aires, el año 1813
Una de las resoluciones adoptadas por la revolu-
ción o pronunciamiento que derribó a Alvear fue,
como acontecía generalmente, la inmediata convoca-
ción de un Congreso que representara a los pueblos
y lo» organizara o constituyera Alvarez Thomás dic-
[245]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
tó la convocatoria, de ésta nació la asamblea que se
reunió en Tucumán, a principios de 1816, y comenzó
bus sesiones el 24 de marzo de ese año El Congreso
de Tucumán repetición de la Asamblea que rechazó
los diputados orientales en 1813 \ que cavó con Al-
vear, es una entidad distinguida por su composición,
pero inarticulada, no tiene arraigo alguno en el pue-
blo, es completamente artificial Sólo las provincias
de Tucumán v Cuyo, bajo la influencia de San Mar-
tín, contestaron al llamamiento de la capital Es claro
que no estuvo allí representado el Estado Oriental de
Artigas, éste, como los pastores de la fábula del lobo,
no podía acudir al llamamiento de Buenos Aires, y
pensaba en convocar un Congreso federal en Paysan-
dú, que la invasión portuguesa hizo imposible Tam
poco concurrieron a la convocatoria les provincias
que Artigas protegía, Entrerríos, Corrientes, Santa Fe,
las Misiones Occidentales, pese a los esfuerzos que se
hicieron por convencerlas, tampoco la de Córdoba
Acudieron, en cambio, algunos representantes de los
emigrados del Alto Perú, la altiplanicie andina, a la
sazón en poder de los españoles, de cuyas manos pa-
sará a ser república independiente por obra de Bolí-
var Era cta última, por consiguiente, una represen-
tación refleja, como lo veis eran representantes de
representantes oficiosos de un ser que no existía, de
una entidad que, como el Paraguay y el Uruguay,
no han sido ni serán parte integrante de la futura
Repúbhca Argentina
La provincia de Salta, dominada en absoluto por su
caudillo Guemes, que se mantiene en un estado casi
independiente, envía sus diputados, Pero éstos son
elegidos al grito de i mueran los porteños!
Los porteños o sea, los hombres del puerto, de la
[246]
LA EPOPEYA PE ARTIGAS
Comuna de Buenos Aires, en todo pensaban, menos
en complacer a la provincia de Salta m a provincia
alguna, en todo, menos en morir en el Congrego de
Tucumán Elloa sabían que, con excepción de los
representantes de la provincia de Cuyo, enviados e
inspirados por San Martín, todos los demás les eran
hostiles, seguían a Artigas Sin embargo, fue Buenos
Aires quien triunfó en definitiva, con Pueyrredón, en
el seno del Congreso
El señoi Vicente Fidel López, en su Historia argen-
tina, precisa bastante bien ese espíritu de la asam-
blea "El Congreso de Tucuman, dice, estaba inocu-
lado también del veneno artiguista Sus pretensiones
eran crear un poder personal \ político, no sólo aje
no, sino simpático y dominador de Buenos Aires,
para gobernar desde afuera v con influencias pura
mente pro\ inciales, los intereses comunes, y como el
núcleo sensible de esos intereses, asi como el de los
recursos y elementos que podían darles solución, es-
taban concentrados en la capital, ésta resistía la ex-
propiación y el despojo, que pretendían imponerle,
de aquello que consideraba exclusivamente wyo, es
decir, del poder de gobernar y dirigir el contingente
de fuerzas vitales con que ella hacía la guerra y man-
tenía la personalidad del estado"
López dice la verdad, como sabéis Buenos Aires
consideraba exclusivamente suyo, desgraciadamente, el
derecho de gobernar y dar solución al destino de to
dos los pueblos, y, en ejercicio de ese derecho, nego-
ciaba, en Europa, Iá coronación de un rey que viniera
al Plata con buenos soldados Asi no se gobernarían
desde afuera los intereses comunes Imaginaos si es-
tarían dispuestos los porteños a morir en el Congreso
de Tucumán, para complacer a los salterios de Gue-
[247]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
mes, envenenados de Artiguismo, es decir, de instinto
de emancipación americana, que les hacía creer que
ellos no eran de afuera
Es claro que, en cuanto a las formas de elección
de aquellos diputados, no hay nada que hablar la
influencia directa del pueblo era muy poca o ninguna.
Pero no nos hemos de preocupar mucho de esas co-
sas, de esas formas, no hemos de rechazar a los dipu
tados de Tucuman por lo que fueron rechazados los
de Artigas en el año 13 por defectos en la forma de
su elección Eso no es serio La representación popu-
lar, en estos períodos caóticos, no está en las molécu-
las, sino en los núcleos que las conglomeran y arras-
tran, bien lo sabemos; aquellos diputados eran legí-
timos, no hay duda, con su legitimidad relativa
El Congreso de Tucuman es una nueva tentativa de
la oligarquía porteña para formar un núcleo cualquie-
ra de autoridad, a falta del héroe pensadoi, del rex
de Carlyle, que no había surgido en la región occi
dental, como Artigas en el Uruguay, o Bolívar allá
en el Norte
Esa era el alma del Congreso un respetable simu-
lacro, digno, sin embargo de glorificación, como agen-
te de acciones y reacciones fecundas
En cuanto a su cuerpo, a su fuerza material, con-
taba con la fuerte espada de San Martín, que organi-
zaba en Cuyo el ejército que, un año más tarde, debía
cruzar los Andes: y con la gloriosa de Belgrano, el
vencedor de Salta y Tucumán, vuelto recientemente
de Europa de buscar un rey, y que fue a Tucumán a
pugnar, con todas sus fuerzas, por el triunfo de la
monarquía incásica, nacida en su imaginación ator-
mentada
[248]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Todos ellos, tanto la oligarquía de Buenos Aires
como los dos insignes generales, eran monárquicos, y
monárquico fue casi unánimemente el Congreso, for-
mado de personalidades muy meritorias, por cierto,
pero ajenas por completo al pensamiento fundamen-
tal de la revolución de Mayo; eran viejos hombres
honrados, perfectamente honrados
Todos ellos creían en la legitimidad de la sangre
real, encarnaban la filosofía y la tradición coloniales,
eran discípulos sobresalientes de las universidades rea-
les en América, de la de Chuquisaca especialmente,
buenos latinistas o humanistas, maestros en cánones
regahstas, estudiosos profesores de derecho español
Hombres rectos y honestos, capaces de todas las ab-
negaciones, obedecían a un impulso de libertad, sen-
tían la justicia y la necesidad de una emancipación;
pero, como nuestro doctor Pérez Castellano, el autor
de la fórmula de Majo en Montevideo, no estaban
habilitados para peicibir un término medio entre el
régimen monárquico y la revolución francesa, que
les era odiosa por su aspecto anticristiano Una revo-
lución cristiana, una soberanía popular emanada de
Dios, no era para ellos una cosa real, pues no estaba
en los textos que sabían y comentaban La emancipa-
ción política, por lo tanto, para estar en el orden,
para ser la equrv alenté de la del hijo con relación a
su padre, debía realizarse dentro de la monarquía,
el rey era el padre
Nada más curioso, para representar ese espíritu,
que la interesantísima superstición incásica del gran
Belgrano, que fue apoyo y consejero del Congreso,
aunque no formaba parte de él su fe en un descen-
diente ideal de los hijos del Sol, que, como un ídolo
de tierra cocida extraído en las kuacas del Perú, se
[249]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
había sentado en los ensueños del ilustre procer, con
las piernas cruzadas sobre el pecho, el quiUaí en la
frente, \ los ojos bajos, clavados en el propio om-
bligo jPero era de sangre real' Y sin embargo en
ese sueño de Belgrano, con ser tan extravagante, ha-
bía mas espíritu de independencia, notémoslo bien,
que en la doctrina de los otros aquel rey fetiche era,
cuando menos, americano, representaba la caducidad
del europeo, era la mala expresión de una buena ver
dad, estaba más cerca de la realidad de Artigas no
cabe duda
Y- más curioso es para mí todavía la conversión de
Guemes, el altivo caudillo de Salta a esa fe monár-
quica de Belgrano Son interesantísimas las proclamas
que ambos dirigen entonces (agosto de 1816) a las
tropas y a los peruanos, en que les anuncian la vuelta
del Inca, del rey legítimo Yo la* encuentro llenas de
significado y de carácter Guemes no tema a Artigas
a su lado, como los caudillos del litoral, estaba, pues,
desorientado jLo que entendería el «impatico Gue-
mes por el Inca el rey legítimo1
Todo eso es antagónico, huelga decirlo, ai pensa
miento popular que encarnaba y acaudillaba Artigas,
todos los promotores de tales cosas son y tienen que
ser enemigos de este hombre sincero, irreconciliables
enemigos, por consiguiente, y de buena fe muchos
de ellos acaso la mavor parte
El Congreso de Tucumán, el 9 de julio de ese año
1816 hizo en parte, como hemos dicho, lo que Ar-
tigas proclamó, en 1811, en su nota al gobierno del
Paraguay, y lo que había hecho el Congreso oriental
del Peñarol en 1813 declaró la independencia de las
Provincias Unidas, y es eso lo que constituve su glo-
[250]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
na Pero ya os dais cuenta, mis amigos, de la enorme
diferencia entre una y otra declai ación la de Arti-
gas brotaba de la visión interna que lo conducía, de
la fe en la capacidad de estos pueblos para emanci-
parse, para darse un gobierno emanado de ellos mis-
mos, ella entrañaba la resolución de luchar y morir
por ese ideal supremo, visión y acción compenetradas.
La declaración del Congreso de Tucumán era hija de
una convicción vacilante, era una traducción, como
la que atribuíamos a los mismos prohombres orien-
tales que rodeaban a Artigas en 1813 Pero con los
hombres del Congreso de Tucumán no había un Ar-
tigas.
Por eso el oriental, el del Peñarol, como comple-
mento indivisible de la declaración de independencia,
proclama la república, la soberanía de los pueblos,
mientras que el occidental, el de Tucumán, como co-
mentario de lo que para él significa la independencia
que declara, busca una dinastía europea que \enga
con bus soldados a remar sobre estos países, y deja
en blanco el fondo de su bandera, en espera del se-
llo real que será su vida
Sólo hubo un hombre que allí sintiese en sus en-
trañas, como un genio inquieto, el espíritu de Artigas
fue un virtuoso fraile Fray Justo de Santa María de
Oro Éste, al ver que el Congreso se inclinaba a la
forma monárquica, se alzó indignado ''Yo no he ve-
nido aquí, dijo, para uncir el pueblo al yugo de otro
soberano quiero un pueblo completamente libre Y,
si no es asi, protesto, y me retiro*'
He ahí un Artigas con cogulla dominica, un bár-
baro monástico
Para secundar sus propósitos, el Congreso de Tucu»
man, contra las tendencias de las provincias, que pro-
[251]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
clamaban otro candidato, eligió a don Juan Martin
de Pueyrredón como Director Supremo
Y nadie más indicado que él, por cierto, para re-
presentar ese triunfo de la Comuna oligárquica Con-
viene que lo conozcáis personalmente, como al perso-
naje reinante de la capital del virreinato, como la
antítesis de Artigas, y como el natural precursor de
Rivadavia
Hijo de un rico comerciante francés radicado en
Buenos Aires, y de una dama porteña, Pueyrredón fue
enviado a Francia a completar su educación, y regre-
só con la necesaria para formai, sino un sabio ni un
estadista, un hombre de regular cultura La elegancia
en el vestir realzaba su aspecto de gran señor, tenía
una figura atildada pero arrogante y varonil, era
cortés, hablaba bien la lengua francesa, pintaba mi-
niaturas sobre marfil, y nos ha legado su autorretrato
de ojos verdes azulados y de amplia corbata blanca
Resuelto \ valiente, la aventura íesonante lo atraía,
Bonaparte lo hubiera hecho uno de sus mariscales, y
él hubiera caído gallardamente, me parece, en una
carga de coraceros, aclamando al emperador Fue
siempre un hombre honrado > un caballero
Tiene cuarenta años cuando es elegido Director Su
premo, y sus servicios a la causa americana lo hacen
acreedor, no solo a tan alto cargo, sino a nuestro res-
peto de historiadores Ha figurado con gallardía, co-
mo jefe de la juventud urbana, en la reconquista de
Buenos Aires, después de la cual es enviado a la corte
de Madrid como portador de las protestas de fideh
dad y vasallaje ofrecidos, por el Cabildo de la ciu-
dad reconquistada, a Nuestro Rey y Señor Don Car-
los IV Vestido con su uniforme de comandante de
húsares, igual precisamente al de los Guardias de
[252]
LA BPOPEYA DE ARTIGAS
Corps del favorito Godoy, se ganó en aquella corte
todas las voluntades, la del rey, la del favorito espe-
cialmente Alguna vez Be declaró, sin embargo, "hijo
de la patria de Enrique IV", el rey francés del pe-
nacho blanco Lo era según la doctrina del fus san-
guinis Y lo paiecía en muchos de sus rasgos carac-
terísticos. Trabajara por traer al Plata, como el su-
premo triunfo, la dinastía de los Orleans "Y soy de
la patria de Enrique IV, dirá a Le Moyne, en ella
recibí mi educación conozco el carácter nacional de
ese gran país, y sé que es el único que puede conve-
nir a la América del Sur".
Los franceses y los portugueses pensaron en ha-
cerlo instrumento de sus planes sobre el Río de la
Plata, los españoles absolutistas acabaron por mirar-
lo de reojo, como a un conspirador Figura entre los
apasionados y activos precursores del movimiento de
1810, por lo que sufre persecuciones, comparte en-
tonces, con entusiasmo, el pensamiento de Belgrano de
coronar reina del Plata a doña Carlota de Borbón, y
va personalmente a Rio Janeiro en prosecución de la
obra No concurre a las jornadas del raes de Mayo,
por hallarse ausente y fugitivo, pero se apresura a
regresar a su país y a incorporarse al movimiento Es
nombrado gobernador de Córdoba, de Charcas, Alto
Perú, poco después En este último cargo, al ocurrir
el desastre de Huaqui, da cima, valerosamente, a la
arriesgada empresa de salvar el tesoro de un millón
de pesos que se custodiaba en Potosí Es miembro de
uno de los triunviratos y rival de Rivadavia, la re-
vuelta interna lo arroja y lo confina en la provincia
de San Luis Enviado por ésta, por el general San
Martín mejor dicho, lo hallamos en el Congreso de
[253]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Tucumán, donde su triunfo representa fielmente, co-
mo lo dijimos, el de la oligarquía de su ciudad natal
Estamos, pues, en presencia de una figura genérica
muy interesante Este Pueyrredón no es el notario Po
sadas, inocente y bonachón, ni tampoco el atolondra-
do jo-ven Alvear, e9 el tipo del elemento activo, pero
indirecto e inconsciente en la obra compleja de la
emancipación americana Y digo inconsciente, porque
ese tipo de hombre político no es factor o agente so-
ciológico de nuestra revolución positiva y autóctona,
creadora de nuevas naciones, lo es de la otra paralela,
reformadora de la nación, o mas bien dicho, de la
monaiquía española, es un hbeial, un demócrata que
combate el absolutismo Pero como ese espíritu anti-
absolutista, al pasar de Europa a America es la oca-
sión, ya que no la causa, del estallido del sentimiento
popular de independencia, los hombres que lo encar
nan merecen nuestro respeto, nuestra gratitud, y has
ta, en sus errores, la indulgencia de la posteridad
Esos primaces, lo son de una protesta regional que
reclama loa fueros, pero no se dan cuenta de que
en los dos movimientos concéntricos que forman la
revolución de America, el ocasional de la superficie,
"v el causal del fondo, ellos viven sólo en el primero
El del fondo les es casi tan desconocido, como lo era,
para el rey Luis XVI, el significado de las turbas
sans culolte, peores a buen seguro, que los gauchos
de Otorgues o de Guemes, que gritaban bajo los bal-
cones de Versalles, si hemos de creer ai maestro Taine
— Entonces esto es un motín — decía sorprendido
el desventurado monarca
— No, Sire esto es una revolución — le contesta-
ban
[254]
LA EPOPEYA DE ARTICAS
Porque Pueyrredón, como todos los hombres de su
clase, no carecía del instinto de amor a la libertad,
no desconocía en absoluto la existencia y eficacia de
la masa popular, pero no estaba habilitado para pe-
netrar en su naturaleza, no veía en el pueblo ameri-
cano un organismo nuevo inteligente y libre, dotado
de un alma colectiva, causa eficiente de sus actos
sino un simple núcleo de energías, acéfalas y sin fi
nahdad propia, que debía obedecer al influjo de ex-
trañas fuerzas. Veía el motín de que él era cabeza, una
de las cabezas, pero no la revolución, de que lo era
Artigas
"Ved, dice Carlyle hablando de Laúd, al ocurrir
en Inglaterra la aparición de Cromwell, ved de re-
pente a nuestro hombre, colocado al frente, no de
una academia o un colegio, Bino, como quien no dice
nada, de una gran nación, y sin más recursos de go-
bierno que los que le inspiran aquellas pobres, exó-
ticas y peculiares nociones suyas Con estas había do
administrar y dar solución a lo que hay de más difí-
cil y enmarañado en la gestión de los humano? inte-
reses Cree que los hombres han de seguir gobernán-
dose por los mismos estatutos y viejo ceremonial, y
que la salvación de todos depende de que aquéllos se
extiendan y mejoren"
Las nociones de Pueyrredón, para conjurar lo que
él creía sólo anarquía, eran, sin duda alguna, más po
bres, más exóticas sobre todo, que las de Laúd para
conjurar a Cromwell Colocado por el Congreso de
_Tucumán al frente, no de una nación que se reforma,
sino de un mundo que nace, no concibe ni puede con
cebir más recurso, para atenuar las convulsiones de
esa crisis dolorosa, que el que le sugiere el viejo
ceremonial desdeñar y aniquilar el sanculotismo o
[255]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
caudillaje, destruir en él la célula social precisamente,
como hoy se dice y puede decirse por analogía Y esas
células resisten la muerte, se revuelven, se agitan, se
congestionan Y la vida prevalece por fin
Ese carácter es allí genérico y clasico, su tipo ex-
celso será el que sucederá a Puevrredon, como ver-
dadero personaje remante en Buenos Aires don Ber-
nardino Rivadavia Éste sí que será el gran académico
o director de colegio de Carlvle Su grandísimo ta-
lento (porque lo tenía grandísimo) sólo será compa-
rable con su carencia absoluta de genio Era un dó-
mine eminente Mezcla de viejo regalista español y de
liberal francés de la Restauración, embelesado, según
López, en las cosas y los trabajos del tiempo de Car-
los III de España, quiso importar todo eso a nuestra
América, y encasquetárselo, per fas aut nefas Y lo
que es carácter, ese Rivadavia tenía que le sobra-
ba pero cuando estaba en el mando
Enfático, muy pagado de sí mismo, aficionado casi
genial en ciencias jurídicas, hubiera sido un ministro,
como el más pintado, de Carlos III Y no digamos
nada de Fernando VII hubiera fusilado a Riego, co-
mo colgó a Alzaga o a Limers Era un hombre de
gran valor cívico, sin duda, pero nada tenía, absolu-
tamente nada, del hombre nuevo de América, ni si-
quiera la sangre, que, si bien era mestiza, no lo era
de indígena de este contmente Bajo de estatura, ven-
trudo, ancho de espaldas, corto de cuello, cetrino de
tez, su figura no era gallarda, pero en aquella cabeza
maciza, de cabellos negros tupidos y muy crespos, ha-
bía un cerebro fuerte, cuya luz se advertía a primera
vista en su alta frente, en sus ojos negros y saltones,
que miraban de alto a bajo con imperio, y en su
voz grave y enfática
[256 J
LA HPOPJYA Dg ARTIGAS
En loa momentos en qu& sube Pueyrredón al poder,
este ilustre Rivada>ía está en París, lo vimos pasar
por Rio Janeiro con Sarratea, según recordaréis, y
ponerse allí en relación con García, el enviado de Po-
Badas y Alvear Trabaja en Europa por la monarquía
Que en Europa, y sólo en Europa, debe ser cons-
truida la nación americana Así lo dice y aconseja al
nuevo Director, con quien cultiva asidua correspon-
dencia Interesantísimas son sus cartas a Pueyrredon,
la de 31 de enero, por ejemplo, o las de 22 de marzo
y 15 y 25 de abril de 1817, que ahora aparecen en
el archivo de Mitre, para conocer aquel carácter in-
dividual, y el colectivo de la oligarquía triunfante
con Pueyrredon en el Congreso
Juzga desde allí lo htcho por éste y aconseja lo
que debe hacerse "No puedo dejar de confesar, dice
el 22 de marzo que he sabido con sorpresa y con do-
lor que ahí se fomenta la idea de proclamar a un
descendiente de los Incas he escrito a Belgra-
no " Y agrega "Nunca pensé que el Congreso
demorase tanto en pronunciar sobre la forma de go-
bierno de ese estado, pero siendo demasiado urgente
el hacerlo, yo estoy persuadido que es de suma im-
portancia el declarar a ese estado en monarquía, re-
servándose la elección y proclamación de soberano al
resultado de la negociación que en su virtud acuerden
con las cortes de Europa"
Con todas éstas debe tratarse, con España inclusive ,
"pero yo presumo, le dice, que manejándose con sa-
gacidad, podremos conseguir para nosotros un prín-
cipe más digno que lo que ofrece la casa de Espa-
ña M "En todo esto, agrega después, debe supo-
nerse que hablo salvas las relaciones de ese país con
el gabinete del Brasil, pues, según una carta que aca-
[257]
JUAN ZORRILLA Di SAN MARTIN
bo de recibir de don Manuel García, entre cíos do»
países existe un plan que va madurando No me dice
cuál es, pero me expresa que don Nicolás Herrera
esta entaigado de su ejecución en la parte política"
He aquí, amigos míos, una faz de antiartiguismo
distinta de la que nos otrecía AKear, éste quiso en-
tregar el Ilío de la Plata a Inglaterra, Rivadavia, en
sus cartas, en que habla largamente de la política eu-
ropea, manifiesta un odio profundo hacia el gabinete
de Saint- James "v la política anti<?o< íal que ha inven-
tado y ejerce contra todo el mundo solo la grandeza
y felicidad de sus crímenes, dice, lo libra de las cali-
ficaciones más degradantes de la «ociedad", y entre
esos crímenes incluye el de "consentir que el rey del
Brasil invada nuestro territorio" l\o sabe, pues, Ri-
vadavia todavía que ese plan que va madurando don
Nicolás Herrera consiste precisamente en entregar al
rey del Brasil ese nuestro territorio para deshacerse
de Artigas
Aquello es una horrible confusió i de ideas y pro
pósitos, pero nada sería en éstos el fetichismo mo
narquico que hemos reconocido como natural y hasta
disculpable en aquellos hombres «in fe, si al mismo
tiempo no se prescindiera en absoluto del pueblo ame
ncano, de su carácter, de su vida misma, para re-
solver de sus destinos, eso de no contar para nada
con él, si ya no es para despreciarlo v aniquilarlo y
reemplazarlo, si es posible, por otro mejor, eso de que-
rer sustituir por otra hasta la sangre española y la len-
gua, e60 si no es un delito, es un grave error cuan-
do menos, me parece Y el culpable de sus conse-
cuencias no son los pueblos, me parece también, no
es el artiguismo o americanismo, como lo \eis, es ese
europeismo a tontas y a locas de aquellos hombres
[258]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
que, sin mas recurso que las pobres, exóticas y pecu-
liares nociones de que habla Carlyle, quieren mataT
el patrón del árbol para ponerle el florido injerto
En esos consejos de Rivadavia a Pueyrredón es-
taba, como lo veis, la negación categórica de la auto-
ridad de éste, considerada como simple preparación
al ad\ eniimento de la verdadera y legítima y defini-
tiva Pueyrredón aceptaba eso, sin embargo, como la
cosa mas natural del mundo, Pueyrredón y todos los
demás
Cuando esta nuestra Historia americana, amigos
míos, deje de ser una crónica documentada y cobre
el carácter que le corresponde de biología sociológica,
el menos a\isado advertirá en ella la repetición de los
fenómenos de todas las grandes revoluciones el de
la inglesa de 1688, el de la francesa de 1789, el que
ofrecerá la económica o social que va a presenciar el
siglo XX la resistencia a reconocer el nue\o agente
de vida, a despreciarlo
Si recordáis, por más próxima y análoga, la fran-
cesa del 89, no podéis menos do advertir la analogía
que existe entre las resistencias de: aquellos nobles a
reconocer los derechos del estado llano, y la de nues-
tra nobleza criolla, como le llama Estrada, a recono-
cer, en Artigas, el Director Supremo de hecho, el
real, con quien debe acomodarse todo lo que es ar-
tificio
Ni en la corte de París ni en la aemicorte de Buenos
Aires apareció el hombre capaz de ajustarse a la rea-
lidad creen que pueden sustituir el héroe real con el
decretado por el Congreso o por la Logia El derrum-
be caótico es entonces inevitable, y surgen los Crom-
well, o los Bonaparte o los Rozas, los restauradores
[259]
JUAJN ZORRILLA DK UÁif MARTIN
Que no otra cosa es el tirano la ausencia del héroe,
la venganza de la naturaleza ofendida
Inútiles fueron las tentativa» que, acaudilladas por
el mismo Balcarce, se hicieron en Buenos Aires para
evitar el triunfo de la ciudad sobre todo el conjunto,
sin excluir el pueblo de la ciudad misma, que Puey-
rredon encarnaba, y que llegaron a tomar el carácter
de una nueva revolución, aquélla» fueron vencidas,
destituido Balcarce, y recibido Pueyrredón en la ca-
pital, como Jefe del Estado, el 29 de julio de 1816
Es de advertir que, para ser aceptado, le fue impuesta
la obligación de incorporarse a la Logia Lautaro, de
que hasta entonces no formaba parte, el mismo ge-
neral San Martin se traslado de Mendoza a Córdoba,
con el objeto de conseguir de Pueyrredón esa incor-
poración a la Logia y sus propósitos Asi nos lo dice
el general don Enrique Martínez en sus Memorias
Y sin embargo, este Pueyrredón cree o quiere creer
que todo eso, sus planes, y los de Rivadavia, y los
de Herrera, es conciliable con la entidad de Artigas
Poco después de llegar a Buenos Aires, en agosto,
escribe a éste '"Muy estimado paisano y señor de mi
má9 distinguido aprecio Cuando venía de arriba,
traía la resolución de pasar a Santa Fe con el princi-
pal objeto de proporcionarme una entrevista con us-
ted, seguro de persuadirle en ella de la buena fe y
sinceridad de mis intenciones Yo no puedo menos
de llenarme de asombro al considerar qué especie de
maligno influjo ha perpetuado entre paisanos v ami
gos unas diferencias igualmente perniciosas a los in-
tereses de ambas partes discordes"
El hijo de la patria de Enrique IV no puede perci-
bir, como lo veis, qué maligno influjo lo separa del
hijo por excelencia de la América democrática , no
[260]
la gqggYA pb ana»
alcanza a percibirlo. Y acabará por creer que el tal
hijo de América es un genio infernal
He ahí, pues, mis amigos artistas, las entidades que
intervenían en la invasión que vamos a ver caer so-
bre Artigas j su pueblo, cuando aquél afirmaba, a
principios de 1816, que ese año seria el "año feliz
de los orientales"
III
Conocéis ya bien, porque mtencionalmente os lo he
repetido hasta el cansancio, las causas remotas dt esa
invasión. Portugal viene por su lote americano, por
todo el continente atlántico, que tiene por limite me-
ridional la cuenca del Plata y sus afluentes Entra en
eso la Banda Oriental, y viene por ella, aunque hable
en español Ya la hará hablar en portugués, quieras
que no, si se lo permite la Santa Alianza.
Eso como causa remota
La causa próxima no es otra que d desquite que
busca Portugal, en América, del fracaso que ha su-
frido en el Congreso de Viena, realizado en 1814 y
1815 En el reparto del botín, hecho por el absolu-
tismo triunfante, tras la caída de Bonaparte, el hijo
coronado de la revolución, tocó a Portugal una parte
bien miserable Con razón estaba resentido Portugal,
con razón quería desquitarse.
Es muy curioso ese Congreso de Viena, del que no
he de hablaros demasiado, porque debo suponerlo co-
nocido de vosotros Allí se arreglaron a maravilla las
cosas que Napoleón, con su cabeza de pajaro coro-
nado, sus águilas híbridas, sus banderas tricolores y
su corriere ouverte aux talents, había dejado descua-
jeringadas Se arreglaron perfectamente lo* reyes hi-
[261]
JUAN ZORRILLA BE SAN MARTIN
cieron su reparto de tierras y hombres como buenos
amigos, combinando, como decían el principio de la
legitimidad con el del equilibrio el reparto del león,
el asno y el lobo el perfecto equilibrio El otro prin
cipio el de los derechos del pueblo a intervenir en
sus destino, no se tenia en cuenta para nada Eso no
existía para el Congreso de Viena, como no existía
para los hombres de Buenos Aires, era sanculolismo
allá, caudillaje acá, o veneno artiguista
Y eso era la realidad la sola i calidad, sin embargo,
tanto alia como acá, el nuevo acuite natural que se
imponía
El Congreso de Viena marchó a las mil maravillas,
Re aseguro el orden en Europa, se e\itó la anarquía
Lo mismo que querían hacer los directorios de Bue-
nos Aires anonadar a Artigas, asegm ar el orden
Los soberano» europeos, que constituían la Santa
Alianza, se reunían en nuevo congreso cada vez que
las cosas se echaban a perder, y les ponían remedio
en el de La\bach (1821) se encarda al Austria la
tarea de poner orden en Ñapóles y *1 P*amonte, en
el da Verona (1822) se resacLe la intervención en
España, y se le encarga a Francia, es el duque de
Angulema quien adereza bien los asuntos españoles,
devolviendo a Nuestro Rey \ Señoi Fernando VII lo
que es suyo, etc , etc
Nada más regular que se le restituya también lo
que tiene por acá, pagando a Franca, por supuesto,
en alguna forma, en tierras \ subditos platenses por
ejemplo, su comisión de libertadora Pero por estos
mundos, si bien los directorios de Buenos Aires eran
una especie de Santa Alianza Cisntlantica. que buscaba
arreglos con la Transatlántica, lo3 pueblos no creían
en la majestad del rey, ni tpmpoco en lai de los di-
[262]
LA EPOPEYA DS ARTIGAS
redónos con bus logias secretas, por acá estaba ese
bárbaro de Artigas, que, como aquel otro hombre
Washington, creía que el pueblo americano podía to-
mar cartas en el reparto de tierras y de hombres
Para eso Washington estaba representado por Fran-
klin en Europa, Artiga9 por Rrvadavia o Sarra-
tea La Santa Alianza rioplatense tenía, pues, que in-
tervenir en el Uruguay, para evitar la anarquía, como
la europea en Ñapóles y en España Y se valió de
Portugal como interventor Éste dio, como único ob-
jeto de su invasión, el poner orden en el Uruguay,
contra h anarquía de Artigas, v asegurar contra él
sus fronteras Obraba, pues, en el desempeño de una
misión venerable, pero vosotros, que ya conocéis có-
mo gobernaba Artigas, y cómo sus enemigos, bien
sabéis dónde estaba, y dónde no, la anarquía o el
desorden
Pues bien en el reparto hecho en Viena, Portugal
quedó muy mal parado, tuvo que devolver a Francia,
contra cuyo emperador había combatido unido a In
glaterra y a España, la Guayaría Francesa, que hJría
conquistado, m siquiera obtuvo la restitución do. la
plaza de Olivenza, que España, aliada entonces de
Napoleón y enemiga del portugués había arrebatado
a éste en 1801 Bien es verdad que Portugal, apoyado
por Inglaterra, se había apoderado en ese año de los
siete pueblos de las Misiones Orientales, que corres-
pondían a España según los tratados, y que, desde
entonces, han acrecido el dominio portugués, con me-
noscabo del español y de nuestra herencia, por con-
siguiente, recordaréis que la reivindicación de esas
Misiones es el ensueño de Artigas Pero eso no bas-
taba, era preciso continuar esa conquista Lo impor-
E263]
JUAN ZORRILLA DI *AI7 MASTIN
tante era el territorio del Uruguay, llevar la frontera
portuguesa al Rio de la Plata
A eso venia Portugal apoyado por Buenos Aires,
pero no por eso había de declarar la guerra a España,
aliados como estaban ambos a Inglaterra Tenía que
entrar en el Uruguay por sorpresa, había de arreba-
tar a España su provincia atlántica rebelde, pero amis-
tosamente v sin provocar la intervención de Inglaterra,
la buena amiga común Ésta no hacía buenas migas
con la Santa Alianza continental, como sabéis, y echa-
ba los cimientos de su predominio marítimo en el
mundo
A ese efecto, Portugal dijo a España que el objeto
coa que hacia \enir sus tropas de Europa a América
no era otro que el muy cordial de secundar la expedi-
ción que España preparaba para sofocar la rebelión
de sus provincias ultramarinas, para lo cual podían
preparar ambas un plan combinarlo Eso mismo dijo
a Inglaterra E hizo también sabpr a ambas que ne-
cesitaba — \ eso sobre todo — defender sus fron
teras contra la anarquía reinante en las provincias
platenses, contra ese salvaje de Artigas, que, como
sus mismos hermanos lo reconocían, era lo más bár-
baro que imaginar se puede, e incapaz, por consi-
guiente, de todo derecho
Todo eso fue bien aprovechado por la diplomacia
de Buenos Anes, para deshacerse de Artigas y sus
orientales, le permitió amputarse un supuesto miem-
bro enfermo, enfermo de democracia, que, contami-
nando de ese virus fatal, veneno artiguista, el resto
del organismo, y constituyéndose en cabeza de él, exa-
cerbaba la vitalidad de loa pueblos occidentales, e
impedía la realización del plan de monarquía tribu-
[264]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
taria, que Rivadavia, que en nada se parecía a Fran-
klin, continuaba en Europa con grande empuje
Aunque todo esto es tri9te, amigos míos es indis-
pensable que nos detengamos en ello No hay más
remedio, hemos de hablar de eso, aunque suframos
congojas, porque ya es tiempo de desvanecer la ino-
cente leyenda que nos ha presentado al Buenos Aires
colonial como la sede de una generación espontanea
de sabios políticos y diplomáticos, que contrastaban
con los hombres de Montevideo, y sobre todo con Ar-
tigas, fuerte patriota, pero hombre rústico, refractario
a todo calculo sagaz
Si tal hubiera acontecido, nuestro protagonista que
daría, efectivamente, aniquilado Dígase lo que se
quiera, un bruto no puede ser un héroe, tiene razón
Montaigne cuando afirma que si la piel de león no
alcanza, preciso es coserle un pedazo de piel de zorro
Pero no hay para qué me esfuerce en convenceros
de que nada de la tal leyenda e9 verdad , ni la rustici-
dad del uno, ni la de los otros excelsa alcurnia social
o científica La revolución de América no fue remedo
de ninguna otra, según hemos dicho, fue completa-
mente original en su esencia Si la influencia en ella
de los letrados o profesionales no hubiera sido acci-
dental, el movimiento de 1810 hubiera sido humo de
pajas Es preciso confesar que ni Napoleón ni Fran-
klin aparecieron por aquí, no encontramos en Bue-
nos Aires, según recordaréis, sino personas mediana*
mente educadas, de talento muchas de ellas, acreedoras
todas a nuestro respeto, y aun a la gloria, pero no
al título de maestros eminentes, y mucho menos al de
inventores de nada Y mucho menos, por supuesto,
al de personajes capaces de tomar parte eficazmente
[285]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
en las deliberaciones de los soberanos europeos qu«
se repartían el mundo Un siglo sera necesario aún
para que la America española sea tenida en cuenta
por allá
Vamos pues, a ver a aquellos hombres en sus di-
plomacias mas o menos rutinanab, y nos convencere
moa de que Artigas al combatirlas y aniquilarlas, no
es solo el instinto obstinado e indocd contrapuesto a
la prudencia inteligente, quedaremos persuadidos de
que aquellas buenas persoras no trataban solo de co-
ser pedazos de piel de zorro en la del león americano,
v de que el héroe oriental no fue solo la fuerza por
consiguiente el garrotazo de ( lego, sino el carácter
épico, diferencial, de nuestra revolución, la fe \idente
que sustituye a la invención científica
Los que crean, y sí los hay, que con esto trans-
formamos a Artigas en un jurisconsulto o togado de
Salamanca, no merecen mi respeto ni el de nadie Lo
que soy yo, cuando menos, en lodo he pensado me-
nos en semejante simpleza Que a igual distancia del
bruto inconsciente y del piofebor titulado, tan incons-
ciente como el biuto algún is \.ec<*s, ee encuentra el
genio precisamente, la resoltante de todas las fueras
germinales de un momento chulo de la humanidad,
transformada en pensamiento íegulador > en pasión
heroica
Sepamos, pues, amigos míos, aunque suframos con-
gojas, de las diplomacia» que aniquilaron al profeta
No es característico de nuestra historia, por otra par
te es la historia humana que, hegun Carlyle, no es
sino la guerra universal entre el que -vrve en la esen-
cia de las, cosas y los que sólo están en sus vanas apa-
riencias
[266]
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
Ya sabéis que el director Posadas envió a Europa,
a mediados de 1814, a Rivadavia, Belgrano y Sarra-
tea, a gestionar la coronación del infante don Fran-
cisco de Paula, como rey del Río de la Plata Eso
fracasó, España se sentía fuerte en sus alianzas eu
ropeas, y no tenía para qué hablar con sus colonias
rebeldes - los representantes de éstas no eran tenidos
en cuenta para nada, así se deshicieran, como se des-
hacían, en besamanos y genuflexiones
También sabéis que retirado Posadas del gobierno
y elevado Ahear, en 9 de enero de 1815, éste, que
acababa de ser vencido por Artigas en el Guayabo,
y había entregado Montevideo a sus dueños, los
orientales, acreditó en Río Janeiro a don Manuel José
García, el mismo que ahora va a preparar la invasión
de Portugal, para rogar a Inglaterra que aceptase,
por humanidad, el ser dueña de las Provincias Uni-
das, y mandara tropas a tomarlas Inglaterra no las
quiso, no estaba tampoco para e«o en tajes momen-
tos, tenía mucho que hacer por allá, v no debía rom-
per con España Y sabéis por fin, cómo ese Alvear,
derrocado del poder, acudió contrito a acogerse a la
piedad del rey v a entregársele Lo que aun no sabéis
os lo narraré má« tarde cómo ese Alvear querrá ser
de nuevo Director Supremo y fraguará en Río, con
el señor Sarratea, su conspiración reivindicado ra
Pero García se quedó en Río Janeiro, aun después
de caído Alvear, se quedó durante los gobiernos de
Alvarez Thomás, y Balcarce, y Pueyrredón Y allí,
apoyado expresa o tácitamente por todos trató de ha-
cer aceptar a Portugal el negocio que los demás no
querían* la intervención en el Plata, que llegaría
hasta donde los sucesos lo permitieran Y como paso
preliminar, muy puesto en el orden regular d* la»
[267]
JUAN ZORRO-LA I>K SAN MARTIN
cosas, arregló con él la destrucción de Artigas, que
era el único enemigo irreductible, verdaderamente te-
mible, de aquella idea y de todas las análogas el
demócrata impenitente, el republicano incorregible, el
bárbaro americano, que hasta miraba con piedad la
raza indígena y la educaba, el muy salvaje
No nos sorprendamos de eso, amigos míos, ni ha*
gamos cargos demasiado duros al señor García, por
no haber sido un hombre superior a los demás él
era uno de tantos escépticos, y tenia que lapidar al
- hombre de fe Obedecía, por otra parte, a la ley socio-
lógica que os recuerdo a cada momento el abandono
de la región oriental al enemigo, cada vez que ese
abandono es necesario o útil a la vida de la región
occidental, está en la esencia de las cosas, v demuestra
también que, si la Banda Oriental fue independiente,
lo fue sólo por el espíritu vidente de Artigas que la
animaba, y que, lejos de obedecer a los aconteci-
mientos, los producía El auxilio de la región occiden-
tal a la oriental será siempre subsidano, es decir,
después que la primera asegure sus propios destinos
Nunca estarán absolutamente identificados los unos
con los oíros Ya habéis visto como Buenos Aires le-
vanto, en 1811, el primer sitio de Montevideo, desde
el momento en que así convino a la Banda Occiden-
tal, cómo resolvió levantar el segundo en 1814, no
bien necesitó de los elementos que allí tenía para con-
tinuar la guerra en el Norte, cómo, en 1815, quiere
desprenderse de la Banda Oriental, reconociendo su
independencias cómo ahora, en 1816, la entrega ex-
presamente a Portugal, para extirpar en sus provincias
el espíritu de Artigas
Y cuando, muchos años después, se realice defini-
tivamente la visión d« éste, el concurso argentino sólo
LA EPOPEYA DE ARTIGAS
vendrá después que los orientales, acaudillados por
los sucesores del profeta, havan triunfado solos en el
Rincón y Sarandí Y aun entonces veremos a Rivada-
via que, al creer amenazado su gobierno por la liga
de las provincias federales, tratara de poner fin, a
todo ti anee, a la guerra que orientales y argentinos
sostendrán con el Brasil, y enviara a Rio Janeiro a
este mismo doctor don Manuel José García de que
estamos hablando a negociar un tratado que éste
conduje v suscribe, sobre la base del sacrificio de
los patriotas orientales del reconocimiento definitivo
de la Provincia Oriental como provincia brasilera
Bien es -verdad que, al conocerse el ignominioso tra-
tado, estallará en la Argentina, en Buenos Aires in-
clusive, una indignación que no sera otra cosa que
el viejo inmortal espíritu de Artigas, y que dará en
tierra con Rivadavia, por más que éste condene el
tratado, pero ese hecho, unido a los anteriores y el
alma misma de esta historia, os revelará, mis amigos,
que el señor García, al provocar v estimular la inva-
sión portuguesa a la Banda Oriental obedecía a una
ley más fuerte que su propia inspiración escéptica
IV
Resuelto Portugal a arrebatar a España su provin-
cia atlántica, preparó su empresa acumulando todos
los elementos que le habían servido en sus guerras
contra Napoleón Y limitándose, como hemos dicho,
a hacer saber a Inglaterra v a España que sólo iba
a proceder para garantir sus fronteras del Sur, que
nadie amenazaba en ese momento, y a insinuar, para
consuelo de España, la posibilidad de que el Brasil
cooperaría a reconquistar para ellai sus colomai rs-
[269]
JUAN ZORRILLA DS SAN MARTIN
beldes, lanzó todos aquellos elementos bélicos a la
conquista del Estado Oriental
Éstos eran formidables, lo suficiente, al parecer,
para hacer de la expedición conquistadora un paseo
militar de algunos meses Un brillante cuerpo de tro
pas \eteranas paso de Portugal al Brasil, y, en no
viembre de 1815, cuando iba a raAar ese 1816 que
Artigas juzgaba el año feliz, se situó en Santa Cata
lina El 30 de marzo de 1816 llego el resto, bajo el
mando del general don Carlos Federico Lecor, barón
o vizconde de la Laguna, era un total de 5 000 hom-
bres de las tres armas, que habían militado bajo las
órdenes del general inglés Beresford, y triunfado en
Albuera, Bussaco, Salamanca, Vitoria y Orthey Se
consideraban invencibles Una poderosa escuadra es-
taba al servicio de la expedición conquistadora Cuer
pos de tropas de patilistaa y nograndenses — las pro-
vincias limítrofes del Uruguay — se encontraban pron-
tos para pasar la frontera Un ejército de más de
10 000 soldados ( 16 000, dicen algunos) se lanzaba,
pues, sobre el recién nacido Estado Oriental del Uru-
guay, que no contaba con setenta mil habitantes
Setenta mil v uno Artigas
Notad, amigos míos, que esta invasión que ataca
al antiguo virreinato por e! Sur > que tiene por nú-
cleo Río Janeiro es relativamente mucho más formi-
dable que la española, su hermana, que, teniendo por
centro a Lima, trae su ataque reconquistador desde el
Norte Ya conocéis las luchas que se han librado para
repeler esta última Suipacha, el Desaguadero, Salta,
Tucuman, Vilcapugio, Ayohuma, Sipe Sipe La lucha
continua, sin embargo, España espera poder descen-
der de los Andes y llegar a Buenos Aires San Martin,
que organiza un ejército en Mendoza, va a cruzar la
[270}
LA EPOPKYA DE ARTIGAS
cordillera y a reconquistar a Chile, de donde pasará
al Perú. Pero por más grande que sea — y lo es ra
mensa — la gloria conquistada por los ejércitos ame-
ricanos en esas campañas ella no supera a la reco-
gida por la Patria Oriental en su resistencia a los
ejércitos portugueses, no tiene, sobre todo, el ideal
republicano claro, sin un eclipse, unánime, de la re-
sistencia oriental Alia, en el Norte, España tema muy
lejos su metrópoli, para enviar refuerzos, necesitaba
cruzar el Atlántico, aquí el Brasil acaba de ser ele-
vado a la categoría de remo, Rio Janeiro eia la sede
de don Juan VI, todo el inmenso territorio brasilero
le pertenecía sin oposición, no tema enemigos, como
los tema España, en su propio territorio colonial
Alia, en el Norte, se concentraron todos los elementos
americanos de mar y tierra contra España, alia San
Martín, unido a Chile, va a encontrarse con Bolívar,
que descenderá vencedor desde Colombia Pero aquí,
en el Sur, en la provincia invadida por Portugal, en
la provincia mártir, veréis un hombre solo y un pue-
blo abandonado, que lucharán, sin embargo, contra el
extranjero durante cuatro años, y que so inmolaran a
la causa americana
Este período es el de nuestra gloria, amigos artis-
tas, en el la figura de Aitigas cobra todo su tamaño,
la grieta diagonal de su bandera es un chorro de san-
gre pura, recién salida, que inspira al hombre el ho-
rror sagrado
Las tropas portuguesas emprenden la campaña con
banderas desplegadas, el principe regente las revista
con pompa en Río Janeiro, el 13 de mayo de 1816,
Su embarque es presidido por el genera! inglés Beres-
foid, que fue su jefe en Europa
[271]
JUAN ZORRILLA DE SAN MASTIN
El plan de campaña había sido bien madurado,
Lecor, protegido por una poderosa escuadra, iría por
tierra, por las costas del Atlántico, a apoderarse de
Montevideo, un cuerpo de tropas penetraría por la
frontera terrestre y ocuparía militarmente todo el te
mtono oriental En cuanto al plan político, trazado
en largas y meditadas instrucciones, se reducía a pro-
clamar lo siguiente guerra a Artigas, el bárbaro, y
neutralidad para con las demás provincias argentinas
Me preguntaréis, mis queridos artistas, como era
posible que Portugal se lanzase a esa empresa bélica
sin declarar la guerra a nadie > sin tener para nada
en cuenta el tratado o armisticio que, por órgano de
Rademaker, celebró con Buenos Aires en 1812
Sabed lo siguiente la invasión portuguesa a terri-
torio que España consideraba todavía suyo, daba mo-
tivo a gestiones diplomáticas entre las potencias eu-
ropeas, que arreglaban sus asuntos en las deliberacio-
nes de la Santa Alianza, y que serian largas de con-
tar Esas grandes potencias, Rusia, Prusia, Austria,
Francia, Inglaterra, reunidas a la sazón en París,
oían las quejas de España contra Portugal, y se incli-
naban a apoyar a la primera Portugal, a su vez, in-
sistía, tiraba > aflojaba, según las circunstancias, ase-
guraba que su robo de la Banda Oriental sena sólo
provisorio España hubiera dado media Banda Orien-
tal, seguramente, por la sola plaza de Ohvenza, y aun
por menos
Aparece entonces la dinastía Borbónica de Fran-
cia, con el propósito de establecer una monarquía
constitucional en el Plata > en toda America, quiere
proponer eso a España, de acuerdo con Rivadavia,
que lo esta a su vez con Pueyrredón, el hijo de la pa-
tria de Enrique IV Pero Austria y Prusia no lo ven
[272]
LA EPOMYA pg ARTIGAS
con buenos ojo»; una monarquía constitucional sería
contraria a los principios de la Santa Alianza En
fin, amigos míos, no es necesario que entremos en
detalles, básteos con saber que allí ge disponía de
nosotros, y que de todo eso procedía la invasión por-
tuguesa a que Artigas va a oponerse, sólo Artigas,
para demostrar que América no es \a propiedad de
Europa, porque tiene dueño
Pero ¿y el gobierno de las Provincias Unidas del
Rio de la Plata que consideraba a la Provincia Orien-
tal como parte integrante de su territorio, y que ha-
bía celebrado con Portugal el armisticio de 1812 7
¿No tenía ese gobierno un agente diplomático en Río
Janeiro9 ¿No veía ese agente la expedición extranjera
que se lanzaba a la conquista de lo que llamaba su
patria? ¿No hacía nada por evitar que Europa dis-
pusiese de América como le viniera a cuento9
Sí, amigos artistas, allí estaba, como sabéis, el doc-
tor García, enviado poT Alvear para gestionar la en-
trega de estos países a Inglaterra y confirmado en
su carácter por Álvareí Thomás, y por su sucesor
Balcarce, y por el sucesor de éste, Pueyrredón, era,
pues, el representante del gobierno de Buenos Aires,
que se conceptuaba el legítimo de todo el virreinato,
incluso el Uruguay Según eso, Artigas, su pueblo al
menos, estaban debidamente representados en Rio Ja-
neiro, como Washington por Franklin en París. En
Rio Janeiro estaba ese señor García, con sus creden-
ciales en forma, con sus instrucciones secretas Y Ar-
tigas y su pueblo, lo mismo que todos los pueblos
americanos, estaban en el deber de ponerse en sus
manos y de confiar en él, él era quien debía resol-
verlo todo con su poder Eso era lo legítimo, lo razo-
nable; lo contrario era anarquía, caudillaje, maldad
[27S]
JUAN ZOMILLA DE SAN MAJtTtK
de Artigas Ese es el criterio a que so han ajustado
muchos historiadores que corren por el mundo como
personas serias
jOh sí' El señor García sabia muv bien lo que pa-
saba en Río Janeiro Y no sólo lo sabía tomaba parte
activa en la expedición portuguesa, como la había to-
mado, desde su origen, el oriental don Nicolás de
Herrera, ex ministro de Alvear, que en Río se había
refugiado a la caída de ésle. > que acompañara al
general invasor nada menos que en carácter de se
cretano Ya conocéis las opiniones de este don Nico-
lás Heirera, porque leímos su carta a Rondeau la
America no puede ser independiente, según éL
Esta figura del señor García, mis amigos artistas,
es en extremo interebante es un hombre de corte, en
todo tiene fe menos en la >erdad de la revolución de
América, iniciada el 25 de majo "Tenia un alma fría
para las cosas de la patria", según dice Posadas, el
Director Supremo, en sus Memoruis Él piensa como
Herrera no cree que el pueblo americano pueda va
lerse por sí mismo para nada, m mucho menos cons-
tituirse en nación soberana, cualquier cosa es prefe-
nble a eso como solución la entiega a Inglaterra, la
restauración de España, sobre la base de la indepen-
dencia, y aun sin ella el protectoiado de Portugal o
la anexión a éste cualquier cosa En ese sentido tra-
baja y seguirá trabajando en Río Janeiro
¿En representación de quién9
He ahí el problema, amigos míos, todo el problema
¿Quienes son los amigos y quienes los enemigos
de e&e agente del escepticismo americano9 Su ene
migo irreconciliable es bien conocido, oh, ése no pue*
de confundirse con nada de este mundo, ahí está,
firme en su fe y en su acción Hay, pues, que reca-
£274]
LA EPOPEYA DE ARTICAS
tarse de ese bárbaro mientras se prepara el golpe, a
fin de caer de sorpresa y aniquilarlo a mansalva
Pero ¿y los amigos' ¿Y los hermanos9 ¿Quiénes
son los hermanos de García, en la ejecución del plan?
Contestamos sin vacilar, mis bravo3 artistas todos,
menos el pueblo argentino, todos, menos la revolu-
ción de Mayo
Pero si eso puede y debe decirle del pueblo argen-
tino, lo contrario es preciso afirmar de los gobernan-
tes de Buenos Aires, de sus logias, de sus diplomacias,
de sus consejos, sin excluir al Congreso de Tucumán,
sin excluir al honesto Belgrano, sin excluir a San
Martín sí, mis amigos también el gran San Mar-
tín, aunque resiste la entrega a Portugal, apoya la
proclamación del inca, o la importación de un prínci
pe europeo, y todo lo demás
Hundid bien vuestra mirada, amigos artistas, en
este momento, borrad de él a Artiga» con la imagi
nación, y decidme donde está el núcleo de la patria
americana que ho\ tenemos, de ésta que hoy tenemos
amigos míos, de la deniocrático-repubhcana que que
rentos glorificar en sus héroes
García es el substrátum, la quintaesencia de aquel
escepticismo desolante Esta en comunicación íntima
con todos los hombres de Buenos Aires, lo mismo que
con los de Río Janeiro: con Álvarez Thomás, con
Balcarce, con Puejrredon, con el Congreso, con Bel-
grano y Rivadavia con todos Les comunica sus pla-
nes desde su origen, sus esperanzas, cimentadas en la
invasión portuguesa que matara a Artigas, en la pro-
tección que en seguida prestara Portugal a las pro-
vincias argentinas, y aun en la anexión de éstas a
Portugal Álvarez Thomás, Balcarce el Congreso de
[235]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Tucumán «e adhieren al plan sin reticencias, ven en
él la salvación, la gloria del 25 de mayo de 1810
Pueyrredón siente, sin embargo, vacilaciones ya le
veréis Henar ciertas formas ante las protestas del pue-
blo argentino Pero el hecho es que, lejos de separar
o desautorizar a García, éste continúa como su repre-
sentante en Río Janeiro, mientras él busca en Francia,
para rev, con el apoyo de San Martín, a un príncipe
de Orleans
No hay duda de que todo esto es bien triste
Sería muy instructivo que os exhibiera la corres-
pondencia de García con Alvarez con Balcarce, con
Pueyrredón, con el Congrego, la tenemos muy com-
pleta, esta todo esonto Pero eso es largo, y os estoy
deteniendo demasiado en este cuadro de desolaciones
pálidas, que es el fondo en que \ ais a ver proyectarse,
con su nimbo sideral, la figura rígida de Artigas.
{Con qué alegría comunica García a Alvarez TTio*
más, en cifra secreta, la buena nueva la invasión de
Portugal' "Puedo asegurar, le dice el 27 de abril de
1815, que no tema por parte de esta corte. jNo se-
guir a los orientales en su pobtica salvaje y turbulen-
ta'" Era el momento en que el gobierno del Brasil
hacía venir sus tropas de Portugal para imadir Seis
meses después, en noviembre, comunica la próxima
marcha de la primera división portuguesa a Santa
Catalina Cae Alvarez Thomás, y le sigue Balcarce
El Congreso de Tucumán funciona García continúa
sus comunicaciones con ambos, Balcarce y el Con
greso, continúa transmitiéndoles buenas noticias, bue-
nos consejos, grandes esperanzas la invasión es un
hecho; Artigas caerá aniquilado por el extranjero;
éste será generoso, no hay que temerle, cuando más,
a» quedará con la Provincia Oriental, pero como ¿«ta
LA EPOPEYA DK ASTIGA3
no es parte integrante de la patna argentina como
se ha declarado independiente
Pero es preciso proceder con cautela, con mjcho
sigilo, sobre todo, dice García, a fin de no compro-
meter a nuestros amigos, los portugueses
Balcarce transmite todo eso al Congreso, el Io de
julio de 1816, el mes de la declaración de indepen-
dencia
Y García sigue recomendando, ante todo y sobre
todo, una cosa "secreto, secreto, mucho secreto
y no andarse con escrúpulos''
Balcarce siente que el pueblo argentino, que ya se
ha dado cuenta de la tormenta subterránea, va a acu-
sarle de traidor y pide al Congreso una regla de con-
ducta en crisis tan arriesgada ;0h, el Congreso' El
Congreso de Tucuman, que declara la independencia
en 9 de ese mes, el 9 de julio de 1816, irá más lejos
aún que García, pues iré hasta el retorno liso y llano
a la sumisión a España
Cae Balcarce, sube Pueyrredón, nombrado por el
Congreso Pueyrredón, al llegar a Buenos Aires el l9
de agosto de 1816, se encuentra con todo aquello, de
cuyos detalles le impone el doctor don Gregorio Ta-
gle, depositario y agente de todo Éste ha sido v es
confidente de García, y ministro de Alvarez Thomás y
de Balcarce, y lo será también de Pueyrredón y del
sucesor de éste Permanece en ese carácter precisa-
mente como depositario del plan. Y es entonces cuan-
do el nuevo Director Supremo envía a Santa Fe los
embajadores que más adelante conoceremos, Castet
y el deán Fun*s, a decir allí que Portugal y España,
unidos vienen a matar nueetra independencia Y es en'
tono*» euando «senbe a su paisano Artiga» asombra
[2T7]
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTE*
do de que un maligno influjo persista en separarlo
de sus verdaderos amigos
No puede negarse que este Pueyrredón pasó gran-
des angustias, a fuerza de querer conciliar lo inconci-
liable Llegó a creer, más que otios quizá, en la in-
dependencia de América, pero no en su capacidad
para gobernarle, no en su propia autoridad de Direc-
tor Supremo, por consiguiente Creía en la existencia
de una patria americana, persona internacional capaz
de derechos y obligaciones, y acogía sin protesta al
doctor García, que era la negación absoluta de seme-
jante entidad No sólo lo acogía, lo mantenía y lo
mantuvo hasta el fin, como su representante, en Río
Janeiro Hubo un momento en que romenzando a pe
netrar en la esencia de las cosas, llegó hasta a creer en
Artigas, la sola realidad, quiso o aparentó querer la
pan con él, pero cuando «e encontró con esa realidad
cara a cara, no pudo resistir su mirada, y cerró loa
ojos Cuando vio de cerca el pensamiento solar inque
brantable del héroe oriental, independencia, democra
cía, señorío de los pueblos sobre sí mismos, retroce-
dió, y volvió a acogerse al regazo de su idea monár-
quica miró entonces hacia los Borbones de Francia,
por encontrar pequeños a los Braganzas Ya confirma-
remos todo esto cuando estudiemos las embajadas de
que hablamos las que confía Pueyrredón a Castex y
al deán Funes ante el gobernador de Santa Fe Era,
pues, la contradicción, la no entidad Él se impuso,
desde el momento de subir al gobierno, del plan y de
la obra de García Éste sostiene, como don Nicolás
Herrera, que es necesaria la fuerza de un poder ex-
traño para hacer patria, hace saber que el ministro
del Brasil, "alarmado de los progresos que va ha-
oiendo Artigas «1 caudillo de lo» anarquistas, ha r«~
[278]
LA EPOPEYA DS ABTIGAS
presentado a Su Majestad Fidelísima la urgencia de
remediar a tiempo tantas desgracias Y Su Majestad
se ha inclinado a empeñar su poder en extinguir hasta
la memoria de esa calamidad, haciendo el bien que
debe a sus vasallos, y un beneficio a sus buenos ve-
cinos, que cree le será agradecido"
"Depende, pues, sólo de nosotros, dice García, la
aproximación de la época, verdaderamente grande, en
que enlacemos íntimamente, y aun identifiquemos,
nuestros intereses con los de la nación portuguesa"
"La escuadra portuguesa está al ancla dice el 9
de julio, ¡el 9 de julio precisamente' Sólo espera
buen tiempo paia acabar con Artigas, que luego de-
jará de molestar a Buenos Aires*' Anuncia después la
partida de la expedición "Las provincias de la depen-
dencia del gobierno, dice, no tienen nada que- temer
Solo la Oriental caerá"
Todo esta detallado en la preciosa correspondencia
que poseemos de García Sus propósitos son "Sua-
vizar la impresión que un sistema exagerado de liber-
tad ha hecho en el corazón de los soberanos de Euro-
pa, desviar del gobierno argentino el golpe que va
dirigido contra Artigas, encarnación de ese sistema
de libertad, preparar la monarquía platense, comba
tir las provincias puramente democráticas, restable-
cer el sistema colonial, que es preferible a la anarquía,
recurrir, para todo eso, al rey de Portugal, y aun a
bu Majestad Católica". Esta Majestad está en muy
buenas disposiciones, sus representantes han decla-
rado "que el Rev Nuestro Señor esta dispuesto a ad-
mitir de nue\o en el seno de la nación española,
como a sus demás vasallos, a los habitantes del Río
de la Plata, con tal de que el gobierno de Buenos
Aires haga públicamente su acto de arrepentimiento,
[279]
JUAN ZORRILLA DI SAN MARTIN
antes de que se acerquen las tropas del Rey En ese
caso, el Re> Nuestro Señor hará bajar del Perú al
general Pezuela, que ocupará Buenos Aires y todas
las provincias, y tratará a su9 habitantes del modo
que el Rey quiere, en premio de su voluntaria su-
misión"
Ése es el espíritu de la invasión portuguesa, ami-
gos artistas, ese es el espíritu de la invasión que va
a caer sobre Artigas
Penetremos algo más en el Congreso de Tucumán,
que ha proclamado la independencia en 9 de julio
Puevrredon se dirige a él para que resuelva lo que
ha de hacerse ante el ejercito que invade la Banda
Oriental El Congreso dispone el envío de dos comi-
sionados secretos uno ante el general invasor, y otro
ante la corte de Rio Janeiro Ese original comisionado
lleva dos juegos de instrucciones una reservadas, y
otras reservadísimas Por las primeras se le encarga
seguir en un todo las prevenciones de García, se le
ordena decir al invasor que, para acallar los recelos
de las provincias y matar en ellas el deseo que tie-
nen de auxiliar a Artigas, es conv emente se limite a
reducir al orden a la Banda Oriental, pero sin apo-
derarse de Entremos, por ser territorio de la pro-
vincia de Buenos Aires Se le dice asegure al general
del rey que, a pesar de la exaltación de ideas de-
mocráticas que ha aparentado la revolución, la parte
sana e ilustrada de los pueblos esta dispuesta a la
monarquía, restableciendo la casa de los meas, en-
lazada con la de Braganza "Si esto no se consigue,
dicen las instrucciones, el comisionado propondrá la
coronación de un infante del Brasil en las Provincias
[280]
XA KPOFKYA DS ARTIGAS
Unidas, o de otro cualquier infante extranjero, con
tal que no sea de España"
Eso era lo reservado. Queda lo reservadísimo re-
conocimiento del monarca del Brasil como rey cons-
titucional de las provincias argentinas, que formarían
un Estado distinto, anexión, en una palabra, del pue-
blo de Mayo a la corona portuguesa.
El director Pueyrredón, ante esa actitud ignomi-
niosa del Congreso, siente un momento sublevarse en
su espíritu el instinto de patriótica dignidad, pero
ese instinto es fluctuante, no hay en él visión, no hay
mensaje Rechaza las doctrinas y planes del Congreso,
porque sospecha, como no puede menos, que en los
propósitos de Portugal puede entrar el de hacer causa
común con España, para repartirse entre ambos el
botín, habla de que Portugal debería comenzar por
reconocer la independencia de las provincias, sin darse
cuenta de que la invasión portuguesa a la Banda
Oriental se hacia de acuerdo con el enviado platense
en Rio Janeiro, quien, desde 1815, había cooperado
a ese propósito, sin ser jamás desautorizado, tampoco
se daba cuenta de que aquel reconocimiento significa-
ría la guerra entre España y Portugal, y la interven-
ción de Inglaterra, y de la Santa Alianza, y de todo
lo demás Pueyrredón rechaza el envío de diplomá-
ticos ante el general invasor, por ser depresivo a la
dignidad nacional, habla de todo eso pero ter-
mina aceptando el que se negocie la coronación de
un príncipe de la casa de Braganza, u otro principe
extranjero, como monarca constitucional de las Pro-
vincias Unidas.
No, ahí no hay un hombre, no hay un héroe, no
hay nada, nada que refleje la altivez de la revolución
de Mayo de 1810
[281]
JUAN DC SAN UAATOV
¿Dónde esta' ¿En qué cuerpo vivo late, pues, •!
ecpíntu de esa revolución de Majo, si es que ésta
tuvo un espíritu, y no fue un simulacro sacrilego y
grotesco9
Lo vais a ver, amigoí míos, vais a ver proyectarse
su forma ígnea sobre ese fondo de negaciones y de
palideces agónicas, más oscuras que la noche sm as-
tros, poblada de vientos negros
Todo eso que habéis visto, y que era necesatio que
os hiciera \er, es algo, sólo algo, de lo que estaba
debajo de los pies de Artigas, cuando éste, al rayar
el año 1816, escribía al Cabildo de Montevideo que
ese año iba a ser el año feliz para los orientales
Vais a verlo surgir de ese antro de tinieblas, a la
cabeza de los pueblos rioplatenses, como una figura
dantesca, iluminada de abajo arriba por las llamas
infernales
Y podremos afirmar, a la faz del mundo, que la
revolución de Mayo tuvo un héroe
Y que no fue un simulacro
Ni fue tampoco una mentira
[ 282 ]
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